LARACHE vista por… MOHAMED CHUKRI

Mohamed Chukri

Ya que hemos hablado de “El pan desnudo”(El hobs al hafi) de Mohamed Chukri, como obra emblemática y revolucionaria en el panorama literario marroqui de 1972, os recuerdo que fue en Larache donde Chukri aprendió a leer y escribir.

Cuando relata la época en que se acercaba el momento de la independencia del país, se puede leer en una parte de la novela:

-La situación parece haber vuelto a la normalidad después de los incidentes.

-Pero la situación política no es buena. Habrá sucesos más violentos que los del 30 de marzo. Ya ha llegado el momento de que los marroquíes pidan su independencia.

-Kebdani me dijo que sólo hubo seis entierros y la gente sabe que habían matado a decenas de marroquíes.

-Es cierto. Ya empiezan a aparecer algunos cadáveres en la playa, arrojados por el mar.

-Así que tiraron al mar los cadáveres de los que murieron.

-La mayoría de la gente cree que han tirado a algunos marroquíes vivos y heridos dentro de sacos. Algunos cadáveres no parecían tener ninguna señal de bala. En Larache se encontró el cadáver de un joven con las manos atadas todavía.”

Precisamente el final de su novela coincide con su llegada a Larache, pues es donde su vida sufre un cambio radical, y los motivos por los que termina allí lo cuenta de la siguiente manera:

“Su hermano Hasan me preguntó:

-¿Quieres ir a Larache a estudiar?

Le dije asombrado:

-¿Yo? ¿Será posible? Tengo veinte años y no sé firmar siquiera.

-No importa. En Larache conozco a un director de una escuela. Te daré una carta para él. Estoy seguro de que te aceptará. Tiene mucha simpatía por los muchachos que no tienen familia y que quieren estudiar seriamente. Si no tuviera que ir a Tetuán para arreglar un problema con el delegado, te habría acompañado y presentado al director de esa escuela. Es mi amigo.

Después de un instante añadió:

-Ve a comprar un sobre y un papel para escribirte la carta.

Salí sin creer mucho en lo que me había dicho. Compré lo que me había pedido y volví rápidamente. Cogí el papel, lo puse encima de un periódico árabe y empezó a escribir. Tenía una letra preciosa. Me dio la carta y la guardé en mi chaqueta.

-¿Cuándo puedo ir a Larache entonces?

-Cuando quieras.  Pero intenta ir uno de estos días.

Eran casi las doce de la mañana. Cuando se despidió, Hasan insistió, dándome la mano:

-Nos veremos allí dentro de tres o cuatro días. Tienes que ir.

Se fue. Abdelmalek también quería irse al cementerio Buarraquía.

-Algunos amigos del café me encargaron leer algunos versículos del Corán sobre la tumba de sus familias.

-Te acompaño, tengo un hermano enterrado allí. ¿Puedes leer alguna sura en su memoria?

-¿Tu hermano?

-Sí, tengo un hermano allí.

Camino del cementerio le pregunté por su hermano Hasan:

-Cometió una locura, le echaron del colegio de Larache porque le pillaron bebiendo vino y fumando kif en una habitación de una mezquita donde los estudiantes venidos de fuera podían vivir gratis. Siempre comete burradas de ese tipo.

En el gran zoco compré un ramo de flores y uno de arrayán.”


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