“UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE”, UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

Sergio Barce

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE”

(ISBN  978-84-9991-123-6).

Ha sido publicada por Editorial Círculo Rojo.

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Este es un fragmento de la novela:

   <El paquete de Gitanes está medio roto pero Mustapha guarda en su interior cuatro cigarrillos. Los saca con sumo cuidado, temiendo que se deshagan entre los dedos. Tami, Samir y Lotfi lo miran con cautela, como si asistiesen a un rito ancestral que se representara sólo para ellos. A Tami le sorprende descubrir que ese día Mustapha parece ya mayor. En sus dedos, al coger los cigarrillos, ve las manos de un adulto, pese a que no es más que un par de años mayor que él.


   Se han colado en el Castillo de las Cigüeñas y se han escondido en uno de sus corredores laterales. Huele a orines y a humedad, pero están a salvo de la curiosidad de la gente entre los escombros de siglos y las arañas que habitan los rincones. Allí nadie los va a descubrir, amparados por el abandono al que está sometido el monumento, con sus escaleras ciegas y desdentadas, las torres vigías cercenadas y parte de los techos y artesonados completamente hundidos; una especie de esqueleto cuyos huesos fueran desintegrándose sin remisión posible.

   Mustapha le da un cigarrillo a cada uno, saca una caja de cerillas y frota un fósforo. Le da lumbre a Lotfi, a Samir, luego a Tami. Finalmente se enciende su pitillo. Los cuatro se miran de reojo y estallan en una carcajada. Las risas retumban en el corredor desconchado y olvidado por las centurias y se convierten en un sonido metálico que retumba igual que el motor de un barco. Tami se pone a toser, y Lotfi le da unas palmadas en la espalda.

   -Me gusta esto –murmura Mustapha. Luego, posa sus pupilas en Tami-. Ahora vas a convertirte en un hombre de verdad…

   -¿Vamos a ser hombres sólo porque fumemos? No le hagas caso –Lotfi, con su cara brillante, en la que destacan sus labios gruesos, menea la cabeza de un lado a otro-. Yo escuché una vez a mi padre decir que un hombre sólo es un hombre cuando se acuesta con una mujer.

Castillo Laqáliq o de las Cigüeñas

-¡Qué tontería! –exclama Samir. Las sombras del corredor le resaltan la leve cicatriz que tiene en su mejilla izquierda, un mínimo arañazo que se grabó en la piel, casi oculta por la montura de sus gafas-. Los hombres son hombres, safi… Yo ya llevo fumando tres años, así que no me hace falta otra cosa… –añade con suficiencia altanera.

   -Eso es mentira, Samir –le reprocha Mustapha, sin mirarlo, concentrado en coger su cigarrillo como lo hacen los actores en las películas-. Pero si me dijiste que lo habías probado en el curso pasado… Y que te quemó los pulmones la primera vez que te tragaste el humo…

   -¿Cuándo he dicho eso? –se yergue, provocador-. ¡Nunca te he contado algo parecido!

   -En la puerta de tu casa, con tu hermano Dris –vuelve a decir Mustapha, y le arroja una mirada a Samir que lo enmudece y le obliga a bajar los ojos.

   La tos de Tami se ha aplacado en medio de esa pequeña discusión y vuelve a dar otra calada a su cigarrillo. Pero, enseguida, la tos pertinaz regresa y casi se ahoga.

   -No sabes fumar… -le dice Mustapha.

   Tami levanta una mano para que aguarden un instante a que se recupere.

  

     -No sabe hacer nada. Nunca sabes nada, porque en tu cabezota sólo hay serrín.

   Ni siquiera lo mira cuando Samir habla de él, como si estuviera ausente. Tami sabe que lo hace adrede, para herirle más, aunque nunca ha sabido la razón de su encono; desearía preguntarle por qué lo dejó solo en el mercado, por qué no le avisó de que estaba el mejazni, pero no se atreve. Teme, en el fondo, que eso le cause mayores problemas. Lo cierto es que desearía no verlo nunca más, que desapareciera de su vida, que desaparecieran los dos juntos: Amin y él.

   -Pero si nunca ha fumado de verdad –replica Lotfi, muerto de la risa-. Cuando se haya tragado un paquete entero, entonces seguro que ya no tose. Necesita su tiempo, que se acostumbre… En cuanto se ponga a quemar cigarrillos uno detrás de otro dejará de toser, ya veréis…

   -Le he cogido el paquete a mi tío –confiesa entonces Mustapha con una expresión pícara en sus ojos-. Pobre de mi primo Zacarías, le van a dar una paliza… Seguro que cree que ha sido él el que se lo ha quitado… Pobrecillo –repite varias veces.

   -¿Y para qué tiene que acostarse un hombre con una mujer? –pregunta inesperadamente Tami tras exhalar el humo de otra calada.

   Desde que ha escuchado a Lotfi, le está dando vueltas al asunto, sin comprenderlo, aunque tenga una escueta idea de lo que eso significa; aún nadie le ha explicado nada del asunto y sólo hay lo que puede imaginar, que realmente no es mucho.

   Lotfi y Mustapha se ríen y le dan un suave pescozón en la cabeza. Pero Samir, que se siente humillado por Mustapha, se levanta y le da un manotazo al cigarrillo de Tami, se lo tira al suelo y lo pisa con su sandalia.

   -¡Ya está! –ruge-. ¿Ves? Ya no volverás a toser, mierdecilla. No sé para qué vienes con nosotros… ¡Estoy harto de estar con vosotros! Yo ya he probado kifi, pegamento y más cosas… No sé qué hago con unos niños pequeños…

CASTILLO DE LAS CIGÜEÑAS patio

  -Vamos a ver a Salwa… -propone entonces Mustapha, amarrando las ganas imperiosas que le han entrado por darle una patada en el culo a Samir. No sería la primera vez que se pelearan, pero sabe que eso ya no arreglará nada. Apoya una mano en la pierna de Tami-. Venga, terminad de fumar. Cuando la veas, te contaré qué es lo que quiere decir el padre de Lotfi.

  Oír el nombre de Salwa le ha hecho recordar su desembarco con Barbarroja, su rescate de la Princesa de Argel. Ahora va a verla de nuevo y, tal vez, le regale su pañuelo o una joya como pago por los servicios prestados.

   La gente inunda la calle de tierra, comprando a los campesinos que se han instalado en el lateral del Mercado. Huele a melón y a sandía, a chumbos y a melocotones; la menta y la hierbabuena, los cocos y las naranjas mezclándose en el ambiente caldeado del mediodía con la brisa oceánica que sube del acantilado. Los cuatro amigos corren sorteando a la gente. Suben las escaleras de la casa de Mustapha, seis o siete calles más allá del Mercado Central. A Tami le cuesta seguirlos y llega el último a la terraza. Le duele el pecho, no en exceso, pero es una punzada de púas que se refocila arañándole por dentro.

   Trepan por el pretil que separa el inmueble del otro edificio de al lado. Las sábanas se secan al sol, sábanas blancas resplandecientes, igual que nubes que se hubiesen quedado prendadas de alguna niña, y las alfombras, pesadas y ardientes, se airean colgadas de tendederos de alambre.

Mercado Central de Larache

  Saltan otro muro y se asoman al último que da a un patio más bajo. Hay una pila, con un grifo de metal y una tabla de madera. Los cuatro chicos se acurrucan en un rincón y aguardan, armándose de paciencia. Tami se da cuenta de que Samir no le quita ojo, como si estuviese a la espera de algún otro instante en el que poder cebarse de nuevo con él. Lo evita, en la medida que puede. Pero Salwa no tarda en aparecer, acarreando una cesta llena de ropa, y Mustapha le da un codazo a Lotfi, que avisa a los otros dos, y todo eso provoca que Samir pierda interés por Tami que se suma a los demás suspirando de alivio. Se vuelven a asomar, con más cautela, tratando de no ser descubiertos por la joven.

   Salwa es delgada. Tiene ojos almendrados, labios de mandarina y un movimiento delicado de cuello; es bonita, y sus brazos desnudos acentúan su belleza. Las cejas son anchas, las pestañas largas, en su nariz hay un diminuto lunar. Lleva una camisa y unos zaragüelles. Deja la canasta en un poyete, cerca de la pila, y abre el grifo. Sale un chorro de agua fresca, transparente, que le salpica la camisa. Salwa se la abre lentamente, desabotonándola con sus dedos diminutos. Ese sencillo acto es, sin embargo, un tiempo interminable de zozobra para los cuatro chavales que no desean más que termine ya de una vez. Por fin, se desabrocha el último botón, pero, para desesperación de los cuatro, no se la quita del todo y se la deja medio abierta.

   Tami siente un escalofrío ardiente que le nace entre las piernas y que anula completamente la punzada del pecho, que desaparece ahora. Posa las manos en el borde del pretil y abre los ojos como tratando de captar hasta el más mínimo detalle de la piel de Salwa. Le parece más hermosa que en el sueño y aborta el impulso por saltar la muralla, presentarse ante ella y ofrecerle su espada.

   -¿No sientes un deseo increíble de bajar? –le susurra Mustapha, y Tami gira un segundo la cabeza para mirarlo con reticencia. Asiente, no obstante, y vuelve a centrarse en la chica-. Si pudieras dormir con ella, pasar la noche a su lado… lo harías, ¿verdad?

   Tami asiente de nuevo y, en su subconsciente, se entreabre una puerta emocionantemente.

   Siguen ahí arriba y, en ese instante, pueden verle algo del vientre; la voz de Lotfi susurra una palabra que les hace creer que también vislumbran el ombligo, pero Tami no logra intuirlo siquiera por más que estira el cuello.

   -Se lo veo… Yo sí se lo veo –repite nervioso Lotfi.

   La chica comienza a lavar la ropa sobre la madera, restregándola con fuerza con una pastilla de jabón de Marsella; luego, enjabonada del todo, la aplasta y la vuelve a restregar ahora contra los surcos transversales de la tabla. El agua sigue salpicando, mojándole la camisa que se le va adhiriendo de tal manera que sus senos, pequeños, turgentes sin embargo, comienzan a esculpirse claramente. Los pezones, de súbito, quedan fijados como si, en realidad, no llevase nada puesto encima, igual que dos botones marrones cosidos a un camisón blanco.

   Mustapha le da otro codazo a Lotfi y éste a Tami. Todos se empujan, nerviosos, riendo a causa de la excitación que comparten. Salwa, ajena por completo a la presencia de los chavales, continúa la faena. Coge una prenda recién lavada y se aparta de la pila para tenderla. Ahora los cuatro amigos sí que permanecen callados, como muertos, asidos por una imagen escapada del paraíso. Levantar los brazos para colgar la prenda provoca que la camisa se abra más y sus senos asoman nítidamente, casi enteros. Tami tiene la boca descolgada, entreabierta, Mustapha está a punto de gritar, mientras Lotfi parece rezar por el movimiento incesante de sus labios…>

Para adquirir o solicitar ejemplares podéis dirigiros a vuestra librería habitual, para que ésta la pida a la editorial o a la distribuidora, cuyos datos son:  Editorial Círculo Rojo – correo electrónico: info@editorialcirculorojo.com  – Teléfonos 950581670 – 647636310

O bien, para pedir más información, contactando conmigo en:  barceabogado@gmail.com

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Portada SOMBRAS EN SEPIA

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Medina de Larache



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30 pensamientos en ““UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE”, UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

  1. Joana dice:

    Ese paquete de Gitanes me trae tantos recuerdos, mi padre a menudo con su inseparable amigo Ismail, fumando en Tánger, en Casablanca o en Larache sus cigarrillos Gitanes, aquel paquete azul con una mujer con bata de cola dibujada en él.

    Esa boca entreabierta de Tami me deja con ganas de saber más y más.. estoy deseando leerla, ansiosa de que me llegue!

    Y esa invitación a la presentación del libro…un motivo para sentir emoción… ojalá pueda asistir!!

  2. nurita dice:

    Hola Sergio
    Muchas felicidades por tu nueva novela
    y gracias por todos los correos que me envias
    Nurita

  3. Fernando de Ágreda Burillo dice:

    ¡Enhorabuena Sergio por esa nuevas novela! Espero que nos veamos, por fin, en Madrid.

    Me gustaría localizar aquella página titulada “El Café Diouri”, en homenaje al gran hispanista larachense que fue DRIS DIOURI y que incluiste en algún momento, si puede ser.

    Gracias y un abrazo.

    • sergiobarce dice:

      Fernando, yo también creo que nos veremos.
      Tengo pensado ir poniendo todo lo que pusimos sobre Dris Diuri y Trina Mercader, pero tengo que ir poniendo cada cosa con cuentagotas en el blog para no saturarlo en seguida, ni repetir temas muy seguidos, de ahí que vaya intercalando temas de cine con otros de novelas o relatos con los relacioandos con Larache. Pero todo irá apareciendo.
      Un abrazo
      sergio

  4. youssef dice:

    – hola sergio
    – muchas felicidades por tu nueva novela
    – por fin ya tienes un larachense nuevo en malaga en la tierra prometida
    lleve 11 años en cataloña y la verda todo mi esprito esta con esta ciudad tan bonita como malaga
    un saludo muy cordial :yosef

  5. Raquel Moryoussef de Fhima dice:

    Sergio, tengo ya los 3 libros anteriores, solo me falta este nuevo, el cual espero comprar cuando estemos por la Madre Patria….

    Saludos y mucho exito amigo……………..

    Raquel

    • sergiobarce dice:

      Querida Raquel:
      Me alegra saber que has conseguido los tres libros anteriores, ya me dirás cómo lo has hecho, porque el primero es casi una misión imposible encontrarlo.
      Un beso
      sergio

  6. itziar dice:

    Suerte amigo con esta nueva andadura que de alguna forma he tenido el honor de compartir. Espero un dia tranquilo y relajado para leerla disfrutando como esa fluida prosa se merece.
    Me encantaria asistir a la presentación

    • sergiobarce dice:

      Itzi, ya sabes que no me alegraría más que estuvieses en la presentación, porque tu portada es parte de esta novela, y muy importante.
      Gracias por tu fotografía, y por tu amistad
      un beso
      sergio

  7. Amigo Sergio tu novel nueva (UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE) me hizo saber que una Serena a pesar de saber tanto nadar porque fue creada para eso, esta vez llego a ser ahogada pero no en agua salada de los mares, sino en un océano de cariño, de sentimiento noble y corazones repleto de amor de los larachenses. también de la magia acogedora de una ciudad llamada Larache.
    Mucha suerte Sergio amigo y un cordial saludo con mis aplausos.

    MUSTAFA BOUHSINA

  8. Es un humilde regalito para ti amigo Sergio.

    LARACHE Y TU AMOR

    No quiero hacerte llorar
    por contarte tus locuras
    ni quiero ver tus lágrimas
    caer sobre tus mejillas
    como manantial de gotas
    solo Dios sabe contarlas.
    Saliste de mis costillas
    te regué con mis venas
    todas tus risas eran mías
    pero olvidé que detrás
    de cada rosa hay espinas
    pero tu engaño fue audaz
    me hizo malgastar mis fuerzas
    llenó mi vida de penas
    suspiraba tras mis puertas
    cerré todas mis ventanas.
    Si mi corazón ya es vuestro
    ¿por qué a mi sangre reclamas?
    sabes bien que mi alma surgió
    de ese Balcón de Larache
    con amor todos los días
    también en la oscura noche.
    Fiel amor no dejes de amar
    todo amor de ti profiere
    porque eres de mi Larache
    bebiste agua de su fuente
    lo bello de ella sí tomaste.

    AUTOR: MUSTAFA BOUHSINA
    Derechos reservados

  9. Si un día si Dios quiere y tendré tiempo suficiente llenare tu prestigioso Blog con mis humildes poemas cantadas a mi lindo natal Larache, porque de verdad amigo Sergio he sentido mucho cariño y admiración hacia él, un abrazo cordial y calido a distancia desde mi costa larachense hasta tu costa malagueña también salerosa como la mía.
    Sabes bien que te esperamos con mucho afán el de verte aquí con nosotros en nuestro querido Larache

    MUSTAFA BOUHSINA

  10. said dice:

    enhorabuena Sergio por tu nueva novela.
    como ya en las anteriores rediscubrimos nuestra querida Larache,sus barrios,sus callejuelas,sus olores y su brisa que irrumpe desde el Atlantico.
    saludos cordiales.

  11. flor dice:

    Felicidades por este nuevo libro que me ha impresionado profundamente.

    Haces muy fácil seguir a Tami por Larache y oler las especias, las hierbas,… imaginar el Zoco y los edificios antíguos.

    El libro me ha transmitido una dulzura y una crudeza, tal como la viven muchos Tamis del mundo, que lo único que han tenido es la mala suerte de no nacer en un mundo rico y que tú lo has sabido plasmar a la perfección.

    Enhorabuena y un beso

    • sergiobarce dice:

      Gracias, Flor.
      Te agradezco tu comentario, y tus palabras, veo que el sentido de la novela te ha llegado, así que me tengo que dar por muy satisfecho.
      un beso
      sergio

  12. Nurit Cikorel Bitton dice:

    hola Sergio
    antes de nada gracias por tus correos que solo por leer sobre Larache me llena el corazon de alegria. yo naci en Larache y a la edad de 15 anos mis padres decidieron venir a Israel.
    Hace 5 anos mi esposo y yo hicimos un tour organizado a Marruecos y de paso entramos a Larache por unas horas ( se lo pedi yo al guia) te dire que me entristecio mucho ver la Larache que vi pues no es la Larache que dejamos en 1957 . busque mi casa en calle primo de rivera teniamos una villa muy bonita y vi solo barracas y tierras que lastima !!!! el resto de mi dia me lo pase llorando . y espere el momento de regresar a casa y ensenar a mi esposo las fotos que tengo de Larache 1957.
    Sergio algun dia buscare el modo de donde conseguir comprar tu novela “una sirena se ahoga en Larache” porque aqui en israel no creo que lo encuentre. o si?
    Muchos saludos y un abrazo
    Nurita

    • sergiobarce dice:

      La verdad, Nurita, no sé si podrás conseguirlo en Israel pero lo dudo. No obstante, puedes pedirlo en la librería Kalamo Mundo Árabe, su correo es kalamo@libreria-mundoarabe.com
      Rosa María es un encanto y seguro que te lo puede enviar a un buen precio de envío
      Lo que cuentas de Larache es casi inevitable que lo sientas, la ciudad ha cambiado, muchos edificios han desaparecido, y cuando han transcurrido tantos años es difícil encontrar lo que se dejó entonces… Pero te aseguro que Larache tiene un encanto que no se pierde, aunque sea un encanto decadente, pero ahí está.
      un beso
      sergio

  13. nurita dice:

    Muchas gracias Sergio por la direccion de la libreria intentare conectar con ellos.
    Tus palabras sobre larache calientan el corazon.
    Por supuesto que nunca olvidare esa linda ciudad y si, tienes razon que Larache tiene su encanto y estoy segura que un dia volvere a visitar.
    Saludos
    Nurita

  14. Juan Pablo Caja dice:

    Hola Sergio,
    puede que no haya estado en Larache, pero he cruzado el Lukus para ir a la playa peligrosa, me he bañado en ella evitando las corrientes, he sentido el olor del mar desde el Balcón, he corrido por la medina… incluso he dado unas caladas a un Gitanes y he tenido la tentación de cambiar mi guitarra por un laúd… y he sentido en el pecho cada ataque de tos de Tami. Gracias por este relato sencillo y emocionante. Y enhorabuena.

    • sergiobarce dice:

      Juan Pablo, en pocas lineas me has hecho sentirme muy satisfecho de la novela, si al leerla has experimentado todo lo que dices es que funciona, y eso es fundamental.
      Gracias por tus palabras,
      sergio

  15. itziar dice:

    Una vez leída y reposada tu novela Sergio, me siento orgullosa de que una foto mía la ilustre, no me ha sorprendido tu prosa porque ya tenia conocimientos de ella de tus otras novelas, pero si hay cosas que me han deslumbrado, quizás por tu profesión de letrado entras en este costumbrista y realista relato sin concesiones al adorno ni a la pasarela, directa y yo diría casi brutalmente nos introduces en la vida de esa medina que se nota amas y nos transmites ese amor quizás sin pretenderlo, con esa prosa ágil, concisa y amena que voy viendo te caracteriza introduces al lector en una historia cruda, que sin embargo tu gran imaginación y percepción vuelve candorosa, mientras vas describiendo con detalle el lento devenir de la trama, vamos paseando por la medina y sus soledades, reconociendo a los personajes como si estuviéramos dentro de la historia, sufriendo con el pobre Tami los encantos y desencantos de su familia y amigos.
    Cuando paseas no cabe duda que miras, disfrutas y asimilas ¡enhorabuena! eso ha de reportarte muchos buenos momentos
    Un beso desde este rinconcito del planeta

    • sergiobarce dice:

      Itzi, gracias por decírmelo. Te aseguro que, hasta ahora, la novela ha gustado mucho. Y tu portada también.
      besos

      • Hind dice:

        Salam wa alaykum esa chica que sale de espaalda la conocéis o aveis echado la foto y los niños estaban ayi jugando??? Por que creo que soy yo jajajaj vivo en esaa casa

      • sergiobarce dice:

        Wa alaykum assalam. ¿No me digas que eres tú? Qué casualidad… Pues mira, la foto la hizo una amiga, Itziar, y la tomó tal y como la ves, natural, sin preparar nada. Así que ha sido el azar. La suerte es que te hayas visto y te hayas reconocido. Me alegro mucho.

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