“PACÍFICO” de José Antonio GARRIGA VELA

 

 

Un amigo me ha pedido que le recomiende un libro. Un libro que no haya escrito yo. El título se ha escapado de mis labios casi inconscientemente: Pacífico de José Antonio Garriga Vela, publicada por Anagrama en 2008.

¿Y qué tiene de especial esta novela para que me la recomiendes sin dudarlo? Pues lo tiene todo, le he respondido. Y es verdad. Pacífico es una narración envolvente que, desde las primeras páginas, te va enredando en las historias de sus personajes, unos personajes inolvidables que, poco a poco, se van haciendo un hueco en tu memoria. Es una novela que va in crescendo, perfecta, una obra de ingeniería. Y es una historia tan trágica como emocionante, tan llena de desgracias como paradójicamente absorbente.

José A. Garriga Vela & Sergio Barce en Larache

Hay un hecho clave en esta historia que a José Garriga Vela, como me contó tomando un café, se la inspiró una noticia sobre un macabro suceso acaecido en Suecia y que le impresionó profundamente. Pero hasta que se desvela, los personajes se van moviendo al ritmo pausado, casi de baile de salón, que les imprime su autor.

El personaje narrador cuenta su vida y la de su familia, que se viene a desarrollar en un lugar concreto: la calle Comercio, un microcosmos que es un mundo completo. Ahí vamos conociendo a sus padres, ella, comadrona, con sus malos humores y sus sinsabores, él, representante, cometiendo el gran error de su vida sin saberlo al encapricharse de Genoveva; a Marta y su historia tremenda que sucede a través de los ruidos y del silencio al otro lado de una pared; a Claudia, que es como un soplo de aire; al señor Nogueira, menudo personaje, de esos que no se olvidan con facilidad.

 <Mi hermano fue expulsado del paraíso. Pero su castigo no comenzó tras la sentencia del juez, ni con su entrada en prisión, sino mucho tiempo antes. Él siempre había afrontado la vida con la resignación de quien ha de cumplir cadena perpetua. Le pasaba igual que a Ernest Hemingway, que había muerto demasiadas veces para preocuparse por cuestiones mundanas. Me hermano se llamaba Sebastián y era la encarnación de la paciencia.>

 Estas ocho líneas en el libro, describen una vida, resumen una existencia. En ellas el narrador nos ha presentado a su hermano Sebastián en pocos trazos. Una persona que, sin saber por qué, se verá envuelto en una pesadilla. Sin embargo, su actitud será sorprendente: no se rebelará contra su destino, no protestará por el atropello del que es víctima, no luchará para demostrar nada, simplemente se encogerá de hombros, como si no fuese con él. Una tragedia que le sobrepasa y que lo convierte en nada.

Pero el libro es mucho más. Tengo casi toda la novela de Jose subrayada, frases, párrafos enteros. Es una lección de cómo se ha de narrar.

 <Mi padre dejó la empresa Sirio para trabajar de representante en la casa L´Oréal de París. Añadía siempre el nombre de la ciudad, creo que lo de París le hacía sentirse más importante. Llevaba en el maletín muestras de laca, suavizante de pelo y otros productos de cosmética que regalaba a mi madre cada vez que nos visitaba. Una noche vino a casa para invitarla a cenar y luego ir a La Senda de los Elefantes, el salón de baile donde se habían conocido. A mi padre se le notaba más contento desde que representaba los productos L´Oréal de París. Esa noche oí cómo imploraba de nuevo a mi madre que lo perdonase y olvidara el pasado. Ella le respondió con una frase que no comprendí:

-Para que pudiera olvidar lo que has hecho deberías marcharte de nuevo y regresar hace cinco años.

Mi padre abrió la puerta de la calle, salió al rellano y volvió a llamar al timbre. Me fijé que llevaba un traje que le rejuvenecía más que la compañía de Genoveva. Mi madre lo miró sorprendida, como si fuera un desconocido que pretendía cortejarla. Un amante al que había olvidado. Al final, ella aceptó con una sonrisa la invitación y yo pensé que mi padre tenía realmente poderes mágicos. Que era capaz de volver cinco años atrás no sólo a través de los sentimientos sino también del tiempo y recobrar el aspecto físico que tenía entonces. Y también pensé que poseía la facultad de conseguir borrar de la memoria de mi madre todas las mentiras que le había dicho durante los años que llevaba saliendo con Genoveva.>

Está la historia de los “sonaos” que se reúnen en la casa, con el maestro Linares y Manolo Alcántara; Paco el de los muertos, otro personaje que nos hace sonreír porque todos hemos conocido a un Paco el de los muertos, o Nicolás Toledo, ese tipo oscuro que es capaz de ser aún más oscuro cuando la desgracia se ceba en los otros, y todo ello encadenado a sucesos históricos como el suicidio de Hemingway, la familia y el mundo de Kafka, el instante en el que Armstrong pone el pie en la Luna, el día del atentado de Carrero Blanco, y otra “clase” de personajes como el Cristo que es Joaquín Blume, y Estelita Raval, la princesa del alambre, y también Uzcudum, y Chivato.

Y escenas memorables, como el asesinato del globo, o la del padre asomado al ventanal de la pensión, o esos barcos que construye Sebastián pacientemente…

 <El mundo de mi familia ocupaba un tramo de calle Comercio. Allí transcurría la vida. Nos sentíamos extraños fuera de esos límites. Nada parecía amenazar aquel orden interno. Quizá por eso mi padre se fue de casa sin hacer ruido, sin mirar atrás, se alejó caminando despacio con paso firme, como los elefantes que van a morir y recorren largas distancias hasta llegar al lugar donde se reúnen con los que se fueron antes. Mi padre sabía que caminaba hacia la desgracia, pero no lo podía evitar…>

Cuando terminé de leer esta novela, mi cuerpo temblaba. Se lo dije a José Garriga, que su libro me había cautivado, que me había sacado la sangre como un vampiro de papel, que me había emocionado y que seguía temblando… Que había escrito una maravilla.

Por eso, cuando mi amigo me preguntó ¿y qué tiene de especial esta novela para que me la recomiendes sin dudarlo? Le respondí que lo tiene todo. Y que la ha escrito José Garriga, que es una persona excelente, y un amigo que nos sorprenderá con alguna nueva novela maravillosa, quizá escrita desde el alambre de un funambulista…

Sergio Barce, junio 2011

José Antonio Garriga Vela vive en Málaga, pero nació en Barcelona en 1954. Es dramaturgo, pero como novelista y narrador ha cosechado rotundos éxitos. Libros suyos son Muntaner, 38 (Premio Jaén de Novela en 1996), Los que no están (Premio Alfonso García-Ramos en 2001, o el libro de relatos El anorak de Picasso. Con Pacífico recibió el Premio Dulce Chacón.

Anuncios
Etiquetado , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s