“ELOGIO DE LA AMISTAD” (Éloge de l´amitié) de TAHAR BEN JELLOUN

Elogio de la amistad” (Éloge de l´amitié: la soudure fraternelle, 1996) de Tahar Ben Jelloun es un pequeño libro lleno de contenido, muy sencillo de leer, en el que el gran escritor marroquí Tahar Ben Jelloun nos habla de su concepto de la amistad, y, para ello, lo hace recordando su relación con las personas con las que ha gozado y compartido especialmente de este privilegio.

La amistad es una religión sin Dios, sin juicio final y sin diablo. Una religión no ajena al amor, a un amor donde se proscriben la guerra y el odio, donde es posible el silencio. Podría ser el estado ideal de la existencia. Un estado apacible.”

Así comienza su libro. Luego, sus recuerdos comienzan a removerse, y Tahar Ben Jelloun revive su experiencia de niño, la escuela coránica, sus primeros amigos. Y entre estas primeras experiencias, en las que se va cimentando su concepción de lo que debe ser un verdadero amigo, y sus amistades de adulto, nos va hilvanando qué piensa de ellos, y cómo es cada uno de esos amigos que le han marcado.

El tiempo es el mejor constructor de la amistad.” Añade Ben Jelloun, antes de adentrarnos en su adolescencia y juventud, su paso por el ejército, sus primeros roces con los artistas, los profesores y los escritores, y también las primeras decepciones, que también las hay y él las rememora con cierta amargura, como en el caso de su amigo Abdel. Su vida en Tetuán…

Pero es cuando Tahar Ben Jelloun se sumerge en su relación con las mujeres cuando el libro comienza a levantar del suelo y muestra aspectos realmente conmovedores cuando habla de sus amigas Odette, Leila…

Quizá sea por reacción contra el medio marroquí –tradicional y pretendidamente moderno- por lo que me gusta tener relaciones de amistad con las mujeres. Para mí es un desafío fundamental. Respetar a una mujer, poder considerar el establecer una amistad con ella; lo que no excluye el juego de la seducción, ni incluso, en algunos casos, el deseo y el amor.”

Hay amigos que son reconocibles por todos, como Jean Genet, Juan Goytisolo, Edmond el Maleh.

Edmond el Maleh

Judío marroquí, Edmond fue uno de los miembros más importantes del partido comunista de Marruecos. (…) en 1965 decidió exiliarse a Francia…

(…) Edmond es un patriarca de la amistad. Le dedica un culto que no excluye ni la posesión ni la celebración. Sus amigos son su patrimonio.

(…) Es una amistad muy marroquí, es decir, glotona y posesiva.”

Tahar Ben Jelloun hace un itinerario por el tiempo y por los sentimientos, y es tan observador que a cada uno de sus amigos los describe profunda y sinceramente. De su experiencia, deduce que una de los factores más importantes que crean la discordia entre los amigos es la política y el poder. Y se queja de los cambios sufridos por algunos de sus amigos por esta causa.

Un  episodio muy interesante es su relación con su amigo Lotfi:

Lotfi, mi amigo de la adolescencia, seguirá un itinerario distinto del mío.

(…) Hombre íntegro, espera demostrar que en Marruecos se puede triunfar siendo serio y no corrupto.

Al hablar de él, digo, con satisfacción, que es mi amigo de la infancia. Es quizá una expresión acuñada, pero en nuestro caso tiene un sentido auténtico.

(…)  Lotfi se ha puesto a escribir. Sus crónicas sobre la sociedad marroquí son de una inteligencia y originalidad poco frecuentes. Además están llenas de un humor agudo e incisivo. Le animo a que persevere en esa vía, a que mantenga esa mirada crítica y despiadada hacia una sociedad en la que la desidia, el acomodo y la falta de rigor están a la orden del día.

(…) Hablamos mucho de mujeres. Nos interrogamos sobre nuestros comportamientos y debilidades; sobre nuestra desesperanza. En nuestras charlas, me surgió el deseo de escribir una novela que se titulase <El hombre que llora>. Una novela que contara nuestro amor por las mujeres, con nuestras carencias, dudas o torpezas en nuestras relaciones con ellas. Ese hombre lloraría porque sabe que nunca estará a la altura de la inteligencia, la malicia o la crueldad de las mujeres. En Marruecos, donde los hombres, en general, reflexionan poco sobre su manera de comportarse con las mujeres, esto adquiere un sentido mayor. Ellas escriben, participan en debates, se defienden, luchan. ¡Ellos las ven pasar, limitándose a comentar las formas de sus tetas o de sus culos!

Con Lotfi hablamos evidentemente del cuerpo de las mujeres, pero también de la calidad de la relación que nos gustaría establecer con ellas. Nos gusta bromear y contarnos, como unos adolescentes, nuestras fantasías sexuales”.

Y tras pasar por otros amigos, las experiencias vividas con ellos, las teorías de cada cuál sobre la amistad, Ben Jelloun describe a una serie de estereotipos de su manera de ver esta relación: el amigo intermitente, el amigo de paso, el amigo de las penas, el amigo desaparecido, el amigo reencontrado… Quién no piensa en alguien cuando va leyendo esta clasificación tan genuina…

Hablar de amistad, leer sobre ella, por el puro placer de hacerlo, es fácil en las páginas de este encantador libro de Tahar Ben Jelloun.

Estoy convencido de que sin amistad la vejez será difícil de llevar y horrible.”

Una frase lapidaria que suscribo completamente.

Sergio Barce, septiembre 2011

TAHAR BEN JELLOUN

Tahar Ben Jelloun nació en Fez en 1944. Quizá el escritor marroquí con vida más conocido. Toda su producción está publicada en Francia. Entre sus obras destacan “El niño de arena” (L´enfant de sable, 1987), “Día de silencio en Tánger” (Jour de silence à Tánger, 1990), “El ángel ciego” (L´ange aveugle, 1994),  “Sufrían por la luz” (Cette aveuglante absence de lumière, 2001), “Partir” (2005) o “La  noche sagrada” (La nuit sacrée, 1987) por la que obtuvo el Premio Gouncourt.

Los fragmentos están tomados de “Elogio de la amistad” publicada por Muchnik Editores, primera edición Octubre 2001, con traducción del francés de Malika Embarek López.

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2 pensamientos en ““ELOGIO DE LA AMISTAD” (Éloge de l´amitié) de TAHAR BEN JELLOUN

  1. Joana dice:

    Para mí fuiste la primera, inevitablemente me uní a tí, me cautivaste. Tal vez era demasiado hermoso para ser verdad y un buen día nos quedamos, me quedé sin tí. Lo dejaste todo colgado familia, amigos, estudios de psicología, pediste una excedencia en el trabajo… y echaste a volar.
    Querías conocer, experimentar, alejarte un tiempo, te marchaste a una isla y regresaste espléndida, llena de luz en tu alma y de sol en tu piel. Solo fue una prueba porque luego fue cuando vino la verdadera marcha desde donde tantas cartas me escribiste y a las que yo contesté.
    Luego dejaste aquel pueblo porque tampoco era lo que buscabas, tampoco allí te encontraste a tí misma, tampoco allí supiste ser feliz, aquel pueblo del que aún recuerdo te despedías diciéndole que te ibas de él, que ahì se quedaba preso de la envidia, con sus muertos deambulando creyéndose reyes. Querías olvidarlo muy pronto, borrarlo de tu historia. Tal vez lo único verdadero para tí fue aquella huerta donde día a día gozabas viendo salir las nuevas hojas, las flores y después los frutos…
    Y volviste vencida habiendo aprendido lo que siempre habías odiado hacer, llevar una vida rutinaria, amando sin amar, viviendo junto a alguien pero sin estar. No había amor, no había odio, no habia nada y te sentiste tan insatisfecha o incluso más que antes. Necesitabas aire, pero fuiste tejiendo una red que te ahogaba, queriendo ser tú misma y no consiguiendo más que enmarañar cada vez más una madeja donde ya no podías ver ni el principio ni el fin.
    Tenías tanto miedo a arriesgar, a perder, a vivir… pero muy dentro de tí estaba la esperanza de volver a comenzar de cero, había tantas cosas que despertaban tus emociones, tus inquietudes, necesitabas volver a vibrar por todos los poros de tu piel. Y yo tenía la certeza, la seguridad de que romperías aquellas cadenas pero me equivoqué. No hubo un volver a comenzar de cero sino una lenta sucesión de acontecimientos que se repetían hasta el aburrimiento, el aplazamiento de una decisión definitiva a una ruptura con todo aquello que te oprimía y anulaba por completo como persona libre de pensar y elegir. Te acostumbraste a tu debilidad interior y te acomodaste a ella por muchos años, te privaste de tantos momentos maravillosos que la vida ofrece a los que carecen del miedo a perder aun sabiendo que en ello les puede ir la vida.
    Sé muy bien que nunca es tarde y la última vez que escuché tu voz al otro lado del hilo, además de sentirte muy cerca como siempre lo estuvimos a pesar de la distancia, sentí que por primera vez, tras mucho tiempo, estás empezando a caminar. Tú sola habrás de llegar donde te propongas aunque tengas que dejar mucho en el camino, solo tú llevas la respuesta en el corazón, amiga, infinitamente amiga…

    Sí, a una amiga le dediqué estas palabras con todo mi amor porque la amistad es insustituíble y en ella caben todas las esperas y todos los silencios.

    Del gran Tahar Ben Jelloun hacía tiempo que no leía nada… seguro que será una estupenda elección. Gracias, Sergio

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