Presentando MÚSICA ANDALUSÍ de JULIO RABADÁN

El pasado lunes, 16 de abril, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, junto al historiador Enrique Sánchez, presenté el libro de Julio RabadánMúsica andalusí” publicado por la Editorial Club Universitario (Alicante).

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

Cada una de nuestras intervenciones, estuvieron acompañadas por las grabaciones de canciones y melodías que Julio ha obtenido en sus viajes al Magreb o a los Balcanes, entre otros lugares, con temas originales de la antigua música andalusí que han llegado después de los siglos a las nubas de Marruecos o han quedado como reliquias en canciones sefarditas conservadas de generación en generación. Eso creó en el acto un aroma singular. 

Fui el primero en intervenir, y esto fue lo que dije sobre el libro de Julio Rabadán:

     Cuando un amigo te pide que estés a su lado en un acto como éste, respondes sin pensar. Así fue como sucedió. Julio me llamó y me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió.

   Comencé pues a leer el libro de Julio. Y mientras iba leyendo sus páginas, una serie de imágenes, como espectros, comenzaron a vagar a mi alrededor, y luego comencé también a escuchar sonidos difusos, extraños y enigmáticos, que poco a poco se transformaron en melodías armónicas que sonaban de fondo… De pronto, esos espectros se pusieron a danzar y la música se apoderó del espacio.

   De esta manera, mientras seguía leyendo, imaginé a Julio entre documentos, apuntes, notas y archivos, buscando toda esa información que le ha servido para armar un extraordinario mosaico de historia, leyenda, aventura y erudición con el que, además, deja constancia de la rica  variedad e influencia de la música andalusí en la cultura tanto española como magrebí. Le veía absorbido por toda esa basta documentación que se apoderaba de su estudio y que le abstraía de la realidad, y era capaz incluso de imaginar a Julio recibiendo a las esclavas cantoras (qaynat) que ayudaron a que se implantara en Córdoba la escuela de Medina, las tres esclavas llamadas Alam, Fadl y Qalam (que era vasca pero educada en Medina). Sin embargo, el pudor me impide describir cómo se produjo tal encuentro entre Julio y las tres esclavas, sólo es preciso recordar que estamos hablando de una época llena de sensualidad y de misterio, con lo que poco hay que añadir a esa escena…

   Sumergido en la trama histórica que relata Julio en su libro, seguí imaginándolo en su estudio, con las esclavas danzando cerca de su escritorio y con las moaxajas tomando forma en las melodías poético-musicales que las acompañaban en tales bailes. Ciertamente, trabajar de esta manera debe ser un lujo envidiable. Pero así seguía imaginándomelo. Poco a poco, gracias a su narrativa sencilla y eficaz, que facilita tanto la lectura de cuanto nos cuenta de la evolución histórica como también el acceso a su  temática aunque el lector sea un profano en la materia, poco a poco, como digo, nos encontramos en su libro en medio del mítico Al-Andalus. Y las tres esclavas de Julio ahí moviéndose para mi deleite, y además cantándome a la vez una nuba dedicada al amor.

   Mientras tanto, loa avatares políticos y sucesorios, la llegada de los almorávides primero y de los almohades después, teñían de temor a las palabras que iba escribiendo, como un presagio de oscurantismo, y por eso imaginé entonces que Julio invitaba al gran músico persa Ziryab para que tocara el laúd y ejecutara una de sus creaciones. Julio se abandonó en ese instante a un nuevo placer, el de la música más elitista de Al-Andalus, y embriagado por ella osó ordenarle al maestro que ejecutara algunas nubas sólo para sus oídos, como si fuera el nuevo sultán. Llegaron a tal grado de sintonía que ambos mantuvieron una larga discusión acerca de las diferencias que, con el tiempo, habían ido surgiendo en las formas musicales en Marruecos, en Túnez o en Oriente Próximo… En este punto, hube de dejarlos a solas, porque Julio trataba de absorber las enseñanzas del maestro y mi presencia le distraía.

   Qalam, que de las tres esclavas es la de más carácter, se llevó a Fadl y a Alam a pasear por los jardines de Medina Azahara. También ellas saben cuándo estorban. Julio, hasta entonces entusiasmado por ellas, ni siquiera notó su ausencia, concentrado como estaba en tañer un nuevo laúd al que Ziryab había añadido una cuerda más. Estaba como un niño con un juguete nuevo. Yo también abandoné el estudio mientras él acariciaba el laúd, con la esperanza de encontrarme a solas con las tres esclavas, pero para mi desconsuelo ya se habían alejado camino del palacio.

   Sin embargo, imagino que por deferencia hacia mí, Julio había dispuesto que una orquesta, que no se sabe bien de dónde había salido, me endulzara la espera interpretando una nuba de Marruecos, así que me senté decidido a escucharles en cuanto atacaron la obertura de la pieza, que se llama Mchliah.

   Pasaron las horas, Julio y Ziryab continuaban debatiendo, discutiendo y estudiando los ritmos que Abu Yusuf Al Kindi detallara en un manuscrito allá en el siglo IX, y también los modos o Maqamat arábigo-andaluces: el rast, el maqam nawa atar, el maqam nahawand o el ramel al maya, y finalmente, los dos músicos, separados por siglos de distancia, tañeron sus instrumentos e improvisaron melodías andalusíes.

   En algún instante, invitaron a pasar al estudio a varios de los músicos de la orquesta y me cerraron la puerta en las narices, por hereje, por hereje musical me dijeron a modo de aclaración. Aturdido, oí entonces sonar una kueitra, poco después era un kanún el que destacaba, pero otro de los músicos se atrevió audazmente a acompañarlos con su nay. Cuando escuché el sonido del tar deduje que el director de la orquesta se había sumado también a ellos como un músico más, y después sonaron una zorna, un mezoued y una derbouka… También oí el ritmo febril de unas castañuelas, y entonces ya no pude reprimirme, me levanté de donde aguardaba sentado estoicamente y entreabrí la puerta del estudio: allí estaba Julio en medio de esa Babel musical… en absoluto éxtasis. Y pensé, mientras volvía a cerrar la puerta con sigilo, que esos músicos estaban absolutamente locos.

  

Medina Azahara

Justo en ese momento, me llegó el sonido de un rabab, que es el instrumento propio para declarar sentimientos amorosos, y, como por ensalmo, las tres esclavas reaparecieron tras su largo paseo. Insinuantes, me miraron con oscuras intenciones. Por primera vez en mi vida la oscuridad me pareció deslumbrante. Pero ese sueño no me pertenecía y pasaron por mi lado como si yo no existiera para ellas, y se fueron al encuentro del afortunado Julio. Será porque es músico, me dije para consolarme.

   Seguí pacientemente esperando, leyendo este libro que él escribía ahí adentro. Y así llegué al capítulo de las formas literarias, inevitable si se habla de música andalusí porque la poesía era, y sigue siendo, fundamental para los andaluces: la moaxaja, el zéjel, la jarcha…

   En ese punto, la música cesó de sonar en el interior de la habitación. Una de las esclavas se asomó al vano de la puerta y me hizo claros gestos con la mano para que entrara. Julio estaba ahí escribiendo sin parar. Ni rastro de los músicos. Pero Alam, Qalam y Fadl retomaron sus bailes en una danza insinuante al compás de una melodía que provenía de la nada, quizá de la fantasía del propio Julio que, ante la imposibilidad de rescatar ciertas formas y ritmos, trataba de imaginarlas.

  Algo me impulsó a mirar por encima de su hombro. Se explayaba en esa página sobre la gran carga erótica de muchos de los poemas, de las jarchas, resaltando que la mujer andalusí se expresaba por medio de la lengua romance con una total libertad sexual que puede sorprender al lector actual… Y transcribió entonces uno de esos poemas, y yo lo fui leyendo en voz alta a medida que él lo escribía:

Amiguito, decídete,

Ven a tomarme,

Bésame la boca,

Apriétame los pechos;

Junta ajorca y arracada.

Mi marido está ocupado.

 Vaya con la mujer andalusí… exclamé, y las tres esclavas se rieron de mí. Julio estaba ya acabando de escribir las últimas páginas de este libro tan especial por su originalidad, y le vi titular otro capítulo: “danzas y bailes”. Y añadir cuán famosas fueron las bailarinas gaditanas.

Odalisca, pintura de Frederick Mulhaupt

   Entre bailarinas gaditanas y esclavas cantoras, me dije, voy a terminar por aprender música…. Sin embargo, eso provocó la ira de las tres esclavas, que se sintieron molestas o quizá menospreciadas al verse comparadas con esas bailarinas de la antigua Gades, y Alam, Qalam y Fadl, para mi desconsuelo, dejaron de bailar, recogieron sus ropas y se marcharon.

   Julio seguía tan ensimismado en su libro que no reparó en mi desdicha. Y no obstante, seguí leyendo por encima de su hombro, y reconozco que me volví a enganchar a su lectura, a la música que sonaba en Al Andalus, a la danza de otras esclavas, a las melodías, a las jarchas, a las moaxajas y a las nubas…

Y por un segundo, escuché, en lo que yo imaginaba, la música que Julio soñaba.

Y entonces me dijo: me gustaría que presentaras mi libro. Y yo le repliqué: pero de qué voy a hablar si apenas sé de música. Algo escribirás, respondió. Y comencé a imaginarme a Julio en su estudio, con las tres esclavas danzando y cantando, mientras él escribía entusiasmado este libro lleno de sensualidad, de magia y de ritmo, un libro que suena a Música Andalusí.

Sergio Barce, abril 2012

Sergio Barce, Julio Rabadán y Enrique Sánchez

 

 

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4 pensamientos en “Presentando MÚSICA ANDALUSÍ de JULIO RABADÁN

  1. Joana dice:

    …Qué reincorporación, Sergio!! Sencillamente, PRECIOSO tu cuento… y si así ha sido la presentación de este libro, habrá cautivado a todos los asistentes y Julio Rabadán se alegrará de haberte tenido ahí. Nos atraes imperiosamente a la lectura de esta obra.
    Un beso

  2. Josefa Fernández Domínguez dice:

    Juan Vargas Rodríguez empleado de uniban.es mi cuñado .su mujer maria luisa Fernandez. Domínguez es mi hermana. Cuando veo a mi cuñado y a mis sobrinos Marisol y Antonio. Vargas me emociono mucho Juan. Vargas y mi hermana.Fallecieron hace mas de treinta años.YO me llamo Josefa Fernández y. Vivo en Sabadell.llevo cincuenta y tres años viviendo aquí en la provincia de Barcelona. Nos vinimos aquí y no he vuelto a mi tierra.a mi amada LARACHE. Mis sobrinos se que viven en alcalá de Henares desde aquí les mando muchos besos y abrazos que quiero que sepan que no hay un dia que no me acuerdo de ellos.yo había trabajado en la Zamorana. Cogiendo puntos de medias .excesivamente para la Duquesa de Guisa.entonces yo tenia doce años y hoy por hoy tengo sesenta y cinco años BESITO PARA TODOS LOS LARANCHECES Y ante todo a todos mis familiares de Alcalá de Henares

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