EL ZOCO CHICO, un relato del escritor larachense CARLOS GALEA

A la izquierda, (mi padre) Antonio Barce junto a Carlos Galea, y entre otros, sentados, Juan Urda, Manolo Galea, Fernando Anidja…

Un nuevo texto descriptivo de Larache. En esta ocasión se trata de un relato de Carlos Galea. Carlos nació en Larache en 1935 y ha publicado “La casta militar africanista” (Instituto Alicantino de Cultura Gil Albert, 2003) y con el mismo Instituto edita en 2010 el libro “Recetas de la cocina norteafricana”, estando pendiente de salir “Recetas de la cocina sefardita”. Algunas de estas recetas que Carlos Galea ha recopilado las ofreceré próximamente.

De su libro aun inédito “Relatos de un niño de la guerra” procede el texto del Zoco Chico, un cuadro de este lugar de Larache tal y como Carlos Galea lo vivió y lo recuerda. Es un relato detallista, de documental, a través del que vemos cada rincón del Zoco y, sobre todo, sus brillantes colores y sus inolvidables olores. Personalmente, al leerlo, cuando llegué a “…los pinchitos de carne picada o en trocitos, aliñados con especias y cilantro verde, asados a la parrilla con carbón vegetal, y servidos dentro de un cuarto de torta de pan de trigo”, lo confieso, de pronto estaba de nuevo en Larache saboreándolo, podía olerlo perfectamente y podía rememorar con exactitud el sabor de la torta, el sabor de la carne, el olor penetrante que le acompaña, lo tenia entre mis manos y podía darle un bocado… Inolvidable, como tantas otras pequeñas cosas. El Zoco Chico de Larache…

Sergio Barce, septiembre 2012

Zoco Chico – foto de Itziar Gorostiaga

 EL ZOCO CHICO

 Por Carlos Galea

Siguiendo la descripción de Larache, me voy a referir en este capítulo a su lugar más peculiar: el Zoco Chico.

Está situado dentro de la que antes de la llegada de los españoles fue la ciudad árabe amurallada, la Medina. Su imagen muy pintoresca ayudará al lector a situarse en el ambiente y conocer más fácilmente el contenido de algunos de mis relatos.

Se entra en el Zoco Chico por una puerta monumental de arquitectura hispano-árabe, que se abre por la Plaza de España.

Se atraviesa en primer lugar una calle estrecha repleta de una muchedumbre abigarrada. Mujeres cubiertas con amplios mantos blancos, y velos que cubren toda la cara, dejándoles visibles sólo los ojos, o con chilabas de corte y colores modernos, algunas también veladas.

Campesinas de las cabilas de las montañas cercanas, vestidas con faldas de lana tejidas artesanalmente por ellas mismas, a rayas blancas y rojas, amplios sombreros de paja adornados con borlones azules, polainas de cuero marrón protegiéndoles las pantorrillas, babuchas de badana amarilla como calzado, y con la cara al descubierto. Son mujeres bereberes, pueblo autóctono anterior a la invasión de los árabes, de finas facciones, tez blanca y pelo negro lacio y brillante.

foto de Javi Lobo

Hombres de esta misma etnia ataviados con chilabas de burda lana que les llegan justo debajo de las rodillas, y turbantes blancos, muchos de los cuales con tupidos bordados amarillos. Llevan el dinero y sus otros objetos de valor en grandes carteras de cuero repujado con flecos, sujetas con una correa cruzada sobre el pecho. Algunos van armados de un puñal curvo, la gumía, dentro de una funda de plata labrada sujeta con un grueso cordón que les cuelga desde el hombro, en sentido opuesto a la cartera. Más que un arma, este puñal es un adorno.

Hombres de la ciudad con chilabas de lana gruesa o de tela más fina, tocados con turbantes, gorros de fieltro rojo, bonetes blancos o de colores.

Los más numerosos vestidos a la usanza europea, y en menor número mujeres del mismo modo, aunque muchas de ellas con pañuelos de diversos colores cubriéndoles los cabellos, respetando el rito musulmán.

Aunque ya muy escasos, se ven ancianos judíos con levita, faja y bonete, y los más jóvenes de esta confesión vestidos a la europea, cubiertas sus cabezas con boinas negras y sombreros clásicos de fieltro. Las mujeres hebreas van con vestidos de corte europeo y sin ningún tocado, excepto las ancianas en las que aún perdura el pañuelo de flecos tapándoles el cabello.

Y muchos españoles y españolas de todas las edades, mezclados con esta muchedumbre.

Una vez pasada la calle de entrada, hay que andar a empujones por el estrecho pasillo dejado entre los puestos de golosinas instalados a ambos lados, y finalmente se desemboca en un amplio recinto que se prolonga hasta el gran portal de la Alcazaba, antigua ciudadela fortificada.

A cada lado unas arquerías, y bajo éstas numerosos pequeños comercios ocupan cada uno la anchura de una puerta.

Sobre un lado del mostrador de madera que cubre toda la entrada de la tienda, está sentado el vendedor con las piernas cruzadas bajo el trasero. Sin necesidad de desplazarse, el comerciante tiene a mano todos sus artículos.

Las tiendecitas se suceden sin guardar ningún orden en la oferta, es precisamente la principal característica del comercio oriental. El comprador se pasea sin tener idea de lo que se va a encontrar, y es para él un placer ir descubriendo los objetos interesantes.

El otro placer es el regateo. Ningún artículo tiene indicado su precio, el comprador lo pregunta y el vendedor le dice una cantidad siempre muy por encima de la que piensa aceptar finalmente. Se inicia el tira y afloja hasta llegar a un acuerdo. Muchas veces el comprador da un último precio, el vendedor no lo acepta y deja que el comprador se marche. Pero cuando éste ha andado una corta distancia el vendedor lo llama a voces y le dice que por tratarse de su persona va a hacer el sacrificio de vendérselo a tan bajo precio aunque pierde dinero en la operación.

Este ritual parecerá absurdo a un europeo, pero es el alma y la salsa de los mercados árabes, donde la gente no tiene ninguna prisa y hace de la compra un entretenimiento. Si el comprador no obtiene una rebaja substancial se queda con la sensación de haber sido engañado, aunque muchas veces es lo que ocurre, pues los comerciantes son muy astutos y emplean métodos de simulación dignos de actores consumados de teatro dramático.

En estas hileras de tiendas encontramos zapatos, correas, cojines de cuero repujado, y babuchas. Jarrones de cobre o latón cincelados, teteras de falsa plata, cafeteras, soplillos ricamente adornados, velas, quinqués, cerillas y mecheros. Té, café, azúcar en pilones, especias a granel, frutos secos. Queso fresco sobre una hoja de palmito, manteca rancia en potes de barro, leche fermentada vendida en vasos sacada de una tinaja con un cazo. Tortillas de harina de garbanzo en porciones, buñuelos de viento. Pinchitos de carne picada o en trocitos, aliñados con especias y cilantro verde, asados a la parrilla con carbón vegetal, y servidos dentro de un cuarto de torta de pan de trigo. Mejillones cocidos, sin cáscara y al peso. Tortitas de sémola porosa, pasteles de almendra y miel, dulces de masa frita bañados en miel parecidos a los pestiños. Habas secas cocidas, aderezadas con sal y comino molido mezclados.

-¡Yabán kulubán! –vocea un vendedor ambulante.

Pasea por el Zoco un pastoso caramelo blanco fundido alrededor de una gruesa caña de bambú. Los vende por pequeñas porciones, que corta y despega con una navaja. Le persiguen numerosas moscas, y las va espantando continuamente con un pañuelo de dudosa limpieza.

Fuera de las arquerías, sobre una de las aceras que bordean la calzada central de adoquines de granito muy irregulares, se instalan vendedores ambulantes de objetos usados. Ofrecen vasos y platos, cafeteras doradas o plateadas, vestidos, cazadoras de cuero, viejos cuadros y muebles antiguos, llaves, cadenas, cerrojos, candados, camas con los cabezales de bronce o latón recuperadas sin duda de las familias judías que han abandonado el país para irse a Israel, y otros muchos objetos que sería muy largo enumerar.

En la otra acera, sobre pequeñas mesas de madera muy bajas, cubiertas con manteles blancos, mujeres sentadas en el suelo ofrecen tortas de pan de trigo recién salidas del horno, como denuncia el agradable olor que impregna el ambiente e invita a comprarlas.

foto de Itziar Gorostiaga

Los labriegos venidos de las cabilas cercanas exponen a  la venta sus productos, traídos a lomo de sus borricos. Los colocan apilados en el suelo, y pregonan a gritos su gran calidad. Encontramos naranjas muy ácidas y de piel fina, membrillos, pepinos, calabacines, calabazas, cebollas rojas y blancas, tomates, alcachofas de la huerta, alcauciles (alcachofas salvajes con púas), habas, guisantes, grandes melones y sandías de secano, lechugas, coles, coliflores, zanahorias, nabos, rábanos, perejil verde, cilantro verde, tomillo, romero, hierbabuena y otras hierbas aromáticas.

Estos productos vegetales tienen unos sabores muy acentuados, están cultivados con abonos naturales, los únicos utilizados por los campesinos. No conocen los cultivos bajo toldos que tanto desvirtúan la calidad.

También ofrecen frutas salvajes recogidas en los campos, como son la palmicha (dátil del palmito), moras, zarzamoras, madroños, todos ellos en cestitas de caña, palmitos deshojados hasta la parte tierna y comestible, higos chumbos pelados en el momento de su venta, higos y brevas frescas. No faltan los níscalos y otras setas de los bosques de pinos de los Viveros y de la Ghedira.

Los pollos y los conejos los venden en vivo, y, siguiendo el rito musulmán, los sacrifican antes de entregarlos al comprador cortándoles la yugular y dejándolos dar saltos en el suelo hasta que se desangran.

Hay un estrecho callejón sin salida a la derecha de la calle de entrada al Zoco Chico, con sombra y frescor, en el cual los pescadores de caña profesionales exponen a últimas horas de la tarde sus capturas de toda la jornada, iniciada al amanecer.

Ofrecen una gran variedad de pescados muy frescos, abundantes en las playas arenosas y rocosas del litoral larachense. Grandes ejemplares de doradas, lubinas (llamadas también robalos o róbalos), sargos, corvinas, verrugatos, zalemas, lisas, congrios, murenas y sábalos. Este último pez, de la familia del arenque, que sólo se pesca en los estuarios como el del río Lukus, es muy apreciado por los judíos y musulmanes de Larache. Es prácticamente desconocido por los españoles que no lo aprecian por sus muchas espinas, sin conocer su gusto exquisito.

También se pueden comprar centollos, bogavantes y nécoras abundantes en las playas próximas a precios muy bajos, pues el consumo de estos crustáceos está prohibido por sus religiones a los musulmanes y los hebreos.

La angula (alevín de la anguila) abunda en este maná que es el río Lukus. Según he leído, sus huevos son expulsados por las hembras adultas en el Mar de los Sargazos y conducidos durante miles de kilómetros a través del Océano Atlántico por la corriente del Golfo hasta las costas del Norte de África y Sur de Europa. En las desembocaduras de los ríos importantes, en este caso la del Lukus, se produce la eclosión de los huevos, el nacimiento de la angula, en el choque de las aguas dulces de las riadas con las corrientes marinas.

Río Lukus – foto de Itziar Gorostiaga

El derecho de pesca de este apreciado producto del mar, que alcanza fuera de Marruecos muy altos precios, es motivo de adjudicación administrativa por el organismo de Aguas y Bosques del Ministerio de Agricultura marroquí, mediante subasta pública. Los adjudicatarios de esta subasta exportan las angulas a todo el mundo, bien en vivo, como es el caso de Japón, o precocidas en cajitas de madera.

Sin embargo, pescadores furtivos, a altas horas de la noche, suelen extraer algunos kilos en los recovecos del río. Como no las pueden exponer a la venta, las ofrecen en voz baja a los compradores de pescado y, una vez acordada la compra, las traen discretamente de donde las tienen guardadas metidas en una bolsa de plástico. Están vivas y llenas de baba, y hay que matarlas antes de cocinarlas con tabaco o sal, además de lavarlas con mucho agua.

Su precio está a años luz del de las angulas del río Nervión, y por ello son muchos los españoles de Ceuta, Tetuán y otras ciudades próximas que vienen los fines de semana a Larache para consumirla en los diferentes bares, principalmente el Bar Central, de Pepe Osuna.

Cae el día, el sol se oculta en el horizonte, el cielo se enciende de nubes rosas que reflejan sus últimos rayos. Se oye el canto del almuecín llamando al rezo desde el minarete de la mezquita.

Los vendedores ambulantes y los campesinos recogen sus mercancías, y poco a poco el Zoco Chico se adormece hasta las primeras horas del día siguiente para volver a comenzar su febril actividad.

CARLOS GALEA

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12 pensamientos en “EL ZOCO CHICO, un relato del escritor larachense CARLOS GALEA

  1. José Miguel dice:

    Un transporte mágico a los orígenes. Muy bueno…

  2. pedro prieto gonzalez dice:

    me ha recordado mi niñez, yo vivia cerca del zoco chico en la calle larrucea.

  3. COMO HIJO DE LARACHE QUE VIVIA ENTRANDO POR EL ZOCO CHICO HATA LA CALLE DEL hOPITAL DONDE RECIDIA MI FAMILIA UNA DESCRIPION MARAVILLOSA DEL ZOCO CHICO.
    QUE ALEGRIA VOLVER A RECORDAR PASO A PASO ESTOS LUGARES.
    DAVID

  4. chencha Madrigal dice:

    Bonitos recuerdos de Larache y de nuestra niñez, me encantaban los pinchitos de carne picada, parece estar oliendolos .

  5. Joana dice:

    Precioso texto el de Carlos Galea… leyéndolo entras en el bullicio del Zoco tan lleno de vida. Me he visto cuando era una “niña chica” de la mano de mi madre en el “Zoco Chico”… y ahora los recuerdos me invaden y siento añoranzas…
    de mi tierra y de sus gentes.
    Un beso

  6. Raquel dice:

    Hola Carlos, como estas? cuanto tiempo sin escuchar de ti….espero que estés muy bien, y como siempre excelente tu relato del Zoco Chico, un paseo para los que allí vivieron y lo recuerdan con cariño….

    • Carlos Galea Díaz dice:

      HOLA RAQUEL, CELEBRO QUE TE HAYA GUSTADO MI RELATO,
      YO ESTOY LO BIEN QUE SE PUEDE ESTAR A LOS 77 AÑOS, ESPERO
      PODER SEGUIR CONTÁNDOLOS UN PUÑADITO MÁS.

      UN BESO,

      CARLOS

  7. Jos,e García Gálvez dice:

    Precioso el artículo de Carlos, a quien recuerdo tras el mostrador del banco que había frente al bazar del Balaguer, y también tomando el baño en la playa del Matadero, cerca de la “Piedra Gorda” . (Por cierto era un buen nadador) . Pero volviendo al escrito es algo que tiene muy “buen sabor” para todos los nacidos en Larache.

  8. Nani Melul Bendayan dice:

    Larache y su zoco chico, recuerdos de mi familia y de mi infancia

  9. Bella Moyal Buzaglo dice:

    ESTIMADO CARLOS
    GRACIAS POR ESTE RELATO.
    VAYA RECUERDOS!!!!!
    CON ESTE PASEO POR EL ZOCO CHICO , REGRESE A MI INFANCIA. RECUERDO IR CON MI PADRE (q.e.p.d.) BIEN ENTRADA LA TARDE A COMPRAR LOS PEQUENOS SHARGUITOS O UN JIGANTESCO SABALO PARA LA CENA DE ESE MISMO DIA.
    NO RECUERDO MUY BIEN COMO LO LLAMABA MI PADRE ESE EMBLEMATICO LUGAR, EL NO DECIA QUE IBA AL ZOCO CHICO A COMPRAR PESCADO, SINO OTRA PALABRA QUE AHORA MISMO NO LA RECUERDO PARA NADA.
    MI PADRE POR LO MENOS 3-4 VECES A LA SEMANA IBA Y COMPRABA TODA CLASE DE PESCADO , QUE POR CIERTO ERA BARATISIMO.
    LAS VERDURAS Y FRUTAS LAS COMPRABA MI MADRE(q.e.p.d.). TODOS LOS PRODUCTOS ESTABAN ALMACENADOS EN SACOS Y EN PLENO SUELO.
    A RITMO DE LA VENTA EL VENDEDOR DOBLABA HACIA AFUERA LOS BORDES DE LOS SACOS PARA HACER RELUCIR SU MERCANCIA.!!
    UN ABRAZO
    BELLA – JERUSALEN

  10. Querida Bella-
    Shaná tová ve hag sameaj
    El mercadillo al que te refieres donde compraba el descansado de tu padre el pescado ( generalmente de caña desde roca o con el bote en la desembocadura y en el estuario ) se llamaba SEKALA o SKALA. .
    Si desde la Plaza de España (actualmente de la Liberación) entrabas al Zoco Chico por BAB MEDINA o Puerta de la Ciudad, inmediatamente a la derecha comenzaba una callejuela estrecha, adoquinada en dos tercios de su parte izquierda y con una especie se acera de cemento a lo largo de su muro derecho donde se situaban los vendedores. Estos se solían ubicar hasta el primer recodo que efectuaba el callejón hacia la derecha en ángulo recto ( había como una pequeña fuente o grifo en la pared), continuando algo más ancho y aproximadamente el doble de longitud PERO SIN SALIDA.
    . El nombre oficial de esta calle era HADANIM y era como si fuera una continuación de la calle (también sin salida terminal) de la calle Tarrafin que arrancaba desde la izquierda de la Puerta de la Medina ,iniciándose en La Madrasa..
    Recuerdo que de joven escuché en Larache que SEKALA o SKALA provenía del castellano y del portugués “Escala” .Y se refería en general en los puertos atlánticos en siglos pasados a una plataforma sobre la muralla de la ciudad con almenillas para cañones para la defensa del puerto como sucedía entre otras ciudades costeras como la famosa SKALA DE ESSAUIRA ( la ex Mogador francesa) que he visitado varias veces y te aconsejo lo hagas en tus próximos viajes..
    Efectivamente también en Larache en la parte posterior de las murallas de Bab el Medina ( donde se ubicaba el mercadillo de pescado) se alzaba antes de la expansión extramuros de la Medina y construcción de la Plaza de España, un contrafuerte amurallado con varios cañones. Apuntaban principalmente en dirección al Castillo de San Antonio como le solíamos llamar, aunque “los eruditos” le denominaban Castillo Al Fath y en la etapa del Protectorado en los textos aparecía como CASTILLO DE LAS KEBIBATS,
    Lo que dio lugar al nombre del barrio adjunto y al popular de nuestro Sadik REBÍ YUSEF HAGALILÍ situado en la calle del mismo nombre y más conocido como “El Sadik de las Kebibats”. Las llaves de su santuario pude constatar en mi último viaje hace cuatro años, siguen custodiadas por tradición por la misma familia musulmana (a la que el Dió jadee muchos años con salud y prosperidad) que las custodiaba en nuestra juventud y en la época de nuestros antepasados. La calle, más bien kalesha, comienza en el Zoco Chico atravesando BAB AL KEBIBATS,, puerta que tan bien supo inmortalizar el pintor granadino Mariano Bertuchi en su famoso cuadro y plasmada el los sellos del Servicio de Correos del Protectorado Español; y que me ha servido de portada para mi libro que ya muy pronto aparecerá en su segunda edición (“Viajando por el Magreb”).
    Disculpa mi hbiba Bella ( y también mi querido Sergio) que me haya extendido en la explicación, pero cuando escribo de nuestra querida Larache, me vienen a la memoria inmediatamente los más afectivos y emotivos recuerdos nostálgicos.
    Un fuerte abrazo.
    José Edery
    .

    • Bella Moyal Buzaglo dice:

      GRACIAS MI QUERIDO PEPE POR LA EXPLICACION. ASI ES, LA LLAMABA LA SKALA!!!!!
      QUIERO FELICITARTE SHANA TOVA , JATIMA TOVA Y QUE DIOS TE MANDE SALUD Y VIDA LARGA.!!
      A VER SI CONSIGO TU LIBRO EN SU NUEVA EDICION.
      UN FUERTE ABRAZO
      BELLA

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