“LOS SOLDADOS” (2013) UNA NOVELA DE PABLO ARANDA

No hay soldados, pero en la novela del novelista malagueño Pablo Aranda hay guardias civiles, hombres que se creen guardias civiles y guardias civiles frustrados, pero sobre todo hay seres humanos impulsados por el instinto, por los deseos, por el amor y por el odio. <Los soldados> es sin duda una novela bien narrada, trepidante, de pulso firme y estructura bien trenzada.

Los soldados . portada

Hay libros que uno no termina de leer jamás. Confieso que eso me ha ocurrido, por ejemplo, con “Bajo el volcán” (Under the Volcano, 1947) de Malcolm Lowry, considerada una obra maestra pero de la que jamás he sido capaz de pasar de la página cuarenta, más o menos. Sin duda debe ser magnífica pero cuando me cuentan algo, cuando leo narrativa, sinceramente me importa poco que llegado el otoño una hoja caiga de un árbol y que para describirme este hecho de la naturaleza necesiten veinte página, por muy maravillosamente que esté relatado. La paciencia tiene un límite. A mí me gusta que la historia avance y que la trama me atrape, y, por supuesto, que la novela esté bien escrita. <Los soldados> de Pablo Aranda no tiene nada que ver con Lowry, pero sí mucho con ese tipo de literatura que busco: una historia que avanza, que me atrapa y que está bien escrita, muy bien escrita.

“En la esquina de la ferretería una moto como la suya, no igual pero casi, el mismo carenado, un modelo posterior, pero los mismos accesorios. Dónde estaría su moto. Uno se compra una moto, no termina de pagarla y se la llevan. Y a seguir pagando. La moto en un garaje, atada. Y desaparece.

Entró en la ferretería. No había clientes. Solo el mostrador y el tubo fluorescente en el techo que emitía una luz insuficiente, el contorno de las cosas temblando. Una tienda de otro tiempo. El instrumento más avanzado que se veía era la máquina copiadora. La estridencia de las mordeduras de metal moldeando, apagando el oído de quien hiciera la copia de una llave. Fran, cegado por el cambio de luz de la calle al interior, tardó unos segundos en darse cuenta de que el dependiente, José Garrido, Garri le llamaban, estaba allí, sentado en un extremo, mirándole.

-Estoy buscando a mi hermano –dijo.

-¿Tu hermano? –preguntó el otro.

Tardó en responder Fran. Garri sabía perfectamente quién era él y quién era su hermano.

-Óscar.

-Y por qué sé dónde está.

-¿No ha estado contigo este fin de semana?

-No.

-¿Sabes por dónde puede andar?

-No.

-Mi madre está asustada.

-Lo típico de las madres. Ya aparecerá. Si le hubiera pasado algo, nos habríamos enterado, ¿no?

-Sí, supongo que sí.

Iba a salir pero se detuvo al oír la voz del otro.

-Se han cargado a un guardia.

-Ya –respondió Fran, de espaldas.

-¿Y qué dice el cabo Salgado?

Salió a la calle sin responder, con mal sabor de boca. El cabo Salgado era su padre. Gordo y sin misiones arriesgadas a sus espaldas. Gordo y blando.”

El estilo elegido para este libro es tan ágil como eficaz. Pablo Aranda usa frases cortas, o frases con muchas comas, frases pobladas de imágenes igual que flashes, descripciones cortas y secas, como si en cada párrafo apretara el gatillo de una ametralladora y no lo soltara hasta vaciar el cargador. Lo saca, recarga y vuelta a apretar el gatillo. Así toda la novela. Y consigue que uno no suelte el libro, que se te acelere el corazón, que llegues al final con cierta desazón pero que, en la última frase, al fin dejes escapar un suspiro, por muchos motivos.

Pablo Aranda

Pablo Aranda

Los diálogos, como en el párrafo anterior, son ejemplares. Narra con una soltura exquisita.

“Poder detener el tiempo. Poder decir hasta aquí me vale pero después no y entonces pararlo todo. Alto. Se acabó. La lluvia en la cara, el sudor le chorreaba por la espalda. La conciencia de los gemelos cargados, los cuádriceps. Encontrar rendijas en el desarrollo de los acontecimientos y acomodarte en una de ellas y cerrar los ojos y que las siguientes viñetas aparezcan en negro, o en blanco, vacías, o elegir una de las viñetas, mirar la historia desde el final y elegir una viñeta y en la siguiente escribir la palabra fin. Anular parte de la historia, esta parte, este pedalear con viento y con frío y con lluvia. Los tríceps, las manos entumecidas, sin guantes, la correa suelta del casco con su golpear suave y molesto, continuo. Quedarse con un momento y alargarlo, eternizarlo.

El dormitorio de una muchacha a la que nunca conocerá. A su hermano lo ha visto. Fotos en la pared de su cuarto, y debía de ser ese que aparecía repetido, protagonista, seguro que era ese, también en un carné antiguo, pero ella no, no la buscó y ahora le gustaría poder traer hasta el pedaleo el rostro que no conoce. La poca densidad del edredón, el peso casi negativo, el abrazo blando en el suelo del dormitorio de una muchacha que ojalá hubiese llegado sola a la casa, subido las escaleras, el gesto de sorpresa y miedo, la espalda apoyada en la pared en un acto de protección inútil, él la tranquilizaría y ella acabaría comprendiendo, no voy a hacerte daño, déjame que te cuente, que te explique, le diría, y ella acabaría comprendiendo. Si quieres me voy, solo una palabra en ese sentido y me voy. Ella sola sin un novio al que romperle la cabeza de un derechazo y un gancho. Ella acabaría comprendiendo y bajaría la vista, estudiaría su habitación. Has dormido en mi cuarto, en el suelo, diría ella, sola, en voz baja, comprendiendo, tranquila. Y en la siguiente viñeta estarían juntos en la cama, muy cerca, apenas rozándose, fumando a oscuras, el humo trenzándose sobre ellos en silencio.”    

Perfecta construcción de personajes. Me encanta Garri, está tan bien dibujado que uno puede verlo en la ferretería, en Bilbao, en la moto cruzando medio país. Es alguien tan cercano que todos conocemos a un Garri. Por supuesto, Fran y Óscar, tan distintos pero tan próximos. Y Mónica y Begoña, dos aciertos. Y Manuel Lozano y Alfonso, y Luis, y el desgarrador personaje de Carmen. Pero yo me quedo con Fran y Mónica, porque es la historia que uno acaba por hacer más íntima, porque Pablo Aranda consigue lo que pocos escritores, que te creas tanto la historia que quieres participar y echarle un cable a esta pareja que de pronto están a punto de salvarse el uno al otro, aunque es Fran el que más ayuda necesita.

Otra virtud de la novela: sube en intensidad y en calidad cuanto más avanza, y por eso el final es tan bueno, y tan bello.

<Los soldados> es una novela negra, pero también hay algo de sus novelas anteriores, de retrato de una sociedad, de un ambiente, de un lugar. Aquí se cruzan Málaga y Bilbao, pero Bilbao se transmuta en otro personaje, fundamental también.

No sé qué esperaba al comenzar este libro, pero sí sé lo que he encontrado en sus páginas: una extraordinaria novela que me he bebido sin atragantarme, sin tomar aire, sin respirar.

Pablo Aranda y yo nos conocemos, aunque no nos hemos tratado todo lo que deberíamos. Es un tipo afable, muy cercano, con un humor permanente. Un día estuvimos por la Malagueta tomando algo, picoteando, fue después de la presentación de un libro, no sé ahora de cuál, y recuerdo que nos reímos muchísimo.

Cuando nos despedimos (ya sea en persona o por correo electrónico), Pablo Aranda siempre me dice: ¡Viva Larache! Y me lo dice con mucha guasa, pero con afecto.

Mientras tanto, <Los soldados> aguardan a otro nuevo lector para ser devorados sin tomar aire…

Sergio Barce, abril 2013   

PABLO ARANDA

PABLO ARANDA

Pablo Aranda (Málaga, 1968) es licenciado en Filología Hispánica, ha trabajado como profesor de lengua y literatura en Málaga y en la Universidad de Orán (Argelia). Especializado en educación de grupos especiales, trabajó durante dos años en una casa-residencia con enfermos mentales. Estudió Trabajo Social y ejerció como educador de menores que cumplían medidas judiciales en régimen abierto. Tras la publicación de su primera novela, se dedica exclusivamente a la escritura.

Ha sido finalista del Premio Primavera con <La otra ciudad>, y ha obtenido el Premio Diario Sur de Novela Corta con <Desprendimiento de rutina> y el Premio Málaga de Novela con <Ucrania>. También es autor de la novela <El orden improbable> y del libro infantil <Fede quiere ser pirata”. 

LOS SOLDADOS ha sido publicado por El Aleph Editores.

Primera edición, marzo 2013.

Más información sobre Pablo Aranda en su web:

http://www.pabloaranda.es/

la-otra-ciudad-finalista-premio-primavera-de-novela-2003-9788467022087

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4 pensamientos en ““LOS SOLDADOS” (2013) UNA NOVELA DE PABLO ARANDA

  1. Pablo Aranda dice:

    querido Sergio, muchísimas gracias y, por supuesto, Viva Larache

  2. Joana dice:

    Sergio, me has hecho sonreir con la hoja cayendo durante … 20 páginas…!!
    Los párrafos que nos dejas leer de la novela de Pablo Aranda me gustan, me gusta su estilo, muy visual, ágil, cercano…
    Creo que ya me atrapó como próxima lectora y me atrapó su labor como educador de menores algo que considero realmente digno de admiración.
    Un beso

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