ASI FUE LA PRESENTACIÓN EN MADRID DE “EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS”, NOVELA DE SERGIO BARCE

SERGIO BARCE Y LIBRERIA CERVANTES

El pasado 19 de diciembre, presenté mi última novela <El libro de las palabras robadas> (Editorial Círculo Rojo) en la “Librería Cervantes & Compañía”, en la calle Manuela Malasaña, de Madrid.

Maquetación 1 (Page 1)

El acto fue uno de los más cálidos y acogedores que he tenido la surte de vivir al presentar uno de mis libros.

TOMANDO ASIENTO

Primero, porque el entorno de la librería lo hace posible, es un local sugerente, cuidado al detalle, de esos que nos gusta  visitar a los que preferimos las librerías reales (no virtuales); segundo, porque una de sus socias, María Felices, que fue quien me recibió, le pone tanta pasión y entusiasmo que te contagia su energía, y, por último, porque quienes decidieron acompañarme y acudir a la presentación ayudaron a crear una complicidad agradable y cómoda.

ANGELES RAMÍREZ PRESENTANDO LA NOVELA

ANGELES RAMÍREZ PRESENTANDO LA NOVELA

Ange Ramírez fue quien hizo la introducción, tanto de la novela como de mi labor narrativa, aunque también supo dar ese toque personal al recordar todo el trabajo que hemos compartido juntos para defender el patrimonio cultural larachense.

ASISTENCIA 1

Lo cierto es que se ganó a los asistentes, con su magia personal y su simpatía, e hizo un bonito recorrido por mis anteriores novelas, así que, cuando me pasó el testigo para que ahondara en <El libro de las palabras robadas>, me había dejado el terreno bien preparado.

INTERVENCION SERGIO 1

Me limité pues a explicar la trama de mi novela, a desnudar a mis personajes, a desvelar algo del misterio que narro en este libro que tiene mucho de thriller y novela negra, de novela de aventuras, de novela romántica y de misterio…

Alejandra, Sergio Barce y Agapito Rubio

Belén, Sergio Barce y Agapito Rubio

Hacerlo en un entorno como la “Librería Cervantes y Compañía” te facilita las cosas, hay que decirlo. Y verte arropado por lectores fieles de mis obras, de larachenses, de amigos y conocidos, transformó la velada en algo verdaderamente grato.

ASISTENTES 1

Como nombrar a todos sería imposible y hasta aburrido de leer, prefiero terminar esta crónica añadiendo que, tras la lectura de parte de uno de los capítulos del libro, abrimos un pequeño coloquio y, al acabar este, María Felices nos ofreció una copa de vino (no sé si era vino de Anjou, pero un volumen de <Los tres mosqueteros> andaba cerca) con la que brindamos por el libro y que dio lugar a otro rato de agradable charla en el mejor de los lugares, arropados por Auster, Roth, Vargas Llosa, Carrére y el propio Cervantes, que nos miraban en silencio desde las páginas de sus libros… Mi hijo Pablo hizo de reportero gráfico, con alguna ayuda de Lidia, y creo que el resultado es elocuente.

Como compañeras de las imágenes en las que aparecen la mayoría de los que acudieron al acto (aunque algunos como Eduardo, Concepción Martín o Luis Mariscal, no aparecen en ellas), reproduzco las primeras páginas del primer capítulo de la novela…

CRISTOBAL RAMIREZ, SERGIO BARCE, MOHAMMED DAHIRI E IGNACIO JORI

CRISTOBAL RAMIREZ, SERGIO BARCE, MOHAMMED DAHIRI E IGNACIO JORI

Moses Shemtov estaba de pie dándome la espalda con las manos metidas en los bolsillos y las piernas entreabiertas, su figura achaparrada silueteada contra el ventanal. Presumí que, desde la privilegiada atalaya de su consulta, sus ojos se perdían en el boulevard: el mirador con los viejos cañones vigilando el mar, la boca del puerto, su pasado glorioso. Apenas me había dirigido unas palabras pero yo sabía que mi inesperado regreso le había alegrado.

  -Dime, ¿quién era ese cuarto espectro que viste tras tu madre? -preguntó quedamente al girarse.

LEYENDO

  Nos miramos. No iba a decírselo y él lo sabía. Cuando sacó el móvil, dejé de respirar unos segundos como si mi sangre se hubiera congelado, y noté que algo en mi vida llegaba a su final, que ya no habría vuelta atrás. Pero hasta ese momento las cosas no habían sido tan fáciles.

  Comencé a hablarle por primera vez del asunto varias semanas después de que Sara sugiriera que lo visitase, cuando ella comprendió que, pese al códice, si no hacía algo al respecto nuestro pequeño mundo podría llegar a quebrarse en cualquier momento. En esos instantes mi relación con Sara parecía naufragar sin remedio, y yo, por supuesto, no estaba dispuesto a que las circunstancias nos vencieran, quería luchar por ella, tenía que vencer por ella. Merecía la pena, era lo único que realmente merecía la pena porque ya sabía entonces que Sara lo significaba absolutamente todo para mí.

ANGE RAMIREZ, NABILA BUMEDIANE Y SERGIO BARCE

ANGE RAMIREZ, NABILA BUMEDIANE Y SERGIO BARCE

   Las sesiones anteriores habían servido para tantearnos, para que Moses Shemtov se hiciera una idea de con quién bregaba. Le costó trabajo ganarse mi confianza, pero una vez que lo hubo logrado mi incontinencia verbal fue mi válvula de descompresión. Era un hombre listo, experimentado, aunque me resultaba extraño que siguiera ejerciendo en la ciudad. No había podido librarse de su embrujo, supongo, y con setenta y tres años seguía ahí, al pie del cañón, pese a las habladurías.

SERGIO Y ABDESLAM BOUBEL

SERGIO Y ABDESLAM BOUBEL

  Le conté a Moses que había encontrado a mi madre recostada en un diván de cuero, con un vago aire de melancolía, vestida tan solo con unas enaguas blancas de encajes bordados a mano y con una fina medalla de oro al cuello. Y que también la había visto en ropa interior, arrebatadora. Le conté que siempre llevaba el cabello suelto y lacio sobre sus hombros desnudos, como una modelo de los sesenta que posara para David Hamilton. En las ocasiones en las que ella había aparecido, lo había hecho con no más de veinticuatro años, la edad con la que me tuvo. La sensación que me producía era como la de estar observándola mientras se movía en el interior de un diminuto acuario. Si me hablaba, jugueteaba con el pelo enredando las puntas entre sus dedos, que luego se deshacían solas. También le confesé que, en todas esas veces que la había descubierto en el interior del espejo de mi dormitorio, había tenido la sensación de que mi madre tenía la piel más blanca a como la recordaba, quizá porque ahí era más joven, y que sus labios irradiaban una sensualidad excesiva. Fuera como fuese, lo cierto es que, salvo la primera vez que sucedió, cuando terminábamos de hablar no me planteaba si podía tratarse de una alucinación o no, simplemente era algo que ocurría, sin más; y esos encuentros dejaban un sabor dulce en mi boca.

SERGIO Y PILAR

SERGIO Y PILAR

  Moses me miraba ahora sentado frente a mí, con las piernas cruzadas, sus ojos caídos protegidos por la montura de las gafas, moviendo entre los dedos su bolígrafo de oro. Hasta ese día no había conseguido nada en absoluto salvo mis confusas divagaciones, pero ahora todo era diferente.

PABLO BARCE Y ANGE RAMIREZ

PABLO BARCE Y ANGE RAMIREZ

  -¿No crees que sería conveniente que comenzaras por el día en el que la viste por primera vez? Quiero decir por el día en el que te reencontraste con ella… -añadió frunciendo el ceño.

  -Me parece bien –dije, asintiendo con la cabeza. Y me puse a hablar…

SERGIO BARCE Y MARIA GOVANTES

SERGIO BARCE Y MARIA GOVANTES

  Ágata (nunca la llamamos mamá) resurgió el mismo día en el que su marido, mi padre, amenazó a una mujer con robarle el bolso y se presentaba mi tercera novela. Fue un día de enero, desapacible, con las nubes bajas y encapotadas en un cielo gris. Había una especie de tristeza natural que deslucía el color de los edificios, y las calles aparecían inusualmente solitarias. Recuerdo que habíamos llegado a la consulta del doctor Cascales cinco minutos antes de la cita fijada, aunque no entramos hasta una hora después. El tiempo se nos echaba encima.

SERGIO BARCE Y CARLOS NIETO

SERGIO BARCE Y CARLOS NIETO

  Mi padre no paró de protestar desde que llegamos y se mostró especialmente inquieto con algo que yo no era capaz de adivinar. Cuando le preguntaba qué le ocurría, se limitaba a refunfuñar y a mirar para otro lado.

  Yo tenía que estar a las ocho y media en la Librería Proteo, no podía fallar a la presentación de mi propia obra, así que también me pasé buena parte de la espera mirando al reloj. Damián no me acompañaría, no lo había hecho con las dos primeras novelas así que tampoco podía esperar un cambio a estas alturas. Mi padre no me perdonaba que para firmar mis libros hubiese eliminado su apellido… Él se llamaba Damián Urrea… En fin, yo prefería utilizar el de Ágata: Vázquez. Cuando comencé a hacerlo pensé que era un bonito homenaje a mi madre y a su mujer, pero él nunca supo apreciarlo.

SERGIO BARCE Y ADELA MANSO OSUNA

SERGIO BARCE Y ADELA MANSO OSUNA

  La cita con el oculista la había concertado mi hermana Silvia mucho antes de que supiéramos que ese mismo día El libro de las palabras robadas comenzaría a dar sus primeros pasos, de manera que había decidido cumplir con el trámite del especialista y luego marcharme de inmediato al acto. A eso de las siete menos veinte llegó por fin nuestro turno.

LIBRERIA CERVANTES Y "NUESTRA COMPAÑÍA"

LIBRERIA CERVANTES Y “NUESTRA COMPAÑÍA”

  Me incorporé, dejando la gabardina junto a mi padre, para seguir a la enfermera por el corredor. Damián vio cómo me alejaba alzando apenas los ojos de la revista de decoración que ojeaba sin interés desde hacía una hora. Me di cuenta de que él clavaba sus ojos en las piernas de la mujer que estaba sentada en el otro sillón de la sala de espera, con tal fijeza que ella se removió en el sillón. También intuí que le había dedicado alguna palabra entre dientes, pero lo vi hundir de nuevo su mirada en el mobiliario de las casas americanas de la Florida.

SERGIO BARCE RODEADO DE PARTE DEL "WILD BUNCH": LIDIA HIGUERAS, SARA AZCONA, PABLO LLORET, EDU OVEJERO Y EMILIA MARTÍN-PEÑASCO

SERGIO BARCE RODEADO DE PARTE DEL “WILD BUNCH”: LIDIA HIGUERAS, SARA AZCONA, PABLO LLORET, EDU OVEJERO Y EMILIA MARTÍN-PEÑASCO

  El caso es que, cuando el doctor Cascales terminaba de comprobar mi visión, y ya me guardaba en el bolsillo de la camisa la cartulina con mis nuevas dioptrías, la puerta se abrió de golpe y la enfermera asomó la cabeza visiblemente alterada.

  -Señor Urrea, venga enseguida…

LA FAMILIA PULIDO DE LARACHE ESTUVO BIEN REPRESENTADA

LA FAMILIA PULIDO DE LARACHE ESTUVO BIEN REPRESENTADA

  La alarma en su voz hizo que yo diera un salto, convencido de que algo le había ocurrido a mi padre. Pero en cuanto llegué a la sala de espera, lo encontré cómodamente sentado con la misma revista entre las manos. La única variación que aprecié a vuelo pluma fue que ahora ocupaba el sillón en el que antes estuviera sentada la mujer que había dejado aguardando su turno.

  -¿Papá?

MARIA FELICES, ANGE RAMIREZ Y SERGIO BARCE

MARIA FELICES, ANGE RAMIREZ Y SERGIO BARCE

  Levantó la cabeza, soltando la revista, y se limitó a hacerme la pregunta más obvia.

  -¿Ya puedo pasar?

  Me giré sobre los talones, sin comprender para qué me había hecho salir la enfermera de esa manera.

FIRMANDO

  -¿Cuál era la urgencia? -la reprendí, aunque inseguro.

  Ella se mordió los labios, y luego se estiró la bata blanca como un acto reflejo. A continuación miró a su jefe, que se limitó a encogerse de hombros descargando la responsabilidad en su auxiliar. Nerviosa, nos dijo que mi padre había molestado a la señora que tenía cita después de nosotros, y que con su actitud había conseguido que se marchara muy alterada, casi llorando.

  -¿Que mi padre la ha molestado? –miré a Damián, que me evitó refugiándose de nuevo tras el papel cuché-. ¿De qué me está hablando?

BRINDIS 2

  La enfermera continuó diciendo que la amenazó con robarle el bolso. Las dos creyeron que mi padre estaba de broma pero, a continuación, se incorporó y le puso una mano en la pierna y la mujer se levantó preguntando qué era lo hacía, y mi padre, según la enfermera, le replicó que tenía labios de putona, y que si no le daba el bolso tendría que quitárselo a la fuerza. Entonces la señora no aguantó más y se marchó sollozando.

SERGIO BARCE Y ANA BERROCAL

SERGIO BARCE Y ANA BERROCAL

  -No puede ser… -musité, sin dar crédito a lo que estaba oyendo. Mi padre se había levantado y miraba con reprobación a la enfermera; luego dio unos pasos y se detuvo en el vano de la puerta, como si no estuviese muy seguro de si debía de salir o no de la consulta-. ¿Eso ha hecho mi padre?

  Apenas me salían las palabras, que se quedaron en mi boca igual que trozos de pan seco. Por primera vez desde que acudía a la consulta, me fijé con atención en ella, en su rostro ovalado, en sus largas pestañas y en su mandíbula, delgada y huesuda, incluso en la manera tan delicada con la que fruncía el ceño. Trataba de descubrir un punto vulnerable, un detalle físico que delatara su baja catadura moral. Por el contrario, intuí que debía de tratarse de una persona incapaz de inventarse una cosa así.

  -Lo siento, de verdad… -añadió con simpleza.

SERGIO CON MARIA Y ADELA

SERGIO CON MARIA Y ADELA

  -Gracias, Merche. Espéreme en mi despacho…

  La chica se alejó por el corredor, y el doctor Cascales y yo miramos a mi padre, que seguía en la puerta de entrada con una mano apoyada en el quicio. Ahora parecía abatido.

  -No sé cómo disculparme… -dije en su nombre.

PABLO, LIDIA, SERGIO Y BERRY

PABLO, LIDIA, SERGIO Y BERRY

  -Elio, le aconsejo que lleve a don Damián a un neurólogo. No estaría de más que le hiciesen un chequeo a fondo…

  Creo que asentí, y luego me acerqué a mi padre y lo agarré del brazo.

  Durante el trayecto hasta llegar a su casa conduje en silencio, y él no movió un músculo, la mirada perdida, las manos lacias en el regazo. El coche avanzando por las calles que iban oscureciéndose engullidas por el anochecer, y las nubes aplastando la ciudad.

  -¿Quieres que suba contigo?

LIBRERIA CERVANTES 1

  Levantó una mano deteniéndome para que no lo siguiera. Lo vi caminar hasta el portal, arrastrando los pies, abrir la cancela y entrar sin dedicarme un solo gesto de despedida. Era evidente que se estaba produciendo un extraño cambio en nuestras vidas sin que yo pudiera evitarlo de ninguna de las maneras. Metí primera, y salí de esa calle deseando llegar a la librería cuanto antes y olvidarme del incidente por unas horas.

En el coloquio intervino el Dr. Mohammed Dahiri

En el coloquio intervino el Dr. Mohammed Dahiri

  -Eso ocurrió antes de que vieras a tu madre por primera vez… -me dijo Moses.

  -Podría decirse que sí, aunque supongo que hubo una extraña confluencia de acontecimientos impredecibles en muy poco tiempo.

  Él asintió, como si mi respuesta le hubiese aclarado algo, pero al instante me preguntó a qué me refería. Sacudí la cabeza, y le confesé que hubo momentos en los que las palabras de Ágata me desconcertaron.

  -No quedará nada de nosotros cuando la arena del desierto lo cubra todo y ningún río desemboque en el mar… -me dijo mi madre en una ocasión, bajando la voz como si me hiciese una confidencia-. No saben explicármelo, Elio, pero algunos ya han estado allí, y al volver no recuerdan nada. Van como locos, sin respetar los límites de velocidad. Si cumpliesen las normas, los recuerdos no se les borrarían y podrían aclararme mis dudas. Uno de los que no para de ir y de venir del futuro es tu abuelo. Corre demasiado, y un día tendrá un accidente y no volveré a verlo…

  -No supe qué responderle –le dije a Moses. 

LIDIA, PABLO Y SERGIO

LIDIA, PABLO Y SERGIO

  Vi que echaba el cuerpo atrás y que se arreglaba la americana, meditando quizá sobre lo que escuchaba.

  -Ágata debió de ser una mujer muy interesante… Y si fuese cierto que en esa otra dimensión se puede viajar en el tiempo… -su rostro se iluminó, como si le ilusionara esa posibilidad-. Es curioso cómo nuestra mente proyecta hechos reales del pasado en un mundo imaginario, una treta del subconsciente- añadió.

  A veces Moses se quedaba ahí sentado escuchando con aparente atención, pero otras parecía tan ausente… En ese momento tenía la sensación de que nunca podría resolver mi problema, y me preguntaba si merecía la pena seguir pagándole. Había quien decía que sólo era un charlatán, que sus métodos eran añejos e inútiles, y que por eso apenas le quedaban ya unos cuantos pacientes europeos.  

  Moses posó el bolígrafo en sus labios, y levantó los ojos.

  -Volvamos a ese día en el que tu madre irrumpió por sorpresa en tu vida… ¿No sería una simple proyección en tu imaginación causada por lo ocurrido en la consulta? Una especie de defensa evasiva…

  -No lo sé –respondí; pero, tras reflexionar unos segundos, añadí: Ese día hubo un incidente más. Mi desconcierto no me lo creó mi padre… Mi desconcierto me lo causó otra persona…

ASISTENTES ACTO

  Me removí intranquilo en mi sillón, y me di cuenta de que de pronto Moses me miraba con tanta atención que podría dibujar mi rostro con los ojos cerrados.

  -¿De quién me estás hablando? –me preguntó intrigado. Era como si de pronto hubiese metido la conversación sobre Ágata en uno de los cajones de su escritorio. Fue la mejor manera de despejar las dudas sobre su compromiso conmigo.      

  -Sucedió al terminar la presentación de mi novela –respondí-. Estábamos ya en la puerta de la librería cuando un hombre se me acercó… Se me acercó muy decidido, extendiéndome la mano. Cuando estreché la suya, noté la piel fría y húmeda, los dedos huesudos, y el anillo que llevaba se hincó dolorosamente en mi mano; pero también sentí su urgencia por abordarme al dar ese férreo tirón para atraerme hacia él. Logré clavar los pies en el último momento. Enseguida el otro cedió, aunque sin soltarme. Continuamos unos segundos con ese absurdo forcejeo hasta que, al prestar atención a lo que ese tipo me decía entre dientes, dejé de resistirme.

MARIA FELICES Y SERGIO BARCE

MARIA FELICES Y SERGIO BARCE

  -¿Sabe que ha puesto en peligro a este viejo, hijo de puta? –los ojos del hombre centelleaban, y su aliento, aguardentoso, me golpeó en la cara-. Dígame, ¿cómo conoce esa historia?

  Miré en derredor, con la vaga esperanza de que alguien me sacara del atolladero. Sin embargo, los demás conversaban animadamente sin percatarse de la tensión que se había levantado entre ese tipo desarrapado y engreído y yo.

  -¿De qué me está hablando? –logré balbucear al fin.

  -¿No lo sabe? ¡Deberíamos desenmascararle! Y entonces, ¿qué es lo que haría? Nada, no podría hacer nada. Si tuviésemos las manos libres, le humillaríamos -la garganta se le desgarró cuando añadió esto último, la mirada sangrante, como si contemplara en ese mismo momento lo que anunciaba.

  La boca de ese hombre desprendía un olor agrio y candente, como si hubiese estado bebiendo sin parar. La barba rala, la chaqueta deshilachada en las mangas, roída en los codos y en los bolsillos. En su mirada sólo se atisbaban ausencias y desencantos, apenas un brillo en el fondo de su desvarío. Pero la rabia se había adueñado de él, escupiéndome una diatriba que yo trataba de descifrar como podía.

  -Pero no sé realmente…

  -¿Qué es lo que ha hecho esta noche, señor Vázquez? ¿Qué es lo que ha estado haciendo hasta hace sólo un instante?

  -Yo… -titubeé, con la sensación de que una ráfaga de hielo me atravesaba el pecho-. Sólo presentaba mi novela…

  -¿Su novela? –negaba con la cabeza, sus dedos aferrados a mi mano como si pretendiera apropiársela, escapar con ella; y eso inoculaba el miedo-. ¿En serio me está diciendo que es su historia?

  Me sentía tan confuso que dudaba incluso de que el acto organizado por la editorial hubiera sucedido. Lo único de lo que podía tener alguna certeza era que ese hombre, al interpelarme utilizando el apellido de Ágata, sólo me conocía por mi obra.

  -Yo a usted no lo he visto en toda mi vida… -la voz comenzaba a resquebrajárseme. Quería pedir auxilio. Allí estaban mis amigos, algunos familiares, sería muy fácil que acudieran a ayudarme en cuanto levantara la voz. Pero seguía ahí paralizado frente a ese extraño que me hincaba sus pupilas glaucas como arpones llameantes. De pronto, pareció reaccionar.

  -Si eso es cierto, si realmente no conoce a este hombre cansado y humillado, ¿cómo va a explicar que haya escrito sobre mí, señor Vázquez? –su mano me apretaba ahora con una fuerza inverosímil, ajena a ese cuerpo mayor y aparentemente agotado, el anillo hundiéndose en mi piel-. ¿Quién le ha hablado de este anciano y de El libro de las palabras robadas? He de saberlo, ¿me comprende? Es cuestión de vida o muerte para nosotros… ¡Dígamelo! ¿Quién?

Sergio Barce

Sergio Barce

 

 

 

 

 

   

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23 pensamientos en “ASI FUE LA PRESENTACIÓN EN MADRID DE “EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS”, NOVELA DE SERGIO BARCE

  1. MC dice:

    Sabía de tu exitosa presentación en Madrid por mi querida amiga Marisa, yo le reenvió tus correos,,ella no pudo ir porque estaba esos días ausente,pero su gran amiga Conchita ( Martín Cabrera ) y compañera de colegio de nuestros bellos tiempos en Ntra. Sra. de los Ángeles,le contó como se sentía tan feliz de haber ido y haber podido compartir tu momento.Enhorabuena,mi deseo es que El libro de las palabras robadas,tenga la misma acogida que todos los que le han precedido.
    Mi cariño y abrazo,MC

  2. Alfonso Santamaría dice:

    Felicitaciones Sergio, me ha encantado lo que he leído y observado en estas líneas, que has tenido la gentileza de enviarme y se nota que el evento tuvo lugar en un ambiente recogido, amigable y distendido, del que todos los allí reunidos, disfrutasteis de lo lindo.
    De todo corazón deseo, que esta nueva obra tuya tenga todo el éxito que mereces.
    Un abrazo.
    Alfonso Santamaría

  3. NURIA RUIZ dice:

    enhorabuena Sergio, preciosa presentación y precioso reportaje.

  4. esperanza manso osuna dice:

    Sentí mucho no poder ir a la presentación de tu libro, pero ya sabes Sergio por mi hermana que fueron fuerzas mayores lo que me impidió asistir.
    Gracias por la dedicatoria del mismo el cual ya tengo en mis manos y en breve empezaré a leer.
    Te deseo mucho éxito y te mando un beso. Esperanza

  5. Driss Sahraoui dice:

    Felicidades Sergio por este gran exito, cosechado en la presentacion de tu novela. Es que esto no puede ser de otra manera y se une a los anteriores. UN ABRAZO. Aah, aprovecho para decirte que despues de tanto tiempo de silencio te he mandado dos escritos mios y no se si han llegado, porque no tengo respuesta.

    • sergiobarce dice:

      Pues no, Driss, no ha llegado ninguno de los dos… Lo siento. ¿Puedes volver a mandarlos, por favor?
      Porque la verdad es que echamos en falta tus crónicas… Un abrazo muy fuerte
      sergio

  6. Reme hija de Juan y mariqui dice:

    Enhorabuena por la presentacion de tu libro en Madrid.Estoy segura que tendras mucho exito.
    Aprovecho para mandarte toda la suerte del mundo para 2014 para ti y toda la familia.
    Besotes,mi niño

  7. Adela manso osuna dice:

    ¡Hola Sergio!

    Quiero que sepas que disfrute mucho por haber podido acompañarte
    a la presentacion de tu libro “Las palabras robadas” en Madrid.

    No tardare mucho en comenzar a leerlo y estoy segura que me gustara.
    No obstante te lo hare saber.

    Sali muy contenta de alli porque tambien tuve la ocasion de ver a personas
    que no veia desde que me vine de Marruecos,por ejemplo a Carlos.

    El sitio me parecio agradable y acogedor,y como tu dices una libreria
    muy particular con mucho sabor….

    Sergio un abrazo,te deseo todo el exito del mundo para que vendas
    miles y miles de ejemplares.

    Un abrazo

  8. Joana dice:

    No he podido evitar volver a coger El Libro de las Palabras Robadas mientras leía y miraba las fotos sobre la presentación de la novela en Madrid. Da la impresión de que fue fabuloso el ambiente y se te ve feliz tan bien rodeado de tantos amigos!
    Lo vuelvo a releer y me sigue gustando, me vuelve a enganchar porque… ,ya en alguna ocasión lo he comentado, hay frases, párrafos sencillamente…
    “Di un par de caladas al pitillo, profundas, pausadas. Luego, abrí la novela y busqué el capítulo en el que Jesús Ortega halla el Códice en una librería de viejo de la zona más deprimida de Venecia. Leí un buen rato, y miré la hora cuando desistí de encontrar alguna clave en mi propia obra que hubiera olvidado, convencido de lo fútil de mi actitud, de que no podía existir ninguna. Me incorporé, con la lengua pastosa. Me había fumado más de diez cigarrillos, y me había bebido media botella de whisky, más preciso sería decir la media botella que restaba. Me dirigí al cuarto de baño, oriné y, al darme la vuelta, me di de bruces con unas palabras escritas con lápiz de labio en el espejo del lavabo.
    No tenemos futuro. Dejémoslo, no me llames
    Traté de borrarlas con la mano, pero sólo conseguí extender la pintura por todo el espejo y mi imagen se distorsionó de tal manera que parecía el rostro de una momia desenterrada. Su mensaje no me causó un efecto desalentador, más bien cierta apatía, y después de un rato incluso me sentí liberado.
    -Beatriz es una buena persona. Pero no es la mujer de tu vida. Ella tambien pasará… -Ágata había acertado.”
    … extraordinarios!!
    Un beso

  9. Chiqui Pulido Ramirez dice:

    Preciosa presentación Sergio!!
    Para mí fué un honor poder acompañarte en la presentación de tu nuevo libro,que te deseo sea un éxito rotundo.El ambiente fué superacogedor,entrañable y exquisito.Me encantó asistir.
    Aprovecho para desearte a tí y a tu familia un maravillso Año 2014 lleno de éxitos tanto personales como profesionales.
    Un fuerte abrazo.
    Chiqui Pulido

    • sergiobarce dice:

      Querida Chiqui: Para mí fue un placer conocerte, eres divertida y muy atenta, y con sangre larachense, que es otro plus.
      Espero que se repta otra ocasión como esta, y charlar algo más.
      Un beso, y gracias
      sergio

  10. jose luis gomez diaz dice:

    enhorabuena por el libro y felices pascuas.

  11. Alejandra dice:

    En este soleado día en Madrid, he leído tú crónica, he escuchado el ambiente, he sentido no haber podido ir y he descubierto una nueva librería. En horabuena y un abrazo para ti, y enhorabuena también a tu hijo, está claro que tiene buen encuadre.
    Alejandra

  12. Carlos TESSAINER Y TOMASICH dice:

    Sergio: ¡una alegría el leer la crónica de la presetación de tu novela! Y también una alegría el verte rodeado por muchos paisanos y de tantass personas queridas.
    Sin duda fue un acto emotivo, entrañable y en un lugar especial.
    Felicidades y un abrazo,
    CARLOS

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