“LOS CABALLOS DE DIOS” (LES ÉTOILES DE SIDI MOUMEN), UNA NOVELA DE MAHI BINEBINE

 

No existe margen alguno ni para comprender ni, mucho menos, para exculpar a los terroristas que usan el nombre de Dios o de Al´láh para cometer sus asesinatos. No existe razón alguna en ninguno de los libros sagrados monoteístas que justifique el asesinato de otra persona. Los Tres Libros hablan de amor, confraternidad y perdón, no de ejecutar al que cree diferente. Islam significa paz.

Por eso, una novela como Los caballos de Dios (Les étoiles de Sidi Moumen, 2010), del escritor marroquí Mahi Binebine, es más que necesaria.

PORTADA DE LOS CABALLOS DE DIOS

Con una prosa bien cuidada, que yo ya había descubierto hace años en su precioso libro Historias de Marrakech, Binebine nos adentra en la vida y en el mundo de esos jóvenes que, un día, se inmolaron en nombre de Al ´láh para cometer los atentados de Casablanca, de infausto y triste recuerdo.

Cuando esos hechos acaecieron en 2003, yo me encontraba en Tánger. Recuerdo que estábamos en el Instituto Cervantes, y que guardamos un respetuoso silencio por las víctimas de tan sanguinaria acción. Algunos de los asistentes no pudieron reprimir las lágrimas.

Mahi Binebine nos lleva hasta Sidi Moumen, un barrio marginal de chabolas, miseria y basura, en el que crecen los protagonistas, unos chicos que acabarán siendo utilizados hasta hacerles creer que actúan por un mandato divino para llegar a un paraíso del que nadie ha vuelto.

No es difícil reconocer en esos jóvenes a esos otros que vemos vagar en los suburbios sin ninguna meta en la vida, sin una salida esperanzadora, sin un brillo de esperanza. Ese tipo de adolescente y esa clase de entorno son los que propician la fácil manipulación de los fanáticos.

Mientras leía la novela, me daba cuenta cómo Binebine me hacía comprender los resortes sentimentales, espirituales y materiales que los radicales emplean para “reclutar” a esos pobres diablos. Jóvenes que no tienen nada que perder, jóvenes que esperan un milagro para salir del pozo en el que malviven. La promesa de lo imposible, les sirve para creer que han sido elegidos.

“Cuando Fuad perdió a su padre, su tío pasó a ser el almuédano y se casó con su madre para, según decían, salvar a los hijos de un eventual marido ajeno a la familia. Una antigua costumbre a la que Fuad no se acostumbró nunca, tanto más que, de hecho, se quedaba sin su categoría de cabeza de familia. Creo que el principio de su adicción al pegamento fue consecuencia de ese matrimonio, contra natura por más que no se considere así. Fuad era incapaz de fumar kif o hachís como todo el mundo. Con una mínima bocanada le entraba un ataque de tos que lo dejaba doblado. El pegamento le iba mejor y era la única alternativa para evadirse que le quedaba. Pero no nos rendimos y llegamos incluso a echarlo del grupo por una temporada larga. Estaba claro que no podíamos prescindir de su talento en el campo de juego, pero ya no le dábamos buena acogida en las veladas en casa de Nabil. Un detalle que tiene su importancia: nos esnifaba los domingos, días de partido, como si el fútbol lo dopase más que las guarrerías que se pasaba la vida inhalando. La intransigencia de mi hermano Hamid en este tema resultó provechosa. Fuad había padecido mucho con su aislamiento. Empezó por encresparse y nos amenazó con irse de las Estrellas a un equipo de la competencia, pero al final cedió. Era la época en que su hermana Ghizlane y él se habían ido a vivir con su abuela a Douar Scouila. Un día, en presencia de todo el grupo, le regaló el pañuelo negro y pegajoso y los tubos de pagamento a un adicto que pasaba por allí. Se había acabado. Desde ese momento no volvió a las andadas.” 

(Fragmento de la edición publicada por Alfaguara en 2015, con traducción del francés de Mª Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego)

La amenaza del mal llamado terrorismo islamista, porque el terrorismo es pura y sencillamente terrorismo, nace en lugares muy cercanos. Mahi Binebine conoce bien la situación de los barrios olvidados, en este caso de Casablanca, y nos planta frente a nuestros ojos una realidad que hizo nacer a unos monstruos. Unos chicos que aspiraban seguramente a otra cosa, pero que, al final, acabaron convertidos en carne de cañón para ser ejecutados junto a sus víctimas, sin saber que ellos también lo eran.

Los caballos de Dios es un libro que hay que leer. Hay instantes de gran crudeza, e instantes incluso de especial ternura. Pero en sus páginas hay mucha sinceridad y mucha verdad. El retrato que nos ofrece Binebine te hace temblar, porque las estampas, las imágenes y los hechos narrados son fáciles de encontrar en muchos lugares de Marruecos.

MAHI BINEBINE

E, incluso, al cerrar el libro cuando se acaba la lectura, también te das cuenta de que es muy fácil que la historia se repita.

Además de una estupenda novela, es una llamada de atención. El peligro sigue ahí, porque la pobreza y la marginalidad sólo pueden llevar a una locura que sólo premia con el deshonor y la vergüenza.

Mi admirado Nabil Ayouch, al que dediqué un encendido artículo cuando vi su largometraje Ali Zaoua, el príncipe de Casablanca (Ali Zaoua, prince de la rue, 2000), adaptó felizmente Los caballos de Dios de Mahi Binebine, siendo premiada su cinta en Cannes y en Valladolid. De manera que, tanto la novela como la película, son altamente recomendables.

Sergio Barce, junio 2016

LES CHAVEAUX DE DIEU

 

 

 

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3 pensamientos en ““LOS CABALLOS DE DIOS” (LES ÉTOILES DE SIDI MOUMEN), UNA NOVELA DE MAHI BINEBINE

  1. Luis Moratinos Cuyaubé dice:

    querido Sergio

    crees tu que este libro podrá conseguirse en FNAC o en la casa del libro saludos

    Luis

  2. He leído esta novela con muchísimo interés, no sólo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta, muy buena literatura, una bofetada. Otra vez más leer, leer, leer, como forma de entender este mundo.

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