Archivo de la categoría: CINE

MIS PELÍCULAS FAVORITAS 2

 

Segunda entrega. Después de Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), doy un salto atrás, hasta 1949, año de estreno de El manantial (The Fountainhead), largo dirigido por el gran King Vidor.

Al volver a visionarla, me he dado cuenta de que tiene algunos puntos en común con la primera, con Matar a un ruiseñor, especialmente dos: el primero, la dignidad del individuo; Atticus Finch en la cinta de Mulligan, al que da vida Gregory Peck, y Howard Roark en esta de El manantial, personaje encarnado por Gary Cooper. Es indudable que ambos actores, Peck y Cooper, junto a Henry Fonda, Spencer Tracy y James Stewart, conforman ese grupo de intérpretes que traspasaban la pantalla para ir más allá del personaje, los que mejor han encarnado la decencia. Y el segundo punto, el juicio. Y es que en ambas cintas hay un juicio y un tribunal. En una, Gregory Peck hace un hermoso alegato contra el racismo y la defensa de la presunción de inocencia de todo hombre; en la otra, Gary Cooper se dirige al tribunal para probar que sus actos violentos están justificados (llega a dinamitar la construcción de un edificio que había diseñado porque, con engaños, se construye sin seguir sus directrices), y realiza también un modélico discurso para defender la libertad creativa de todo artista, incluyendo a los arquitectos, y la integridad del mismo creador, que debe estar por encima de modas, intereses o presiones, todo ello con un larvado pero efectivo ataque contra los corruptos y contra quienes se venden con tal de satisfacer al poder. No puede ser más actual.

La diferencia entre ambas películas está en la sensualidad que desborda El manantial.

Haciendo una breve sinopsis, en El manantial, un arquitecto, innovador y vanguardista, que se adelanta a su tiempo con los proyectos que diseña, ha de luchar día a día contra una sociedad en la que sólo impera el dinero, la manipulación de las masas, el borreguismo, el pensamiento único… Parece que estuviera hablando de hoy en día. Pero este film, también adelantado a su tiempo, se rodó apenas cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

GARY COOPER y PATRICIA NEAL en El manantial

El arquitecto, Howard Roark, va a enfrentarse a pruebas muy duras para poder sacar adelante sus ideas, ideas que van contra las que imponen el poder, encarnado por un personaje oscuro e intrigante llamado Toohey, al que da vida con maquiavélico cinismo Robert Douglas, y contra las que imponen los medios de comunicación, que, en el film, están representados por un multimillonario dueño del periódico sensacionalista The Banner, y al que interpreta Raymond Massey, uno de los mejores actores de carácter de la historia del cine. A Massey se le recuerda en papeles como los de El caserón de las sombras (The old dark house, 1932) de James Whale, Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, 1944) de Frank Capra, con ese personaje siniestro pero cómico del asesino desfigurado que aterroriza a Cary Grant, o su papel como padre de James Dean en Al Este del Edén (East of Eden, 1955) de Elia Kazan, por nombrar sólo tres de sus magistrales trabajos. Pues bien, en El manantial, Raymond Massey borda el papel de hombre sin escrúpulos que, sin embargo, al conocer a Howard Roark, se verá a sí mismo cuando fue joven y tenía aún ideales, y será él quien, dejando a un lado sus propios intereses y su despreciable uso de la prensa amarilla que sólo hurga en los escándalos y trapos sucios, salga en defensa del protagonista, hasta que se dé cuenta de que eso sólo le lleva a enfrentarse, como hace Roark, a todos.

Pero, como decía más arriba, El manantial guarda una notable diferencia con Matar a un ruiseñor, y es su erotismo. Hay films que se consideran eróticos, como Instinto básico (Basic instinct, 1992), porque hay una escena en la que se vislumbra el sexo de Sharon Stone, lo que no es sino algo burdo; y hay otros que se consideran eróticos porque sus escenas, elegantes y sinuosas, rezuman sensualidad y sexualidad. Es lo que ocurre en El manantial.

La película, además de ser ese canto a la libertad creadora del artista, a la integridad del ser humano, además de denunciar la corrupción y el arribismo (muy bien ejemplificado en la película en el arquitecto Peter Keating, capaz de venderse con tal de entrar en la jet set), además de todo eso, es un film muy romántico. King Vidor da un toque maestro en su cinta: cuando el protagonista ha de rechazar el ejecutar sus proyectos porque no quiere ceder en sus planteamientos, acabará trabajando en una cantera, como simple peón que taladra la piedra para arrancar el mármol con el que se construirán los edificios que él desearía levantar. Es ahí, bajo un sol de justicia, donde Howard Roark / Gary Cooper, se encontrará por primera vez con la hija del dueño de la explotación, Dominique Francon, a la que encarna la actriz Patricia Neal. Patricia Neal nunca ha estado tan arrebatadora. Saltan chispas en cuanto sus miradas se cruzan, y no es difícil adivinar que, especialmente en ella, se despierta un deseo sexual casi irrefrenable. La sensualidad se ejemplifica en esta cinta de muchas maneras, pero a modo de ejemplo encontramos ya un detalle significativo en ese primer encuentro: ella lo ve taladrando la piedra, y entra entonces en juego el montaje de David Weisbart, ejemplar para el fin que se persigue, ya que corta cada toma mientras la cámara va acercándose al rostro de los dos protagonistas y, en cada corte, vamos observando el esfuerzo físico de Gary Cooper, luego cómo el taladro penetra en la piedra, a continuación la tensión de sus músculos, su brazo sudoroso empujando la taladradora… Simbolismo de su poder fálico, en contraste con la mirada de Patricia Neal, llena de deseo y de pasión, y que va sucumbiendo de manera inevitable. A partir de ese instante, la atracción física de los dos se convierte en una pieza fundamental de la cinta. Y sin embargo, se conjuga a la perfección con la honestidad y dignidad de Howard Roark que, realmente enamorado de ella, sabrá esperar el momento para que esa mujer, desbocada y visceral, caprichosa a veces pero entregada en cuerpo y alma, se dé por vencida y ceda a lo que él espera de ella.

Esa atracción sexual que explota en la pantalla, se trasladó a la realidad, y la relación entre Gary Cooper y Patricia Neal se convirtió en un gran escándalo, alimentado aún más por la prensa sensacionalista (una especie de paradoja teniendo en cuenta el argumento de la película) ya que la esposa de Cooper era católica practicante.

Hablar de Gary Cooper es hacerlo de un icono. Por muchos, está considerado como el mejor actor de cine de la historia. Yo sólo sé que, cada año, lo veo en Solo ante el peligro (High noon, 1952), y que, en cada ocasión, descubro un nuevo detalle en su interpretación. En El manantial dota al protagonista de ese aire entre hombre inocente y hombre determinado que no se arredra por nada y que supo utilizar en sus trabajos con tanta inteligencia.

En cualquier caso, la cinta es fantástica. El director King Vidor fue uno de los grandes maestros del cine, suyas son las obras maestras El gran desfile (The big parade, 1925) con John Gilbert, Y el mundo marcha (The crowd, 1928), Aleluya (Hallelujah, 1929), Noche nupcial (The wedding night, 1936) también con Gary Cooper, Stella Dallas (1937) con Barbara Stanwyck, La pradera sin ley (Man without a star, 1955) o su suntuosa versión de Guerra y paz (War and peace, 1956) con unos inolvidables Henry Fonda y Audrey Hepburn. Junto a estas cintas, Vidor llenó no sólo El manantial de un aroma sensual tiznado de inteligencia, sino que hizo lo mismo en uno de sus mayores éxitos: Duelo al sol (Duel in the sun, 1946) con Gregory Peck y Jennifer Jones, arrastrándose literalmente uno hacia el otro empujados por el deseo, y en otra cinta llena de atractivo, que fue Pasión bajo la niebla (Ruby Gentry, 1952) de nuevo con Jennifer Jones ahora atrapada por el imán de Charlton Heston.

La influencia del cine mudo, al que regaló quizá sus obras más redondas, se aprecia en El manantial en el uso de la fotografía, de la que se encargó Robert Burks, y que estaba evidentemente influido en este trabajo por la alargada sombra de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles. Burks, con el tiempo, se convirtió en el director de fotografía predilecto de Alfred Hitchcock.

Por último, la música de la película es del maestro Max Steiner. Compositor tan prolífico como admirado, tiene tantas bandas sonoras conocidas y aclamadas que sólo mencionaré tres de ellas: Lo que el viento se llevó (Gon with the wind, 1939) de Victor Fleming, Casablanca (1942) de Michael Curtiz o Centauros del desierto (The searchers, 1956) de John Ford.

El manantial, una película arrebatadora.

Sergio Barce, julio 2017

 

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , ,

ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 2

Segunda entrega.

Tras José Luis Alcaine (Tánger, 1938), Amidou (Rabat, 1935 – París, 2013), Jesús Berenguer (Larache, 1942), Colette Mars (Tánger, 1916 – París, 1995) y José Ramón da Cruz (Tánger, 1961), hablemos de otros creadores y artistas nacidos en Marruecos.

 

LUIS MARTÍN SANTOS

(Larache, 1924 – Vitoria, 1964)

Uno de los autores más influyentes de la moderna literatura española, y cuya narrativa hemos tenido la suerte de estudiar durante el bachillerato.

LUIS MARTÍN-SANTOS

Nació en Larache, donde estaba destinado su padre, militar, durante el Protectorado español de Marruecos. Brillante médico, estudió en Salamanca y Alemania, y acaba dirigiendo el sanatorio psiquiátrico de San Sebastián a partir de 1951. Durante la dictadura sufrió la persecución del régimen y fue detenido en varias ocasiones por su militancia socialista.

Como decía antes, Martín-Santos es uno de los escritores que más han marcado la narrativa española, especialmente con su novela Tiempo de silencio (1962), considerada una obra maestra. Además de ensayos, estudios médicos, etc… es autor también del libro de relatos Apólogos, uno de poesía Grana gris, y de una novela inacabada: Tiempo de destrucción.

***

PEDRO CASABLANC

(Casablanca,1963)

Su nombre artístico es un evidente homenaje a la ciudad marroquí donde nació. Su verdadero nombre es Pedro Manuel Ortiz Domínguez.

PEDRO CASABLANC

Pedro Casablanc es uno de los más sólidos actores del actual cine español. Comenzó haciendo teatro en Sevilla, y ya en Madrid ha obtenido importantes galardones por sus interpretaciones sobre las tablas. En cine y televisión, ha trabajado como actor de reparto en numerosas producciones, destacando en su filmografía películas como Días contados (1994) de Imanol Uribe, Los años bárbaros (1998) de Fernando Colomo, Su majestad Minor (Sa majesté Minor, 2007) de Jean-Jacques Annaud, Che: Guerrilla (2008) de Steven Soderbergh, Truman (2015) de Cesc Gay, El hombre de las mil caras (2016) de Alberto Rodríguez, Los últimos de Filipinas (2016) de Salvador Calvo, y como protagonista destacan Sicarius (2015) de Javier Muñoz, B (2015) de David Ilundian, papel por el que fue nominado al Goya como Mejor Actor, o Bajo la rosa (2017) de Josué Ramos.

Sus trabajos en series de televisión le han convertido en un actor muy popular: Los hombres de Paco (2006), La princesa de Éboli (2010), Hospital Central (2008-2011), Isabel (2011-2013), Mar de plástico (2016), entre otros. Ha obtenido varios premios como el Sant Jordi o de la Unión de Actores.

***

ÁNGEL VÁZQUEZ

(Tánger, 1929 – Madrid, 1980)

Su nombre completo era Antonio Ángel Vázquez Molina. Personaje curioso donde los haya. Escritor afamado gracias a esa obra maestra que es La vida perra de Juanita Narboni. Cuando se habla de Tánger, se habla de Ángel Vázquez. Esta novela es el retrato descarnado de esos tangerinos que se quedaron en la ciudad, pero viviendo de los recuerdos de un Tánger que ya no existía.

ÁNGEL VÁZQUEZ

Desempeñó varios empleos, sin mucha fortuna, como vendedor en la famosa Librairie des Colonnes y colaboró en el Diario España de Tánger.

En 1962 ganó el Premio Planeta con su novela Se enciende y se apaga una luz, de la que él mismo renegaba.

Eduardo Haro Tecglen, que dirigió el Diario España, y que era amigo de Vázquez, recuerda que “…Vázquez no echaba las cartas. No las suyas, que no las escribía nunca; las de los lugares donde trabajaba. Otro amigo nuestro, el abogado Torrabadella, le colocó en su despacho. Todos los días, a la hora de salir, le daba el manojo de cartas del día y el dinero para el franqueo. Antonio Ángel iba pasando por los bares, bebiendo poco a poco el dinero de los sellos. Al final llegaba a Correos, con cartas, pero sin dinero: las tiraba a la alcantarilla. Se perdían plazos, citaciones, comparecencias, minutas, peticiones, para siempre…”

Su novela La vida perra de Juanita Narboni ha influido en numerosos escritores, y ha sido llevada al cine en dos ocasiones: en 1981, en la versión de Javier Aguirre, con Esperanza Roy como protagonista, y más reciente la dirigida por Farida Benlyazid, donde Juanita es interpretada por Mariola Fuentes.

Es autor de una tercera novela, Fiesta para una mujer sola (1964) y de numerosos relatos. Falleció en Madrid, solo, arruinado, abandonado, siempre añorando Tánger.

Curioso que dos de los autores más renombrados de la novela española del siglo XX hayan nacido en Marruecos: Marín-Santos y Vázquez.

***

JEAN RENO

(Casablanca, 1948)

Hijo de padres andaluces (su padre era linotipista), su verdadero nombre es Juan Moreno y Herrera-Jiménez.

Jean Reno es uno de los actores franceses más famosos del cine actual. Versátil, ha sabido compaginar papeles violentos en los que interpretaba a delincuentes y personajes oscuros, con otros de comedia, policíacos, románticos y de aventura. Y en todos, ha salido airoso.

JEAN RENO

Sus trabajos para el realizador galo Luc Besson fueron los que le lanzaron al estrellato en películas como Kamikaze 1999 (1983), Subway (1985), El gran azul (Le grand bleu, 1988), Nikita (1990) y El profesional: Léon (Léon, 1994) en la que hace uno de sus mejores trabajos. A ellas hay que añadir sus películas cómicas, dirigido por Jean-Marie Poiré: Operación Chuleta de Ternera (L´opération Corned Beef, 1991), Los visitantes (Les visiteurs, 1993), Los visitantes regresan… (Les couloirs du temps: Les visiteurs II, 1998), Dos colgados en Chicago (Just visiting, 2001)…

Entre otros films que ha protagonizado en Francia, destacan: El jaguar (Le jaguar, 1996) de Francis Veber, Los ríos de color púrpura (Les rivières pourpres, 2000) de Mathieu Kassovitz, Que te calles (Tais-toi!, 2003) de Veber, o La redada (La rafle, 2010) de Rose Bosch.

Ha trabajado en diversas producciones internacionales como I love you (1985) de Marco Ferreri, French Kiss (1995) de Lawrence Kasdan, Más allá de las nubes (Al di lá delle nuvole, 1995) de Michelangelo Antonioni y Wim Wenders, Misión: Imposible (Mission: Impossible, 1996) de Brian de Palma, Por amor a Rosana (Roseanna´s grave, 1997) de Paul Weiland, Godzilla (1998) de Roland Emmerich, Ronin (1998) de John Frankenheimer, que coprotagonizó con Robert de Niro, Hotel Rwanda (2004) de Terry George, El tigre y la nieve (La tigre e la neve, 2005) de Roberto Benigni, La pantera rosa (The Pink Panther, 2006) de Shawn Levy, El código da Vinci (The Da Vinci code, 2006) de Ron Howard, con Tom Hanks, Margaret (2011) de Kenneth Lonergan o Hermanos del viento (2015) de Gerardo Olivares & Otman Perker.

Ha trabajado junto a actores y actrices como Marcello Mastroianni, Jeanne Moreau, Fanny Ardant, Tom Cruise, Kevin Kline, William Hurt, Dominique Sanda, Natalie Portman, Don Cheadle, Matt Damon, Mercedes Ruehl, Emmanuélle Beart, Isabelle Adjani…

Ha sido nominado en varias ocasiones al César como Mejor Intérprete, y ha sido reconocido por el Premio del Cine Europeo por su contribución artística. Es Caballero de la Legión de Honor en Francia y se le otorgó la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en España.

 

 

Etiquetado , , , , , , , , , ,

ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 1

Esta es la primera entrega de una larga serie de capítulos que voy a dedicar a los creadores, artistas, escritores o intérpretes de diferentes nacionalidades nacidos en Marruecos, la mayoría de ellos pertenecientes al mundo del cine.

Hoy empezamos por cinco nombres: José Luis Alcaine, Amidou, Jesús Berenguer, Colette Mars y José Ramón da Cruz.

 

JOSÉ LUIS ALCAINE

(Tánger, 1938)

Uno de los más importantes directores de fotografía de nuestro cine, reconocido internacionalmente, y al que sigo desde hace años. Ha logrado ya cinco Premios Goya, además de varias nominaciones.

JOSE LUIS ALCAINE

JOSE LUIS ALCAINE

Se define como “el autor de la luz de las películas”. Entre su obra, destacan sus trabajos en los films, Así como eres (Cosi como sei, 1978) de Alberto Lattuada, Akelarre (1984) de Pedro Olea, Tasio (1984) de Montxo Armendáriz, El viaje a ninguna parte (1986) de Fernando Fernán Gómez, La mitad del cielo (1986) y El caballero Don Quijote (2002) de Gutiérrez Aragón, El Lute (1987), Amantes (1991) y La pasión turca (1994) de Vicente Aranda, ¡Átame! (1989), La mala educación (2004), Volver (2006) y La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar, ¡Ay, Carmela! (1990) de Carlos Saura, Jamón, Jamón (1992), Huevos de oro (1993) y La teta y la luna (1994) las tres de Bigas Luna, Belle Époque (1992) y Two much (1995) de Fernando Trueba, La pistola de mi hermano (1997) de Ray Loriga, Pasos de baile (The dancer upstairs, 2002) dirigida por John Malkovich, La puta y la ballena (2004) de Luis Puenzo, Roma (2004) de Adolfo Aristarain, Las 13 rosas (2007) de Martínez Lázaro, Passion (2012) de Brian De Palma, con el que actualmente rueda un nuevo film; Altamira (2016) de Hugh Hudson, así como su maravillosa fotografía para El Sur (1983) de Víctor Erice, que me deslumbró.

En 2005 se encargó de fotografiar el film de la realizadora marroquí Farida Benlyazid, La vida perra de Juanita Narboni, basada en la novela de otro tanyaui: Ángel Vázquez.

LA VIDA PERRA...

***

AMIDOU

(Rabat, 1935 – París, 2013)

Actor de carácter, desde los años sesenta ha trabajado en producciones marroquíes, tunecinas y americanas, aunque su trabajo más importante lo desarrolló en Francia. Su amor a la interpretación nació de su relación con uno de sus tíos, dueño de varios cines. Estudió teatro en el Conservatorio de París, y fue contratado al poco tiempo por el gran Jean-Louis Barrault.

AMIDOU 1

AMIDOU

Sus trabajos fueron generalmente como actor de reparto, junto a los mejores intérpretes del momento, y fue Claude Lelouch, con quien trabajó en varias de sus películas, quien le dio su único papel protagonista en Francia en el film La vida, el amor y la muerte (La vie, l´amour, la mort, 1969). Con Lelouch rodó también Una chicha y los fusiles (Une fille et des fusils, 1965), Les grands moments (1965), Vivir para vivir (Vivre pour vivre, 1967) con Yves Montand, Candice Bergen y Annie Girardot, El canalla (Le voyou, 1970) junto a Jean-Louis Trintignant, Cuatro hombres y una mujer (Smic smac smoc, 1971),  Il y a des jours… et des lunes (1990), La belle histoire (1992) y And now, ladies and gentlemen (2002), con Jeremy Irons. Y participó en varias producciones americanas: Rosebud (1974) de Otto Preminger, junto a Peter O´Toole, Carga maldita (Sorcerer, 1977) de William Friedkin, con Roy Scheider y Paco Rabal, Evasión o victoria (Victory, 1981) de John Huston, junto a Michael Caine y Sylvester Stallone, Ronin (1997) de John Frankenheimer, con Robert de Niro y Jean Reno; Reglas de compromiso (Rules of engagement, 2000) de Friedkin, con Tommy Lee Jones y Samuel L. Jackson, y en Spy game (2001) de Tony Scott, con Robert Redford y Brad Pitt.

Y trabajó en películas como El amor es un extraño juego (La chamade, 1968) de Alain Cavalier, con Catherine Deneuve; Soleil (1997) de Roger Hanin, con Sophia Loren y Philippe Noiret, así como en varios films policíacos dirigidos por Alexander Arcady.

Fue galardonado en los Festivales de cine de El Cairo y de Tánger.

MOROCCO-CINEMA-FESTIVAL

AMIDOU

***

JESÚS BERENGUER

(Larache, 1942)

Excelente actor de reparto, ha protagonizado también varias películas. Se estableció en Argentina donde ha trabajado con los mejores directores e intérpretes del país: La piel del amor (1973) de Mario David, con Héctor Alterio; Abierto día y noche (1981) de Fernando Ayala; No habrá más penas ni olvido (1983) de Héctor Olivera, junto a Federico Luppi; Gracias por el fuego (1984) de Sergio Renán, con Lautaro Murúa; La película del rey (1986) de Carlos Sorín, junto a Ulises Dumont; Yo, la peor de todas (1990) de Mª Luisa Bemberg, con Assumpta Serna, Dominique Sanda, Héctor Alterio y Lautaro Murúa; El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela, con Darío Grandinetti y Nacha Guevara; o Carlos Monzón, el segundo juicio (1996) de Gabriel Arbós, que coprotagonizó con Norma Aleandro.

En España ha rodado, entre otras, Platillos volantes (2003) y El gran Vázquez (2010) ambas de Óscar Aibar, Romasanta (2004) de Paco Plaza o Cien años de perdón (2016) de Daniel Calparsoro, junto a Luis Tosar, Raúl Arévalo o José Coronado.

Son numerosos sus trabajos en populares series de televisión: Cervantes (1981), Campeones de la vida (1999), El comisario (2004), Los hombres de Paco (2006), Herederos (2007), Hospital Central (2003-2008), Águila Roja (2011) o en Cuéntame cómo pasó (2003-2014).

JESÚS BERENGUER

JESÚS BERENGUER

***

COLETTE MARS

(Tánger, 1916 – París, 1995)

Fue una actriz de cine que se inició en los cabarets parisinos, destacando en el de Suzy Solidor.

COLETTE MARS

Trabajó en films como Miroir (1947) de Raymond Lamy, con Jean Gabin, con quien mantuvo un idilio; S.O.S. Dakar (1948) de Jean Delannoy, con Jean Marais y Michéle Morgan; o en Les dents longues (1953) que dirigió e interpretó el actor Daniel Gélin. Su filmografía es corta, y sus papeles nunca fueron muy destacados. Pero su faceta de cantante le dio cierta fama, llegando a grabar varios discos con Columbia y Vogue.

***

 

JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

(Tánger, 1961)

Director de cine y documentalista, guionista y productor, está considerado como uno de los mejores creadores de videoarte. Su ciudad natal es uno de los temas centrales de sus trabajos cinematográficos, con dos títulos fundamentales dirigidos por él: Tangernación (2013), película dramática que narra las relaciones entre William Burroughs, Paul Bowles, Jane Bowles y Brion Gysin, (personajes interpretados por Lorenzo Cordero, Javier Mejía, Tomás Pariente y Romina Sánchez) en el Tánger internacional, y que ha recibido excelentes críticas; y el documental Mapa emocional de Tánger (2014).

Destacan sus documentales para Televisión Española, como el titulado ¡Que Vienen Los Beatles! España 1965 (1995), o la serie documental Futuro (2001-2003).

Ha sido premiado en diversos Festivales, como el de Cine de la UCM de Madrid, y en los de Alcalá de Henares, Barcelona, Granada o Biarritz, así como en el Festival Internacional de TV de Nueva York.

JOSE RAMON DA CRUZ

JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

Etiquetado , , , , , , , , , ,

UNA ESCENA INOLVIDABLE DE “ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA, DE SERGIO LEONE”

¿Cómo comprimir el paso del tiempo en apenas unos segundos? Sergio Leone, con la ayuda de Ennio Morricone en la música (apoyándose en el tema de The Beatles) y de un montaje soberbio de Nino Baragli, lo hizo en esta secuencia de su obra maestra Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984). Maravillosa. Una pequeña lección de cine.

Etiquetado , , , , , ,

MIS PELÍCULAS FAVORITAS 1

Hoy comienzo una nueva serie en mi blog: Mis películas favoritas. Ya he escrito sobre varias de ellas, pero, a partir de ahora, voy a remarcar y explicar las razones que las convierten en mis cintas más queridas. Y comienzo con Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), que también es la cinta favorita de mi amigo José Garriga Vela.

To kill a mockingbird porter

Elmer Bernstein compuso la banda sonora de Los 7 magníficos (The magnificent seven, 1960) de John Sturges, y creó uno de los temas más recordados de la historia del cine.

https://www.youtube.com/watch?v=yulmgTcGLZw

Sin embargo, su más bella partitura la escribió dos años después para Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962). Podéis escucharla en el siguiente enlace, con los títulos de crédito de la película:

https://www.youtube.com/watch?v=Wwf96OEaYBg

La música es sensible, nostálgica y emotiva. Y arranco hablando por la banda sonora de Matar a un ruiseñor porque, después de tantos años, quizá sea uno de los aspectos de los que menos se ha escrito de la película, y, sin embargo, es imposible desligar a Atticus Finch no sólo del actor que lo encarnó sino también de la música de Elmer Bernstein.

TRUMAN CAPOTE Y HARPER LEE

TRUMAN CAPOTE Y HARPER LEE

La película se basa en la novela de Harper Lee. Yo, personalmente, prefiero la película. La habré visto una veintena de veces. Es una cita anual. Tengo varias citas cinematográficas anuales. Son como visitas a unos viejos amigos que sé que ya nunca me defraudarán.

Cuando Gregory Peck rodaba una de las primeras escenas de la película, se dio cuenta de que Harper Lee, que había acudido al set, seguía a la cámara que, en ese instante, hacía un largo travelling; también se dio cuenta de que la escritora no le quitaba ojo de encima. Peck creyó descubrir un gesto de admiración o de satisfacción en Harper Lee y pensó que era porque le había gustado cómo había resultado su trabajo. Se acercó entonces a ella y le preguntó, orgulloso y seguro de adivinar la respuesta: “Harper, ¿he visto brillar algo en sus mejillas?”. Pero Harper Lee le dio una respuesta inesperada: “¡Oh, Gregory! Tiene usted un poco de barriga, como mi padre”.

Hay películas en que se dan un cúmulo de elementos que la convierten en una obra maestra. En el caso de Matar a un ruiseñor, se unieron el maravilloso texto de Harper Lee y, al inicio, el entusiasmo de sus dos productores, quienes dieron el impulso de arranque: Alan J. Pakula, que años después sería el director de películas como Klute (1971), Todos los hombres del presidente (All the president´s men, 1976) o La decisión de Sophie (Sophie´s choice, 1982), y Robert Mulligan. Mulligan, además, se encargó de dirigir la película, y jamás en su filmografía volvería a alcanzar el cielo. Pero supongo que, si eres el realizador de algo tan perfecto e inolvidable como Matar a un ruiseñor, tus aspiraciones quedan colmadas.

Junto a la escritora y a los productores, entraron en liza una serie de técnicos que hicieron muy especial al film: los títulos de crédito fueron diseñados por Stephen Frankfurt, que creó una pequeña obra maestra dentro de la gran obra maestra. Para ello se sirvió de los objetos que el personaje de Boo había ido dejando en el árbol para los hijos de Atticus, y ver esa canica rodar por entre ellos le da un toque de inocencia sumamente delicada. El blanco y negro, por supuesto, acentúa aún más la belleza de las imágenes. El responsable de la fotografía fue uno de los grandes: Russell Harlan, fotógrafo de otras maravillas como Río rojo (Red river, 1948), Semilla de maldad (Blackboard jungle, 1955), El loco del pelo rojo (Lust for life, 1956), Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957) o de Río Bravo (1959). En Matar a un ruiseñor, su juego de luces y sombras dan el justo toque mágico que necesitaba la película.

Los actores.

Jem, Scout y Harris

Jem, Scout y Dill

Pakula y Mulligan supieron rodearse de un casting perfecto. Los actores infantiles son inolvidables: John Megna, que interpretaba al pequeño y debilucho Dill Harris, bordaba al niño resabiado y fantasioso que visitaba el pueblo cada verano y que se hace inseparable de los hijos de Atticus. Estos eran Phillip Alford, como Jem, el mayor del pequeño grupo y que tanto nos hace reír cuando las sombras tenebrosas y los ruidos de la noche lo hacen correr con el miedo metido en el cuerpo, y, sobre todo, Mary Badham, que hace de Scout. El personaje de Scout es fundamental. La voz en off que va narrando la historia, es la de la Scout ya adulta que recuerda con nostalgia y cariño aquellos lejanos veranos en el pueblo, al lado de su padre y de su hermano. Y Scout es la que nos va descubriendo el enorme corazón, la bondad, la honradez y la gallardía de Atticus Finch.

Es fundamental en la escena en la que los tres niños acuden a la cárcel y, con su presencia, evitan que los linchadores, que han llegado dispuestos a darle su merecido al negro encarcelado, se enfrenten a Atticus.

Atticus y Scout

ATTICUS y SCOUT

Mary Badham compone a una Scout a la que uno no puede dejar de querer. Y, años después, ella contaría que su relación personal entonces con Gregory Peck fue enternecedora, tanto que, durante el rodaje, el famoso actor la acogió en su casa para que le fuera más sencillo el rodaje y, desde entonces, fueron amigos.

Ninguno de los tres actores infantiles tuvo una gran carrera cinematográfica, pero todos han quedado en la memoria de los amantes del cine.

Paul Fix, un clásico entre los actores de reparto del cine americano, habitual de John Ford y de Sam Peckinpah, también crea un personaje curioso, el del juez del pueblo, que no duda en encargar la defensa de un negro acusado de violar a una mujer blanca a Atticus Finch, y lo hace en la seguridad de que, sólo una persona íntegra como él, puede hacer ese trabajo.

Atticus y Tom Robinson

ATTICUS y TOM ROBINSON

La actriz televisiva Collin Wilcox Paxton también hace un excelente trabajo como la presunta víctima de la violación. Y Brock Peters, como el acusado Tom Robinson, le abre las carnes al espectador cuando llora en el estrado al intuir que ninguno de esos blancos va a creer que es inocente. Clava el papel.

Pero, por supuesto, entre los actores de reparto de la cinta, destacó un joven intérprete que comenzaba por entonces y que encarnó al enigmático chico con problemas mentales llamado Boo Radley. El actor se llamaba Robert Duvall. Una leyenda del cine.

Robert Duvall como Boo Radley

ROBERT DUVALL es BOO RADLEY

Duvall compuso un personaje que no pronuncia una sola palabra, pero es tan intensa su mirada, son tan elocuentes sus gestos, no obstante, contenidos y reprimidos, que, cuando por fin aparece tras la puerta del dormitorio donde yace Jem malherido, su manera de mirar a Scout nos transmite toda su bondad y ternura. Gregory Peck contaba que, con esa corta escena, Robert Duvall daba una soberana lección de interpretación.

Y, por último, está Gregory Peck.

Escribí al principio que he visto Matar a un ruiseñor una veintena de veces. Cuando volví a hacerlo este fin de semana, al acabar la película, tenía un nudo en la garganta. Nunca antes me había emocionado tanto con la cinta. Quizá me esté haciendo mayor. Es curioso emocionarse de esta manera con una película que casi me sé de memoria. Pero me di cuenta este domingo que Gregory Peck está inmenso.

ATTICUS FINCH - GREGORY PECK

ATTICUS FINCH – GREGORY PECK

Trabaja aquí de una manera tan natural, adopta al personaje de Atticus Finch con tal maestría que él se convierte en Atticus Finch, y uno ya no sabe si está viendo a Gregory Peck o al personaje, o es al revés. Sé que no descubro nada, pero hay momentos en los que uno percibe algo que antes no había siquiera intuido, y eso me ocurrió el otro día. Leyendo y viendo algunas de sus entrevistas, conociendo como conozco su filmografía, Gregory Peck es uno de esos actores que forman parte de mi memoria cinéfila. Pero también está dentro de esos personajes públicos a los que admiro por muchas razones, especialmente por su humanidad y por su postura ante la vida. Fue un hombre comprometido y valiente. Era tan buena persona como el personaje que encarnaba y, quizá por ese motivo, construyó un gigante. No puedo imaginar a otro actor en la piel de Atticus Finch.

Preciosas las secuencias en las que, sentado en la mecedora del porche, oye a sus dos hijos hablar de su madre, ya fallecida; como lo son las escenas en las que le da pequeñas lecciones de vida a su hija Scout, y a nosotros…

Atticus Finch / Gregory Peck es un héroe anónimo. En la vida, sin saberlo, conocemos a otros héroes anónimos. Sus hazañas no constan en los libros, porque son modestas historias, pero contienen un significado inmenso.

El pasado domingo, mientras veía Matar a un ruiseñor, mientras observaba en la pantalla a Scout entre los brazos de Atticus Finch, pensé en mi padre, y me di cuenta de que él también es Atticus. Y, al anochecer, comencé a escribir un largo relato sobre sus pequeñas e inmensas hazañas. Espero acabarlo pronto.

“Señorita Scout. Levántese. Su padre se marcha”

Sergio Barce, mayo 2017

BOO

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , ,