Archivo de la categoría: CINE

ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 3

Tercera entrega para daros a conocer artistas y creadores nacidos en Marruecos. Espero que os resulte, al menos, curioso.

MICHEL GALABRÚ

(Safi, 1922 – París, 2016)

Michel Galabrú

Actor al que recuerdo con afecto por aquellas colaboraciones que hizo junto a Louis de Funès y que veíamos en los cines de Larache, como El gendarme de Saint-Tropez (Le gendarme de Saint-Tropez, 1964) de Girault, Sálvese quien pueda (Le petit Baigneur, 1968) de Dhéry, El gendarme en casa (Le gendarme se marie, 1968) de Girault o  y por su papel en esa preciosa película que es La guerra de los botones (La guerre des boutons, 1962) de Yves Robert. Perteneció a la Comédie Française desde 1950 y se convirtió en un prestigioso actor de teatro. Reconocido como comediante, también efectuó excelentes trabajos dramáticos. Era también escritor.

En su larguísima carrera como actor de cine, colaboró con los más prestigiosos realizadores franceses, y ahí están, además de las ya citadas, sus trabajos en las cintas Las buenas ocasiones (La bonne occase, 1965) de Michel Drach, Sección especial (Section spéciale, 1975) de Costa-Gavras, La casa de los desmadres (Il gatto, 1977) de Luigi Comencini, Vicios pequeños (La cage aux folles, 1978) de Édouard Molinaro, Una semana de vacaciones (Une semaine de vacances, 1980) de Tavernier, Le choix des armes (1981) de Alain Corneau, Verano asesino (L´été meurtrier, 1983) de Jean Becker, Notre histoire (1984) de Bertrand Blier, Subway (1985) de Luc Besson, Historia de una revolución (La révolution française, 1989) de Robert Enrico, Uranus (1990) de Claude Berri o Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch´tis, 2008) de Boon. También intervino en Belle Epoque (1992) de Fernando Trueba.

LOUIS DE FUNÈS Y MICHEL GALABRÚ

Ha compartido protagonismo con actores y actrices de la talla de Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo, Yves Montand, Annie Girardot, Alain Delon, Philippe Noiret, Isabelle Huppert, Gérard Depardieu, Isabelle Adjani… además del ya referido de Funès.

La última etapa de su vida fue dolorosa. Estuvo al lado de su mujer, enferma de Parkinson, sin apartarse de ella, y afirmaba que la vida ya no le importaba nada. Murió en 2016.

En 1977 fue galardonado con el Premio César al Mejor Actor Protagonista por su papel en la película de Bertrand Tavernier El juez y el asesino (Le juge et l´assassin). Y estuvo nominado en otras dos ocasiones más.

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MANUEL BALAGUER

 (Larache, 1945)

MANUEL BALAGUER

Pintor. Manuel Balaguer se inició junto al también pintor marroquí Mohamed Yebary en su ciudad natal. Se licenció en Arquitectura Técnica en Madrid. Tras su paso por el taller del pintor Pedro Escalona, estudió Bellas Artes, obteniendo el título en la Universidad de San Carlos de Valencia. Desde 1990 es profesor en la Escuela Municipal de Pintura de Torrevieja.

Además de sus grandes murales que se pueden contemplar en Alicante, Torrevieja y Marbella, ha expuesto en Marruecos, Francia, Dinamarca, Noruega y numerosas ciudades españolas. Entre los años 2006 y 2009, “Lanuza Ediciones S.L.” le encargó los grabados de los libros “Poblament” de Callosa de Ensarriá, “Carta Pobla” de Finestrat y “Altea Poemas” de la ciudad de Altea.

Pese a la distancia, Manuel Balaguer nunca ha dejado de pintar paisajes de Larache. Actualmente, tiene su estudio de pintura en Alicante.

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LARACHE – por Manuel Balaguer

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MACHA MÉRIL

MACHA MÉRIL

(Rabat, 1940)

Actriz, productora, escritora y cantante. Desde 1960 hasta la actualidad, Macha Méril ha trabajado para los mejores directores europeos de cine. Pero, curiosamente, entre sus primeros trabajos se cuentan apariciones en varias series de televisión y films USA, como Consejos a medianoche (Who´s been sleeping in my bed?, 1963) de Daniel Mann, con Dean Martin, o como la última cinta de Montgomery Clift, El desertor (L´espion, 1966) de Lévy.

JEAN-LUC GODARD y MACHA MÉRIL

Entre sus películas se cuentan obras imprescindibles del cine francés como su papel protagonista en Una mujer casada (Une femme mariée.., 1964) de Jean-Luc Godard o sus trabajos en distintos países en Belle de jour (1966) de Luís Buñuel, Siempre en el recuerdo (Au pan coupé, 1968) de Gilles, Nosotros no envejeceremos juntos (Nous ne vieillirons pas ensemble, 1972) de Maurice Pialat, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975) de Dario Argento, La ruleta china (Chinesisches roulette, 1976) de Rainer W. Fassbinder, Robert et Robert (1977) y Los unos y los otros (Les uns et les autres, 1981) ambas de Claude Lelouch, En nombre de los míos (Au nom de tous les miens, 1984) de Robert Enrico, Ansias de vivir (Duet for one, 1987) de Andrei M. Konchalovsky, Cita con Venus (Meeting Venus, 1991) de István Szabó o La hija de un soldado nunca llora (A soldier´s daughter never cries, 1998) de James Ivory.

Estuvo nominada al Premio César a la Mejor Actriz de Reparto por Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, 1985) de Agnès Varda. Está casada con el músico Michel Legrand.

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EN BUSCA DE AQUEL SONIDO, CON ENNIO MORRICONE

En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida (Inseguendo quel suono: la mia música, la mia vita, 2017) es un libro-entrevista-conversación de/con Ennio Morricone.

De la mano del también músico Alessandro de Rosa, a través de esta larga conversación que mantiene con el gran maestro, recorremos toda la vida de uno de los mayores genios que ha dado la música. Y no exagero. Ya tenía esa idea desde hace años, mucho antes de leer este estupendo libro, pero ahora me lo ha confirmado.

¿Qué otro músico de bandas sonoras para cine ha conseguido que sus composiciones se repitan una y otra vez en diferentes películas a modo de homenaje o de simple “reutilización” de sus creaciones? ¿Qué otro músico ha conseguido que bandas de rock abran sus conciertos con la música compuesta por un “autor serio”? ¿Qué otro músico ha logrado que sus bandas sonoras se conviertan en parte de nuestras vidas? La respuesta es: Ennio Morricone.

Morricone ha podido ver cómo sus trabajos para las películas de Sergio Leone y otros realizadores han sido empleadas de nuevo en films de Oliver Stone, Alex de la Iglesia, Wong Kar-Wai, Guy Ritchie o Quentin Tarantino, entre otros muchos, o en series de ficción como Los Soprano o de animación como Los Simpson. La banda de rock Metallica, abre habitualmente sus conciertos con una versión de su tema L´estasi Dell ‘oro, que compuso para el film El bueno, el feo y el malo (Él buono, il bruto, il cattivo, 1966). Y cuando se hace un homenaje a víctimas fallecidas en atentados o a un personaje conocido en los estadios o eventos públicos, se suele utilizar su banda de Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west, 1968) o Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984). Esto quiere decir que, con independencia de la belleza y grandiosidad de sus creaciones, todas ellas se han convertido en música popular. Algo inhabitual.

En busca de aquel sonido analiza todo esto. Pero nos desvela al creador y, saber cuáles son sus ideas políticas, morales y éticas, su manera de componer, sus sentimientos hacia las personas con las que ha colaborado, lo acercan aún más. Sus relaciones con otros músicos, y, sobre todo, con los grandes realizadores de cine con los que ha trabajado es fascinante.

Cuenta Morricone en el libro esta divertida anécdota que vivió mientras creaba la banda sonora para Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto, 1970) del director italiano Elio Petri:

 “…guardo el recuerdo imborrable de la vez que vimos juntos Elio y yo Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (…) …Has de saber que mis primeras propuestas no lo convencieron, pero luego encontramos el camino definitivo. Grabé los temas y se los entregué. Él insistió en que no estuviese en la mezcla de la película y no tardó nada en convencerme: aquellos años yo tenía la costumbre de no acudir a las mezclas, consideraba que eran cosa del director. Después me llamó, para pedirme que le diera mi opinión sobre lo que había hecho.

Entramos en la salita, se apagaron las luces y comenzó la proyección. Desde la primera escena, hasta el asesinato de Florinda Bolkan, había algo que fallaba. Los temas que escuchaba no eran los que había escrito para su película, sino otros, pertenecientes a Comandamenti per un gangster (1968), un trabajo más bien flojo para el que había escrito una banda sonora que cautivase al público (algo que no he vuelto a repetir, pero que por aquel entonces a veces intentaba).

Yo lo miraba horrorizado y no comprendía nada. Elio de vez en cuando me hacía un gesto, con el que me daba a entender que le gustaban más los temas elegidos por él.

Durante el asesinato de Florinda Bolkan, dijo: <¡Ennio, fíjate qué bien queda! ¿A que sí?>.

Era absurdo, un sufrimiento increíble: un director que ponía en entredicho la música a un compositor de ese modo…

Terminado el primer rollo, por aquel entonces se funcionaba con rollos, se encendió la luz. Yo estaba hecho polvo, destrozado, petrificado.

Elio se me acercó y me dijo: <Y bien, ¿qué te parece?>.

Saqué fuerzas de flaqueza y contesté: <Si te gusta así, está bien…>.

Él cargó las tintas y, absolutamente convencido, añadió: <Es perfecta, ¿no?>.

No tenía palabras y no sabía qué responder. Me dije que, en el fondo, aquello no era una pregunta retórica, pues, al fin y al cabo, él era el director y aquella era su voluntad. ¿Qué podía hacer?

Tragué saliva y me di ánimos, pero antes de que pudiera pronunciar una sílaba, Elio me dio una palmada en un hombro, luego me sacudió un poco con las dos manos y, en dialecto romano, me dijo: <¡Ay, Morricó…! ¡Picas siempre, picas siempre! ¡Has escrito la mejor música que podía escribirse para esta película y tendrías que emprenderla a bofetadas conmigo por esta broma!>. Eso fue lo que dijo.

Me había gastado una broma, pero yo no caí en la cuenta de ello. Me confesó que hacía tiempo que la había planeado. Fue un mazazo sin igual. Petri también era así.

En aquel momento comprendí, como nunca en toda mi vida, hasta qué punto el músico está al servicio del director y de la película…”

ENNIO MORRICONE Y SERGIO LEONE

Es emotivo lo que cuenta de su relación profesional, llena de admiración, con Pier Paolo Pasolini, y cómo le afectó su asesinato. Como lo es todo lo que relata de sus trabajos para Giuseppe Tornatore, Bernardo Bertolucci, Giuliano Montaldo o Tarantino, y el proceso creativo llevado a cabo, adaptándose a cada circunstancia y a cada época. Te das cuenta de su sabiduría, del riesgo que corría yendo a veces contra las convenciones musicales del momento, de su ingente e inagotable capacidad de trabajo. Son cientos de bandas sonoras. Pero también de música experimental, música “seria” para concierto, música pop… Lo abarca todo, y todo por encima de cualquier otro.

Su tema para la película Sacco e Vanzetti (1971) de Giuliano Montaldo, decidió que debía cantarla Joan Baez, y ese tema se ha convertido, desde entonces, en un himno: Here´s to you. Ejemplo de su inmensa influencia en todos los ámbitos desde su simple batuta.

También es muy emotivo todo lo que cuenta de su fructífera relación con el gran Sergio Leone, con el que hizo sus trabajos más conocidos y repetidos. Pero en especial, cuando detalla lo que sucedió al fallecer Leone, su amigo y compañero entrañable. Ocurrió en 1989, cuando ambos trabajaban ya para el nuevo proyecto de Sergio Leone titulado L´asedio di Leningrado, que iba a protagonizar Robert de Niro. Cuenta Morricone en el libro:

 “…Hablaba sobre ello desde hacía años. Un proyecto semejante precisaba mucha inversión, pero Sergio estaba a punto de encontrarla. Todavía no habíamos hablado de los temas musicales, pero Sergio me dijo que aparecería una orquesta desde el principio, tocando una de las sinfonías de Shostakóvich. Como un símbolo de resistencia, reaparecería en varios momentos, cada vez más diezmada, con músicos heridos y sillas vacías.

Era raro que yo no hubiese comenzado aún a elaborar ningún tema, pero siempre tuve la sensación de que Sergio no iba a acabar aquel proyecto. Había recibido el visto bueno de las autoridades soviéticas para los tanques, seguramente no serían cien, como él quería, y también había comprado los pasajes para viajar allí y ver localizaciones de exteriores, pero nunca llegó a ir.

Su corazón se paró el 30 de abril de 1989. Al final de su vida, su corazón estaba muy mal, sabía que necesitaba un trasplante, pero no lo quiso por temor a acabar en una silla de ruedas y así se condenó a una muerte segura. Yo me enteré de su decisión ese día, cuando fui a su casa: estaba echado en la cama, ya exánime, y su nieto Luca me explicó todo. Era muy temprano por la mañana y fue un día espantoso, repleto de dolor. El día siguiente, si cabe, fue aún peor.

Luego se celebró el funeral, del que guardo recuerdos bastante confusos porque estaba desolado. Hubo una participación popular increíble y tocaron algunos de mis temas. Cuando me llamaron al altar, me limité a decir:

<Después de tanta atención al detalle del sonido en sus películas, hoy solo hay un profundo silencio>.

Estaba desolado. Había muerto un amigo y un gran director de cine que todavía no había sido plenamente reconocido como tal.”

También es muy curiosa su relación con el cine americano, al que ha regalado muchas de sus mejores bandas sonoras, como La misión (The mission, 1986) o Los intocables de Elliot Ness (The untouchables, 1987) de Brian de Palma. Pese a ello, los años pasaban y se le negaba el Óscar, pese a sus maravillosas composiciones. Pero Tarantino, erre que erre, casi le obligó a que compusiera la banda sonora para su film Los odiosos ocho (The hateful eight, 2015). Con 87 años de edad, Morricone compuso uno de sus temas más sorprendentes y arriesgados, y, esta vez, sí, le dieron el Óscar por una de sus bandas sonoras.

En 2007, no obstante, se le había concedido un Óscar honorífico por el conjunto de su trabajo, porque, supongo, era imposible soslayar la injusticia que se cometía con él. Este acontecimiento también es uno de los instantes más emocionantes de este libro, y ejemplo de la grandeza de Morricone. Lo cuenta así:

 “…Lo que sé es que no haber ganado el Óscar me molestó un poco durante años, pues he colaborado mucho con el mercado norteamericano. Así que, para mí, al final, recibirlo fue significativo.

(…) …El premio en sí mismo es solo parte del reconocimiento con motivo del Óscar Honorífico, por ejemplo, recibí una llamada de Quincy Jones, que me dijo cosas que nunca olvidaré…

(…) Clint Eastwood me entregó la estatuilla y me hizo de intérprete en la ceremonia. Y, en mis recuerdos, fue un largo viaje lleno de anécdotas. Eastwood me dio una preciosa sorpresa la noche anterior a la ceremonia, cuando se unió en la fiesta que habían organizado en el Instituto Italiano de Cultura. Llegó sin decir nada a nadie, por propia iniciativa, para saludarme. Me felicitó por el resultado y yo me emocioné mucho: hacía casi cincuenta años que no nos veíamos.

La noche de la ceremonia estaba en el palco con mi esposa María y uno de mis hijos, que, detrás de mí, traducía lo que decía Eastwood en el estrado.

En un momento dado, Céline Dion, que estaba en primera fila y debía cantar la melodía del tema de Deborah de Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), vino hasta el pie de mi palco y me dijo: <Maestro, esta noche no cantaré con la voz, sino con el corazón>.

Esa fue la primera vez que se me puso la piel de gallina aquella velada. Su actuación fue extraordinaria: nunca me habría podido imaginar que una pieza tan célebre, escrita hacía tantos años, pudiera llegarme tan hondo…”

En las páginas de En busca de aquel sonido, Morricone también nos descubre su inmensa humildad y humanidad. Ahora lo admiro mucho más.

Sergio Barce, agosto 2017

El libro ha sido publicado por Malpaso (parece un bonito juego de palabras, porque la productora de Clint Eastwood se llama igual), y la excelente traducción del italiano es de César Palma.

 

 

 

 

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MIS PELÍCULAS FAVORITAS 2

 

Segunda entrega. Después de Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), doy un salto atrás, hasta 1949, año de estreno de El manantial (The Fountainhead), largo dirigido por el gran King Vidor.

Al volver a visionarla, me he dado cuenta de que tiene algunos puntos en común con la primera, con Matar a un ruiseñor, especialmente dos: el primero, la dignidad del individuo; Atticus Finch en la cinta de Mulligan, al que da vida Gregory Peck, y Howard Roark en esta de El manantial, personaje encarnado por Gary Cooper. Es indudable que ambos actores, Peck y Cooper, junto a Henry Fonda, Spencer Tracy y James Stewart, conforman ese grupo de intérpretes que traspasaban la pantalla para ir más allá del personaje, los que mejor han encarnado la decencia. Y el segundo punto, el juicio. Y es que en ambas cintas hay un juicio y un tribunal. En una, Gregory Peck hace un hermoso alegato contra el racismo y la defensa de la presunción de inocencia de todo hombre; en la otra, Gary Cooper se dirige al tribunal para probar que sus actos violentos están justificados (llega a dinamitar la construcción de un edificio que había diseñado porque, con engaños, se construye sin seguir sus directrices), y realiza también un modélico discurso para defender la libertad creativa de todo artista, incluyendo a los arquitectos, y la integridad del mismo creador, que debe estar por encima de modas, intereses o presiones, todo ello con un larvado pero efectivo ataque contra los corruptos y contra quienes se venden con tal de satisfacer al poder. No puede ser más actual.

La diferencia entre ambas películas está en la sensualidad que desborda El manantial.

Haciendo una breve sinopsis, en El manantial, un arquitecto, innovador y vanguardista, que se adelanta a su tiempo con los proyectos que diseña, ha de luchar día a día contra una sociedad en la que sólo impera el dinero, la manipulación de las masas, el borreguismo, el pensamiento único… Parece que estuviera hablando de hoy en día. Pero este film, también adelantado a su tiempo, se rodó apenas cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

GARY COOPER y PATRICIA NEAL en El manantial

El arquitecto, Howard Roark, va a enfrentarse a pruebas muy duras para poder sacar adelante sus ideas, ideas que van contra las que imponen el poder, encarnado por un personaje oscuro e intrigante llamado Toohey, al que da vida con maquiavélico cinismo Robert Douglas, y contra las que imponen los medios de comunicación, que, en el film, están representados por un multimillonario dueño del periódico sensacionalista The Banner, y al que interpreta Raymond Massey, uno de los mejores actores de carácter de la historia del cine. A Massey se le recuerda en papeles como los de El caserón de las sombras (The old dark house, 1932) de James Whale, Arsénico por compasión (Arsenic and old lace, 1944) de Frank Capra, con ese personaje siniestro pero cómico del asesino desfigurado que aterroriza a Cary Grant, o su papel como padre de James Dean en Al Este del Edén (East of Eden, 1955) de Elia Kazan, por nombrar sólo tres de sus magistrales trabajos. Pues bien, en El manantial, Raymond Massey borda el papel de hombre sin escrúpulos que, sin embargo, al conocer a Howard Roark, se verá a sí mismo cuando fue joven y tenía aún ideales, y será él quien, dejando a un lado sus propios intereses y su despreciable uso de la prensa amarilla que sólo hurga en los escándalos y trapos sucios, salga en defensa del protagonista, hasta que se dé cuenta de que eso sólo le lleva a enfrentarse, como hace Roark, a todos.

Pero, como decía más arriba, El manantial guarda una notable diferencia con Matar a un ruiseñor, y es su erotismo. Hay films que se consideran eróticos, como Instinto básico (Basic instinct, 1992), porque hay una escena en la que se vislumbra el sexo de Sharon Stone, lo que no es sino algo burdo; y hay otros que se consideran eróticos porque sus escenas, elegantes y sinuosas, rezuman sensualidad y sexualidad. Es lo que ocurre en El manantial.

La película, además de ser ese canto a la libertad creadora del artista, a la integridad del ser humano, además de denunciar la corrupción y el arribismo (muy bien ejemplificado en la película en el arquitecto Peter Keating, capaz de venderse con tal de entrar en la jet set), además de todo eso, es un film muy romántico. King Vidor da un toque maestro en su cinta: cuando el protagonista ha de rechazar el ejecutar sus proyectos porque no quiere ceder en sus planteamientos, acabará trabajando en una cantera, como simple peón que taladra la piedra para arrancar el mármol con el que se construirán los edificios que él desearía levantar. Es ahí, bajo un sol de justicia, donde Howard Roark / Gary Cooper, se encontrará por primera vez con la hija del dueño de la explotación, Dominique Francon, a la que encarna la actriz Patricia Neal. Patricia Neal nunca ha estado tan arrebatadora. Saltan chispas en cuanto sus miradas se cruzan, y no es difícil adivinar que, especialmente en ella, se despierta un deseo sexual casi irrefrenable. La sensualidad se ejemplifica en esta cinta de muchas maneras, pero a modo de ejemplo encontramos ya un detalle significativo en ese primer encuentro: ella lo ve taladrando la piedra, y entra entonces en juego el montaje de David Weisbart, ejemplar para el fin que se persigue, ya que corta cada toma mientras la cámara va acercándose al rostro de los dos protagonistas y, en cada corte, vamos observando el esfuerzo físico de Gary Cooper, luego cómo el taladro penetra en la piedra, a continuación la tensión de sus músculos, su brazo sudoroso empujando la taladradora… Simbolismo de su poder fálico, en contraste con la mirada de Patricia Neal, llena de deseo y de pasión, y que va sucumbiendo de manera inevitable. A partir de ese instante, la atracción física de los dos se convierte en una pieza fundamental de la cinta. Y sin embargo, se conjuga a la perfección con la honestidad y dignidad de Howard Roark que, realmente enamorado de ella, sabrá esperar el momento para que esa mujer, desbocada y visceral, caprichosa a veces pero entregada en cuerpo y alma, se dé por vencida y ceda a lo que él espera de ella.

Esa atracción sexual que explota en la pantalla, se trasladó a la realidad, y la relación entre Gary Cooper y Patricia Neal se convirtió en un gran escándalo, alimentado aún más por la prensa sensacionalista (una especie de paradoja teniendo en cuenta el argumento de la película) ya que la esposa de Cooper era católica practicante.

Hablar de Gary Cooper es hacerlo de un icono. Por muchos, está considerado como el mejor actor de cine de la historia. Yo sólo sé que, cada año, lo veo en Solo ante el peligro (High noon, 1952), y que, en cada ocasión, descubro un nuevo detalle en su interpretación. En El manantial dota al protagonista de ese aire entre hombre inocente y hombre determinado que no se arredra por nada y que supo utilizar en sus trabajos con tanta inteligencia.

En cualquier caso, la cinta es fantástica. El director King Vidor fue uno de los grandes maestros del cine, suyas son las obras maestras El gran desfile (The big parade, 1925) con John Gilbert, Y el mundo marcha (The crowd, 1928), Aleluya (Hallelujah, 1929), Noche nupcial (The wedding night, 1936) también con Gary Cooper, Stella Dallas (1937) con Barbara Stanwyck, La pradera sin ley (Man without a star, 1955) o su suntuosa versión de Guerra y paz (War and peace, 1956) con unos inolvidables Henry Fonda y Audrey Hepburn. Junto a estas cintas, Vidor llenó no sólo El manantial de un aroma sensual tiznado de inteligencia, sino que hizo lo mismo en uno de sus mayores éxitos: Duelo al sol (Duel in the sun, 1946) con Gregory Peck y Jennifer Jones, arrastrándose literalmente uno hacia el otro empujados por el deseo, y en otra cinta llena de atractivo, que fue Pasión bajo la niebla (Ruby Gentry, 1952) de nuevo con Jennifer Jones ahora atrapada por el imán de Charlton Heston.

La influencia del cine mudo, al que regaló quizá sus obras más redondas, se aprecia en El manantial en el uso de la fotografía, de la que se encargó Robert Burks, y que estaba evidentemente influido en este trabajo por la alargada sombra de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) de Orson Welles. Burks, con el tiempo, se convirtió en el director de fotografía predilecto de Alfred Hitchcock.

Por último, la música de la película es del maestro Max Steiner. Compositor tan prolífico como admirado, tiene tantas bandas sonoras conocidas y aclamadas que sólo mencionaré tres de ellas: Lo que el viento se llevó (Gon with the wind, 1939) de Victor Fleming, Casablanca (1942) de Michael Curtiz o Centauros del desierto (The searchers, 1956) de John Ford.

El manantial, una película arrebatadora.

Sergio Barce, julio 2017

 

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 2

Segunda entrega.

Tras José Luis Alcaine (Tánger, 1938), Amidou (Rabat, 1935 – París, 2013), Jesús Berenguer (Larache, 1942), Colette Mars (Tánger, 1916 – París, 1995) y José Ramón da Cruz (Tánger, 1961), hablemos de otros creadores y artistas nacidos en Marruecos.

 

LUIS MARTÍN SANTOS

(Larache, 1924 – Vitoria, 1964)

Uno de los autores más influyentes de la moderna literatura española, y cuya narrativa hemos tenido la suerte de estudiar durante el bachillerato.

LUIS MARTÍN-SANTOS

Nació en Larache, donde estaba destinado su padre, militar, durante el Protectorado español de Marruecos. Brillante médico, estudió en Salamanca y Alemania, y acaba dirigiendo el sanatorio psiquiátrico de San Sebastián a partir de 1951. Durante la dictadura sufrió la persecución del régimen y fue detenido en varias ocasiones por su militancia socialista.

Como decía antes, Martín-Santos es uno de los escritores que más han marcado la narrativa española, especialmente con su novela Tiempo de silencio (1962), considerada una obra maestra. Además de ensayos, estudios médicos, etc… es autor también del libro de relatos Apólogos, uno de poesía Grana gris, y de una novela inacabada: Tiempo de destrucción.

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PEDRO CASABLANC

(Casablanca,1963)

Su nombre artístico es un evidente homenaje a la ciudad marroquí donde nació. Su verdadero nombre es Pedro Manuel Ortiz Domínguez.

PEDRO CASABLANC

Pedro Casablanc es uno de los más sólidos actores del actual cine español. Comenzó haciendo teatro en Sevilla, y ya en Madrid ha obtenido importantes galardones por sus interpretaciones sobre las tablas. En cine y televisión, ha trabajado como actor de reparto en numerosas producciones, destacando en su filmografía películas como Días contados (1994) de Imanol Uribe, Los años bárbaros (1998) de Fernando Colomo, Su majestad Minor (Sa majesté Minor, 2007) de Jean-Jacques Annaud, Che: Guerrilla (2008) de Steven Soderbergh, Truman (2015) de Cesc Gay, El hombre de las mil caras (2016) de Alberto Rodríguez, Los últimos de Filipinas (2016) de Salvador Calvo, y como protagonista destacan Sicarius (2015) de Javier Muñoz, B (2015) de David Ilundian, papel por el que fue nominado al Goya como Mejor Actor, o Bajo la rosa (2017) de Josué Ramos.

Sus trabajos en series de televisión le han convertido en un actor muy popular: Los hombres de Paco (2006), La princesa de Éboli (2010), Hospital Central (2008-2011), Isabel (2011-2013), Mar de plástico (2016), entre otros. Ha obtenido varios premios como el Sant Jordi o de la Unión de Actores.

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ÁNGEL VÁZQUEZ

(Tánger, 1929 – Madrid, 1980)

Su nombre completo era Antonio Ángel Vázquez Molina. Personaje curioso donde los haya. Escritor afamado gracias a esa obra maestra que es La vida perra de Juanita Narboni. Cuando se habla de Tánger, se habla de Ángel Vázquez. Esta novela es el retrato descarnado de esos tangerinos que se quedaron en la ciudad, pero viviendo de los recuerdos de un Tánger que ya no existía.

ÁNGEL VÁZQUEZ

Desempeñó varios empleos, sin mucha fortuna, como vendedor en la famosa Librairie des Colonnes y colaboró en el Diario España de Tánger.

En 1962 ganó el Premio Planeta con su novela Se enciende y se apaga una luz, de la que él mismo renegaba.

Eduardo Haro Tecglen, que dirigió el Diario España, y que era amigo de Vázquez, recuerda que “…Vázquez no echaba las cartas. No las suyas, que no las escribía nunca; las de los lugares donde trabajaba. Otro amigo nuestro, el abogado Torrabadella, le colocó en su despacho. Todos los días, a la hora de salir, le daba el manojo de cartas del día y el dinero para el franqueo. Antonio Ángel iba pasando por los bares, bebiendo poco a poco el dinero de los sellos. Al final llegaba a Correos, con cartas, pero sin dinero: las tiraba a la alcantarilla. Se perdían plazos, citaciones, comparecencias, minutas, peticiones, para siempre…”

Su novela La vida perra de Juanita Narboni ha influido en numerosos escritores, y ha sido llevada al cine en dos ocasiones: en 1981, en la versión de Javier Aguirre, con Esperanza Roy como protagonista, y más reciente la dirigida por Farida Benlyazid, donde Juanita es interpretada por Mariola Fuentes.

Es autor de una tercera novela, Fiesta para una mujer sola (1964) y de numerosos relatos. Falleció en Madrid, solo, arruinado, abandonado, siempre añorando Tánger.

Curioso que dos de los autores más renombrados de la novela española del siglo XX hayan nacido en Marruecos: Marín-Santos y Vázquez.

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JEAN RENO

(Casablanca, 1948)

Hijo de padres andaluces (su padre era linotipista), su verdadero nombre es Juan Moreno y Herrera-Jiménez.

Jean Reno es uno de los actores franceses más famosos del cine actual. Versátil, ha sabido compaginar papeles violentos en los que interpretaba a delincuentes y personajes oscuros, con otros de comedia, policíacos, románticos y de aventura. Y en todos, ha salido airoso.

JEAN RENO

Sus trabajos para el realizador galo Luc Besson fueron los que le lanzaron al estrellato en películas como Kamikaze 1999 (1983), Subway (1985), El gran azul (Le grand bleu, 1988), Nikita (1990) y El profesional: Léon (Léon, 1994) en la que hace uno de sus mejores trabajos. A ellas hay que añadir sus películas cómicas, dirigido por Jean-Marie Poiré: Operación Chuleta de Ternera (L´opération Corned Beef, 1991), Los visitantes (Les visiteurs, 1993), Los visitantes regresan… (Les couloirs du temps: Les visiteurs II, 1998), Dos colgados en Chicago (Just visiting, 2001)…

Entre otros films que ha protagonizado en Francia, destacan: El jaguar (Le jaguar, 1996) de Francis Veber, Los ríos de color púrpura (Les rivières pourpres, 2000) de Mathieu Kassovitz, Que te calles (Tais-toi!, 2003) de Veber, o La redada (La rafle, 2010) de Rose Bosch.

Ha trabajado en diversas producciones internacionales como I love you (1985) de Marco Ferreri, French Kiss (1995) de Lawrence Kasdan, Más allá de las nubes (Al di lá delle nuvole, 1995) de Michelangelo Antonioni y Wim Wenders, Misión: Imposible (Mission: Impossible, 1996) de Brian de Palma, Por amor a Rosana (Roseanna´s grave, 1997) de Paul Weiland, Godzilla (1998) de Roland Emmerich, Ronin (1998) de John Frankenheimer, que coprotagonizó con Robert de Niro, Hotel Rwanda (2004) de Terry George, El tigre y la nieve (La tigre e la neve, 2005) de Roberto Benigni, La pantera rosa (The Pink Panther, 2006) de Shawn Levy, El código da Vinci (The Da Vinci code, 2006) de Ron Howard, con Tom Hanks, Margaret (2011) de Kenneth Lonergan o Hermanos del viento (2015) de Gerardo Olivares & Otman Perker.

Ha trabajado junto a actores y actrices como Marcello Mastroianni, Jeanne Moreau, Fanny Ardant, Tom Cruise, Kevin Kline, William Hurt, Dominique Sanda, Natalie Portman, Don Cheadle, Matt Damon, Mercedes Ruehl, Emmanuélle Beart, Isabelle Adjani…

Ha sido nominado en varias ocasiones al César como Mejor Intérprete, y ha sido reconocido por el Premio del Cine Europeo por su contribución artística. Es Caballero de la Legión de Honor en Francia y se le otorgó la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en España.

 

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 1

Esta es la primera entrega de una larga serie de capítulos que voy a dedicar a los creadores, artistas, escritores o intérpretes de diferentes nacionalidades nacidos en Marruecos, la mayoría de ellos pertenecientes al mundo del cine.

Hoy empezamos por cinco nombres: José Luis Alcaine, Amidou, Jesús Berenguer, Colette Mars y José Ramón da Cruz.

 

JOSÉ LUIS ALCAINE

(Tánger, 1938)

Uno de los más importantes directores de fotografía de nuestro cine, reconocido internacionalmente, y al que sigo desde hace años. Ha logrado ya cinco Premios Goya, además de varias nominaciones.

JOSE LUIS ALCAINE

JOSE LUIS ALCAINE

Se define como “el autor de la luz de las películas”. Entre su obra, destacan sus trabajos en los films, Así como eres (Cosi como sei, 1978) de Alberto Lattuada, Akelarre (1984) de Pedro Olea, Tasio (1984) de Montxo Armendáriz, El viaje a ninguna parte (1986) de Fernando Fernán Gómez, La mitad del cielo (1986) y El caballero Don Quijote (2002) de Gutiérrez Aragón, El Lute (1987), Amantes (1991) y La pasión turca (1994) de Vicente Aranda, ¡Átame! (1989), La mala educación (2004), Volver (2006) y La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar, ¡Ay, Carmela! (1990) de Carlos Saura, Jamón, Jamón (1992), Huevos de oro (1993) y La teta y la luna (1994) las tres de Bigas Luna, Belle Époque (1992) y Two much (1995) de Fernando Trueba, La pistola de mi hermano (1997) de Ray Loriga, Pasos de baile (The dancer upstairs, 2002) dirigida por John Malkovich, La puta y la ballena (2004) de Luis Puenzo, Roma (2004) de Adolfo Aristarain, Las 13 rosas (2007) de Martínez Lázaro, Passion (2012) de Brian De Palma, con el que actualmente rueda un nuevo film; Altamira (2016) de Hugh Hudson, así como su maravillosa fotografía para El Sur (1983) de Víctor Erice, que me deslumbró.

En 2005 se encargó de fotografiar el film de la realizadora marroquí Farida Benlyazid, La vida perra de Juanita Narboni, basada en la novela de otro tanyaui: Ángel Vázquez.

LA VIDA PERRA...

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AMIDOU

(Rabat, 1935 – París, 2013)

Actor de carácter, desde los años sesenta ha trabajado en producciones marroquíes, tunecinas y americanas, aunque su trabajo más importante lo desarrolló en Francia. Su amor a la interpretación nació de su relación con uno de sus tíos, dueño de varios cines. Estudió teatro en el Conservatorio de París, y fue contratado al poco tiempo por el gran Jean-Louis Barrault.

AMIDOU 1

AMIDOU

Sus trabajos fueron generalmente como actor de reparto, junto a los mejores intérpretes del momento, y fue Claude Lelouch, con quien trabajó en varias de sus películas, quien le dio su único papel protagonista en Francia en el film La vida, el amor y la muerte (La vie, l´amour, la mort, 1969). Con Lelouch rodó también Una chicha y los fusiles (Une fille et des fusils, 1965), Les grands moments (1965), Vivir para vivir (Vivre pour vivre, 1967) con Yves Montand, Candice Bergen y Annie Girardot, El canalla (Le voyou, 1970) junto a Jean-Louis Trintignant, Cuatro hombres y una mujer (Smic smac smoc, 1971),  Il y a des jours… et des lunes (1990), La belle histoire (1992) y And now, ladies and gentlemen (2002), con Jeremy Irons. Y participó en varias producciones americanas: Rosebud (1974) de Otto Preminger, junto a Peter O´Toole, Carga maldita (Sorcerer, 1977) de William Friedkin, con Roy Scheider y Paco Rabal, Evasión o victoria (Victory, 1981) de John Huston, junto a Michael Caine y Sylvester Stallone, Ronin (1997) de John Frankenheimer, con Robert de Niro y Jean Reno; Reglas de compromiso (Rules of engagement, 2000) de Friedkin, con Tommy Lee Jones y Samuel L. Jackson, y en Spy game (2001) de Tony Scott, con Robert Redford y Brad Pitt.

Y trabajó en películas como El amor es un extraño juego (La chamade, 1968) de Alain Cavalier, con Catherine Deneuve; Soleil (1997) de Roger Hanin, con Sophia Loren y Philippe Noiret, así como en varios films policíacos dirigidos por Alexander Arcady.

Fue galardonado en los Festivales de cine de El Cairo y de Tánger.

MOROCCO-CINEMA-FESTIVAL

AMIDOU

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JESÚS BERENGUER

(Larache, 1942)

Excelente actor de reparto, ha protagonizado también varias películas. Se estableció en Argentina donde ha trabajado con los mejores directores e intérpretes del país: La piel del amor (1973) de Mario David, con Héctor Alterio; Abierto día y noche (1981) de Fernando Ayala; No habrá más penas ni olvido (1983) de Héctor Olivera, junto a Federico Luppi; Gracias por el fuego (1984) de Sergio Renán, con Lautaro Murúa; La película del rey (1986) de Carlos Sorín, junto a Ulises Dumont; Yo, la peor de todas (1990) de Mª Luisa Bemberg, con Assumpta Serna, Dominique Sanda, Héctor Alterio y Lautaro Murúa; El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela, con Darío Grandinetti y Nacha Guevara; o Carlos Monzón, el segundo juicio (1996) de Gabriel Arbós, que coprotagonizó con Norma Aleandro.

En España ha rodado, entre otras, Platillos volantes (2003) y El gran Vázquez (2010) ambas de Óscar Aibar, Romasanta (2004) de Paco Plaza o Cien años de perdón (2016) de Daniel Calparsoro, junto a Luis Tosar, Raúl Arévalo o José Coronado.

Son numerosos sus trabajos en populares series de televisión: Cervantes (1981), Campeones de la vida (1999), El comisario (2004), Los hombres de Paco (2006), Herederos (2007), Hospital Central (2003-2008), Águila Roja (2011) o en Cuéntame cómo pasó (2003-2014).

JESÚS BERENGUER

JESÚS BERENGUER

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COLETTE MARS

(Tánger, 1916 – París, 1995)

Fue una actriz de cine que se inició en los cabarets parisinos, destacando en el de Suzy Solidor.

COLETTE MARS

Trabajó en films como Miroir (1947) de Raymond Lamy, con Jean Gabin, con quien mantuvo un idilio; S.O.S. Dakar (1948) de Jean Delannoy, con Jean Marais y Michéle Morgan; o en Les dents longues (1953) que dirigió e interpretó el actor Daniel Gélin. Su filmografía es corta, y sus papeles nunca fueron muy destacados. Pero su faceta de cantante le dio cierta fama, llegando a grabar varios discos con Columbia y Vogue.

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JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

(Tánger, 1961)

Director de cine y documentalista, guionista y productor, está considerado como uno de los mejores creadores de videoarte. Su ciudad natal es uno de los temas centrales de sus trabajos cinematográficos, con dos títulos fundamentales dirigidos por él: Tangernación (2013), película dramática que narra las relaciones entre William Burroughs, Paul Bowles, Jane Bowles y Brion Gysin, (personajes interpretados por Lorenzo Cordero, Javier Mejía, Tomás Pariente y Romina Sánchez) en el Tánger internacional, y que ha recibido excelentes críticas; y el documental Mapa emocional de Tánger (2014).

Destacan sus documentales para Televisión Española, como el titulado ¡Que Vienen Los Beatles! España 1965 (1995), o la serie documental Futuro (2001-2003).

Ha sido premiado en diversos Festivales, como el de Cine de la UCM de Madrid, y en los de Alcalá de Henares, Barcelona, Granada o Biarritz, así como en el Festival Internacional de TV de Nueva York.

JOSE RAMON DA CRUZ

JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

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