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MIS PELÍCULAS FAVORITAS – 4

Tras mis artículos sobre Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962), El manantial (The Fountainhead, 1949) y Lejos de los hombres (Loin des hommes, 2014), llega el turno a Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the West, 1968).

Pinchando en el siguiente enlace podéis ver el tráiler del film:

https://www.youtube.com/watch?v=Yw-Av9BpC-w

Escribí hace años sobre esta película. Vuelvo a reproducir aquel artículo, con algunas modificaciones. Y es que, si he creado hace semanas en este blog el apartado de “mis películas favoritas”, cómo no iba a estar el western que más me ha fascinado de todos, esa obra maestra dirigida por ese genio llamado Sergio Leone: Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the West, 1968).

Once upon...

Con este largo, y con Agáchate, maldito (Gliú la testa, 1971) y Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), otra obra maestra del cine, Sergio Leone pretendía componer una nueva trilogía, después de la llamada “trilogía del dólar”, conformada por las míticas Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), pero esta nueva era mucho más ambiciosa, al intentar abarcar la historia de USA desde la época de los pioneros hasta los años sesenta.

En Hasta que llegó su hora, desde el primer fotograma, uno se da cuenta de que está asistiendo a algo que va a quedarse adherido a nuestras retinas de cinéfilos. No recuerdo bien cuándo la vi por vez primera, pero sí recuerdo que pasó sobre mí desbordándome. Me quedé clavado a la butaca cuando se encendieron las luces. Nunca había visto nada igual, nada parecido a esa manera de rodar que Leone, ahora, había perfeccionado. Las imágenes se repetían en mi cabeza. Y, a lo largo de los años, he vuelto a ver esta misma película, no sé, decenas de veces.

pistoleros

El comienzo, mientras se van sucediendo los títulos de crédito, es antológico: tres pistoleros (interpretados por Jack ElamWoody Strode y Al Mulock) esperan a un desconocido (al que da vida Charles Bronson) en una estación solitaria y cochambrosa, y Leone, sin utilizar aún ninguna música, pero con la ayuda inestimable de Morricone, juega con los sonidos del entorno: el crujido de un cartel mecido por el viento, el telégrafo, las gotas que caen de un aljibe sobre el sombrero de uno de los hombres, el aleteo ronroneante y nervioso de una mosca…

Hay tres caballos en la estación. El que lleva la voz cantante de los tres pistoleros es Snaky (Jack Elam), que es el que responde a Charles Bronson (Harmónica) en el diálogo que mantienen al verse las caras:

Harmónica: ¿Y Frank?

Snaky: Nos ha mandado a nosotros.

Harmónica: ¿Hay un caballo para mí?

Snaky: Para ti… Jejejeje…. Parece ser que hay un caballo de menos…

Harmónica: Yo diría que sobran dos

Esta escena de apertura, parsimoniosa y lenta, estaba inicialmente concebida para que fuese interpretada por Clint EastwoodEli Wallach y Lee Van Cleef (es decir, el Bueno, el Feo y el Malo), de manera que, al ser abatidos juntos en el tiroteo, justo minutos después de comenzar el film, su muerte fuera una metáfora de la ruptura del director con el spaghetti-western que le había llevado a la fama. Sin embargo, la negativa de Eastwood lo hizo imposible, y se decantó entonces por utilizar a tres actores fácilmente reconocibles para el público, tres secundarios de peso.

Y es que Leone, con este largometraje, quería rodar no uno de sus famosos spaghetti-westerns, sino un western clásico.

henry f

Hay algo que llama la atención en cuanto la cinta se pone en marcha y son los primerísimos planos.

Nunca antes se habían visto los rostros de los actores de esa manera. Por supuesto, el efecto es fantástico en una pantalla de cine gigante. Vemos cada arruga de esos rostros curtidos, las cicatrices más minúsculas, el sudor, la tensión, las miradas cargadas de resentimiento o de miedo o de crispación, los años, pero también la serena belleza de Claudia Cardinale, que nunca ha estado mejor fotografiada que en esta película.

claudia

El actor de color Woody Strode, famoso por su papel en la memorable película de John Ford Sargento negro (Sergeant Rutledge) y como el gladiador  negro que pelea con Kirk Douglas en Espartaco (Spartacus) de Kubrick, ambas de 1960, comentó que su papel en Hasta que llegó su hora era muy breve, y además sin diálogo alguno, pero que nunca le habían tomado unos primeros planos tan intensos ni largos, así que había merecido la pena la experiencia.

woody

Frank:  La gente se asusta fácilmente cuando está muriéndose

Otro acierto del film, que sin embargo ahuyentó de las pantallas al público americano, fue la elección de Henry Fonda en el papel de Frank, el pistolero asesino más sádico que podía concebirse. El espectador norteamericano no podía aceptar que quien ejemplificaba en la pantalla la integridad moral, la humanidad, la bondad, el espíritu americano en suma, se convirtiera de pronto en un ser odioso. Pero, para mí, estamos si no ante la mejor interpretación de la carrera de Henry Fonda sí ante una de las mejores.

henry fonda

Contaba el actor que, cuando le ofrecieron el papel, como nunca había oído nada acerca de Sergio Leone, para tener alguna referencia habló de él con su amigo el actor Eli Wallach, que había interpretado el papel de “Tuco” (el Feo) en el último film de Leone, y éste le dijo que no prestara atención al guión, que simplemente lo hiciera porque se enamoraría de Sergio Leone. Luego, Henry Fonda vio de una sentada los anteriores tres spaghetti-westerns de Leone, y, al acabar la proyección, preguntó que dónde tenía que firmar.

Dado que el personaje de Frank era un despiadado pistolero, salvaje y sin escrúpulos, Henry Fonda pensó que debía de recrearlo también físicamente y se dejó para ello un espeso mostacho y se puso lentillas con las que ocultar sus ojos azules. Cuando apareció en el rodaje, Leone se enfureció: él quería sus inmensos ojos transparentes, porque buscaba un efecto que dejara al espectador clavado en la butaca. Le armó una bronca de película… y le obligó a quitarse las malditas lentillas y la barba que se había dejado. Lo logró. Y el resultado es espectacular.

A Frank (Henry Fonda), cuando aparece por primera vez en pantalla, la cámara le sigue y se le acerca cautamente por detrás; mientras, la música va in crescendo, y entonces, para mostrarnos su rostro, el del jefe de la banda que está a punto de cometer un crimen execrable, la cámara lo rodea y le filma en un primerísimo plano donde esos ojos azules mar se transforman en algo tan inquietante como imprevisible. Luego, Frank dispara y mata a un niño a bocajarro. La escena es tan dura (recordemos que se rueda en 1968, cuando aún la violencia no se mostraba tan crudamente como ahora) que ese público que idolatraba a Fonda no pudo aceptarlo. En Europa, por el contrario, especialmente en Francia, fue todo un éxito.

On the Set of

HENRY FONDA, CLAUDIA CARDINALE, SERGIO LEONE, CHARLES BRONSON Y JASON ROBARDS

Siempre me ha gustado la interpretación de Henry Fonda en esta película por varias razones. Primero, porque rompe drásticamente con sus papeles más emblemáticos, como los de Las uvas de la ira (The  grapes of wrath, 1940), Pasión de los fuertes (My darling Clementine, 1946), Falso culpable (The wrong  man, 1956), Doce hombres sin piedad (12 angry men, 1958) o Tempestad sobre Washington (Advise and consent, 1962), por mencionar sólo algunos. Fonda era el hombre intachable, el ciudadano ejemplar, honrado aunque fuese pobre de solemnidad. Segundo, porque, aunque había interpretado por supuesto a ladrones o fugitivos, él fue, por ejemplo, Frank James, el hermano del mítico Jesse James en las películas Tierra de audaces (Jesse James, 1939) y La venganza de Frank James (Frank James, 1940), sin embargo, nunca se había compuesto un personaje tan frío, siniestro, implacable y despreciable como el Frank de Hasta que llegó su hora. La razón, claro, estriba en que el guión estaba escrito por italianos y no por americanos. Por último, a ese personaje, Henry Fonda, no obstante, le dota de una pequeñísima dosis de remordimiento. Es algo sutil, difícil incluso de apreciar, pero Fonda lo hace con la maestría de su ejercicio de actor con mayúsculas: cuando hace que Harmónica sostenga a su hermano mientras es ahorcado, hay un gesto en su mirada, en su rictus, que deja entrever que, quizá, piense que lo que hace no está bien. Es sólo una fracción de segundo, una bajada de ojos con un algo de vergüenza que no dura nada… pero Frank es la maldad personificada, y la maldad se impone al instante borrando ese gesto de humanidad que ha cruzado por sus pupilas tan fugazmente como una sombra… También me llama la atención la dureza de los gestos de Henry Fonda. Recordemos que, cuando se rueda la película, el actor ya ha cumplido los 63 años. No importa. Su espigada figura, inconfundible en la pantalla de cine, se transforma también en el molde granítico de un pistolero sin alma, rápido y casi invencible, hierático, frío y calculador. Es otra de las proezas de Fonda. Frank es, por consiguiente, el asesino más inolvidable del western.

JASON

También por primera vez, Sergio Leone construye un film alrededor de una mujer.

En sus anteriores películas, las mujeres sólo son elementos decorativos, que apenas intervienen en la trama más que para sufrir en un Oeste hostil a ellas, un mundo de hombres. Pero ahora, el centro de ese mundo masculino y violento es una mujer, una prostituta con un corazón de oro que no es más que la representación de todas esas mujeres que se sacrificaron para levantar un país. La idea partió de uno de los guionistas de la película: Bernardo Bertolucci.

CLAUDIA C

Cuenta Bertolucci (que luego sería el famoso director de El último tango en París o Novecento), que Sergio Leone, al idear la escena en que Claudia Cardinale llega en el tren y aparece en pantalla por primera vez, quería que al descender del vagón la cámara la cogiese desde el suelo, se introdujera bajo su vestido y la viésemos por debajo, sin bragas… En fin, la escena, por supuesto, no llegó a rodarse, entre otras cosas porque a Bertolucci le pareció fuera de contexto y porque la Cardinale se negó rotundamente; y la escena que finalmente vemos es una espectacular presentación de la ciudad, una especie de pequeño vals que la banda sonora se encarga de embozar con una gran carga de melancolía y sentido épico.

CHARLES B

El film está lleno de escenas inolvidables y de interpretaciones espléndidas: el personaje de Harmónica, heredero directo del Hombre Sin Nombre que interpretara antes Eastwood, ofreció a Charles Bronson uno de sus mejores papeles. El sentido trágico de su vida no se nos revela hasta la parte final del film, lo que enriquece la narración. También el personaje de Cheyenne, al que da vida el estupendo Jason Robards (que dos años después sería el inolvidable protagonista de La balada de Cable Hogue de Peckinpah), está marcado por la tragedia. Y tanto Frank (Henry Fonda) como el señor Morton (Gabriele Ferzetti) son, como los otros personajes, hombres que viven de la violencia, que la utilizan para su propio beneficio, y saben que, tarde o temprano, esa violencia acabará con ellos.

Harmonica: La recompensa por este hombre son de 5.000 dólares, ¿no?

Cheyenne: Judas se conformó con 4.970 dólares menos.

Harmonica: No había dólares en aquella época.

Cheyenne: Pero sí hijos de puta”

Es un film a contra corriente. Su ritmo es lento, muy europeo. Leone quiere cortar de raíz con lo que ha sido hasta ese momento su cine del Oeste, el spaghetti-western, y trata de rendir homenaje a los realizadores clásicos americanos como Ford. Crea una obra maestra, un reloj que avanza gracias a un engranaje perfecto. Sin embargo, en USA la consideraron excesivamente larga y cortaron arbitrariamente su metraje, lo que le perjudicó.

Leone, un hombre meticuloso hasta la obsesión, como ya contaba en mi artículo sobre Érase una vez en América, buscó las armas de la época, recreó el salvaje Oeste de ese tiempo buceando en las bibliotecas americanas, con fotografías de esos años, el vestuario, los enseres, los carruajes… Fue tal su labor, que hasta realizadores como Scorsese o Spielberg siempre han manifestado que les parece asombroso su perfeccionismo. Y esa fijación suya hizo, por ejemplo, que introdujera los famosos “guardapolvos” con los que vestían los hombres de Cheyenne y que se hicieron míticos, o que en la escena en que Claudia Cardinale, camino de “Sweetwater”, donde va a reunirse con su futuro esposo, se detiene para descansar en una posta, y que se rodó en un decorado de interior en España, Leone hizo que el polvo que entra por la puerta junto a los pistoleros de Cheyenne se trajera ex profeso desde Monument Valley (entre Utah y Arizona), porque los exteriores se rodaban allí y él quería el mismo color de la tierra…

Frank: ¿Quién eres?

Harmonica: Jim Cooper…Chuck Jamblum…

Frank: Todos están muertos.

Harmonica: Todos estaban vivos antes de encontrarte”

Duelo de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO

Duelo de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO

Hasta que llegó hora es una historia de venganza, es la aventura de la Historia de los orígenes y la construcción de un país, es una historia romántica, es una historia seductora y nostálgica, hay épica y hay elegía, hay codicia y traición y hay, por supuesto, un duelo.

Sergio Leone había creado ya, hasta ese instante, los mejores duelos del cine, las mejores danzas de la muerte, en su ya mencionada trilogía del dólar: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966). En esta última, el duelo final es antológico entre Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach. Duelos que se repetirían o se tratarían de imitar en decenas de películas posteriores, pero sin lograrlo. Ahora, en esta nueva película, Leone quería ir más allá.

El duelo entre Harmónica (Charles Bronson) y Frank (Henry Fonda), momento en el que éste descubrirá por qué el primero le ha estado persiguiendo durante años, es una perfecta y maravillosa coreografía: música abrasiva, primeros planos durante minutos, danza de la cámara alrededor de los dos hombres, el silencio, los disparos que van a poner punto final a la aventura… Imborrable, sencillamente.

Su banda sonora es irrepetible. Ennio Morricone compuso una joya para un film elegíaco, y dotó a cada personaje de una música singular y personal que les identificaba: a Jill (Claudia Cardinales) la acompaña una melodía dulce y orquestal, a Harmónica (Charles Bronson) el sonido obviamente de una armónica, algo triste y misteriosa, a Cheyenne (Jason Robards) le anuncian siempre unas notas musicales irónicas, casi de comedia, quizá porque es el personaje más simpático, una especie de pícaro, y a Frank (Henry Fonda) le dedica el tema más duro, cortante, intimidatorio casi, pero impresionante. Quizá una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine.

SERGIO LEONE y ENNIO MORRICONE

SERGIO LEONE y ENNIO MORRICONE

Respecto a esto, le cuenta Ennio Morricone a Alessandro de Rosa en el libro En busca de aquel sonido (Malpaso, 2017): “…la famosa escena de la llegada de Claudia Cardinale a la estación, en Hasta que llegó su hora. Esa secuencia se pensó enteramente sobre los tiempos musicales. Jill comprende que nadie ha ido a buscarla, consulta el reloj y la música entra con el pedal que introduce la primera parte del tema. Entonces, Jill camina hasta que entra en el edificio y le pregunta al jefe de estación, mientras la cámara la observa desde fuera, por la ventana. Sólo en ese momento se suma la voz de Edda dell´Orso, seguida de un rápido crescendo de los cornos que conduce al <todos> de la orquesta, sobre lo que Leone realizó con un Dolly una panorámica vertical que se eleva desde la ventana y enseña la entrada de Claudia Cardinale en la ciudad. Del detalle se pasaba a la ciudad, de una voz aislada, al todos de orquesta. Pero yo no había pensado la música en esos tiempos, fue Sergio quien adaptó sus movimientos de cámara a mi música. Entre otras cosas, cuando rodaron la escena, sincronizaron el movimiento de cámara con los movimientos de las carretas y los de la gente. Leone era maniático con los detalles…”

Es tan buena esta película que hay infinidad de homenajes en numerosos films de otros realizadores que se han rendido a ella, como ha hecho Tarantino. En El americano (The american, 2010) de Anton Corbijn, el protagonista (George Clooney) está sentado a la mesa de un pequeño bar en un pueblo de Italia. En la televisión del local se programa Hasta que llegó su hora, y aparece en la pantalla Henry Fonda; el dueño del establecimiento, orgulloso, le dice a Clooney, el americano: “Sergio Leone. ¡Italiano!”

Sergio Barce, enero 2018

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES, NACIDOS EN MARRUECOS – 4

 

Cuarta entrega de artistas, creadores e intérpretes nacidos en Marruecos:

ALBERTO NEGRÍN

(Casablanca, 1940)

ALBERTO NEGRÍN

ALBERTO NEGRÍN

Realizador de cine y televisión, es también director de teatro, productor y fotógrafo. Sus padres, de origen italiano, se establecieron, como en las buenas películas, en Casablanca huyendo de la dictadura de Mussolini.

Alberto Negrín comenzó en teatro, entrando a formar parte del Pequeño Teatro, en 1962.

Como realizador, ha cosechado numerosos éxitos, especialmente con series y films para la televisión. Entre sus trabajos destacan: La quinta mujer, Mussolini y yo (Mussolini and I, 1985) que protagonizaron Bob Hoskins, Susan Sarandon y Anthony Hopkins; El secreto del Sáhara (Il segreto del Sahara, 1987) con Michael York, Ben Kingsley y Andie McDowell; El viaje del terror: la verdadera historia del Achille Lauro (Voyage of terror: The Achille Lauro affair, 1990) que protagonizaron Burt Lancaster, Eva Marie Saint y Dominique Sanda; Naná (1999) con Francesca Dellera, Perlasca (Perlasca, un eroe italiano, 2002), La torre de la soledad, El corazón en el pozo (2005), El último de los Corleonesi (2007) o Mi ricordo Anna Frank (2009) .

También dirigió una versión de Platero y yo, en 1968. Su último trabajo para televisión, hasta ahora, ha sido la mini serie Tango per la libertá (2015).

En su faceta de fotógrafo, sus obras aparecen en publicaciones tan prestigiosas como Historia Ilustrada o El Europeo.

Mussolini e io

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SANDRA MOZAROWSKY

(Tánger, 1958 – Madrid, 1977)

SANDRA MOZAROWSKY

SANDRA MOZAROWSKY

Actriz famosa por los films eróticos que protagonizó en los años setenta, su verdadero nombre era Alexandra Elena Mozarowsky Ruiz de Frías. Nacida en Tánger, su padre era un diplomático ruso.

Entró en el cine como actriz infantil de la mano del realizador Pedro Lazaga en la película El otro árbol de Guernica (1969). Entre su filmografía, se podría destacar films tan emblemáticos del cine de “destape” como Lo verde empieza en los Pirineos (1973) de Vicente Escrivá, Manolo la nuit (1973) de Mariano Ozores, Cuando el cuerno suena (1975) de Luis M. Delgado o Sensualidad (1975) de Germán Lorente, película que reunía, en torno al gran Fernando Fernán Gómez, a varias de las actrices más eróticas del momento: Amparo Muñoz, Blanca Estrada, Pilar Velázquez y la propia Sandra Mozarowsky. Otras películas en las que intervino fueron El mariscal del infierno (1974) de León Klimovsky, La noche de las gaviotas (1975) de Amando de Ossorio o Beatriz (1976) de Gonzalo Suárez. También hizo televisión, en series como Curro Jiménez.

Su carrera y su vida acabaron trágicamente al caer desde la terraza de su domicilio en 1977, con apenas diecinueve años.

ANGEL NEGRO

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LUIS ALVAREZ

(Arcila, 1929 – Masmoléne, 1997)

LUIS ALVAREZ

LUIS ALVAREZ

Pintor y artista plástico. Vivió en Larache y Tánger hasta 1951, año en el que llegó a París. Estudió en la Escuela del Louvre y elaboró decorados para películas de la Paramount.

En 1955 llegó a Villeneuve-lès-Avignon, donde trabajó creando decorados para el Festival de Avignon y de Villeneuve-lès-Avignon. En esta localidad, donde vivió muchos años, hay una placa en su honor con uno de sus cuadros como fondo.

Su obra fue reconocida internacionalmente: obtuvo el Primer premio de pintura de Villeneuve-lès-Avignon en 1961, el Primer premio de pintura de las Chorégies d’Orange en 1962 y la Medalla de Oro de la exposición de Montsauve en Sauveterre. Y expuso sucesivamente en el Palacio de los Papas de Avignon, Estrasburgo, Niza, Marsella, París, Tolosa y, por fin, en el Castillo de Lascours en Laudun, donde una sala lleva su nombre.

Muy inspirado por los paisajes gardonienses, se instaló en 1982 en el pueblo de Masmolène, cerca de Uzès, donde realizó numerosos cuadros de esta región, de la cual se había enamorado.

TANGERINA de Luis Alvarez

TANGERINA – obra de Luis Alvarez

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GAD ELMALEH

(Casablanca, 1971)

GAD ELMALEH

GAD ELMALEH

Actor, director, humorista y guionista. Tiene ascendencia judía marroquí. Vivió en Canadá, donde estudió ciencias políticas. Famoso por sus monólogos, siempre ha hecho gala de un fino sentido del humor sobre su origen marroquí, y algunos de sus espectáculos teatrales han retratado acertadamente este aspecto de su personalidad.

Ha trabajado en radio y night clubs. Reconocido actor de cine, especialmente por varios éxitos en Francia, su popularidad se disparó a raíz de su relación sentimental con Carlota Casiraghi.

Entre sus films más conocidos: El tren de la vida (Train de vie, 1998) de Radu Mihaileanu, Chouchou (2003) del realizador argelino Merzak Allouache, El juego de los idiotas (La doublure, 2006) de Francis Veber, Un engaño de lujo (Hors de prix, 2006) de Pierre Salvadori, junto a Audrey Tautou; la deliciosa La felicidad nunca viene sola (Un bonheur n´arrive jamais seul, 2012) de James Huth, que protagonizó con Sophie Marceau o El capital (Le capital, 2012) del gran Costa Gravras.

También ha intervenido en Midnight in Paris (2011) de Woody Allen, La espuma de los días (L´ecume des jours, 2013) de Michel Gondry, y ha prestado su voz a uno de los personajes del film de Steven Spielberg Las aventuras de Tintín (The adventures of Tintin, 2011).

UN BONHEUR...

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JOSÉ LUIS DEL BARCO

(Tetuán, 1941)

Director artístico, ha trabajado en los equipos de decoración y arte de películas tan conocidas como Los nuevos españoles (1974) de Roberto Bodegas, Parranda (1977) de Gonzalo Suárez, Vota a Gundisalvo (1977) de Pedro Lazaga, Solos en la madrugada (1978) de José Luis Garci, La colmena (1982) de Mario Camus, 1492: la conquista del paraíso (1942: conquest of Paradise, 1992) y Gladiator (2000) ambas de Ridley Scott.

También, para televisión, ha sido el responsable del diseño de producción de la serie Las nuevas aventuras del Zorro (1990-1993), dirigida por Richard C. Sarafian o Ray Austin, entre otros.

ZORRO

 

 

 

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ARRANCA EL RODAJE DE “EL NADADOR”, BASADO EN UN RELATO DE SERGIO BARCE

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Rodaje de EL NADADOR

Acabo de llegar de Larache… Fui para asistir a los primeros días de rodaje del primer cortometraje que dirige mi hijo Pablo. Se rueda en la tierra que más amo, se basa en el relato El nadador, que forma parte de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015), y el guión lo hemos escrito juntos.

Sólo puedo deciros que el equipo técnico, tanto el español como el marroquí, es fantástico.

Director: Pablo Barce

Productor: César Martínez Herrada (reciente ganador en el Festival de Cine de Sevilla al mejor documental con Ruibal, por libre)

Producción asociada en Marruecos: Ali Bakkioui

Jefe de producción: Jorge Revuelta

Dirección de fotografía: Jorge Roig

Location manager: Ismael Bakkioui

Ayudante de dirección Arturo Salmerón.

Como el rodaje seguirá en Larache hasta finales de esta semana, os iré dando más detalles de los actores y de los técnicos que participan a medida que reciba información. También colgaré otras fotos del rodaje.

Sergio Barce, noviembre 2017

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

Aquí os dejo el arranque del cuento en el que se basa la película…

EL NADADOR

Los brazos se hundían fabricando una espuma salada que se diluía a su espalda tras una existencia efímera. Igual ocurría con la pequeña estela de ondas dispersas que abandonaba atrás. Todo el movimiento era de una armonía impecable; los brazos, las piernas, el giro de la cabeza al tomar aire, sumergirla y expulsar ese mismo aire por la boca. En ningún instante cerraba los ojos. Hakim veía en el fondo primero la arena y las algas desvalidas, luego sólo arena y, más tarde, el verde azulado del océano.

Oía el chapoteo que él mismo provocaba avanzando sin descanso. Nada de parar, seguir, seguir, seguir adelante. Detenerse podía significar la rendición, perder el equilibrio, agotarse en medio del vacío. Había recorrido al menos doscientos metros, y oía el bombeo de su corazón, distinto al del comienzo, y cómo los brazos golpeaban la superficie esmeralda, cómo sus pies pateaban igualmente para ayudarlo a avanzar. Trataba de no perder la concentración en su respiración acompasada, obsesionado ante la idea de perder el ritmo y sucumbir, verse humillado. Pensó de pronto en Haddu y en Abdelali, riéndose de su estrepitoso fracaso. Le lanzarían el balón de cuero contra la espalda, mofándose, como solían hacer cuando le colaban un gol por debajo de las piernas.

-Eres tonto, Hakim. ¿Adónde crees que vas? ¿A las Canarias?

Pensar en sus posibles burlas lo espoleó, e insufló un desesperado ardor a su empeño.

Calculó que ya estaría a medio camino. No quería comprobarlo porque el hecho de intentarlo siquiera podía agobiarlo, tragaría agua y entonces sólo podría agitar los brazos sin encontrar nada. Ya le había ocurrido meses antes y se juró no repetir la experiencia. En aquel momento, creyó que moría, pero la providencia quiso que alguien, desde uno de los pesqueros, se percatara. Lo sacaron medio ahogado y estuvo un buen rato vomitando y tosiendo en la cubierta. Recordaba que olía mucho a salazón y a redes mojadas.

Hoy se había lanzado desde el faro del espigón. Dejó a la derecha la playa peligrosa y se esforzó por alejarse de la otra banda, de la entrada al puerto, de la desembocadura del Lucus. Ahí no corría el riesgo de verse arrastrado por la marea. Eran ya doce años nadando frente a los acantilados de Larache, su pueblo, y se conocía los vericuetos y las trampas que las aguas habían trazado desde los siglos…

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

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Rodaje del cortometraje EL NADADOR

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MIS PELÍCULAS FAVORITAS – 3

Tercera entrega. Después de Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird, 1962) y de El manantial (The Fountainhead, 1949), nos situamos en estos últimos años con una película fascinante: Lejos de los hombres (Loin des hommes, 2014).

Reunamos a los siguientes nombres: David Oelhoffen, realizador de cine francés; Viggo Mortensen, actor norteamericano de ascendencia danesa y americana; Reda Kateb, actor francés de ascendencia argelina; Ángela Molina, actriz española; Nick Cave, músico australiano, y, por último, Albert Camus, escritor francés nacido en Argelia. A ellos, se les une el agreste y salvaje paisaje del Atlas marroquí (porque es en Marruecos donde se rueda este film) disfrazado de territorio argelino; con un equipo técnico mayoritariamente compuesto por personal francés y marroquí. Y es que, en el cine, todo es posible.

LEJOS DE LOS HOMBRES cartel

Lejos de los hombres (Loin des hommes) es un proyecto producido y protagonizado por Viggo Mortensen. Creo que es su mejor interpretación. Y sólo él podía ser el actor que encarnara a Daru, ese comandante del ejército francés que cambia el uniforme por la ropa civil de maestro rural para, en medio de una meseta solitaria y olvidada de Argelia, enseñar a leer a los niños de las aldeas desperdigadas por la zona. El personaje de Daru, además de eso, es hijo de “unos caracoles”, que es como denominaban a los andaluces que emigraron a principios del siglo pasado a Argelia para trabajar en las tierras de los colonos franceses. Daru nace ya en Argelia, y es a este país al que identifica con su hogar.

Digo que sólo Viggo Mortensen podía ser el intérprete ideal de Daru porque él es también una mixtura de culturas: nació en Nueva York, se crió en Argentina y Venezuela pero durante la infancia pasaba las vacaciones en Dinamarca, de donde era originario su padre, y eso le ha permitido interpretar desde personajes españoles como Alatriste (2006) a mafiosos rusos como en Promesas del Este (Eastern promises, 2007) y hasta transformarse en el escritor americano William S. Burroughs en On the road (2012) con absoluta naturalidad. A Mortensen, además, le facilita la labor el hecho de que domina varios idiomas: español, inglés, francés, danés… Lo que me ha sorprendido aquí es que Viggo Mortensen interpreta a Daru pasando del francés al árabe o al español (esta película sólo puede verse en versión original para apreciar esta riqueza), con una fluidez que enriquece a su personaje, sin que se cree una sensación falsaria; al contrario, el hecho de que Daru hable el idioma de sus abuelos, el de su país de adopción y el del país de su nacimiento, dice mucho de él, algo fundamental para comprender incluso su actitud ante los acontecimientos y ante la vida.

Reda Kateb y Viggo Mortensen

Reda Kateb y Viggo Mortensen

La acción se ambienta en el año 1954, cuando comienzan las revueltas contra el dominio colonial francés. El personaje de Daru, de pronto, se verá en medio de la nada, no sólo en el sentido físico, trabajando en esa pequeña escuela perdida, sino también moralmente, al comprobar que esa misma gente a la que él tanto ama ahora lo consideran extranjero, enemigo. Para Daru, ese hecho lo hunde en un pozo de amargura y de desconcierto.

El guión es una magnífica adaptación de un relato de Albert Camus titulado El huésped (L´hôte), que forma parte de su libro El exilio y el reino (L´exil et le royaume, 1957). Nadie como Camus para describir el dolor que supuso el proceso de independencia de Argelia para quienes habían nacido en el país y a los que, con el tiempo, se les obligará a abandonarlo. El cuento es muy corto, pero el guión extrae lo mejor de la historia y la desarrolla hasta transformarla en una historia épica.

La suave música de Nick Cave sumerge a las imágenes en una especie de neblina sonora, y en la propia banda original adivinamos que, tras el paisaje, tras los pasos de esos dos hombres que caminan por las pistas asalvajadas del Atlas, late una violencia que, a veces, estalla de una manera incontrolada. Daru, en ese sentido, se ve obligado, sin quererlo, en contra de sus principios, incluso a matar. La violencia lo abruma y acaba por desbordarlo. La música se limita a subrayar su estado de ánimo, su desesperanza.

Escena de LEJOS DE LOS HOMBRES

Escena de LEJOS DE LOS HOMBRES

Preciosa la relación que se entabla entre Daru y Mohamed, el otro protagonista de la cinta, al que da vida un actor que ya me sorprendiera en su momento en El profeta (A prophet, 2009): Reda Kateb. Nacido en Francia, Reda Kateb, además de un excelente intérprete, es nieto del escritor argelino Kateb Yacine. Su personaje en Lejos de los hombres sirve de contrapunto a Daru, pues es el testigo de su desmoronamiento ético. Me fascina contemplar cómo Mohamed se va dando cuenta de la grandeza humana de ese profesor al que obligan a llevarlo por las montañas hasta un puesto de la gendarmería. Desde el primer instante, Daru le dará cobijo y protección, cuidándolo cuando la fiebre lo hace delirar en la noche, y luego, en los momentos en los que Mohamed cree que su vida va a acabar, será también Daru el que lo defienda. Y así es como comprenderá que se encuentra junto a un verdadero ser humano, nada más y nada menos. Alguien que lo trata como a un igual, como a un paisano.

Me ha emocionado esta película. Hay muchos detalles pequeños y hermosos. Ya decía antes que ha de verse este film en su versión original, porque sólo así se puede apreciar ese quebrar en la voz de Viggo Mortensen cuando, tratando de mantener el tipo, su personaje se despide de los alumnos, sabedor ya de que su mundo ha acabado.

David Oelhoffen, el director de Lejos de los hombres, ha convertido el relato de Camus, además, en una película de aventuras, en un western. El Atlas se convierte así en Monumental Valley; la pequeña escuela y las casuchas abandonadas que encuentran los protagonistas en su viaje, son como los ranchos que se diseminaban por el viejo Oeste; los argelinos levantados en armas actúan como las tribus indias, con incursiones en pequeños grupos o individuales, contra el “hombre blanco”; y el ejército francés es como el Séptimo de caballería, al mando del general Custer. Oelhoffen convierte además a Daru en un trasunto del pistolero protagonista de Raíces profundas (Shane, 1953). Daru y Shane comparten un pasado que han dejado atrás y que desean que quede olvidado; pero el destino les tiene reservado un último acto de violencia que, sin embargo, los redime de ese ayer que repudian. Daru y Shane son dos héroes que representan la integridad.

Lejos de los hombres es una maravillosa historia sobre el desarraigo, una gran cinta de aventuras y una delicada película dramática. Es una combinación perfecta. Una rara avis. Un film que hace que rumies sus imágenes. En los tiempos que corren, nada hay más ejemplificador de la estrechez intelectual que significa levantar barreras o crear fronteras, que ver una película como Lejos de los hombres (Loin des hommes), en la que colaboran todos esos creadores, de tan distinto origen, y son capaces de crear una joya de significado universal. Es un canto hermoso y profundo a la fraternidad. Un desesperado grito contra los fanatismos. Una película para saborear.

Sergio Barce, octubre 2017

 

 

 

 

 

 

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