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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE MIS NOVELAS EN EL INSTITUTO CERVANTES DE TETUÁN

El pasado jueves, presenté mis novelas El libro de las palabras robadas y La emperatriz de Tánger, en la Biblioteca General y Archivos de Tetuán, en un acto organizado por el Instituto Cervantes de la ciudad, enmarcado en la Feria del Libro.

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La presentación corrió a cargo de la profesora Lola López Enamorado, directora del Instituto en Tetuán. Su introducción, como ya me esperaba, estuvo llena de detalles afectuosos y guiños de complicidad. Hace años que nos conocemos, y he tenido la suerte de compartir con ella muy buenos momentos y múltiples actividades en Larache y en Málaga. Lola creó ya, de entrada, un ambiente muy cómodo para mí.

También tuvo un bonito detalle Moncef Bouali, responsable de la Librairie des Colonnes, de Tánger, que se desplazó hasta Tetuán para instalar un pequeño estand con mis libros. Aquí dejo constancia de mi agradecimiento por su generosidad.

Noté en el ambiente que, lo que les contaba, los iba atrapando poco a poco. Y, al acabar el acto, Muna, la mujer de Moncef Bouali, me dijo que había merecido la pena acompañar a su marido hasta Tetuán para escucharme, y que iba a leerme. Un gesto muy bonito.

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LOLA LÓPEZ ENAMORADO y SERGIO BARCE

Fue un placer hablar de mis novelas a un público entregado y muy atento. Digo esto porque, al acabar la presentación y abrirse el turno de palabras, observé que alguno de los asistentes tetuaníes había tenido la paciencia de tomar notas para poder hacerme algunas preguntas. Y eso es un buen detalle.

Como lo fue el de Encarnación Ramírez, que también se desplazó ex profeso desde Tánger para acudir a este evento. Y vino con mi novela Sombras en sepia bajo el brazo para que le firmara el ejemplar. Con gente como Encarnación, que me regalan esta clase de gestos, cómo no voy a sentirme feliz y satisfecho de lo que escribo…

Además de reiterar mi cariño a Lola López Enamorado, y de reencontrarme de nuevo con Almudena Quintana, he de mencionar a la Gestora Cultural del centro, Josefina Matas “Suky”, del Instituto Cervantes de Tetuán, que, desde que me contactara por vez primera, ha estado siempre atenta a todos los detalles, tanto de mi desplazamiento y estancia como de la propia presentación, para que ésta saliera perfecta. De modo que dejo escrito: gracias, Suky.

Por último, dejar constancia de que, además de todo lo anterior, tuve la suerte de conocer a los profesores Bernabé López García y Mourat Zarrouk, que, tras mi intervención, presentaban el libro sobre Clemente Cerdeira, escrito por Zarrouk. Una historia fascinante de la que ya escribiré en los próximos días. Con ellos, junto a Lola y Suky, compartí, además, una fantástica cena, divertida y aleccionadora. Con ellos, sólo se aprende.

Sergio Barce, noviembre 2017

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Con Encarnación Ramírez

Sergio Barce y Encarnación Ramírez

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GRANADA – 20 DE OCTUBRE – RECORRIDO SENTIMENTAL ENTRE LARACHE Y TÁNGER, POR SERGIO BARCE

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

Este viernes, 20 de octubre

a las 20:00 horas

en el Palacio Abrantes, de Granada

cartel 3

acompañado por la voz de la cantante

Sara Sae

y por la lectura del poeta

Pedro Enríquez

cartel 2

el novelista

Sergio Barce

hablará de sus libros haciendo un

recorrido sentimental

de Larache a Tánger

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

 

 

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ENTREVISTA PARA EL PROGRAMA “EL JARDÍ DELS MANDALES”

 

Aquí os traigo la entrevista que me hizo la periodista Lourdes Prat Ferrer, con su calidez habitual, para su programa El Jardí dels Mandales, de CADENA PIRENAICA, RADIO VALIRA/ONDA CERO ANDORRA, y que se ha emitido hoy.

Podéis escucharlo pinchando en el siguiente enlace:  

https://www.ivoox.com/libro-sergio-barce-i-prana-yoga-ana-audios-mp3_rf_21437987_1.html

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

 

 

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FRAGMENTO DE “LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”, UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015). Esta novela es, quizá, uno de los libros que más satisfacciones me ha dado: finalista del XVII Premio de Novela Vargas Llosa 2012 y del XXII Premio de la Crítica de Andalucía.

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

Os invito a leerla a quienes aún no se hayan aventurado por sus páginas. Os lanzo como anzuelo el inicio del capítulo dedicado al personaje de Esther Lipman… 

ESTHER

Augusto Cobos se limpió las manos con el pañuelo, que luego dobló con cuidado, dio un tirón de la solapa de la chaqueta y comenzó a subir la calle. Tenía la sensación de que ahí afuera, bajo la tenue lluvia, empezaba a respirar libremente. Había escapado de la casa, y era plenamente consciente de ese hecho. Lo asfixiaba el aire empapado a especias de las estancias, la estrechez del pasillo, el repiqueteo insufrible de la manta contra la ventana, lo asfixiaba incluso la entrega de Yamila. 

-Siempre huyes –le había dicho en una ocasión una de sus amantes. 

Llevaba años viviendo solo, refugiándose en sus libros, sorteando cualquier compromiso que pudiera surgir y que para él sólo podía significar recortar sus alas. Quería continuar solo, y no contemplaba otra posibilidad. Sin embargo, en lo más hondo de su ser, temía no llegar jamás a ninguna de sus metas, ser olvidado, no dejar huella, acabar siendo un pobre fantasma que atravesara las paredes sin que nadie se acordara de él.    

Disfrutaba de su soledad, pero se sentía a gusto caminando por Tánger en el agradable crepúsculo, cuando sus calles se convertían en un hervidero de risas, de voces, de idiomas diferentes. Ese día dio un rodeo para entrar por el Zoco, a contracorriente de la muchedumbre que se multiplicaba misteriosamente. Luego, echó un vistazo al hall del Hotel Minzah pero sólo vio a míster Richardson examinando su correspondencia en el mostrador. El viejo diplomático se había girado y había levantado la vista de las cartas, asomando sus ojos grises por encima de la montura de las gafas. Augusto evitó su saludo, fingiendo no haberlo visto, y continuó unos metros hasta el Café de París. 

El local estaba lleno. Las aspas de sus ventiladores ronroneaban con placidez sin conseguir que el aire del local se inmutase. Echó un rápido vistazo, tratando de encontrar a alguien conocido. Fue la señorita Esther Lipman quien llamó su atención alzando el brazo y agitando la mano:

Hey, August! ¡August!

Se habían encendido las luces del local y un brillo apagado ensortijaba las paredes. El murmullo de las conversaciones parecía el lejano rumor del mar. Fue sorteando las mesas, saludando a unos con una leve inclinación de cabeza o llevándose la mano al pecho tras estrechar la de algún viejo conocido marroquí, hasta llegar a la que ocupaba Esther. La besó en las mejillas, se desabotonó la chaqueta, con los hombros y la solapa aún mojados, y se sentó. Luego, de uno de los bolsillos interiores, sacó una pitillera de alpaca.

-August, querido… –su voz era un tintineo que acompañaba a las joyas que llevaba encima-. ¿Dónde te metes, mi rey? Parece que Carmen te ha secuestrado, porque desde que ella te ha secuestrado… Te echo tanto de menos en el Kursaal… ¡Llevo tres noches sin ganar un chavo!

-¿Te ha abandonado tu suerte?

Esther Lipman entornó los ojos, enormes, como su cuerpo, tan rotundo como el de Mae West. Le cogió entonces la pitillera, sacando uno de los cigarrillos, que atrapó ostensiblemente con sus labios. Augusto le acercó lumbre.

-Gracias, nechama.

-¿Y tus amigas? –hizo un gesto con la mano y el camarero le sirvió de inmediato un Pernod.

-Esas memlocas andan por ahí de compras. Ya te habrás enterado de que a Ana María le han tocado unos chavos en la lotería y parece que ahora es la reinona de Tánger… 

-Noto un deje de envidia en tu reproche…

-¡Te entre un mal! Parece que no me conoces… Yo vivo mi vida, me preocupo de mi casa y safi –Augusto le llenaba su copa de champán, lo único que Esther permitía que le sirvieran a partir de las ocho de la tarde-. Brindemos…

Dieron un sorbo a sus copas y, al instante, ella se puso a rebuscar en su bolso hasta sacar un pequeño espejo y una barra de pintura con la que se retocó los labios. Era tan barroca y coqueta como deslenguada.

-En cuanto termine de beberme esto, me largo –dijo Augusto, arrastrando las palabras.  

Esther se quedó un instante en silencio, calibrando sus opciones de esa noche. Entrecerró los ojos, como si renunciara a algo ineludible, dio una calada al pitillo y exhaló el humo en la cara de Augusto. 

-Si quieres podemos ir a mi casa. Podríamos celebrar por adelantado lo de tu libro… Si la doña de Carmen te da permiso… 

-No, hoy no –sacudió la cabeza, y miró a su alrededor como si buscara a alguien que no aparecía.

Ella lo estudió con perplejidad, como si no diera crédito a su desplante. Sin embargo, agitó su cabellera y soltó una risotada. En el fondo, le gustaba ese tipo delgado y huesudo que, cuando estaba de buen humor, podía mostrarse todo lo generoso que su carácter le permitía. No la trataba peor que esos cabrones del casino, los prestamistas que se la cepillaban en los servicios a cambio de unas pesetas que sólo le servirían para un par de jugadas más. Pero Augusto Cobos, aunque era otro putero, al menos la hacía sentirse como una mujer de verdad y no babeaba buscándola luego como un perro apaleado.

-Tú te lo pierdes… -refunfuñó, guasona.

-Ya encontrarás algo que echarte a la boca…

-Eres terrible, August… -y arqueó una ceja antes de añadir: Un día tendrás que contarme qué te hace esa doña para tenerte así de shalado

Si había algo que admirase de Esther, y quizá fuera una de las razones por la que la consideraba una amiga, era esa ausencia de orgullo o de dignidad, esa inconsciencia que la hacía inmune al sarcasmo… 

 

 

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