Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

MÁLAGA- 21 DE FEBRERO – PRESENTACIÓN DE “NO”, UNA NOVELA DE SAID EL KADAOUI

Este miércoles, 21 de Febrero

a las 20:00 horas

en Málaga

en el Centro Andaluz de las Letras

Calle Álamos, 24

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Presentación, por el poeta José Sarria

de la novela NO, de Said El Kadaoui

 

Aquí podéis leer el artículo que escribí sobre este libro de mi amigo Said El Kadaoui Moussaoui

https://sergiobarce.wordpress.com/2017/11/15/no-a-los-cuarenta-anos-sonar-comienza-a-ser-ridiculo-un-libro-de-said-el-kadaoui-moussaoui/

NO de Saïd el Kadaoui Moussaoui portada

 

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“TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE LEÓN COHEN

En los próximos días, sale Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero, que publica la editorial Círculo Rojo

La cubierta es muy atractiva. Como me explicaba León, tras varias propuestas ha conseguido que, en la foto de la contraportada, aparezca la casa donde vivió su abuela Luna, en Larache, y que es la casa de su memoria.  En esa foto, se ve el balcón de Luna, un homenaje a ella.

cubierta Tributo a dos ciudades

Como adelanto, aquí podéis leer el prólogo que he escrito para el libro, que mi amigo León Cohen tuvo la deferencia de pedírmelo y que escribí mientras disfrutaba de la lectura de sus relatos.

Sergio Barce, febrero 2018

No sabía muy bien cómo abordar el prólogo de este libro. Tras muchas dudas, me he decantado por lo más sencillo, creo. Y es seguir las huellas que marca el propio autor, dejarme llevar por el orden de sus relatos. Tal vez así llegue a donde me propongo. A saber: desvelar al posible lector qué es lo que León Cohen Mesonero cuenta cuando narra.

Comienza en Larache, y su primera historia es la antesala a este viaje interior a los sueños y a la memoria, a ese pasado quizá construido en el deseo. Es un acierto comenzar por este relato titulado con simpleza: Larache, ya que, para quien no conozca esta ciudad, puede hacerse una idea exacta de su esqueleto, pintado al detalle por las palabras de León Cohen. Además, ilustra la arquitectura y las arterias de la ciudad con rápidas pinceladas de los personajes que le impactaron en los años que describe (de 1950 a 1964) y de los acontecimientos históricos más destacados. Y así, en pocos párrafos, resume un pequeño mundo, entre mágico y ensoñado, en el que, en las siguientes páginas, León Cohen sitúa sus relatos más enjundiosos.

Inevitablemente, con toda lógica, su siguiente relato describe su sentimiento y las sensaciones más íntimas cuando, años después de abandonar su ciudad natal, el autor regresa por primera vez. La emoción se desborda con cada palabra, embozando al lector con ese temblor del alma que causa el reencuentro con el pasado. León Cohen reconoce que, en un momento dado, no caminaba por la ciudad en la que se encontraba en ese preciso instante, sino por ese otro Larache que él llevaba en su memoria, como si se fuera materializando a cada paso que daba. Por supuesto, se estaba engañando. La realidad era más prosaica, más gris, más real. León Cohen hace entonces una finta, y decide, en connivencia con el lector, olvidarse de esa realidad y continuar avanzando en busca de su casa arropado por el Larache de su corazón. Opta por la memoria, que nunca es exacta, que lo endulza todo, que lo blanquea todo.

Larache

Larache

La calle Barcelona. Otro relato, y la meta ansiada en su camino por el Larache del reencuentro, por el Larache de su memoria. Ahí habita su infancia. Y, sobre todo, el recuerdo de su padre. Inconscientemente, cuando el padre de León Cohen aparece, aunque sea de manera furtiva en sus relatos, cobra vida, de manera inusitada, y la rápida descripción que hace de él, lo dota de vida, de protagonismo, como una presencia que nunca desapareciera.

Otra calle: la calle Real. Nuevos recuerdos que no se borran de su memoria. Por eso, nos lleva por esta vena histórica de la Medina de Larache, donde su segunda etapa infantil labra nuevos recuerdos que lo ayudan a formarse. Pequeño homenaje además a los judíos de Larache. Al acabar este corto relato, tengo la sensación de que las voces de esos hebreos parecen escucharse en un eco de olvido. Hay mucha nostalgia en su manera de describir ese micro mundo dentro de la Medina.

Larache - Madina

Los otros relatos de León Cohen, nos trasladan hasta lugares emblemáticos, hechizantes, como El Jardín de las Hespérides. Sin embargo, él regresa al útero sentimental de su memoria, a su casa. Mi casa es un relato detallista. Y un ensueño, ya que el mismo autor duda de que realmente ocurriera lo que describe: regresar a la casa de su infancia cincuenta años después de abandonarla. “Todos somos exiliados de la infancia que es nuestra patria, nosotros también lo éramos de nuestro pueblo, de nuestras calles. Porque una cosa son las calles propias, las de la infancia y la adolescencia y otra bien distinta, las calles prestadas, aquellas a las que llegamos perdidos y donde pudimos pasear nuestro exilio interior mejor o peor, cada uno según su circunstancia” escribe León Cohen con pulso, lleno de rabia contenida, de amargura dulce y de grito contra el destino traicionero.

Camisas mojadas. Como un pequeño islote entre esos relatos melancólicos, León Cohen deja aquí una declaración de intenciones, un pequeño homenaje a esos marroquíes que han tenido que cruzar el estrecho en pateras para buscarse la vida. Difícil ejercicio de condensación para articular un fiero discurso contra la injusticia. Lo logra, sobradamente.

Pero enseguida trata de refugiarse una vez más en su memoria, y nos vuelve a sumergir en ella con El espíritu de mi pueblo. Esto sí que es una declaración de amor a Larache, como si se aferrara a las rocas del espigón luchando contra las olas del tiempo. León Cohen narra un poema, y la musicalidad nace de su afecto y de su melancólica ternura por los lugares en los que sintió realmente la felicidad. Es bonito que el espíritu lo conformen personas y objetos, calles y edificios, nombres y apellidos. Hay sonidos que se escuchan en todos sus relatos, ecos que llegan de su pasado.

El guarda de la sinagoga. León Cohen nos deja entrar en la sinagoga Pariente, en el viejo Larache, para contar una pequeñísima anécdota que, sin embargo, contiene uno de los más bellos mensajes de este libro. Conciso, emotivo, incluso candoroso relato.

Su homenaje a Larache acaba con un sucinto poema. Entre estos versos y los recuerdos atados a sus cuentos, León Cohen construye un pequeño cofre lleno de sabores antiguos, de añoranzas y de suspiros por lo que fue y ya no es, o de lo que sigue siendo, pero en el universo personal de sus remembranzas más íntimas. Larache se convierte, en estas páginas, en un universo mágico que nos hace querer recuperar la candidez que se ha perdido en la sociedad actual. Es como una reivindicación de otra manera de vivir.

Cine Roxy

Tánger – Cine Roxy

A mitad de este libro, León Cohen viaja hasta Tánger, la otra ciudad que habita en su corazón.

Tánger mítica, Tánger mitificada. También desborda cariño en sus palabras por esta otra ciudad marroquí, pero es otra clase de amorío. León Cohen nos habla de los años 1964 a 1968. Y ya no es el niño de Larache, y Tánger no es aquella pequeña ciudad.

La banda del Koah es, quizá, el relato que lo resume todo. León Cohen rememora en él sus correrías con los amigos adolescentes, y, mientras nos describe aquel Tánger aún esplendoroso de finales de los sesenta, usa los pinceles de sus palabras para pintar ahora una acuarela de aguafuertes, llena de colores vivos: la ilusión de la adolescencia, la atracción por las chicas, la búsqueda de la utopía política y ética, la vida explotando cuando la juventud nos arrastra a la aventura, aunque sea sentados en el Haffita disfrutando de un té con hierbabuena…

Por supuesto, si León Cohen habla o escribe de Tánger, la presencia de Juanita Narboni, el personaje creado por Ángel Vázquez, ha de aparecer tarde o temprano. En este libro, por supuesto, lo hace. Carta a Juanita Narboni es uno de sus textos más pensados y elaborados, también es uno de los relatos cohenianos de referencia. A contracorriente del resto de los que conforman este libro, aquí la voz narradora se la cede León Cohen a una mujer, a Sol, y ella, tangerina, se encarga de poner al día a Juanita de lo que ha acontecido en Tánger en los últimos años. Una excusa inteligente y perfecta de la que se vale el autor para hablar largo y tendido de sus impresiones sobre la ciudad. Y es un largo lamento de aquel Tánger deslumbrante que ya no existe, al que ha sustituido una ciudad impersonal y vacía de alma. Tal vez sea el punto final definitivo a la historia que inició Ángel Vázquez.

El libro se cierra con Juanita y Sol, otro juego de malabarismo de León Cohen utilizando por enésima vez a Juanita Narboni, que, al final, se ha convertido casi en un personaje imprescindible de su narrativa.

Igual ocurre con Retrouvailles à Tanger. León Cohen ama Tánger, pero ama aquel otro Tánger que añora Sol, y que, en esta otra narración, vuelve a emerger del fondo de la nostalgia. Hay un nexo silencioso e invisible de Tánger con Larache. Leyendo este relato, nos damos cuenta de que ambas ciudades provocan la misma reacción en el autor: camina por una ciudad que ya no existe, pero camina por la ciudad que sólo él ve. Y es capaz, con esta argucia, de hacernos creer que ha regresado a aquella otra que ha desaparecido para siempre, como si se resistiera al paso del tiempo.

Las Gerofi

Yvonne e Isabelle Gerofi

El libro continúa con varios homenajes a personajes tangerinos que se condensan, de manera excepcional, en esa visita del propio autor a La Librairie des Colonnes. Este sí es un cuento que rezuma realismo mágico. Jugando entre la realidad, la fantasía y el sueño, León Cohen reúne a las Gerofi, a Chukri, a Juanita Narboni… a los tangerinos que más le han influenciado, en una suerte de reunión entre fantasmas en el Tánger fantasmal. La magia transforma este inverosímil encuentro en un acontecimiento que contemplamos con una sonrisa, casi como cómplices del ensueño de León Cohen.

Cuando cerramos este libro, tenemos la sensación de haber paseado por las calles de dos ciudades que no existen pero que, sin embargo, habitan en su alma. Y nosotros somos, ni más ni menos, que los exclusivos testigos de que esas otras dos ciudades ensoñadas ya sólo siguen vivas en la memoria blanqueada de León Cohen Mesonero, alias Cohete, alias Garrincha.

Sergio Barce, octubre 2017

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“EL CRIADOR DE GORILAS”, ROBERTO ARLT EN MARRUECOS

Julio Cortázar siempre afirmó que uno de sus maestros fue Roberto Arlt, especialmente en el uso perfecto del lunfardo, es decir, la jerga utilizada a finales del siglo XIX y principios del XX por los rateros y criminales en Buenos Aires, y que, con el tiempo, se convirtió en una lengua coloquial en Río de la Plata.

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Pues bien, ese escritor argentino, nacido en 1900, autor de novelas como El juguete rabioso, Los siete locos, El amor brujo, y de obras de teatro como Trescientos millones, Saverio el cruel o La isla desierta, está considerado uno de los grandes autores de cuentos cortos, con relatos como El jorobadito o Viaje terrible.

Hijo de inmigrantes alemanes, en sus primeras obras el tema recurrente era la Argentina de los recién llegados, sus miserias y sus penurias. Pero será tras su muerte cuando se reconozca realmente el valor de su trabajo literario.

ROBERTO ARLT

ROBERTO ARLT

Tras un largo viaje por el norte de África, realizado entre 1935 y 1936, Roberto Arlt escribe varios relatos. Parte de ellos, los recopilará en su libro El criador de gorilas, que ya publicó en España Alianza Editorial, y más recientemente Ediciones del Viento (A Coruña, 2012). Hay relatos que se desarrollan en diferentes países africanos, pero el grueso de los cuentos los ambienta en Marruecos. Uno de ellos, titulado Ejercicio de artillería, transcurre en Larache, razón que me movió a buscar este libro.  

En enero de 2016, ya transcribí completo en mi blog Ejercicio de artillería. Para quienes tengan la curiosidad de leerlo, pueden hacerlo en el siguiente enlace:

https://sergiobarce.wordpress.com/2016/01/24/ejercicio-de-artilleria-un-relato-de-roberto-arlt/

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En El criador de gorilas, Roberto Arlt nos muestra un Marruecos curioso, más bien caricaturizado o deformado, y, a la vez, mágico pero realista, aunque esto suene contradictorio, y todo ello usando un tipo de humor que se acercaba a lo absurdo. Sus relatos son truculentos, violentos y llenos de enigmas, que, a veces, resuelve de manera abrupta. Además del mencionado Ejercicio de artillería, ambienta en Marruecos los titulados Halib Majid el Achicharrado, Rahuti, la bailarina, La aventura de Baba en Dimisch esh Sham, Acuérdate de Azerbaijan, La cadena del ancla, Odio desde la otra vida, Los bandidos de Uad-Djuari, Ven, mi ama Zobeida quiere hablarte y el titulado Historia del señor Jefris y Nassin el egipcio.

Leyendo los cuentos de Arlt, a veces, he tenido la sensación de que escuchaba a un cuentacuentos del Zoco Chico, y es que utiliza la misma técnica de la narración oral marroquí, lo que quiere decir que, en aquel viaje, Roberto Arlt se empapó hasta los tuétanos de esta tradición ancestral.

Sergio Barce, enero 2018

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“NO (A LOS CUARENTA AÑOS SOÑAR COMIENZA A SER RIDÍCULO)”, UN LIBRO DE SAÏD EL KADAOUI MOUSSAOUI

Termino de leer No (A los cuarenta años soñar empieza a ser ridículo) del escritor, psicólogo y profesor hispano-marroquí Saïd el Kadaoui Moussaoui.

Nacido en Beni-Sidel, desde los siete años vive en España. Había oído hablar de él, y ahora que, por fin, y felizmente, me adentro en su libro, reconozco que me ha sorprendido encontrarme con un autor de narrativa potente y cuidada, y con una persona arriesgada y sincera.

No (A los cuarenta años soñar empieza a ser ridículo) es, en cierta forma, una novela. Una novela camuflada en un libro de ensayo, escondida en una especie de diario, disfrazada tras la conversación que mantiene el narrador protagonista con alguien que escucha pero que no le replica, una novela fraccionada en relatos cortos. Eso hace que el libro sea ágil, fácil de leer, entretenido, a ratos divertido, en absoluto ligero. Al contrario, Saïd el Kadaoui trata muchos temas interesantes, controvertidos y muy actuales.

Me interesa su mirada crítica y lúcida al enfrentarse con la cuestión que gravita en todo el libro: la contradicción del protagonista de la historia entre sus raíces marroquíes y su desarrollo como persona en España, imbuido de la cultura occidental; la dicotomía entre tradición y modernidad; la realidad ante el hecho de que los años pasan (de ahí el subtítulo de esta obra: A los cuarenta años soñar empieza a ser ridículo); el problema de la religión y la familia o el enfrentamiento generacional; el sexo (hay pasajes que me han hecho reír a costa de las aventuras y desventuras sexuales del narrador); el amor y el desamor; la fidelidad; la paternidad o el rechazo al compromiso a ser padre; la literatura; la xenofobia; el peso de la tradición religiosa frente a la visión laica del mundo…

Saïd el Kadaoui me ha embozado con las ideas de su narrador protagonista, un hombre enamorado, sin duda, que huye, sin embargo, de las ataduras. Pero la realidad con la que se enfrenta es que los años se le echan encima, que pasa ya la cuarentena, y que las obligaciones comienzan a ser inaplazables. Ley de vida.

El protagonista es un profesor que trata de obligar a sus alumnos, especialmente a los marroquíes, a que analicen sus propias creencias, su cultura y su visión del mundo. Pero detecto un regusto amargo en sus conclusiones. A la vez, me fascina la defensa de sus principios éticos, que chocan con muchos de sus alumnos, con miembros de su familia, con gran parte de los que tienen su mismo origen.

Mayte. Mayte es el otro personaje crucial de la historia, el amor del narrador, la persona que le va a plantear la cuestión fundamental que hará tambalear su mundo. Hay obligaciones que el protagonista desea soslayar. Y eso también da un juego para que el autor plantee cuestiones familiares, sociales y conyugales que pasan a formar parte del juego que nos ofrece en estas páginas.

“…Nunca te he contado con detalle mi primer encuentro con Mayte. Como ya sabes, se produjo en el Institut du Monde Arabe de París. Tuve un impulso, de aquellos que los solteros podemos escuchar. Me apetecía ir a París y la excusa fue una conferencia de Mohammed Arkoun titulada Sociología del fracaso de la modernidad en el Islam.

Nos une el fracaso, nos has oído decir varias veces. En su momento ya te expliqué el motivo. El interés por el fracaso es el origen de nuestra relación. Como ves, no podía ser más premonitorio.

La modernidad ha fracasado en el islam, decía Arkoun, porque decidió marginar las ideas de las mentes más brillantes, desde Miskawayh hasta Averroes, pasando por no sé cuántos nombres más que citó, del siglo X al XIV, todos ellos partidarios de una lectura contextual del Corán. Una lectura histórica y, lo más importante, que liberara el pensamiento de la ortodoxia religiosa.

El dossier de la modernidad, como tantos otros, está esperando que lo desempolvemos, dijo con socarronería Arkoun, pero no está en la agenda de ninguno de los dirigentes de los países musulmanes hacerlo. Sigamos, pues, acusando al resto del mundo de nuestro fracaso.

(…) Regresemos a Mayte. Llegué con tiempo suficiente para pasearme por la librería y la biblioteca del instituto. Ya en la biblioteca, recuerdo estar de camino a una mesa donde se hallaban desparramados varios ejemplares de periódicos de todo el mundo mientras pensaba apenado que lo árabe siempre tenía algo de decadente. Aquel desorden me molestó y decepcionó pero, aun así, quería sentarme y hojear alguno de los ejemplares de Le Monde que asomaban entre la montaña de papel.

Aquel desorden que tanto detesté fue justamente el detonante de la primera conversación que mantuve con ella…”

Todo está trufado por la dualidad de la personalidad del protagonista: es marroquí, pero es español. No se siente ya un nacional marroquí, pero le tienta con tal fuerza regresar a la tierra de sus padres, a su tierra natal, que hay una feroz lucha contra su otro yo español y occidental. Odia la manera en que los gobernantes siguen dirigiendo Marruecos, su atraso, su falta de visión de futuro, su ceguera ante la modernidad, pero siente un amor profundo por ese mismo país. Por otro lado, se siente tan integrado en España que le es casi imposible imaginarse en otro lugar que no sea Barcelona, donde reside. La sempiterna lucha del desarraigado, que tanto me atrae y que forma parte de mi propia obra narrativa. Quizá por ello Saïd el Kadaoui me ha atrapado entre sus párrafos.

SAÏD EL KADAOUI MOUSSAOUI

“…En mi seminario sobre la literatura del otro he querido introducir las ideas de Al Yabri y Laroui sobre el pensamiento árabe antes de leer El pasado simple de Driss Chraibi. Antes de que mis alumnos se enfrenten a un texto que sacude, y de qué manera, el tradicionalismo magrebí, quiero que vean cómo se enfrentan a la tradición dos de los principales intelectuales que ha dado Marruecos.

Les mandé leer dos artículos breves pero suficientemente relevantes. Hemos discutido sobre alguno de los puntos comunes que ambos abordan en su obra: la tradición como algo histórico y no como una realidad absoluta que trasciende a la historia. La necesidad de un pensamiento moderno que venza la lógica regresiva y circular en la que está empantanado el pensamiento árabe y la actitud de repliegue y ensimismamiento de la cultura árabe como reacción a su interacción con la modernidad europea. Resumiendo, hemos discutido sobre el peor de los males del pensamiento árabe actual: su ruptura con el pensamiento racional.

(…) El alumno más brillante es un muchacho marroquí de unos veinticinco años, licenciado en periodismo, carrera cursada en Marruecos. Un hombre crítico, apasionado, racional y, lo más importante, nada suspicaz. No vive a la defensiva, como otros jóvenes nacidos aquí. Critica con una libertad pasmosa tanto la cultura como la política marroquí. Escucharle me proporciona un placer indescriptible. Se enamoró de una cooperante catalana que llevaba a cabo proyectos de ayuda al desarrollo y vive aquí ahora. Creo que trabaja en un periódico deportivo árabe, de Qatar si no recuerdo mal, y vive de ello y de hacer traducciones para no sé qué organismo oficial. En muy poco tiempo se ha soltado con el catalán, lengua materna de su pareja, el castellano, y tiene un dominio envidiable tanto del árabe como del inglés, el francés y el italiano. Lo habrás notado ya: me cae muy bien. Comparto sus ideas, su capacidad crítica y su vasto conocimiento de los dos autores. Se lamenta constantemente del oscurantismo árabe y me ha conquistado definitivamente cuando ha citado a Ortega y Gasset, al que comparado con Al Yabri.

(…) Antes te hubiera dicho que confiaba en los hijos de aquellos campesinos que emprendieron el viaje ansiando un futuro mejor. Yo soy uno de ellos. Pero ahora mi pesimismo es total. Estos hijos, primero, ni tan solo finalizan los estudios secundarios en su gran mayoría y, segundo, los que sí que lo consiguen ocupan buena parte de su energía en defenderse del gran opresor occidental.

La democracia es un invento occidental. Pues nosotros seremos contrarios a su lógica y reivindicaremos el islam.

En este aspecto, Laroui me parece fundamental: la democracia es un logro al que ha contribuido toda la humanidad. Trato de difundir sus ideas e incitar al debate pero no esperarás optimismo de tu amigo, ¿verdad?”

Hay capítulos que me han subyugado especialmente: La magdalena, Tetuán, Mi tío escritor y mi familia rica, Los cuarenta y los miedos, Genealogía del regreso al origen, Peritonitis, ¿Por qué buscar un amigo marroquí?, La boda… Este último relata una anécdota especialmente ejemplificadora de lo que nos está contando Saïd el Kadaoui: la lucha interna del protagonista por no verse atrapado por una sociedad abandonada o entregada a unas tradiciones que no encuentran su acomodo.

He aprendido mucho en esta novela travestida de relatos cortos, de diario o de monólogo. He aprendido con la buena escritura y el rico verbo de Saïd el Kadaoui, autor de una gran calidad, sin duda alguna. He aprendido con sus referencias literarias y con los autores que menciona, algunos los conocía ya y a otros empezaré a leerlos ahora, tras pasar por su libro, tras descubrirlos gracias a él. He aprendido también a mirar desde otra perspectiva el desarraigo emocional y personal, y un nuevo enfoque del “otro”. He aprendido cómo se experimenta la sensación de pertenecer a una cultura que se resiste a abrirse o a la que le cuesta desprenderse de su traje tradicional para incorporarse a este siglo. Y he aprendido que no es nada fácil escribir algo tan bueno como No (A los cuarenta años soñar empieza a ser ridículo).

Sergio Barce, noviembre 2017

No (A los cuarenta años soñar empieza a ser ridículo)

ha sido editado por Catedral (Barcelona, 2016)

 

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