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EL VIAJANTE (Forushande, 2016) de ASGHAR FARHADI

El viajante (Forushande) del realizador iraní Asghar Farhadi ha obtenido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

EL VIAJANTE cartel

Confieso que he ido al cine a ver este film con cierta reticencia. La razón era que, de su anterior filmografía, tanto Nader y Simin, una separación (Jodaeiye Nader az Simin, 2011) como El pasado (Le passé, 2013), me habían parecido películas maravillosas, y el hecho de que se le hubiera concedido el Oscar a su última cinta me hacía presagiar que, tal vez, Farhadi había cedido a un cine más comercial o más del gusto de los académicos americanos. Me equivoqué.

En cuanto la historia comenzó a andar, me di cuenta de que me zambullía una vez más en el mundo personal e íntimo de Asghar Farhadi, y de que no sólo era fiel a sí mismo sino también a quienes nos declaramos seguidores incondicionales de su cine.

el viajante

Shahab Hosseini y Taraneh Alidoosti en El viajante

Como en todas sus películas, priman tres cosas: una puesta en escena primorosa, sencilla, pero muy eficaz, unos actores bendecidos por algún benévolo djinn, y un guión sin fisuras. Y así es: volvemos a los entornos pequeños, a un micromundo que se desarrolla en una familia, y eso supone ya de por sí que el drama pueda surgir de manera espontánea, todo esto aderezado con un inteligente juego paralelo con la representación teatral de la obra de Arthur Miller Muerte de un viajante (Death of a salesman) en la ciudad iraní donde se desarrolla la película. El matrimonio protagonista es también el protagonista de la obra teatral. Es un ardid que permite avanzar en la historia real y en la trama que se ensaya y se representa con escasa fortuna en una pequeña sala, igual que sus existencias avanzan a trompicones por hechos que les hacen cambiar de vida sin que puedan hacer nada para evitarlo.

Los actores son excelentes. No sé de dónde los sacará Farhadi, pero los exprime hasta sacar lo mejor de ellos. Si Shahab Hosseini (que por este papel obtuvo la Palma al mejor actor en el Festival de Cannes) y Taraneh Alidoosti clavan sus personajes, el de un matrimonio que, de pronto, ve cómo su mundo se desmorona alrededor, a mí, personalmente, me conmueve más el actor que interpreta al agresor (no puedo decir mucho más, porque desvelaría parte de la trama y de la intriga, que también la hay), un veterano que me conmueve hasta la compasión.

EL VIAJANTE 2

Escena de El viajante

Farhadi juega con nuestros sentimientos: hay traición, hay humillación, hay venganza. El concepto del honor mancillado en la sociedad iraní (extensible a otros países de confesión musulmana) está perfectamente trazado. El personaje del marido, que se siente humillado por lo sucedido a su esposa, lleva su concepto del honor hasta límites insoportables. Farhadi hace que sintamos simpatía por él, que nos solidaricemos con el marido, pero poco a poco esa sensación va cambiando y es el agresor quien, en un momento dado, pasa a convertirse en la nueva víctima. Sin duda, como hace siempre, Asghar Farhadi sabe cómo meter los dedos en la estructura familiar y social iraní, y muestra sin pudor sus miserias.

La historia está tan bien trazada, dibujada y llevada que, durante las dos horas largas que dura esta película, uno se siente dentro del drama, y es que, cuando el cine es buen cine, uno acaba por vivirlo. Estamos, pues, ante una película brillante.

Por supuesto, no puedo evitar entrar en lo sucedido en la ceremonia de los Oscar con este premio en concreto.

Vivimos en un mundo extraño. Los populismos baratos están asaltando el poder. Asghar Farhadi, a través de su cine, ha dado desde siempre una lección de independencia y de visión crítica de la vida, es decir, cumple con el objetivo de todo buen creador. Por tanto, Farhadi es, sin ninguna duda, un artista indiscutible por su calidad y por su valor humano, alguien comprometido, y que se ha enfrentado al poder establecido. Sin embargo, Donald Trump, esa especie de hamburguesa parlante, ha conseguido algo inaudito: que gracias a su política migratoria anti islamista y xenófoba, alguien como Farhadi, un hombre que lucha por la libertad, no haya podido acudir a recoger su Oscar. En su lugar, el director envió a dos irano-estadounidenses: a Anousheh Ansari y a Firouz Naderi, una ingeniera y un científico vinculados a la NASA. Es decir, inteligencia frente a fuerza bruta, y le ha dado una lección de saber estar y no estar.

Tal vez Trump olvida que los hermanos Warner, Louis B. Mayer, Billy Wilder, Erich Von Stroheim, Cary Grant, Alfred Hitchcock, Charles Chaplin, Marléne Dietrich, Rouben Mamoulian, Ernst Lubitsch, Greta Garbo, Frank Capra, Kirk Douglas, Elia Kazan, Fred Zinnemann, Yul Brynner, Mike Nichols, Audrey Hepburn, Jean Negulesco, Fritz Lang… por nombrar sólo unos cuantos clásicos, de los cientos que hicieron de Hollywood la meca del cine y luego  ya más recientes también los hay y muchos (Max Von Sydow, Nicole Kidman, Salma Hayek, Charlize Theron, Alfonso Cuarón, González Iñárritu, Mads Mikkelsen…), todos ellos emigraron a Estados Unidos, una gran mayoría huyendo del fascimo, del nazismo o de otros sistemas autoritarios, y también otros de la miseria, para crear o participar en películas que son paradigmáticas del cine yankee. Gracias a estos nombres existen Con faldas y a lo loco, Avaricia y El crepúsculo de los dioses, Encadenados y Con la muerte en los talones, y Psicosis, El gran dictador, La Venus rubia, El signo del Zorro, Ninotchka y Margarita Gautier, Qué bello es vivir, Espartaco, La ley del silencio, Solo ante el peligro,  El rey y yo, El graduado, Sabrina y Vacaciones en Roma, Cómo casarse con un millonario, Los sobornados y Deseos humanos… Daniel Day-Lewis, irlandés, ha sido Lincoln para Steven Spielberg, y Anthony Hopkins, inglés, fue Nixon para Oliver Stone. Christoph Waltz, austríaco-alemán, se lleva los papeles con los mejores diálogos de los últimos años, y Javier Bardem, español, interpreta a uno de los malvados más inquietantes para los hermanos Coen… Y el Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, es decir, Terminator, es austríaco… Lo nombro ya para rizar el rizo. Y los he nombrado a todos para subrayar que, cuando es la libertad y la democracia la que impera, el arte produce obras inolvidables.

En fin, que Asghar Farhadi merecía haber recogido su Oscar en persona, que el odio sólo trae odio y que la incultura en el poder sólo provoca el caos. Por eso es muy sano ver películas que lo cuestionen todo, como la última de Farhadi.

Sergio Barce, marzo 2017

ASGHAR FARHADI

ASGHAR FARHADI

 

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Cuadernos de Cine: LAS ACTRICES DE LOS 60 (Va por ti, Yanko)


Un amigo me ha escrito el siguiente sencillo mensaje que, más o menos, dice así:  “Mucho Larache, mucho Marruecos, mucho relato, mucha  novela… ¡A ver si hablas de mujeres!

      Me siento obligado a complacerle, primero porque somos amigos desde la infancia, segundo porque no viene mal un paréntesis, y porque si, además, como dice él, se trata de mujeres, la cosa pinta aún mejor. Además, me apetece hacerlo.

      Me gusta el cine. Pertenezco a esa generación que ha crecido con James Bond, con Clint Eastwood y con ese cine maravilloso de los sesenta y setenta; pero también somos los que hemos pasado las tardes de los sábados viendo en la televisión viejas películas de aventuras (Tarzán, Errol Flynn, Sabú, John Wayne o Tyrone Power), los ciclos que ponían los martes por la noche (de Bogart, de John Ford, de Hitchcock), de los que nos asomábamos a “La Clave” para descubrir los mensajes que encerraban las películas clásicas, hemos sido los dueños de las sesiones dobles, de los spahetti-westerns, de los cines de verano (cómo olvidar el sonido de las películas en esas salas al aire libre), hemos imitado a Bruce Lee y nos impactó “El luchador manco”, nos inquietaba Drácula con el físico de Christopher Lee, o su Fu-Manchú, y la noche de Walpurgis con Paul Naschy, nos hemos escapado a los cine-clubs para ver los films de Bergman, Kurosawa, Fellini o Fassbinder (pero también, y sobre todo, a las primeras salas X, y nos tragamos “Cuerno de cabra” y admiramos a “Emmanuelle”); y luego llegaron en los setenta Coppola con su padrino, Spielberg con su tiburón y Lucas con sus galaxias, seguimos a Truffaut, a Visconti, a Godard, y mientras éramos testigos del envejecimiento de Henry Fonda, Burt Lancaster o Robert Mitchum, veíamos madurar a Paul Newman, Steve McQueen o Marlon Brando, y surgían Pacino, de Niro y Nicholson, y hemos seguido yendo al cine, y nos hemos convertido en la única generación a caballo entre el cine más clásico y el cine más moderno y actual, lo hemos visto todo…

      Desde pequeño me han llevado a ver películas. Mis padres lo hacían cuando aún estaba en el capacho, así que es como si lo hubiera mamado desde la cuna. Iba a hablar de mujeres, de mujeres de película, pero me he dado cuenta de que hay tantas que me han fascinado por alguna u otra razón que he decidido cortar por lo sano, y este primer capítulo sobre mis musas de celuloide se lo dedico a las que llenaban las pantallas de los años sesenta… Trataré de marcar a cada actriz con alguna de sus películas emblemáticas de ese decenio alocado.

SHIRLEY EATON en Goldfinger

     Ya he dicho que crecimos con James Bond. Y, junto a este personaje de Ian Fleming, están las “chicas Bond”. Entre todas ellas, hay una efímera (por el corto tiempo que está en pantalla, en concreto en “Goldfinger” (1964)), pero que a los cinéfilos nos marcó de alguna forma: Shirley Eaton.  Era preciosa. Aparece al comienzo del film “Goldfinger” pero, a las primeras de cambio, la asesinan de la forma más cruel pero también original –cinematográficamente hablando-: bañándola en oro…

URSULA ANDRESS en Dr. No

URSULA ANDRESS en Dr. No

Ese cuerpo desnudo cubierto de púrpura es una escena imborrable; como el bikini (eso es un eufemismo, en realidad el atuendo era lo de menos y lo importante era el “cuerpo”) de Ursula Andress al salir del mar en “James Bond contra el Dr. No (Dr.No, 1962).

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

HONOR BLACKMAN en Goldfinger

 Honor Blackman era otra chica Bond de “Goldfinger”, quizá la que más me impactó: atractiva, inteligente, resolutiva, aquellos ojos. Sean Connery disfrutó con todas ellas.

Pero como le ocurre al personaje de Tim Robbins en “Cadena perpetua” (The Shawshank redemption, 1994), me quedo con la rotunda Raquel Welch de “Hace un millón de años(One Million years B.C., 1966), con aquella ropa prehistórica de diseño, que nos hacía soñar con esas mujeres primitivas que luego la productora Hammer exprimiría en pequeñas películas baratas.

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

RAQUEL WELCH en Hace un millón de años

Y así, gracias a la estela de Raquel, llegaron Martine Beswick (chica Bond tanto en “Dr. No” como en “Desde Rusia con amor”, y que acompañaba a la Welch en sus aventuras entre dinosaurios) o Caroline Munro (vista en “Casino Royale” -1966- y que fue una de las habituales de los films de terror de esos años).

MARTINE BESWICK

MARTINE BESWICK

Como también la exótica actriz palestina Daliah Lavi (otras de las chicas de “Casino Royale”, e inolvidable en “Lord Jim”- 1964-).

DALIAH LAVI

DALIAH LAVI

Y, por supuesto, Linda HarrisonCharlton Heston encontró a Linda en un bosque mientras huía de los monos en “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968), y se convirtió en otra imagen grabada en nuestro subconsciente –masculino-, con sus enormes ojos que miraban atónitos a ese hombre que pensaba y hablaba como si fuera otro simio…

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

LINDA HARRISON en El planeta de los simios

Y nos inflamaban la imaginación las míticas B.B. y C.C.; así llamábamos a Brigitte Bardot y a Claudida Cardinale.

B.B.

B.B.

Inolvidables una en “La verdad” (La vérité, 1960) y la otra en “Los profesionales” (The profesionals, 1966). Aunque hubo muchas más películas con ellas, por supuesto. Hasta que en el 71 rodaron en España un film juntas: “Las petroleras”.

C.C.

C.C.

Luego estaban las actrices francesas (o de otros países que los franceses adoptaban, inteligentemente, menudos truhanes son para apropiarse de lo que merece la pena), actrices que refulgían en films de la nouvelle vague, sofisticadas, bellas, frágiles, sensuales a un tiempo: mi amigo Jesús dice que la primera película que recuerda es “Un hombre y una mujer(Un homme et une femme, 1966), y que no puede olvidar a su protagonista, la delicada Anouk Aimée; que antes fue la hermosa “Lola” (1961), pero, en realidad, nadie de los que la vimos la hemos olvidado.

ANOUK AIMÉE es Lola

ANOUK AIMÉE es Lola

Y por entonces triunfó la “Belle de jour” (1966), Catherine Deneuve, de la que se dice que tiene un pacto con el diablo (a mí siempre me pareció demasiado gélida, pero he de reconocer que es de una belleza evidente e imperecedera). Jeanne Moreau se convertía en musa de Truffaut en “Jules et Jim” (1962) y lo fue de Orson Welles.

CATHERINE DENEUVE

CATHERINE DENEUVE

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JEAN SEBERG

JEAN SEBERG

Jean Seberg. ¡Ah, Jean Seberg! Cuánto sufrió por amor. Clint Eastwood la utilizó durante el rodaje de “La leyenda de la ciudad sin nombre” (Paint your wagon, 1969) y luego la dejó sin más, y eso le provocó un trauma del que, se dice, jamás se recuperó. La Seberg venía de la irrepetible “Al final de la escapada(A bout de souffle, 1959) y se convirtió en la perturbadora “Lilith” (1964).

ROMY SCHNEIDER

ROMY SCHNEIDER

Y qué decir de otras musas del cine de los sesenta: Delphine Seyrig, protagonista de “El año pasado en Marienbad” (L´année dernière à Mareinbad, 1961). Y cómo no enamorarse de aquella Romy Schneider (en cuanto dejó de ser la tontorrona de Sissi y se convirtió en una mujer de verdad me dejé embaucar por su mirada, por su pálida sonrisa, por ese aire melancólico de sus gestos), y quise ser Alain Delon en “A pleno sol” (Plein soleil, 1960) para nadar con ella.

Ahí van las tuyas, Jesús, esas otras tres más que tanto te apasionan:

ANNA KARINA

ANNA KARINA

Anna Karina, tan francesa ella quizá porque era danesa, en “Una mujer es una mujer” (Une femme est une femme, 1961), y “Vivir su vida” (Vivre sa vie, 1962), musa de Godard, claro; y Corinne Marchand, la de “Cleo de 5 a 7” (1962). Te dejo para el final a Marina Vlady, no sé si es muy representativa pero cito “Los siete pecados capitales” (Les sept péchés capitaux, 1962), por razones obvias. Bueno, va, y tu adorada Ingrid Thulin, belleza nórdica que deslumbró en “La caída de los dioses” (La caduta degli dei, 1969), pero que ya tenia su largo bagaje con Bergman, como en “El silencio” (Tystnaden, 1963).

INGRID THULIN

INGRID THULIN

¿Sigo? Mamma mía! ¡La Loren! Ya sé que ella es de los cincuenta, y de los sesenta, y de los setenta y ochenta, y ahí sigue, incombustible, preciosa, eterna… Sofía Loren. Ya sé, hoy sólo los años sesenta… Me impresionó la Loren en su desgarrador papel de “Dos mujeres” (La ciociara, 1960), estuvo más guapa que nunca en “El Cid” (1961) y tierna, hermosa y dolorosa, como sólo ella sabe serlo, en “Los girasoles” (I girasoli, 1969).

SOFIA LOREN

SOFIA LOREN

De una fuente, en el año 59, surgió otra diosa para los sesenta, otra diosa más carnal, más pecaminosa, más abrumadora, un icono: Anita Ekberg, que sigue ahí en la Fontana di Trevi de “La dolce vita” (1959). En 1962 fue la tentación del doctor Antonio en el episodio que protagonizó en “Boccaccio 70”, y paseó su escultural cuerpo por diversos peplums que hacían las delicias en las sesiones dobles.

ANITA EKBERG

Aparte, en otro lugar: Audrey Hepburn. También venía de los cincuenta. Irreemplazable, única, irrepetible, en esos años estuvo tierna, frágilmente abrumadora en “Desayuno en Tiffany´s” (Breakfast at Tiffany´s, 1961). Es otro icono, diferente, sutil y cercano, de cine.

AUIDREY HEPBURN

Y no me olvido de Lea Massari y de Monica Vitti, que trabajaron juntas en “La aventura” (L´avventura, 1960). La Vitti fue musa de Antonioni, pero se convirtió en referente pop y sex-symbol gracias a “Modesty Blaise, superagente femenino” (Modesty Blaise, 1966).

MONICA VITTI

MONICA VITTI

Luego, estaban las actrices que triunfaban no por sus cualidades dramáticas, sino por sus encantos físicos.  Luciana Paluzzi, Elke Sommer, Florinda Bolkan

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KATHERINE ROSS

KATHERINE ROSS

También nos atrapó Katherine Ross que logró enamorar a  Paul Newman y a Robert Redford en “Dos hombres y un destino” (Butch Cassidy & the Sundance Kid, 1969) después de hacerlo con Dustin Hoffman en “El graduado” (The graduate, 1967).

ANGIE DICKINSON

ANGIE DICKINSON

Y las había, como muchas de las que he mencionado más arriba, que eran atractivas, sensuales y buenas actrices. Americanas, como Angie Dickinson. Siempre me pareció tentadora (igual que a tío Junior en “Los Soprano”, obsesionado con acostarse con ella), que estuvo preciosa y perfecta en “Código del hampa” (The killers, 1964), en “La jauría humana” (The chase, 1965) y, especialmente, en  “A quemarropa” (Point Blank, 1967). Al igual que Lee Remick en “Río salvaje” (Wild river, 1960) y “Días de vino y rosas” (Days of wine and roses, 1962).

LEE REMICK

LEE REMICK

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FAYE DUNAWAY

Y la siempre insinuante Faye Dunaway, excelente actriz, que supo dotar a sus personajes de una mezcla de tortura interna y procacidad sexual, quizá una de las mejores intérpretes de ese decenio, y que inmortalizó a Bonnie Parker en “Bonnie & Clyde” (1967), uno de los films emblemáticos de los sesenta. Sin olvidar sus papeles en “El caso Thomas Crown” (The Thomas Crown affair, 1968), “Amantes” (Amanti, 1968) y “El compromiso” (The arrangement, 1969).

JANE FONDA es Barbarella

JANE FONDA es Barbarella

Hay más: Jane Fonda, pura vitalidad, capaz de atreverse con cualquier papel, por eso ella fue “Barbarella” (1967) y bailó hasta la extenuación en “Danzad, danzad, malditos” (They shoot horses, don´t they?, 1969).

Pero confieso que tengo dos debilidades más: una es Julie Christie.

JULIE CHRISTIE

JULIE CHRISTIE

Lo sé: sus ojos, su aparente fragilidad, pero también su carácter. Hay algo en ella imperecedero. En “Dr.Zhivago” (1965) borda su papel, en “Fahrenheit 451” (1966) eleva de categoría su trabajo y en “Lejos del mundanal ruido” (Far for the Madding Croad, 1967) simplemente roba el corazón. La otra debilidad es Jacqueline Bisset. También son sus ojos, qué demonios, pero qué decir de su boca o de sus pómulos… La descubrí, creo, en “Bullit” (1968) y desde entonces me visita a hurtadillas.

JACQUELINE BISSET

JACQUELINE BISSET

Las estrellas más rutilantes de los cincuenta, protagonizaron algunos de sus papeles más inolvidables en los sesenta: Elizabeth Taylor fue “Cleopatra” (1963) e hizo uno de sus dramas más impactantes en “¿Quién teme a Virginia Woolf?” (Who´s afraid of Virginia Woolf?, 1967).

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

ELIZABETH TAYLOR es Cleopatra

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KIM NOVAK

Mientras, Kim Novak desquiciaba a Kirk Douglas en “Un extraño en mi vida” (Strangers when we meet, 1960) y fue “La misteriosa dama de negro” (The Notorious Landlady, 1962). Jean Simmons protagonizó por su parte “Espartaco” (Spartacus, 1960) y “El fuego y la palabra” (Elmer Gantry, 1960), entre otras.

JEAN SIMMONS

JEAN SIMMONS

Y poco antes de perder la vida, incluso Marilyn Monroe demostró que podía ser una excelente actriz dramática en “Vidas rebeldes” (The misfits, 1961). Un papel inolvidable.

MARILYN MONROE

Querido Juan Yankovich: Espero haberte compensado en parte. Aquí tienes la primera entrega de nuestras mujeres. Volveré a escribirte desde los setenta. Un abrazo, jay.

Sergio Barce, junio 2011

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