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XIII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES ESCRITORAS EN MARRUECOS

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Se ha puesto en marcha el XIII Encuentro Internacional de Mujeres Escritoras en Marruecos, organizado en memoria de Fatima Mernissi, que se celebrará entre los días 25 al 29 de octubre de 2018. La clausura del encuentro será en Larache.

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FATIMA MERNISSI

La presidenta del comité organizador es la escritora Fatima Zahra Beniss, y está impulsado, especialmente, por la embajadora de Panamá en Marruecos, la poetisa Gloria Young.

Tras el éxito del último Festival Entrerritmos de Larache, tanto la Asociación Loukous para el Turismo Sostenible, que preside Abderrahman Lanjri, como la Baladiya de Larache y la Delegación del Ministerio de Cultura de Larache, se han comprometido en que este Encuentro de Escritoras sea un éxito.

En la reunión que han mantenido en la Embajada de Panamá, a la que asistieron mis paisanos y amigos Hanan Elahyani, Abdeslam Serroukh y Mohamed Abid, del grupo organizador, y Machij Elkarkri, como Vicepresidente del Ayuntamiento de Larache, Moumen Sbihi, tercer Vicepresidente, Rachid Regrag, secretario del Ayuntamiento, y Ahmed Acharki, delegado del Ministerio de Cultura en Larache, se le obsequió a la embajadora Gloria Young con unos ejemplares del libro Cuentos de Larache de Mohamed Sibari, y mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente. Así que sólo puedo expresar desde aquí mi agradecimiento por este detalle y que hayan contado con mi obra para representar, aunque sea modestamente, a Larache, junto a mi querido y siempre recordado Sibari.

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Tenéis toda la información de este evento en la siguiente página de Facebook:

https://www.facebook.com/13EIE/

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APERITIVO DE “TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE LEÓN COHEN MESONERO

Dentro de pocas fechas, saldrá a la calle el nuevo libro del escritor larachense León Cohen Mesonero, y que lleva por título Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger.

León, paisano y amigo, me ha pedido que le escriba el prólogo. He tardado en hacerlo, pero le ha llegado con tiempo para incluirlo en el libro. Estas palabras que ahora escribo son, sin embargo, un pequeño adelanto, un aperitivo al libro de León Cohen. Las cosas bien hechas, merecen ser presentadas poco a poco, con invitación previa, con degustación antes de sentarse a la mesa. Su nueva obra es un libro de relatos, que es lo que domina a la perfección León: las historias breves. Y, si además, como es el caso, las ambienta en las ciudades de su corazón, resultan más exquisitas.

LARACHE – foto de Akram Serifi Bouhsina

En estos tiempos, en los que cualquiera se lanza a escribir novelas y relatos ambientados en Marruecos aunque no conozcan nada del país ni de sus gentes, que son respaldados por editoriales a las que sólo les interesa el decorado exótico, que narran sin consistencia ni alma, sin pasión ni sangre, en estos tiempos, como digo, se agradece que salga una nueva obra de alguien que sí sabe de lo que escribe, que conoce a fondo lo que son y fueron ciudades como Larache y Tánger, que han convivido y vivido en sus calles, que además ha formado parte del paisaje humano.

Esto, ya lo he dicho, sólo es un aperitivo, así que os dejo, por ahora, con las palabras de presentación de Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, escrito por su propio autor: León Cohen Mesonero.

Larache se manifiesta como el paisaje de la infancia y de la adolescencia del autor, como su casa materna. Por su emplazamiento en la desembocadura del rio Lukus en el mar Atlántico, por su luz cegadora en verano, por sus avenidas y sus cruces de caminos, por sus cuestas, por su inigualable balcón sobre el mar, por su barra donde siguen rompiendo con ímpetu y bravura inusuales las olas de un mar bravío, por sus playas tan originales como diversas, por sus riquezas agrícola y pesquera, por sus salinas, Larache se me antoja como un pequeño paraíso donde nacer es una suerte del destino. En alguna parte escribí: “I was born in a little and beautiful town, near the sea, near the sun.”

Pero una cosa es Larache, el paisaje, y otra la época que me tocó vivir. Una cosa es el continente y otra el contenido.  No me voy a referir a lo político porque de todos es conocido, y además, porque por razones de edad, no era esa una cuestión que a mí me afectara ni mucho ni poco, todavía. Pero en lo social, aquel no fue precisamente un periodo dulce o de justicia social. Digamos, que casi todos por no decir todos, éramos o fuimos pobres, sobre todo si comparamos la situación con las vividas luego en democracia en España y en Europa. Mal de muchos consuelo de tontos, dice el refrán, aunque en nuestro caso, esa igualación por lo bajo resultó positiva en el sentido de que no hubieron en general desigualdades sociales significativas, y al menos en nuestro entorno, no era posible envidiar a quien no tenía. Lo que sí es cierto y me atrevo a afirmar, es que lo que se dice pasar hambre como la generación anterior, a nosotros afortunadamente no nos tocó. Fueron unos años de escasez y de carencias evidentes e innegables, que tampoco nos afectaron demasiado (digo a los niños) porque no habíamos conocido otra cosa. A pesar de todo, fuimos niños felices y juguetones, conocimos la solidaridad de los que nada tienen. Recibimos una educación primaria y secundaria de calidad, gracias a diversas instituciones como el Patronato, los Maristas, las Monjas, la Alianza israelita o la Misión universitaria y cultural francesa. Aunque algunos, los que estudiamos en el Colegio Francés, para acceder a la secundaria tuviéramos que desplazarnos a otras ciudades más o menos cercanas. 

Tánger – Edificio donde se ubicaba el Cine Mogador – foto de A.Lechugo – página Siempre Tánger

Creo haber descrito aquella época con crudeza, en varios relatos y más concretamente en uno titulado “Los trenes de mi infancia”: “Era la tristeza de unos niños hambrientos de tren, de “fuerte”, de soldaditos de plomo, de balón de reglamento. Era la mirada angustiada de unos niños de posguerra, dentro de aquellos pantalones “tres cuarto” zurcidos, dentro de aquellos “jerseys” oscuros como la época, dentro de aquellos eternos zapatos “gorila” a los que mamá había tenido que coser el contrafuerte para que aguantaran un invierno más. Toda nuestra infancia, toda nuestra España, era un parche para seguir tirando, porque cuando fuésemos mayores, seríamos otra cosa nos compraríamos el tren o la bicicleta que los mayores no querían o no podían regalarnos. Pero, ¿quiénes eran estos Reyes Magos tan pobres, tan poco generosos? Lo habían ido dejando todo en el camino, por Francia, por Europa, claro, como España estaba al final del trayecto… eso nos decían. Ni siquiera teníamos niños a quienes envidiar, todos éramos pobres.”

De esa primera infancia, destacaría por encima de todo, sus olores: olor a marisma, a yerbabuena, a culantro, a pinchitos, a “chuparquía”, a pan amasado y cocido en el horno del Zoco Chico, a “jaban coluban”, a sardinas asadas, olor a Camel de los cigarros que fumaban mi padre y mis tías, a dafina, el guiso de los sábados en casa de mi abuela Luna, a especias de los puestos y las tiendas, a grasa de cordero y a badana de los puff (que creo tenían el mismo origen)…Hace muy poco tiempo empecé a escribir un relato del que extraigo el comienzo. Aliocha soy evidentemente yo, y lo que cuento es exactamente lo que me parecía mi vida en esos primeros años en Larache, mi pueblo natal. Nadie elige donde nace, ni donde transcurrirá su primera infancia, pero puede ocurrir que el lugar de nacimiento determine su manera de ser y de percibir el mundo.

Larache: Primeros pasos

“Aliocha ha salido a pasear sin objeto, camina con alegría, es muy joven y la vida para él es un descubrimiento diario. Todo le sorprende y le asombra. Mira con admiración a su padre y trata siempre de contentar a su madre. Quiere agradar. Son sus primeros pasos por el camino. Cree que todos los que le rodean son sus maestros y que todos encierran algo que aprender. No se hace planteamientos extraños, ni preguntas sin sentido. Los maestros están para enseñar y la letra con sangre entra, como dice su amigo Nisimico, que por cierto es bizco. Hay que ser disciplinado y aplicado. Siempre va contento hacía el colegio. Le gusta. Sus amigos son numerosos y virtuosos. Su madre le canta el ángel de la guarda antes de dormirse: “Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”. Tiene una familia amplia y se siente reconfortado y protegido. La naturaleza es misteriosa y bella. Siempre se extasía ante los colores de algunas mariposas. El campo huele a vida. Aliocha es un niño feliz y tan ingenuo que conmueve. Su padre le puso ese nombre, el del más pequeño de los hermanos Karamazov en homenaje a Dostoievsky. Aliocha es curioso. Recorre con los amigos todas las calles y callejones de su pueblo. No hay rincón que se le resista. A su edad es algo atrevido. Pero él quiere saber dónde vive. Cuando no tiene colegio, le gusta estar en la calle a todas horas, incluso a la sagrada hora de la siesta, y eso le ha acarreado algún que otro disgusto con los padres de sus amigos. Le encantan los juegos y los practica todos. Ha aprendido a convivir con el espléndido sol y con el mar majestuoso. Le sorprende la belleza de los acantilados de su pueblo natal y la bravura de su mar. Aliocha ama la vida y sus encantos. Sus amigos, van a la Iglesia, a la Mezquita o a la Sinagoga. En esto, él se siente un poco despistado y no entiende muy bien estas cosas, que en cierto modo le resultan extrañas como niño que es. Pero, en el fondo le da igual entrar en un templo que en otro, con tal de acompañar a algún amigo. Luego los dos se ríen, como si les hicieran gracia estas cosas de mayores. A él lo que le ocupa y le distrae es correr, saltar y jugar todo el tiempo. También ha descubierto el cine y le apasiona ver películas, incluso en sesión continua. Aliocha es un niño feliz. “

Fui por lo tanto un niño larachense feliz y desde el recuerdo de esa felicidad primera, al adulto solo le queda rendir tributo a su pueblo. Y ese homenaje queda reflejado en mis relatos, que también pretenden hacer realidad el sueño de una noche de verano, que empezó seguramente, cuando desde la ventana del ático de Edificio Bustamante, el niño que yo era, contemplaba con deleite, en las noches cálidas de verano, las luces de los pesqueros en el horizonte que le ofrecía el Balcón del Atlántico.

León Cohen Mesonero 

Una foto para nuestro recuerdo. De izquierda a derecha Mohamed Sibari, Mohamed Laabi, Sergio Barce, Abdellah Djbilou, Mohamed Akalay y León Cohen – en Larache, hace ya unos años…

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LARACHE: EJEMPLO DE CONVIVENCIA

En el siguiente enlace, podéis ver y escuchar (en francés) un excelente reportaje de la cadena 2M de la TV marroquí, sobre la coexistencia y convivencia en Larache de las tres religiones monoteístas, como ejemplo a seguir. El reportaje sobre Larache comienza a partir del minuto 41 del programa.

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Me ha encantado ver en él a mis amigos Jamal Noumane y Abdeslam Serroukh, que hace una exposición muy rica de lo que Larache representa y de su potencial.

 

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FELIZ NAVIDAD

Mis hijos Sergio y Pablo, y yo,

os deseamos a todos

¡Feliz Navidad!

La foto es de nuestro amigo Mohamed Bachir Temimi, y se hizo en Larache, hace pocos días, durante el rodaje de El nadador.

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Y para redondear esta felicitación, lo haremos con música de

Elvis Presley…

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LARACHE, SIGLOS XVI-XVII (6ª PARTE)

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Sexta entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

Pero, tras los numerosos fracasos por ocupar la plaza de Larache, quizá por obstinación, tal vez porque el paso de los años lo hizo ya inevitable, al fin, la ciudad fue tomada por España el 20 de noviembre de 1610.

Pese a las continuas dilaciones, y bajo las nuevas intrigas de Gianettino Mortara, el sultán Al-Xaij tenía decidido, desde hacía ya un tiempo, y pese a la oposición interna, ceder Larache a España. A ello se unía la insistencia del marqués de San Germán, que enviaba misivas al sultán para concretar el acuerdo de cesión.

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Pero, cansado ya de tantas excusas, en octubre de 1610, el rey Felipe III ordenó cegar el puerto de Larache como medida de presión; orden que no llegó a ejecutarse porque, al fin, Al-Xaij decidió acudir a Alcazarquivir y cumplir con su promesa de entregar Larache. Sin embargo, el sultán hizo una inesperada parada en Tetuán, maniobra que urdieron sus alcaides con la excusa de recaudar tributos a los moriscos expulsados de España y que se habían asentado en la ciudad tetuaní. La idea era que, si recaudaban lo suficiente, el sultán cambiaría de idea. Pero el marqués de San Germán consiguió que Al-Xaij le confirmara que llegaría por fin a Larache el 10 de noviembre.

La entrega de la ciudad no la hizo el sultán en persona, que prefirió quedarse en Alcazarquivir, sino dos de sus alcaides: Muhammad al-Charni y Al-Mansur.

Al-Ifrani cuenta que:

“…desalojados los musulmanes, el Caíd Al-Charni quedó en la plaza hasta la entrada de los cristianos, suceso que tuvo lugar el 4 de Ramadán de 1019 de la Hégira. Los islamistas sintieron inmenso dolor y profunda tristeza por la pérdida de Larache”.

Mortara quedó en Alcázar en compañía del sultán, como rehén hasta que se le devolviesen a éste sus hijos, las armas y el dinero prometidos a cambio de la plaza.

Por su parte, el marqués de San Germán, salió de Gibraltar con las nueve galeras del conde de Elda y 3.000 hombres. El 20 de noviembre, tras algunas vicisitudes a causa del temporal, la flota llegó a Larache. Los alcaides Al-Charni y Al-Mansur recibieron en tierra a los Sargentos Mayores don Fernando Mejía de Gámez y don Mateo Bartox de Solchaga, que iban a ocupar los dos fuertes de Larache. Luego, el Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, tomó tierra y mandó izar el estandarte real en nombre de Felipe III. Y, de inmediato, escribe al rey en los siguientes términos, tal y como recoge García Figueras:

Yo quedo dentro de Larache con mucho gusto de que esta plaza esté por Vuestra Magestad que es mucho mexor de lo que yo crehía. Mi deseo de açertar a servir a Vuestra Magestad a sido muy bueno como lo procuraré hazer en ponerla en muy buen estado y todo lo demás que me pareçiere del servicio de Vuestra Magestad cuya catholica persona guarde Nuestro Señor como la christiandad ha menester. De Larache a 20 de noviembre de 1610. Don Juan de Mendoza”.

Castillo de Nuestra Señora de Europa - Larache

Castillo de Nuestra Señora de Europa – Larache

Al día siguiente, fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, los españoles bautizaron la fortaleza construida en tierra por el sultán Al-Mansur como Castillo de Nuestra Señora de Europa; y al existente hacia el mar, Castillo de San Antonio. Y Larache pasó a denominarse San Antonio de Alarache.

Castillo de San Antonio - Larache

Castillo de San Antonio – Larache

Para asegurar cualquier posible ataque por tierra, el marqués de San Germán ordenó construir una trinchera de 2.100 pies que unía los dos castillos, con un amplio foso, y se levantaron once casamatas que podían albergar, cada una, dos piezas de artillería. El marqués zarpó y, como gobernador de Larache, se nombró al Maestre de Campo don Gaspar de Valdés, anteriormente alcaide de Melilla, y al mando de las tropas, compuesta de 800 hombres, quedó el Sargento Mayor don Mateo Bartox. A este contingente, se unieron 70 jinetes de Tánger y Ceuta al mando del capitán don Martín de Varte Cerón, y el ingeniero Juan Bautista Antonelli fue el encargado de reforzar las defensas existentes.

Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Y el poeta don Luis de Góngora, en esta ocasión, compuso varias de sus mejores endechas.

Mientras tanto, la entrega de Larache causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij.

Seguirá…

 

 

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