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DE “SOMBRAS EN SEPIA” A “LA EMPERATRIZ DE TÁNGER”, NOVELAS DE SERGIO BARCE

Hace unos días, mi amigo el escritor Mario Castillo del Pino, autor de La imagen del silencio (Premio Narrativa Feria de Almería) o de Mi avión herido (Premio María Zambrano), me enviaba una fotografía y un mensaje por whatsapp sobre mi novela Sombras en sepia, y que son los siguientes:

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Seguro que nadie ha leído un libro tuyo en una calle gris y melancólica en medio de ninguna parte en el centro de Jutlandia. Ha sido un placer pasar la mañana con tu libro en callejuelas, parques y un cementerio judío, entre niebla y llovizna. Buena literatura y el graznido de los cuervos, enormes y amenazadores, rondando setos y tumbas. Gracias, Sergio, por regalarme estos momentos.

Mario Castillo, 8 de abril de 2017

Mis libros andan por ahí, acechando a los lectores, y también en manos de otros escritores que son también buenos amigos. Todo un orgullo para mí.

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Miky y Sergio

El novelista Miguel Torres López de Uralde con La emperatriz de Tánger, y Sergio Barce con El libro de las palabras robadas

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Pedro Delgado y Sergio

El escritor Pedro Delgado con El libro de las palabras robadas, y Sergio Barce

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Jesus y Sergio

Jesús Otaola, editor de Paseando por el Zoco Chico, La emperatriz de Tánger y El libro de las palabras robadas, para Ediciones del Genal, con el autor, Sergio Barce

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE “LA BELLEZA”, UNA NOVELA DE MIGUEL TORRES LÓPEZ DE URALDE

Ayer presenté la novela de Miguel Torres López de Uralde, La belleza, galardonada con el Premio de Narrativa Francisco Ayala de este año, en el Centro Andaluz de las Letras.

A continuación, os reproduzco mis palabras, a la que siguió un ameno coloquio, en el que intervinieron muchos de los asistentes. 

Miguel Torres López de Uralde y Sergio Barce

Miguel Torres López de Uralde y Sergio Barce  (Foto: Víctor Pérez)

 “La única obsesión del hombre es la memoria de su pasado, no su pasado real.”

“El delito no afecta en nada a la culpabilidad.”

Entré en La belleza sin saber qué iba a encontrarme. Me temía una novela críptica, seguramente seria y, por supuesto, muy filosófica; quizá una especie de tratado disfrazado de relato acerca de la belleza desde un punto de vista estético. Pero cuando llevaba apenas unos párrafos, me di cuenta de que Miguel Torres López de Uralde me estaba embozando con su aparente sencilla narrativa, y comenzaba a crearme una especie de angustia vital, incluso notaba una cierta ansiedad.

Sus palabras me introducían en la vida del protagonista: un maduro profesor y poeta en el declive de su vida, que, asediado por el comienzo del Alzheimer y obsesionado con la trágica muerte de su mujer, parecía abocado a un final inmediato, y quizá por ello había decidido que el poemario que acababa de escribir sería también su última obra.

En apenas dos o tres páginas, Miguel ya me había convertido en cómplice de ese hombre del que apenas sabía nada, pero al que por alguna razón comenzaba a comprender.

La forma de narrar de Miguel me sumía en una profunda inquietud. La trama iba dando pequeños giros, y me preguntaba qué era lo que iba a encontrarme a continuación.

Hábil, como hacía Alfred Hitchcock en sus películas, una insinuación o un interrogante quedaba suspendido al final de cada capítulo. La intriga a cuenta gotas.

Yo me iba identificando con el profesor, y sus miedos y fantasmas eran mis miedos y mis fantasmas.

Esa alumna que se presenta para forzarlo a que dirija su tesis, me planteaba serias dudas de si sería una especie de réplica envenenada de su mujer muerta o de un ángel negro venido para vengarse. A la vez, ir descubriendo el pasado del viejo poeta abría otros misterios que, en mi fuero interno, deseaba que no se confirmasen. Le había tomado afecto al profesor, y no quería que Miguel le hiciese pagar más de lo que ya había pagado.

Además de usar con acierto los resortes de Hitchcock, Miguel parecía poseer el poder de fascinación de Patricia Highsmith.

Me hizo que sospechase de Ada, la esposa muerta, y por eso llegué a pensar que fue una pérfida que ocultaba algo que el profesor no querría descubrir nunca (qué acierto de la novela que existan unas maletas nunca abiertas o un billete de avión sólo de ida); me hizo dudar de lo que hizo en su momento su mejor amigo, el gordo Fuentes, y por eso llegué a barruntarme que le habría traicionado; e incluso me hizo recelar también de Valentina, la criada, y por eso llegué a creer que finalmente acabaría convirtiéndose en algo así como la criada de Rebeca.

Pero Miguel seguía conduciéndome para que creyera lo que no iba a ocurrir, y cuando nos acercábamos al precipicio, daba un nuevo volantazo y me llevaba por otro camino.

El viejo poeta y su aventajada alumna, Elena, se convirtieron en los catalizadores de esta historia, porque, a través de la relación que se entablaba entre ellos, Miguel me desvelaba los demás misterios, como si sus encuentros se hubieran programado para cerrar algunas heridas, aunque eso significara abrir otras nuevas.

La belleza es una novela en la que no hay asesinatos o robos, ni persecuciones por el Monte Rushmore, pero es una novela con una intriga sutil, la intriga de la vida, el suspense del olvido y de la culpa. Una novela que nos plantea dilemas morales y personales, y que tiene un final cortante y amargo, pero que probablemente sea el final más lúcido.

Miguel Torres López de Uralde, me ha conducido por los pasadizos de una pesadilla real y cercana, y por ello más aterradora. Y, sin embargo, nunca ha dejado de mostrarme dónde se esconde la belleza de su narrativa.

Sergio Barce

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La belleza

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MÁLAGA – 1 DE JUNIO – PRESENTACIÓN DE LA NOVELA “LA BELLEZA”, DE MIGUEL TORRES LÓPEZ DE URALDE

La belleza

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Este próximo miércoles, 1 de Junio, tengo la suerte de presentar la novela de Miguel Torres López de Uralde, La belleza, reciente Premio de narrativa Francisco Ayala. La presentación será a las 20.00 horas, en el Centro Andaluz de la Letras, calle Álamos, 24, de Málaga.

“Veneraba la belleza desde joven y casi nunca tuvo escrúpulos en gozar de ella cuando las circunstancias se los permitieron. Sentía que la belleza iba irremediablemente unida a la juventud: No hay nada más soberbio que lo recién estrenado, había escrito. Por eso siempre había puesto sus ojos en mujeres mucho más jóvenes, tal y como le sucedió con Ada.”

 

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LIBROS PARA LEER ESTE VERANO

Con el verano llegan esos maravillosos instantes en los que los turistas, disfrutando de nuestro sol, se quedan dormidos en las hamacas de la playa y, cuando despiertan, han de acudir al primer puesto de socorro para tratar de aliviar la insolación y, sobre todo, las quemaduras de segundo grado que acaban de declararse en sus espaldas…

Hay otra manera de quemarse sin darte cuenta: estar sentado a la orilla del mar (o en la hamaca que ha dejado libre el turista calcinado) con un buen libro entre las manos, un libro que te hace olvidar dónde estás…

Recomiendo algunos títulos, que son los últimos que me han gustado o que me han enganchado de alguna manera, por si os sirviera de orientación.

Crímenes de Ferdinand Von Schirach

Una pequeña joya: “Crímenes” (Verbrechen) de Ferdinand Von Schirach (Salamandra, 2013). Von Schirach es un prestigioso abogado penalista alemán que, partiendo de algunos de los asuntos que ha defendido, nos ofrece once pequeños relatos, muy bien escritos, embaucadores y fascinantes. Hay historias terribles y otras increíbles, alguna extraordinariamente emocionantes. Los titulados “Fähner”, “Suerte” o “El etíope” resultan conmovedores. “Fáhner”, por ejemplo, es la historia de un médico apreciado por todos en la ciudad en la que vive, pero está casado con una mujer que, desde el primer momento, lo humilla permanentemente; sin embargo, él le había jurado que siempre la protegería y la querría, y cumple su juramento a pies juntillas hasta que casi cincuenta años después, un día, la mata a hachazos… Ir descubriendo poco a poco los motivos que le llevan a cometer este acto de salvajismo es un ejercicio interesante, incluso sorpresivo, porque te sorprendes de que no haya ocurrido antes…

EL ADVERSARIO de carrère

Hay un autor que me tiene realmente atrapado. Cuando mi amigo Jesús me habló de él, confieso que no sabía nada de Emmanuel Carrère, pero leí primero “El adversario” (L´adversaire) publicado por Anagrama (como el resto de los libros que citaré de este mismo escritor), y me atrapó. Esa historia terrible pero casi imposible, por inimaginable, es la vida de Jean-Claude Romand quien, en 1993, asesinó a su familia –su esposa, sus hijos, sus padres-. Un hecho que impactó en Francia y que Carrére, muy en la línea del Truman Capote de <A sangre fría> reconstruye entre el periodístico y la investigación, entre la novela de terror y el docudrama, pero con su narrativa diáfana y bien estructurada transforma en una novela fascinante lo que en principio solo iba a ser el retrato de un asesino. El efecto en el lector, al menos en mí, es inquietante.

De vidas ajenas de Carrére

Luego leí la que, quizá, sea una de las mejores novelas que han caído en mis manos en los últimos años: “De vidas ajenas” (D´autres vies que la mienne). Aquí, Emmanuel  Carrère demuestra que es un novelista poderoso, inteligente, audaz y muy humano.

He llorado con este libro. No me importa confesarlo. Arranca con el famoso tsunami del que tanto hemos oído y visto, un acontecimiento que el autor vivió en primera persona, y cuando crees que el libro va de eso, de los efectos secundarios causados por ese impactante accidente natural, el libro da una primera vuelta y luego otra, y nos encontramos enganchados a esa pareja de jueces que trabajaron codo con codo en un tribunal francés, dos jueces que sufrieron cáncer, dos jueces cojos. Y sus historias son tan conmovedoras como valientes, tan profundamente vividas como admirables. Carrère, además, tiene la virtud de que novela vidas reales, aquí esas vidas ajenas que nos dan cien lecciones de cómo afrontar los reveses de la vida.

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La siguiente en caer de Carrère ha sido la majestuosa, fascinante y genial “Limónov”. Otra maravilla de la narrativa. Como en “El adversario”, nos relata la vida y obra de Eduard Limónov, actualmente personaje opositor al presidente Putin, pero que comenzó siendo un niño perdido en una población perdida de la Rusia más perdida… Nacido en plena segunda guerra mundial, Limónov pasa a ser un delincuente juvenil con ansias de poeta, y llega a ser poeta, para luego, desde esa vida sin futuro, desde la Rusia comunista más paupérrima y desastrosa huir al deslumbrante Nueva York, y allí su vida da otro giro inesperado, convirtiéndose primero en un sin techo y luego en el mayordomo perfecto de un multimillonario (Limónov es un camaleón alucinante), y por fin recala en París, convertido en un artista maldito y admirado en los ambientes más underground… Para terminar de nuevo en su amada Rusia, pero pasando por la guerra de los Balcanes donde sorprenderá a todos luchando al lado de los serbios…

Las relaciones que mantiene con las mujeres que marcan su vida son tan salvajes como impactantes.

Un hombre contradictorio al que es casi imposible calificar, entre fascista y comunista, entre nacionalista y transgresor, un tipo con ansias de grandeza que, cuando termina el libro, es todo menos ese glorioso héroe que ha tratado de ser durante toda su vida…

Merece la pena solo por saborear la calidad de la escritura de Carrère pero también por descubrir la vida de Limónov, tan radical y tan apasionada como frustrante y miserable, una vida vivida a bocados.

Una novela rusa de Carrère

Ahora ando con “Una novela rusa” (Un roman russe), otro fantástico libro de Carrère (ya digo que estoy atrapado por este autor). Otra muy buena novela, pero que me ha subyugado al descubrir la sinceridad tan desnuda y descarnada con la que este escritor es capaz de mostrar aspectos de su vida privada y de su forma de pensar o sentir. Es otro retrato real de otra víctima de nuestra época, el último recluso húngaro de la Segunda Guerra Mundial encontrado en un psiquiátrico ruso, que no es más que la excusa de Carrère para hablar de sí mismo y de ese país del que proviene su familia: Rusia. (Una curiosidad: algunas de sus sensaciones respecto al país de su niñez son tan parecidas a las sensaciones que yo experimento cuando pienso en Marruecos que incluso me identifico íntima y sinceramente con él, pero sólo en esto).

No sé quién eres de Miguel Torres

Junto a estos libros, algo absolutamente diferente: “No sé quién eres” de Miguel Torres López de Uralde (Ediciones Menoscuarto). Me  ha encantado esta novela de Miguel Torres, en especial la trama que desarrolla en esa selva amazónica tan sugerente y atractiva. Miguel tiene una escritura diáfana, sin artificios, y junto a ese ambiente casi fantasmagórico que crea alrededor del cementerio malagueño de San Miguel y la figura enigmática de Zoe, el contrapunto de esa tribu que se ha sacado de su chistera, la de los miotas, y con ellos se inventa algo tan original como atractivo: que cuando en una pareja, en un matrimonio miota, uno de los dos fallece, el chamán de la tribu aplica una pasta al rostro del muerto y fabrica una máscara que el cónyuge sobreviviente ha de llevar puesta el resto de su vida… esto dota a la historia de otra dimensión. Luego está el personaje de Somoza, y los avatares del protagonista narrador que nos lleva desde la selva a ese rincón del cementerio malagueño en una suerte de hechizo. Preciosa novela.

El cránero de la araña de Jofran Martín

Por último, “El cráneo de la araña” de Jofran Martín Caparrós. Publicada en 2011 por Círculo Rojo, traigo esta novela a esta pequeña selección que propongo porque puede ser el contrapunto ideal. Se trata de una historia encantadora, que se desarrolla en Málaga, durante la Primera República, y no sé bien por qué, mientras la leía en su momento me recordaba las obras de Julio Verne, y hasta me imaginaba los escenarios de Georges Méliés. Parece escrita en aquella época, quizá la ambientación histórica sea una de las razones, tal vez la escritura parsimoniosa que no estática de Jofran Martín sea la razón.

Con Darwin por entre sus páginas, encuentras hechos reales tan sugerentes como esa anécdota que relata de los viajes que entonces se organizaban para turistas extranjeros que deseaban ser atracados por los bandoleros que continuaban por la sierra andaluza… Pero  no es eso lo que Jofran trata de contarnos con su novela, es algo más humano y más cercano: cómo los sueños van resquebrajándose ante la tozuda realidad.

Los soldados de Pablo Aranda

E insisto en que “Los soldados” de Pablo Aranda, del que ya hablé en otro artículo, es para lectores insaciables deseosos de que un libro los enganche. Magnífico.

Por supuesto ( y me permito esta licencia), os invito a leer mi nueva novela recién publicada: “El libro de las palabras robadas”, o cualquiera de mis anteriores libros. Pero esa es ya una elección que no depende de mí.

Sergio Barce, julio 2013

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