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EN BUSCA DE AQUEL SONIDO, CON ENNIO MORRICONE

En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida (Inseguendo quel suono: la mia música, la mia vita, 2017) es un libro-entrevista-conversación de/con Ennio Morricone.

De la mano del también músico Alessandro de Rosa, a través de esta larga conversación que mantiene con el gran maestro, recorremos toda la vida de uno de los mayores genios que ha dado la música. Y no exagero. Ya tenía esa idea desde hace años, mucho antes de leer este estupendo libro, pero ahora me lo ha confirmado.

¿Qué otro músico de bandas sonoras para cine ha conseguido que sus composiciones se repitan una y otra vez en diferentes películas a modo de homenaje o de simple “reutilización” de sus creaciones? ¿Qué otro músico ha conseguido que bandas de rock abran sus conciertos con la música compuesta por un “autor serio”? ¿Qué otro músico ha logrado que sus bandas sonoras se conviertan en parte de nuestras vidas? La respuesta es: Ennio Morricone.

Morricone ha podido ver cómo sus trabajos para las películas de Sergio Leone y otros realizadores han sido empleadas de nuevo en films de Oliver Stone, Alex de la Iglesia, Wong Kar-Wai, Guy Ritchie o Quentin Tarantino, entre otros muchos, o en series de ficción como Los Soprano o de animación como Los Simpson. La banda de rock Metallica, abre habitualmente sus conciertos con una versión de su tema L´estasi Dell ‘oro, que compuso para el film El bueno, el feo y el malo (Él buono, il bruto, il cattivo, 1966). Y cuando se hace un homenaje a víctimas fallecidas en atentados o a un personaje conocido en los estadios o eventos públicos, se suele utilizar su banda de Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west, 1968) o Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984). Esto quiere decir que, con independencia de la belleza y grandiosidad de sus creaciones, todas ellas se han convertido en música popular. Algo inhabitual.

En busca de aquel sonido analiza todo esto. Pero nos desvela al creador y, saber cuáles son sus ideas políticas, morales y éticas, su manera de componer, sus sentimientos hacia las personas con las que ha colaborado, lo acercan aún más. Sus relaciones con otros músicos, y, sobre todo, con los grandes realizadores de cine con los que ha trabajado es fascinante.

Cuenta Morricone en el libro esta divertida anécdota que vivió mientras creaba la banda sonora para Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto, 1970) del director italiano Elio Petri:

 “…guardo el recuerdo imborrable de la vez que vimos juntos Elio y yo Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (…) …Has de saber que mis primeras propuestas no lo convencieron, pero luego encontramos el camino definitivo. Grabé los temas y se los entregué. Él insistió en que no estuviese en la mezcla de la película y no tardó nada en convencerme: aquellos años yo tenía la costumbre de no acudir a las mezclas, consideraba que eran cosa del director. Después me llamó, para pedirme que le diera mi opinión sobre lo que había hecho.

Entramos en la salita, se apagaron las luces y comenzó la proyección. Desde la primera escena, hasta el asesinato de Florinda Bolkan, había algo que fallaba. Los temas que escuchaba no eran los que había escrito para su película, sino otros, pertenecientes a Comandamenti per un gangster (1968), un trabajo más bien flojo para el que había escrito una banda sonora que cautivase al público (algo que no he vuelto a repetir, pero que por aquel entonces a veces intentaba).

Yo lo miraba horrorizado y no comprendía nada. Elio de vez en cuando me hacía un gesto, con el que me daba a entender que le gustaban más los temas elegidos por él.

Durante el asesinato de Florinda Bolkan, dijo: <¡Ennio, fíjate qué bien queda! ¿A que sí?>.

Era absurdo, un sufrimiento increíble: un director que ponía en entredicho la música a un compositor de ese modo…

Terminado el primer rollo, por aquel entonces se funcionaba con rollos, se encendió la luz. Yo estaba hecho polvo, destrozado, petrificado.

Elio se me acercó y me dijo: <Y bien, ¿qué te parece?>.

Saqué fuerzas de flaqueza y contesté: <Si te gusta así, está bien…>.

Él cargó las tintas y, absolutamente convencido, añadió: <Es perfecta, ¿no?>.

No tenía palabras y no sabía qué responder. Me dije que, en el fondo, aquello no era una pregunta retórica, pues, al fin y al cabo, él era el director y aquella era su voluntad. ¿Qué podía hacer?

Tragué saliva y me di ánimos, pero antes de que pudiera pronunciar una sílaba, Elio me dio una palmada en un hombro, luego me sacudió un poco con las dos manos y, en dialecto romano, me dijo: <¡Ay, Morricó…! ¡Picas siempre, picas siempre! ¡Has escrito la mejor música que podía escribirse para esta película y tendrías que emprenderla a bofetadas conmigo por esta broma!>. Eso fue lo que dijo.

Me había gastado una broma, pero yo no caí en la cuenta de ello. Me confesó que hacía tiempo que la había planeado. Fue un mazazo sin igual. Petri también era así.

En aquel momento comprendí, como nunca en toda mi vida, hasta qué punto el músico está al servicio del director y de la película…”

ENNIO MORRICONE Y SERGIO LEONE

Es emotivo lo que cuenta de su relación profesional, llena de admiración, con Pier Paolo Pasolini, y cómo le afectó su asesinato. Como lo es todo lo que relata de sus trabajos para Giuseppe Tornatore, Bernardo Bertolucci, Giuliano Montaldo o Tarantino, y el proceso creativo llevado a cabo, adaptándose a cada circunstancia y a cada época. Te das cuenta de su sabiduría, del riesgo que corría yendo a veces contra las convenciones musicales del momento, de su ingente e inagotable capacidad de trabajo. Son cientos de bandas sonoras. Pero también de música experimental, música “seria” para concierto, música pop… Lo abarca todo, y todo por encima de cualquier otro.

Su tema para la película Sacco e Vanzetti (1971) de Giuliano Montaldo, decidió que debía cantarla Joan Baez, y ese tema se ha convertido, desde entonces, en un himno: Here´s to you. Ejemplo de su inmensa influencia en todos los ámbitos desde su simple batuta.

También es muy emotivo todo lo que cuenta de su fructífera relación con el gran Sergio Leone, con el que hizo sus trabajos más conocidos y repetidos. Pero en especial, cuando detalla lo que sucedió al fallecer Leone, su amigo y compañero entrañable. Ocurrió en 1989, cuando ambos trabajaban ya para el nuevo proyecto de Sergio Leone titulado L´asedio di Leningrado, que iba a protagonizar Robert de Niro. Cuenta Morricone en el libro:

 “…Hablaba sobre ello desde hacía años. Un proyecto semejante precisaba mucha inversión, pero Sergio estaba a punto de encontrarla. Todavía no habíamos hablado de los temas musicales, pero Sergio me dijo que aparecería una orquesta desde el principio, tocando una de las sinfonías de Shostakóvich. Como un símbolo de resistencia, reaparecería en varios momentos, cada vez más diezmada, con músicos heridos y sillas vacías.

Era raro que yo no hubiese comenzado aún a elaborar ningún tema, pero siempre tuve la sensación de que Sergio no iba a acabar aquel proyecto. Había recibido el visto bueno de las autoridades soviéticas para los tanques, seguramente no serían cien, como él quería, y también había comprado los pasajes para viajar allí y ver localizaciones de exteriores, pero nunca llegó a ir.

Su corazón se paró el 30 de abril de 1989. Al final de su vida, su corazón estaba muy mal, sabía que necesitaba un trasplante, pero no lo quiso por temor a acabar en una silla de ruedas y así se condenó a una muerte segura. Yo me enteré de su decisión ese día, cuando fui a su casa: estaba echado en la cama, ya exánime, y su nieto Luca me explicó todo. Era muy temprano por la mañana y fue un día espantoso, repleto de dolor. El día siguiente, si cabe, fue aún peor.

Luego se celebró el funeral, del que guardo recuerdos bastante confusos porque estaba desolado. Hubo una participación popular increíble y tocaron algunos de mis temas. Cuando me llamaron al altar, me limité a decir:

<Después de tanta atención al detalle del sonido en sus películas, hoy solo hay un profundo silencio>.

Estaba desolado. Había muerto un amigo y un gran director de cine que todavía no había sido plenamente reconocido como tal.”

También es muy curiosa su relación con el cine americano, al que ha regalado muchas de sus mejores bandas sonoras, como La misión (The mission, 1986) o Los intocables de Elliot Ness (The untouchables, 1987) de Brian de Palma. Pese a ello, los años pasaban y se le negaba el Óscar, pese a sus maravillosas composiciones. Pero Tarantino, erre que erre, casi le obligó a que compusiera la banda sonora para su film Los odiosos ocho (The hateful eight, 2015). Con 87 años de edad, Morricone compuso uno de sus temas más sorprendentes y arriesgados, y, esta vez, sí, le dieron el Óscar por una de sus bandas sonoras.

En 2007, no obstante, se le había concedido un Óscar honorífico por el conjunto de su trabajo, porque, supongo, era imposible soslayar la injusticia que se cometía con él. Este acontecimiento también es uno de los instantes más emocionantes de este libro, y ejemplo de la grandeza de Morricone. Lo cuenta así:

 “…Lo que sé es que no haber ganado el Óscar me molestó un poco durante años, pues he colaborado mucho con el mercado norteamericano. Así que, para mí, al final, recibirlo fue significativo.

(…) …El premio en sí mismo es solo parte del reconocimiento con motivo del Óscar Honorífico, por ejemplo, recibí una llamada de Quincy Jones, que me dijo cosas que nunca olvidaré…

(…) Clint Eastwood me entregó la estatuilla y me hizo de intérprete en la ceremonia. Y, en mis recuerdos, fue un largo viaje lleno de anécdotas. Eastwood me dio una preciosa sorpresa la noche anterior a la ceremonia, cuando se unió en la fiesta que habían organizado en el Instituto Italiano de Cultura. Llegó sin decir nada a nadie, por propia iniciativa, para saludarme. Me felicitó por el resultado y yo me emocioné mucho: hacía casi cincuenta años que no nos veíamos.

La noche de la ceremonia estaba en el palco con mi esposa María y uno de mis hijos, que, detrás de mí, traducía lo que decía Eastwood en el estrado.

En un momento dado, Céline Dion, que estaba en primera fila y debía cantar la melodía del tema de Deborah de Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), vino hasta el pie de mi palco y me dijo: <Maestro, esta noche no cantaré con la voz, sino con el corazón>.

Esa fue la primera vez que se me puso la piel de gallina aquella velada. Su actuación fue extraordinaria: nunca me habría podido imaginar que una pieza tan célebre, escrita hacía tantos años, pudiera llegarme tan hondo…”

En las páginas de En busca de aquel sonido, Morricone también nos descubre su inmensa humildad y humanidad. Ahora lo admiro mucho más.

Sergio Barce, agosto 2017

El libro ha sido publicado por Malpaso (parece un bonito juego de palabras, porque la productora de Clint Eastwood se llama igual), y la excelente traducción del italiano es de César Palma.

 

 

 

 

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PÓSTERES DE CINE – PURO ARTE PLÁSTICO

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Desde que veo cine (desde niño), me han fascinado los pósteres que anuncian las películas, su diseño, su formato, su mensaje sugerente o secreto.

He de reconocer que los pósteres en los filmes de acción, especialmente los westerns, son quizá los más elaborados. Y entre los westerns, tal vez los spaghetti-westerns sean los mejores (la imaginación de los creadores italianos y españoles le echaron mucho ingenio a sus trabajos). El cine que llamamos clásico quizá sea el que nos ha dejado los pósteres y los diseños de títulos de crédito que mejor recordamos, aquí van algunos ejemplos que he escogido desde 1944 hasta 1963, donde es evidente la evolución de este arte:

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Pero será Saul Bass, en los años cincuenta, el que convierta definitivamente la técnica de la creación de pósteres y títulos de créditos en un arte. Si nos fijamos en los pósteres anteriores, descubriremos la influencia de Saul Bass en los últimos títulos.

Este diseñador gráfico americano, saltó a la fama de la mano del realizador Otto Preminger que confió en él para los carteles de sus película, y con él diseñó quizá los más revolucionarios: Carmen Jones (1954), El hombre del brazo de oro (The man with the golden arm, 1955),  Saint Joan (1957), Buenos días, tristeza (Bonjour tristesse, 1958), Anatomía de un asesinato (Anatomy of a murder, 1959), Éxodo (Exodus, 1960), Tempestad sobre Washington (Advise and consent, 1962)… Y para Alfred Hitchcock, los más carismáticos de su trabajo: Vértigo (Vertigo, 1958), Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), Psicosis (Psycho, 1960)… Aunque para mí, el diseño de cartel más espectacular es, sobre todo, el que realizó para los títulos de crédito de Espartaco (Spartacus, 1960), de Stanley Kubrick, que es una obra maestra en todos los sentidos. 

En los siguientes pósteres de Saul Bass, es muy fácil reconocer su estilo:

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"The Man with the Golden Arm" (Saul Bass Poster) 1955 United Artists ** T.N.C.

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espartaco

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exodo

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psicosis

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Saul Bass utilizaba todo tipo de material: desde acción real hasta recortes, a los que añadía animación. Luego, los insertaba con los nombres y añadía un montaje excepcional. Idea suya fue también bañar la imagen de un solo color, como hizo en las películas de Hitchcock.

Trabajó para los mejores realizadores: además de los mencionados Preminger, Hitchcock y Kubrick, para William Wyler, Billy Wilder, Robert Wise…

"The Big Country" (Saul Bass Poster)1958 United Artists ** T.N.C.

“The Big Country” (Saul Bass Poster) 1958 United Artists ** T.N.C.

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Pero la obra de Saul Bass continuó en los años siguientes, y creó algunas otras obras maestras: en los setenta, el cartel y títulos de Alien, el octavo pasajero, en los noventa trabajos para Martin Scorsese: Uno de los nuestros, El cabo del miedo, La edad de la inocencia, Casino… Pero en estos últimos trabajos, su huella se nota especialmente en los títulos de créditos. Supo adaptarse a cada decenio, y Saul Bass siempre marcó un estilo personal y reconocible. Un maestro absoluto.

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casino

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En los últimos años, dejando a un lado a Saul Bass, hay otros carteles o pósteres impresionantes, y traigo algunos ejemplos. ¿Quién puede olvidar el póster de El exorcista (The exorcist, 1973) o Sin perdón (Unforgiven, 1992)?

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agora

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Por supuesto, Quentin Tarantino, como en cada uno de los detalles de sus películas, no ha descuidado los pósteres ni tampoco los títulos de crédito de sus filmes, sirva de ejemplo éste de Malditos bastardos (Inglorious bastards, 2009).

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Y tampoco hemos de olvidar los diseños de los títulos de crédito de la serie James Bond, con unas características muy definidas que se repiten en toda la serie. Pero de éstas, sólo traigo el póster de Quantum of Solace (2008), por su elegancia.

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Más adelante, dedicaré un apartado a los pósteres y diseño de título de los spaghetti-westerns. Toda una curiosidad imaginativa y creativa.

Sergio Barce, octubre 2016

 

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EL CINE DE 2013

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Soy un apasionado del cine. Todos los amigos lo saben. Y por eso, sigo siéndole fiel y no abandono la pantalla grande. Continúa embrujándome todo el rito que rodea al acto de ir a un cine: hacer cola, sacar mis entradas, ver la película en la oscuridad de la sala, comentar los detalles de la película al terminar la proyección, bien tomando un café por la tarde o bien cenando por la noche, dependiendo de la hora de la sesión… Sigue leyendo

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DJANGO DESENCADENADO (DJANGO UNCHAINED, 2012) UN FILM DE QUENTIN TARANTINO

Si hay algún Oscar indiscutible este año es el de Daniel Day-Lewis por su interpretación de “Lincoln”, pero también lo son el de Guión original para Quentin Tarantino y el de Mejor Actor de Reparto para Christoph Waltz, ambos por “Django desencadenado” (Django unchained), en mi modesta opinión la mejor película con permiso incluso de “Argo”.

Este año hablo con conocimiento de causa porque he visto prácticamente todas las películas candidatas, ya se sabe que cuando uno es un apasionado del cine hace este tipo de cosas., y, con sinceridad, “Django desencadenado” es la película que me habría gustado rodar (si fuera director de cine). 

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¿Qué tiene este film para que me haya gustado tanto? Pues tiene ritmo, es entretenida, te hace reír pero también te hace sufrir, es un western, el género cinematográfico por excelencia y que desde mi infancia me fascina, pero es además un spaghetti-western (junto a “Hasta que llegó su hora” –Once upon a time in the West- de Sergio Leone, el mejor).  Sus diálogos son magistrales, pronto los veremos reproducidos en infinidad de blogs y de páginas dedicadas al cine, su banda sonora es poderosa y electrizante, sus imágenes impactantes. Ya lo anuncia su tráiler:

Trailer:

Quentin Tarantino es un embaucador, pero tan inteligente que arma sus películas como perfectos engranajes. Escribe un guión excelente y dirige con mano maestra. No oculta nada en esta película: coge uno de los títulos míticos del spaghetti-western “Django” (1966) de Sergio Corbucci y que protagonizara Franco Nero, en la que se narraban las peripecias de un pistolero que llega a un pueblo cochambroso del Oeste arrastrando un ataúd, pero, por supuesto, no rueda esa película, Sigue leyendo

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Diálogos de películas 14

KRIS KRISTOFFERSON Y LORI SINGER en INQUIETUDES

Inquietudes (Trouble in mind, 1986) de Alan Rudolph

Kris Kristofferson:   Yo me crié aquí, pero voy a morir en otra parte.
Lori Singer:   ¿Morir? ¿Por qué habla de morir? ¿No acaba de decir que se siente muy bien?
KK:   Ahora mismo me siento como no me he sentido en mi vida. Probablemente es lo que me ha hecho pensar en la muerte.
LS:   ¿Por qué?
KK:   Cuando uno se hace viejo, piensa en la muerte. Y en no morirse en el momento y lugar que no debe. Cuando llegue mi hora, quizá cruce el río, siguiendo mi destino…

Sin City (2005) de Robert Rodríguez y Frank Miller

Mickey Rourke:  Hace un calor infernal. Una asquerosa habitación, de un asqueroso barrio, de una asquerosa ciudad. Contemplo a una diosa. Me dice que me desea. No perderé ni un segundo más preguntándome cómo he podido tener tanta suerte. Huele como deben oler los ángeles. La mujer perfecta, una diosa: Goldie. Dice que se llama Goldie.

Kill Bill (2003) de Quentin Tarantino

Uma Thurman:  Parecía muerta, ¿verdad? Pues no lo estaba. Pero no porque no lo intentaran, os lo aseguro. De hecho, aquel disparo de Bill me dejó en coma, un coma que duraría cuatro años. Al despertar, causé lo que en los tráiler de las películas suelen llamar una oleada de muerte y destrucción. Hubo muertes, hubo destrucción, y obtuve una total satisfacción. He matado a cantidad de personas hasta llegar a esto, pero aún me queda una más, la última, y me dirijo a ella en este instante. Es el único que queda. Y cuando por fin llegue a mi destino, tengo que matar… a Bill.

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