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TÁNGER – 21 DE SEPTIEMBRE – PRESENTACIÓN DE “LIMONES NEGROS”, UNA NOVELA DE JAVIER VALENZUELA

La nueva novela de Javier Valenzuela, Limones negros (Editorial Anantes – Sevilla, 2017), se presenta este jueves, día 21 de septiembre, en la Biblioteca Juan Goytisolo del Instituto Cervantes de Tánger, a las 19:00 horas.

La presentación correrá a cargo de la hispanista Randa Jebrouni.

LIMONES NEGROS

Sinopsis de Limones negros: Tánger, otoño de 2015. La corrupción española atraviesa el estrecho de Gibraltar en busca de nuevas oportunidades de negocio. Lola Martín, capitán de la Guardia Civil, sigue la pista en la ciudad marroquí de los tejemanejes de un poderoso banquero. Sepúlveda, profesor del Instituto Cervantes, le ayuda en sus pesquisas.

¿Hasta dónde puede soportarse la corrupción? ¿Es lícito tomarse la justicia por su mano cuando la oficial resulta inoperante? Sepúlveda y Lola Martín se hacen esas preguntas conforme van apareciendo cadáveres en Tánger y entra en escena la inteligente y hermosa Adriana Vázquez. Limones negros pone al día el arquetipo de la femme fatale

(La sinopsis es reproducción de la aparecida en Prensa Anantes).

JAVIER VALENZUELA

JAVIER VALENZUELA

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 3

Tercera entrega para daros a conocer artistas y creadores nacidos en Marruecos. Espero que os resulte, al menos, curioso.

MICHEL GALABRÚ

(Safi, 1922 – París, 2016)

Michel Galabrú

Actor al que recuerdo con afecto por aquellas colaboraciones que hizo junto a Louis de Funès y que veíamos en los cines de Larache, como El gendarme de Saint-Tropez (Le gendarme de Saint-Tropez, 1964) de Girault, Sálvese quien pueda (Le petit Baigneur, 1968) de Dhéry, El gendarme en casa (Le gendarme se marie, 1968) de Girault o  y por su papel en esa preciosa película que es La guerra de los botones (La guerre des boutons, 1962) de Yves Robert. Perteneció a la Comédie Française desde 1950 y se convirtió en un prestigioso actor de teatro. Reconocido como comediante, también efectuó excelentes trabajos dramáticos. Era también escritor.

En su larguísima carrera como actor de cine, colaboró con los más prestigiosos realizadores franceses, y ahí están, además de las ya citadas, sus trabajos en las cintas Las buenas ocasiones (La bonne occase, 1965) de Michel Drach, Sección especial (Section spéciale, 1975) de Costa-Gavras, La casa de los desmadres (Il gatto, 1977) de Luigi Comencini, Vicios pequeños (La cage aux folles, 1978) de Édouard Molinaro, Una semana de vacaciones (Une semaine de vacances, 1980) de Tavernier, Le choix des armes (1981) de Alain Corneau, Verano asesino (L´été meurtrier, 1983) de Jean Becker, Notre histoire (1984) de Bertrand Blier, Subway (1985) de Luc Besson, Historia de una revolución (La révolution française, 1989) de Robert Enrico, Uranus (1990) de Claude Berri o Bienvenidos al Norte (Bienvenue chez les Ch´tis, 2008) de Boon. También intervino en Belle Epoque (1992) de Fernando Trueba.

LOUIS DE FUNÈS Y MICHEL GALABRÚ

Ha compartido protagonismo con actores y actrices de la talla de Catherine Deneuve, Jean-Paul Belmondo, Yves Montand, Annie Girardot, Alain Delon, Philippe Noiret, Isabelle Huppert, Gérard Depardieu, Isabelle Adjani… además del ya referido de Funès.

La última etapa de su vida fue dolorosa. Estuvo al lado de su mujer, enferma de Parkinson, sin apartarse de ella, y afirmaba que la vida ya no le importaba nada. Murió en 2016.

En 1977 fue galardonado con el Premio César al Mejor Actor Protagonista por su papel en la película de Bertrand Tavernier El juez y el asesino (Le juge et l´assassin). Y estuvo nominado en otras dos ocasiones más.

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MANUEL BALAGUER

 (Larache, 1945)

MANUEL BALAGUER

Pintor. Manuel Balaguer se inició junto al también pintor marroquí Mohamed Yebary en su ciudad natal. Se licenció en Arquitectura Técnica en Madrid. Tras su paso por el taller del pintor Pedro Escalona, estudió Bellas Artes, obteniendo el título en la Universidad de San Carlos de Valencia. Desde 1990 es profesor en la Escuela Municipal de Pintura de Torrevieja.

Además de sus grandes murales que se pueden contemplar en Alicante, Torrevieja y Marbella, ha expuesto en Marruecos, Francia, Dinamarca, Noruega y numerosas ciudades españolas. Entre los años 2006 y 2009, “Lanuza Ediciones S.L.” le encargó los grabados de los libros “Poblament” de Callosa de Ensarriá, “Carta Pobla” de Finestrat y “Altea Poemas” de la ciudad de Altea.

Pese a la distancia, Manuel Balaguer nunca ha dejado de pintar paisajes de Larache. Actualmente, tiene su estudio de pintura en Alicante.

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LARACHE – por Manuel Balaguer

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MACHA MÉRIL

MACHA MÉRIL

(Rabat, 1940)

Actriz, productora, escritora y cantante. Desde 1960 hasta la actualidad, Macha Méril ha trabajado para los mejores directores europeos de cine. Pero, curiosamente, entre sus primeros trabajos se cuentan apariciones en varias series de televisión y films USA, como Consejos a medianoche (Who´s been sleeping in my bed?, 1963) de Daniel Mann, con Dean Martin, o como la última cinta de Montgomery Clift, El desertor (L´espion, 1966) de Lévy.

JEAN-LUC GODARD y MACHA MÉRIL

Entre sus películas se cuentan obras imprescindibles del cine francés como su papel protagonista en Una mujer casada (Une femme mariée.., 1964) de Jean-Luc Godard o sus trabajos en distintos países en Belle de jour (1966) de Luís Buñuel, Siempre en el recuerdo (Au pan coupé, 1968) de Gilles, Nosotros no envejeceremos juntos (Nous ne vieillirons pas ensemble, 1972) de Maurice Pialat, Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975) de Dario Argento, La ruleta china (Chinesisches roulette, 1976) de Rainer W. Fassbinder, Robert et Robert (1977) y Los unos y los otros (Les uns et les autres, 1981) ambas de Claude Lelouch, En nombre de los míos (Au nom de tous les miens, 1984) de Robert Enrico, Ansias de vivir (Duet for one, 1987) de Andrei M. Konchalovsky, Cita con Venus (Meeting Venus, 1991) de István Szabó o La hija de un soldado nunca llora (A soldier´s daughter never cries, 1998) de James Ivory.

Estuvo nominada al Premio César a la Mejor Actriz de Reparto por Sin techo ni ley (Sans toit ni loi, 1985) de Agnès Varda. Está casada con el músico Michel Legrand.

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“RECUERDO UN PEQUEÑO TALLER DE BICICLETAS”, UN RELATO DE SERGIO BARCE

   Recuerdo que había un pequeño taller de bicicletas enfilando la calle Cervantes, camino del Cine Avenida, a pocos metros de la bocacalle del callejón del Ideal. El encargado se llamaba Yasim. Yo llevaba allí mi bici plegable cuando se le rompía la cadena o se le pinchaba una rueda. De las paredes del local colgaban llantas con radios brillantes y otras con los radios oxidados, gomas y cámaras desinfladas, sillines usados, manillares de bicicletas de carrera y manetas de freno. Había un poster de Eddy Merckx el Caníbal subiendo la montaña enfundado en el maillot amarillo del Tour de Francia del 70.   

EDDY MERCKX EN EL TOUR DE FRANCIA 1970

   Para encontrar el pinchazo de la rueda, Yasim echaba un rápido vistazo por la cámara y, cuando creía haber dado con el punto por donde presumiblemente se evaporaba el aire, sobre la yema de su dedo índice depositaba saliva, una saliva densa y blanca, que luego aplicaba sobre el posible pinchazo. Aguardaba entonces unos segundos para comprobar si la saliva regurgitaba; si se formaban pompas era que había acertado. Luego, sólo era cuestión de parchearlo.

   Recuerdo que, a veces, había que esperar un buen rato cuando Yasim se tomaba un té, larachensemente, o se ponía a hablar con un amigo que iba camino de la Plaza y se había detenido a saludarlo. Hasta que no acabara de beberse el vaso de té verde o de hablar con su amigo, no había nada que hacer. En esos casos, me sentaba en la acera de enfrente, bajo la larga pared blanca sobre la que caía pesadamente el sol de la tarde. Cuando por fin decidía repararla, le pagaba y safi baraka, a pedalear de nuevo dejando atrás el cine, bajando la cuesta del mercado a toda velocidad sin dejar de tocar el timbre para que los peatones se apartaran…

   Había también, en el pequeño taller, bicicletas de alquiler, y motocicletas de pequeña cilindrada. Olía a goma y a pegamento, y a gasolina y aceite.   

   Recuerdo a un anciano que siempre aparecía cuando iba al taller. Alquilaba una bicicleta alta, de barra horizontal y manillar de carrera, aerodinámico, y con palanca de cambio de velocidades. Resultaba llamativo ver a un hombre tan mayor, con una bici tan moderna. Más curioso aún era el hecho de que vestía con una chilaba espartana, marrón, áspera, que se arremangaba para poder subir y sentarse en el sillín. Se ataba las perneras de su pantalón gris con unas pinzas de madera, de las que se usan para colgar la ropa, y antes de ponerse en camino se cubría la cabeza con la capucha de la chilaba. Apenas se le veía entonces el rostro. Se marchaba así, muy lentamente, tan despacio que parecía no tener fuerzas suficientes para dar un pedaleo. Pero poco a poco se alejaba por la calle, y no regresaba hasta la noche, cuando Yasim iba a cerrar, a la misma velocidad a la que se había ido por la mañana. Su silueta se recortaba al final de la calle Cervantes, bajando desde la avenida Mohamed V, y verlo era como contemplar a un siniestro fantasma que flotara sobre una luciérnaga. La luciérnaga, claro, era el faro de la bicicleta, y el fantasma su cuerpo embozado en la chilaba que, en la noche, se confundía con la oscuridad.

   Cuando devolvía la bicicleta, solía traer una bolsa con palmitos y yerbabuena colgada del manillar, se la entregaba a Yasim y se marchaba a grandes zancadas. Hasta otro día. No sé si con eso pagaba el alquiler de la bici, o si era un regalo que le hacía o simplemente un encargo. Pero el caso es que nunca abrió la boca, ni siquiera para saludar.

   El taller abría temprano. Al ir al colegio, yo pasaba por la puerta, aprisa, para no llegar tarde, y veía de reojo a Yasim sentado en un taburete de madera, con un vaso de té entre las manos, saboreándolo, antes de meterle mano a la faena, rodeado de bicicletas y de motos de pequeña cilindrada, y entre sorbo y sorbo se quedaba mirando a Eddy Merckx, el Caníbal, escalando la montaña, enfundado en el maillot amarillo del Tour de Francia del 70, soñando quizá que iba en el pelotón perseguidor…

Sergio Barce

Este relato forma parte de mi libro de cuentos Paseando por el zoco chico. Larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015)

 

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“LA NARRATIVA HISPANOMAGREBÍ”, EN LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIA

El escritor José Sarria va a impartir una charla sobre la literatura hispanomagrebí en los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía, y ha tenido la gentileza y el detalle de incluirme entre los autores que ha seleccionado para su ponencia. Todo un honor.

JOSE SARRIA

La información que nos ha hecho llegar José Sarria es la siguiente:

Del 28 al 31 de agosto estaré en la sede de Baeza de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), co-dirigiendo y participando en el curso “LA NOVELA ESPAÑOLA ACTUAL EN LA ERA DIGITAL Y EL HUMANISMO SOLIDARIO (1975-2016)”.

Me toca hablar de narrativa hispanomagrebí y, además de una perspectiva general de esta corriente literaria, estaré hablando de cuatro de sus mejores y más representativos escritores: Mohamed Doggui, Mohamed Lahchiri, Sergio Barce y Said el Kadaoui Moussaoui.

MOHAMED DOGGUI
LIBROS PUBLICADOS: Mamadú y los verbos españoles (Premio Fundación Dos Orillas, 2010) y Alizeti: la fugitiva del Sol (2013).

MOHAMED DOGGUI

MOHAMED LAHCHIRI
LIBROS PUBLICADOS: Pedacitos entrañables (1994), Cuentos ceutíes (2004), Una tumbita en Sidi Embareck y otros cuentos ceutíes (2006) y Un cine en el Príncipe Alfonso y otros relatos (2011).

MOHAMED LAHCHIRI

SERGIO BARCE
LIBROS PUBLICADOS: En el Jardín de las Hespérides (2000), Sombras en sepia (Premio Tres Culturas de Novela-PRETEXTOS, 2006), Una sirena se ahogó en Larache (2011), El Libro de las palabras robadas (2013-2016), Paseando por el zoco chico (2014) y La emperatriz de Tánger (2015).

SERGIO BARCE

SAID EL KADAOUI.
LIBROS PUBLICADOS: Límites y fronteras (2008), Cartes al meu fill. Un catalá de soca-rel, gairebé (Cartas a mi hijo. Un catalán de pura cepa, casi) (2011) y NO (2016, escrito en castellano).

SAID EL KADAOUI

Abordaremos el estado de la narrativa española contemporánea, desarrollando un recorrido, también, por la narrativa andaluza. Para ello, contaremos con algunos de los mejores especialistas del momento:

Dr. Ángel Basanta. Universidad Complutense de Madrid. Presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios. 
Dr. José María Pozuelo Yvancos. Universidad de Murcia. 
D. Salvador Compán. Novelista y Catedrático de Lengua y Literatura. 
Dr. Francisco Morales Lomas. Universidad de Málaga.
Dra. Remedios Sánchez García. Universidad de Granada.
Dr. Manuel Gahete Jurado. Catedrático de Lengua y Literatura. 
Dr. Sergio Arlandis. Universidad de Valencia.
D. José Sarriá Cuevas. Economista, escritor y secretario general de Humanismo Solidario.

Colaboran la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, la Asociación Colegial de Escritores-Andalucia y la Asociación Internacional Humanismo Solidario.

 

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EN BUSCA DE AQUEL SONIDO, CON ENNIO MORRICONE

En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida (Inseguendo quel suono: la mia música, la mia vita, 2017) es un libro-entrevista-conversación de/con Ennio Morricone.

De la mano del también músico Alessandro de Rosa, a través de esta larga conversación que mantiene con el gran maestro, recorremos toda la vida de uno de los mayores genios que ha dado la música. Y no exagero. Ya tenía esa idea desde hace años, mucho antes de leer este estupendo libro, pero ahora me lo ha confirmado.

¿Qué otro músico de bandas sonoras para cine ha conseguido que sus composiciones se repitan una y otra vez en diferentes películas a modo de homenaje o de simple “reutilización” de sus creaciones? ¿Qué otro músico ha conseguido que bandas de rock abran sus conciertos con la música compuesta por un “autor serio”? ¿Qué otro músico ha logrado que sus bandas sonoras se conviertan en parte de nuestras vidas? La respuesta es: Ennio Morricone.

Morricone ha podido ver cómo sus trabajos para las películas de Sergio Leone y otros realizadores han sido empleadas de nuevo en films de Oliver Stone, Alex de la Iglesia, Wong Kar-Wai, Guy Ritchie o Quentin Tarantino, entre otros muchos, o en series de ficción como Los Soprano o de animación como Los Simpson. La banda de rock Metallica, abre habitualmente sus conciertos con una versión de su tema L´estasi Dell ‘oro, que compuso para el film El bueno, el feo y el malo (Él buono, il bruto, il cattivo, 1966). Y cuando se hace un homenaje a víctimas fallecidas en atentados o a un personaje conocido en los estadios o eventos públicos, se suele utilizar su banda de Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west, 1968) o Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984). Esto quiere decir que, con independencia de la belleza y grandiosidad de sus creaciones, todas ellas se han convertido en música popular. Algo inhabitual.

En busca de aquel sonido analiza todo esto. Pero nos desvela al creador y, saber cuáles son sus ideas políticas, morales y éticas, su manera de componer, sus sentimientos hacia las personas con las que ha colaborado, lo acercan aún más. Sus relaciones con otros músicos, y, sobre todo, con los grandes realizadores de cine con los que ha trabajado es fascinante.

Cuenta Morricone en el libro esta divertida anécdota que vivió mientras creaba la banda sonora para Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto, 1970) del director italiano Elio Petri:

 “…guardo el recuerdo imborrable de la vez que vimos juntos Elio y yo Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (…) …Has de saber que mis primeras propuestas no lo convencieron, pero luego encontramos el camino definitivo. Grabé los temas y se los entregué. Él insistió en que no estuviese en la mezcla de la película y no tardó nada en convencerme: aquellos años yo tenía la costumbre de no acudir a las mezclas, consideraba que eran cosa del director. Después me llamó, para pedirme que le diera mi opinión sobre lo que había hecho.

Entramos en la salita, se apagaron las luces y comenzó la proyección. Desde la primera escena, hasta el asesinato de Florinda Bolkan, había algo que fallaba. Los temas que escuchaba no eran los que había escrito para su película, sino otros, pertenecientes a Comandamenti per un gangster (1968), un trabajo más bien flojo para el que había escrito una banda sonora que cautivase al público (algo que no he vuelto a repetir, pero que por aquel entonces a veces intentaba).

Yo lo miraba horrorizado y no comprendía nada. Elio de vez en cuando me hacía un gesto, con el que me daba a entender que le gustaban más los temas elegidos por él.

Durante el asesinato de Florinda Bolkan, dijo: <¡Ennio, fíjate qué bien queda! ¿A que sí?>.

Era absurdo, un sufrimiento increíble: un director que ponía en entredicho la música a un compositor de ese modo…

Terminado el primer rollo, por aquel entonces se funcionaba con rollos, se encendió la luz. Yo estaba hecho polvo, destrozado, petrificado.

Elio se me acercó y me dijo: <Y bien, ¿qué te parece?>.

Saqué fuerzas de flaqueza y contesté: <Si te gusta así, está bien…>.

Él cargó las tintas y, absolutamente convencido, añadió: <Es perfecta, ¿no?>.

No tenía palabras y no sabía qué responder. Me dije que, en el fondo, aquello no era una pregunta retórica, pues, al fin y al cabo, él era el director y aquella era su voluntad. ¿Qué podía hacer?

Tragué saliva y me di ánimos, pero antes de que pudiera pronunciar una sílaba, Elio me dio una palmada en un hombro, luego me sacudió un poco con las dos manos y, en dialecto romano, me dijo: <¡Ay, Morricó…! ¡Picas siempre, picas siempre! ¡Has escrito la mejor música que podía escribirse para esta película y tendrías que emprenderla a bofetadas conmigo por esta broma!>. Eso fue lo que dijo.

Me había gastado una broma, pero yo no caí en la cuenta de ello. Me confesó que hacía tiempo que la había planeado. Fue un mazazo sin igual. Petri también era así.

En aquel momento comprendí, como nunca en toda mi vida, hasta qué punto el músico está al servicio del director y de la película…”

ENNIO MORRICONE Y SERGIO LEONE

Es emotivo lo que cuenta de su relación profesional, llena de admiración, con Pier Paolo Pasolini, y cómo le afectó su asesinato. Como lo es todo lo que relata de sus trabajos para Giuseppe Tornatore, Bernardo Bertolucci, Giuliano Montaldo o Tarantino, y el proceso creativo llevado a cabo, adaptándose a cada circunstancia y a cada época. Te das cuenta de su sabiduría, del riesgo que corría yendo a veces contra las convenciones musicales del momento, de su ingente e inagotable capacidad de trabajo. Son cientos de bandas sonoras. Pero también de música experimental, música “seria” para concierto, música pop… Lo abarca todo, y todo por encima de cualquier otro.

Su tema para la película Sacco e Vanzetti (1971) de Giuliano Montaldo, decidió que debía cantarla Joan Baez, y ese tema se ha convertido, desde entonces, en un himno: Here´s to you. Ejemplo de su inmensa influencia en todos los ámbitos desde su simple batuta.

También es muy emotivo todo lo que cuenta de su fructífera relación con el gran Sergio Leone, con el que hizo sus trabajos más conocidos y repetidos. Pero en especial, cuando detalla lo que sucedió al fallecer Leone, su amigo y compañero entrañable. Ocurrió en 1989, cuando ambos trabajaban ya para el nuevo proyecto de Sergio Leone titulado L´asedio di Leningrado, que iba a protagonizar Robert de Niro. Cuenta Morricone en el libro:

 “…Hablaba sobre ello desde hacía años. Un proyecto semejante precisaba mucha inversión, pero Sergio estaba a punto de encontrarla. Todavía no habíamos hablado de los temas musicales, pero Sergio me dijo que aparecería una orquesta desde el principio, tocando una de las sinfonías de Shostakóvich. Como un símbolo de resistencia, reaparecería en varios momentos, cada vez más diezmada, con músicos heridos y sillas vacías.

Era raro que yo no hubiese comenzado aún a elaborar ningún tema, pero siempre tuve la sensación de que Sergio no iba a acabar aquel proyecto. Había recibido el visto bueno de las autoridades soviéticas para los tanques, seguramente no serían cien, como él quería, y también había comprado los pasajes para viajar allí y ver localizaciones de exteriores, pero nunca llegó a ir.

Su corazón se paró el 30 de abril de 1989. Al final de su vida, su corazón estaba muy mal, sabía que necesitaba un trasplante, pero no lo quiso por temor a acabar en una silla de ruedas y así se condenó a una muerte segura. Yo me enteré de su decisión ese día, cuando fui a su casa: estaba echado en la cama, ya exánime, y su nieto Luca me explicó todo. Era muy temprano por la mañana y fue un día espantoso, repleto de dolor. El día siguiente, si cabe, fue aún peor.

Luego se celebró el funeral, del que guardo recuerdos bastante confusos porque estaba desolado. Hubo una participación popular increíble y tocaron algunos de mis temas. Cuando me llamaron al altar, me limité a decir:

<Después de tanta atención al detalle del sonido en sus películas, hoy solo hay un profundo silencio>.

Estaba desolado. Había muerto un amigo y un gran director de cine que todavía no había sido plenamente reconocido como tal.”

También es muy curiosa su relación con el cine americano, al que ha regalado muchas de sus mejores bandas sonoras, como La misión (The mission, 1986) o Los intocables de Elliot Ness (The untouchables, 1987) de Brian de Palma. Pese a ello, los años pasaban y se le negaba el Óscar, pese a sus maravillosas composiciones. Pero Tarantino, erre que erre, casi le obligó a que compusiera la banda sonora para su film Los odiosos ocho (The hateful eight, 2015). Con 87 años de edad, Morricone compuso uno de sus temas más sorprendentes y arriesgados, y, esta vez, sí, le dieron el Óscar por una de sus bandas sonoras.

En 2007, no obstante, se le había concedido un Óscar honorífico por el conjunto de su trabajo, porque, supongo, era imposible soslayar la injusticia que se cometía con él. Este acontecimiento también es uno de los instantes más emocionantes de este libro, y ejemplo de la grandeza de Morricone. Lo cuenta así:

 “…Lo que sé es que no haber ganado el Óscar me molestó un poco durante años, pues he colaborado mucho con el mercado norteamericano. Así que, para mí, al final, recibirlo fue significativo.

(…) …El premio en sí mismo es solo parte del reconocimiento con motivo del Óscar Honorífico, por ejemplo, recibí una llamada de Quincy Jones, que me dijo cosas que nunca olvidaré…

(…) Clint Eastwood me entregó la estatuilla y me hizo de intérprete en la ceremonia. Y, en mis recuerdos, fue un largo viaje lleno de anécdotas. Eastwood me dio una preciosa sorpresa la noche anterior a la ceremonia, cuando se unió en la fiesta que habían organizado en el Instituto Italiano de Cultura. Llegó sin decir nada a nadie, por propia iniciativa, para saludarme. Me felicitó por el resultado y yo me emocioné mucho: hacía casi cincuenta años que no nos veíamos.

La noche de la ceremonia estaba en el palco con mi esposa María y uno de mis hijos, que, detrás de mí, traducía lo que decía Eastwood en el estrado.

En un momento dado, Céline Dion, que estaba en primera fila y debía cantar la melodía del tema de Deborah de Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), vino hasta el pie de mi palco y me dijo: <Maestro, esta noche no cantaré con la voz, sino con el corazón>.

Esa fue la primera vez que se me puso la piel de gallina aquella velada. Su actuación fue extraordinaria: nunca me habría podido imaginar que una pieza tan célebre, escrita hacía tantos años, pudiera llegarme tan hondo…”

En las páginas de En busca de aquel sonido, Morricone también nos descubre su inmensa humildad y humanidad. Ahora lo admiro mucho más.

Sergio Barce, agosto 2017

El libro ha sido publicado por Malpaso (parece un bonito juego de palabras, porque la productora de Clint Eastwood se llama igual), y la excelente traducción del italiano es de César Palma.

 

 

 

 

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