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“HARRAGA”, UNA NOVELA DE ANTONIO LOZANO

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ANTONIO LOZANO, Saljo Bellver, Abdellatif Bouziane y Sergio Barce

“…La mayoría de ellos eran también pequeños traficantes de hachís. Desde Ketama les llegaba la mercancía, que distribuían después en el mercado local. Atravesé en taxi el Rif, desde Tetuán hasta Nador, bordeé el Atlántico hasta Larache, donde terminaba mi zona de influencia. Allí conocí a Ahmed Buceta, un personaje singular, distinto al resto del equipo.

Había hecho alguna incursión en España, animado por Hamid, antes de mi incorporación a la familia. Decidió no volver a intentarlo el día que un aduanero le pidió que se bajara los pantalones, bajo los que ocultaba unas barras de hachís. <Déjalo tranquilo, hombre, que igual se caga del miedo nos deja esto hecho una mierda>, lo salvó otro, y dejó atrás la risa burlona de los dos capullos de verde con la promesa de no volver a intentarlo. Desde entonces, vive en Larache, su ciudad natal, donde se las arregla modestamente con sus trapicheos. Terminó sus estudios secundarios en el Instituto Español de Tánger, y su vida transcurre ahora entre libros, burdeles y amigos que, como él, nunca cambiarían una pipa de kif en Marruecos por una raya de coca en cualquier otro lugar del mundo…”

    De Antonio Lozano he escrito en varias ocasiones. Merece que se escriba de él. Tanyaui de los buenos, hasta la médula. Botón de muestra, esa preciosa novela suya titulada Un largo sueño en Tánger. Compartimos buenos momentos en Málaga cuando me pidió que presentara su libro Me llamo Suleimán, y aún mejores, creo, en su ciudad, en Le Cercle des Arts, junto a Saljo Bellver y Luis Leante.

   Acabo de zamparme su novela Harraga (Editorial Zech – Tenerife, 2011) que había sido antes publicada por Zoela Ediciones en 2002, galardonada con el Premio Novelpol de 2003 a la mejor novela negra publicada el año anterior en España. Tras leerla, me veo obligado a volver a escribir de Antonio y de este libro.

HARRAGA portada

   Harraga es un término marroquí que significa “los que queman”, y con el que se designa a los emigrantes ilegales, que hacen desparecer su documentación antes de emprender el viaje (así lo explica el autor en el glosario del comienzo de la novela). Pero, como suele hacer Antonio Lozano, sus páginas no se limitan a narrar las peripecias de un chico marroquí cruzando el estrecho. Su narrativa es siempre más profunda, más incisiva, más apasionada, y, por eso, en esta novela nos hace un retrato descarnado y certero de la sociedad marroquí, especialmente la tangerina, la tanyaui, que él conoce a la perfección. Suelo identificarme con su escritura, no sólo en la forma sino también en los temas que aborda, y coincidimos en muchos de nuestros planteamientos. Eso nos acerca aún más.

   Jalid Temsamani es el protagonista. Es un joven que busca su dorado. Su historia es la de miles de hombres como él que tratan de salir de la miseria de su entorno y que acaban devorados por las circunstancias, por la realidad, por los lobos que acechan. Antonio nos guía para llevarnos a la celda (porque la habitación que ocupa Jalid en el hospital es una suerte de celda inhumana) donde el protagonista ha acabado tras una peripecia increíble. Ya sólo es un despojo, un ser vencido; y desde ahí, reconstruye su historia para mostrarnos las mayores miserias y vilezas de este extraño mundo en el que vivimos. Desde el tráfico de drogas al tráfico de seres humanos, cualquier actividad es imperiosa para salir del boquete, pero las aspiraciones de Jalid por sacar a su familia adelante, de convertirse en alguien con un futuro se van tornando en una pesadilla kafkiana. Poco a poco, al igual que sus amigos, irá siendo devorado.

   Antonio hilvana con maestría los peldaños que van conduciendo a Jalid a la pérdida de su orgullo y a la pérdida de todas las esperanzas. Tanto la corrupción a ambos lados de la orilla, en Marruecos y en España, como las artimañas que utilizan las mafias para mercadear con las vidas ajenas son radiografiadas con certeza y realismo. Y también lo es ese retrato que hace de la desidia que se respira en Marruecos, esa desidia que da lugar a situaciones de marginalidad buscadas a propósito por quienes saben que en un ambiente de miseria pueden conseguir a quienes hagan el trabajo sucio, por desesperación.

   Hay acción, hay misterio, porque Harraga es novela negra. Pero también es drama y es narrativa realista. Se reconoce la mano de Antonio Lozano cuando se detiene en los detalles que siempre aborda en sus obras, cuando escribe de Tánger, cuando construye a los personajes. Jalid se ve rodeado de gentuza, de los mafiosos y de los corruptos, de los chivatos y de los traidores. Pero Antonio (en eso, ya digo, nos parecemos mucho) también sabe que hay mucha dignidad en Marruecos, y crea los personajes más valientes y más honestos de su novela: los padres y la hermana de Jalid. Me fascina Amina, esa mujer que lucha contra las injusticias de su tierra, y que, aunque cae, se levanta, y continúa en la brecha.

ANTONIO LOZANO ---

ANTONIO LOZANO

   Harraga habla también de las difíciles relaciones familiares cuando las estrecheces son muchas, de la dignidad y de la indignidad, de las pequeñas y de las grandes miserias, de la vida. No es fácil hacerlo en una historia de intriga, pero ahí está la mano del buen narrador para moldear una historia de personas de carne y hueso, con las que identificarse. Jalid nos mueve a la compasión, pero también a la complicidad.  

   Antonio se mueve entre Tánger, Larache y Málaga en una novela que nos obliga a reflexionar. Pero lo peor de su experimento es que, al final, nos demuestra que la realidad que se mueve en el estrecho está llena de estiércol, y que es muy difícil deshacerse de ella. El poder de los corruptos lo contamina todo, y es capaz de sacrificar lo que sea preciso con tal de permanecer ahí, moviendo los hilos y las vidas de gente como Jalid Temsamani, las vidas de los jóvenes que merecerían algo más que acabar olvidados en la nada.

   Sergio Barce, julio 2017

“…Cuando llegó el momento de partir aparté a Munir del grupo, y le deseé suerte. Nos dimos la mano, y en su apretón recibí el último adiós de todos los que mandábamos a la muerte. El taxi me devolvió a la superficie de la ciudad, donde la pobreza se podía ver sin causar demasiados estragos en la conciencia. Le pedí que me dejara en el balneario Chellah, un oasis en la noche tangerina, a orillas de la playa. En ningún otro sitio como en este puedo sentir esa sensación de intemporalidad que sólo Tánger me ha podido ofrecer, esa fusión mágica de todos los tiempos en un mismo momento. Pedí un whisky doble, e intenté huir de Beni Uriaghel dejando que la brisa y el ronroneo del mar acompañaran a la voz envolvente de Salima Abdelwahab:

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy extraño, berrani

Me preguntaron por ahí

De dónde eres tú

Enseguida respondí

Sin pensar, sin dudar:

Tánger me vio crecer

Donde se cruzan los mares

Y cuando tardo en volver

Sueño con volverla a ver.

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy un nómada tanyaui.

Entre calles me perdí

Sin saber mi destino

Con la mente confundida

En busca de un camino

Desde entonces comprendí

Que la Tierra no es de nadie

Soy un viajero sin fronteras

Soy un nómada tanyaui.

A lala yelali

A lala yelali

A lala yelali

Soy un nómada tanyaui.

De madrugada recibí una llamada del patrón: el barco salió sin problemas, esa misma noche. El buen tiempo así lo aconsejó, no fue necesario esperar más. La segunda parte de la operación, la recepción de la mercancía en España, podía seguir adelante. Entre todas las modalidades de travesía, estos harraga se habían pagado la más segura: nada de desembarco en la costa, ni de policías esperando a la llegada; nada de tirarse al monte muertos de frío, a refugiarse en la oscuridad: del barco, directamente al trabajo. La organización cobraba así del trabajador y del comprador de mano de obra barata, exenta de impuestos.

Nunca deseé tanto haberme equivocado como aquel día…”

 

 

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 2

Segunda entrega.

Tras José Luis Alcaine (Tánger, 1938), Amidou (Rabat, 1935 – París, 2013), Jesús Berenguer (Larache, 1942), Colette Mars (Tánger, 1916 – París, 1995) y José Ramón da Cruz (Tánger, 1961), hablemos de otros creadores y artistas nacidos en Marruecos.

 

LUIS MARTÍN SANTOS

(Larache, 1924 – Vitoria, 1964)

Uno de los autores más influyentes de la moderna literatura española, y cuya narrativa hemos tenido la suerte de estudiar durante el bachillerato.

LUIS MARTÍN-SANTOS

Nació en Larache, donde estaba destinado su padre, militar, durante el Protectorado español de Marruecos. Brillante médico, estudió en Salamanca y Alemania, y acaba dirigiendo el sanatorio psiquiátrico de San Sebastián a partir de 1951. Durante la dictadura sufrió la persecución del régimen y fue detenido en varias ocasiones por su militancia socialista.

Como decía antes, Martín-Santos es uno de los escritores que más han marcado la narrativa española, especialmente con su novela Tiempo de silencio (1962), considerada una obra maestra. Además de ensayos, estudios médicos, etc… es autor también del libro de relatos Apólogos, uno de poesía Grana gris, y de una novela inacabada: Tiempo de destrucción.

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PEDRO CASABLANC

(Casablanca,1963)

Su nombre artístico es un evidente homenaje a la ciudad marroquí donde nació. Su verdadero nombre es Pedro Manuel Ortiz Domínguez.

PEDRO CASABLANC

Pedro Casablanc es uno de los más sólidos actores del actual cine español. Comenzó haciendo teatro en Sevilla, y ya en Madrid ha obtenido importantes galardones por sus interpretaciones sobre las tablas. En cine y televisión, ha trabajado como actor de reparto en numerosas producciones, destacando en su filmografía películas como Días contados (1994) de Imanol Uribe, Los años bárbaros (1998) de Fernando Colomo, Su majestad Minor (Sa majesté Minor, 2007) de Jean-Jacques Annaud, Che: Guerrilla (2008) de Steven Soderbergh, Truman (2015) de Cesc Gay, El hombre de las mil caras (2016) de Alberto Rodríguez, Los últimos de Filipinas (2016) de Salvador Calvo, y como protagonista destacan Sicarius (2015) de Javier Muñoz, B (2015) de David Ilundian, papel por el que fue nominado al Goya como Mejor Actor, o Bajo la rosa (2017) de Josué Ramos.

Sus trabajos en series de televisión le han convertido en un actor muy popular: Los hombres de Paco (2006), La princesa de Éboli (2010), Hospital Central (2008-2011), Isabel (2011-2013), Mar de plástico (2016), entre otros. Ha obtenido varios premios como el Sant Jordi o de la Unión de Actores.

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ÁNGEL VÁZQUEZ

(Tánger, 1929 – Madrid, 1980)

Su nombre completo era Antonio Ángel Vázquez Molina. Personaje curioso donde los haya. Escritor afamado gracias a esa obra maestra que es La vida perra de Juanita Narboni. Cuando se habla de Tánger, se habla de Ángel Vázquez. Esta novela es el retrato descarnado de esos tangerinos que se quedaron en la ciudad, pero viviendo de los recuerdos de un Tánger que ya no existía.

ÁNGEL VÁZQUEZ

Desempeñó varios empleos, sin mucha fortuna, como vendedor en la famosa Librairie des Colonnes y colaboró en el Diario España de Tánger.

En 1962 ganó el Premio Planeta con su novela Se enciende y se apaga una luz, de la que él mismo renegaba.

Eduardo Haro Tecglen, que dirigió el Diario España, y que era amigo de Vázquez, recuerda que “…Vázquez no echaba las cartas. No las suyas, que no las escribía nunca; las de los lugares donde trabajaba. Otro amigo nuestro, el abogado Torrabadella, le colocó en su despacho. Todos los días, a la hora de salir, le daba el manojo de cartas del día y el dinero para el franqueo. Antonio Ángel iba pasando por los bares, bebiendo poco a poco el dinero de los sellos. Al final llegaba a Correos, con cartas, pero sin dinero: las tiraba a la alcantarilla. Se perdían plazos, citaciones, comparecencias, minutas, peticiones, para siempre…”

Su novela La vida perra de Juanita Narboni ha influido en numerosos escritores, y ha sido llevada al cine en dos ocasiones: en 1981, en la versión de Javier Aguirre, con Esperanza Roy como protagonista, y más reciente la dirigida por Farida Benlyazid, donde Juanita es interpretada por Mariola Fuentes.

Es autor de una tercera novela, Fiesta para una mujer sola (1964) y de numerosos relatos. Falleció en Madrid, solo, arruinado, abandonado, siempre añorando Tánger.

Curioso que dos de los autores más renombrados de la novela española del siglo XX hayan nacido en Marruecos: Marín-Santos y Vázquez.

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JEAN RENO

(Casablanca, 1948)

Hijo de padres andaluces (su padre era linotipista), su verdadero nombre es Juan Moreno y Herrera-Jiménez.

Jean Reno es uno de los actores franceses más famosos del cine actual. Versátil, ha sabido compaginar papeles violentos en los que interpretaba a delincuentes y personajes oscuros, con otros de comedia, policíacos, románticos y de aventura. Y en todos, ha salido airoso.

JEAN RENO

Sus trabajos para el realizador galo Luc Besson fueron los que le lanzaron al estrellato en películas como Kamikaze 1999 (1983), Subway (1985), El gran azul (Le grand bleu, 1988), Nikita (1990) y El profesional: Léon (Léon, 1994) en la que hace uno de sus mejores trabajos. A ellas hay que añadir sus películas cómicas, dirigido por Jean-Marie Poiré: Operación Chuleta de Ternera (L´opération Corned Beef, 1991), Los visitantes (Les visiteurs, 1993), Los visitantes regresan… (Les couloirs du temps: Les visiteurs II, 1998), Dos colgados en Chicago (Just visiting, 2001)…

Entre otros films que ha protagonizado en Francia, destacan: El jaguar (Le jaguar, 1996) de Francis Veber, Los ríos de color púrpura (Les rivières pourpres, 2000) de Mathieu Kassovitz, Que te calles (Tais-toi!, 2003) de Veber, o La redada (La rafle, 2010) de Rose Bosch.

Ha trabajado en diversas producciones internacionales como I love you (1985) de Marco Ferreri, French Kiss (1995) de Lawrence Kasdan, Más allá de las nubes (Al di lá delle nuvole, 1995) de Michelangelo Antonioni y Wim Wenders, Misión: Imposible (Mission: Impossible, 1996) de Brian de Palma, Por amor a Rosana (Roseanna´s grave, 1997) de Paul Weiland, Godzilla (1998) de Roland Emmerich, Ronin (1998) de John Frankenheimer, que coprotagonizó con Robert de Niro, Hotel Rwanda (2004) de Terry George, El tigre y la nieve (La tigre e la neve, 2005) de Roberto Benigni, La pantera rosa (The Pink Panther, 2006) de Shawn Levy, El código da Vinci (The Da Vinci code, 2006) de Ron Howard, con Tom Hanks, Margaret (2011) de Kenneth Lonergan o Hermanos del viento (2015) de Gerardo Olivares & Otman Perker.

Ha trabajado junto a actores y actrices como Marcello Mastroianni, Jeanne Moreau, Fanny Ardant, Tom Cruise, Kevin Kline, William Hurt, Dominique Sanda, Natalie Portman, Don Cheadle, Matt Damon, Mercedes Ruehl, Emmanuélle Beart, Isabelle Adjani…

Ha sido nominado en varias ocasiones al César como Mejor Intérprete, y ha sido reconocido por el Premio del Cine Europeo por su contribución artística. Es Caballero de la Legión de Honor en Francia y se le otorgó la Medalla al Mérito de las Bellas Artes en España.

 

 

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ASÍ FUE EL VIAJE DE LARACHE A TÁNGER A TRAVÉS DE MIS LIBROS, EN TORREMOLINOS

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El pasado jueves, organizado por la Librería Pérgamo y el Ayuntamiento de Torremolinos, nos reunimos en el salón de actos del Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso para la presentación de la nueva edición de mi novela El libro de las palabras robadas (Ediciones del Genal), que nos sirvió  de excusa para hacer un largo viaje de Larache a Tánger a través de todos mis  libros.

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La tarde era calurosa, muy calurosa, pero allí se presentaron alrededor de cuarenta y tantos valientes para escucharnos. El poeta José Sarria, amigo y compañero de algunas fatigas (siempre positivas) fue el guía inicial de este viaje. Sus palabras, como siempre, mesuradas, bien medidas, poéticas a veces, acabaron por emocionarme, especialmente con la última parte de su charla, que hizo muy íntima, y así se lo dije. 

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Sergio Barce y José Sarria

Luego, nos enzarzamos en un largo periplo por las páginas de mis novelas y de mis relatos, y se nos pasaron dos horas tan rápidas como amenas. Cuando nos quisimos dar cuenta, nos anunciaron que teníamos que acabar porque ya cerraban el centro cultural, y había que sacar los vehículos cuanto antes. Eran ya las 10 de la noche, y estábamos aún en plena euforia. Así que, sin poder evitarlo, firmé ejemplares a toda pastilla, bajo el temor de quedarnos encerrados en el edificio (y como no se sabe si habita en su interior algún mal espíritu, lo mejor era salir cuanto antes), y apenas pudimos hacer fotografías, así que sólo cuento con las pocas imágenes que tomó Larisa al comienzo del acto y un par de fotos que me han hecho llegar los amigos. 

Pero sí me han enviado whatspapps agradeciéndome lo bien que lo pasaron, y eso es muy reconfortante. También Miguel y Jose, de Librería Pérgamo, me han dicho que están muy contentos con el acto del jueves y que, al día siguiente, aparecieron por la librería un par de señoras buscando más ejemplares de mis novelas porque no les dio tiempo a comprarlos allí. 

Aunque no conozco a algunos de los que asistieron, sí a la mayoría, y, como es mi costumbre, nombraré a los que recuerdo (pidiendo perdón a quienes me dejo en el tintero). Creo que es un detalle dejar constancia de quienes se desplazan y me regalan su tiempo para acompañarme: Larisa Sarria, Mario Castillo, Mily Montes, Eugenio San Emeterio, Flor Cobo, Francisco Zumaquero y Trinidad Carrión, Gloria Arroyo, Pepe Romero y esposa, Ana Rutner y Daniel, Oscar López, Antonio Berrocal, Pilar y Cristóbal Jarillo (tangerino de pro), Susana que vino acompañada por su padre, pese a su edad, lo que le agradezco infinitamente, José Moreno, Carmen Francés, Antonio Alarcón, los larachenses Carlos Peñuelas y Antonio Rodríguez Parkinson, Sandra y Berry… Se me olvida alguien, seguro.

En fin, que, gracias a la magia de las palabras de José Sarria, que me allanó el camino, disfrutamos de un emotivo viaje, larachensemente.

Sergio Barce, junio 2017

Os dejo a continuación con la presentación que hizo José Sarria y con las pocas imágenes del acto.

“Un viaje entre Larache y Tánger”. 

Presentación de la novela

“El libro de las palabras robadas” de Sergio Barce.

por José Sarria

Tras la desaparición de la huella morisca en España, a lo largo del siglo XVII, habrá de esperarse hasta la siguiente centuria para que el interés por el Magreb vuelva a entrar en la escena europea y, particularmente, entre los africanistas españoles, si bien, la verdadera razón hay que encontrarla en la pérdida de las colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) que empujan a los responsables militares a la expansión hacia el sur. La Conferencia de Algeciras de 1906 vendrá a “legitimar” la protección europea sobre Marruecos y el derecho de Francia y España a intervenir en sus zonas de influencia ante la incapacidad del sultán para mantener el orden del país.

El periodo del Protectorado español (1912-1956) significará un periodo de influencia cultural, social y lingüística de largo recorrido, desde su constitución hasta la independencia de Marruecos, que traerá aparejada la instalación de familias completas de españoles en la zona norte de Marruecos y en el Sahara que, gozó de estatuto de provincia española (1958-1976), produciéndose una hibridación y mestizaje entre marroquíes, españoles y sefardíes que rememorará los mejores momentos del al-Ándalus peninsular.

De otro lado, secularmente ha existido (desde el siglo VI, hasta nuestra época) un continuo fluir que ha propiciado la existencia de relaciones intersociales desarrolladas entre ambas orillas. Así es que la herencia hispana permanece entre las comunidades magrebíes descendientes de las emigraciones moriscas derivadas de los diferentes edictos de expulsión de los siglos XV a XVII. Esa filiación sanguínea y la tradición lingüística recibida, que se traduce en infinidad de formas dialectales árabes singulares, hacen arraigar el fenómeno de lo hispanoandalusí en la región norteafricana, de tal manera que lo “hispánico” se convierte en un elemento diferenciador, una afirmación de la mismidad, en un grupo social amplio que se considera heredero y depositario del islam andalusí, custodios y cancerberos de la inmarcesible cultura del al-Ándalus, frente a la inmersión cultural árabe, otomana o francesa que se llevó a cabo en toda la región.

El reencuentro con lo español, tras las guerras africanistas, que supondrán el asentamiento de España en Marruecos y la posterior implantación del Protectorado en toda la zona del norte (Rif y Yebala), región de Tarfaya y Sahara Español, traerán consigo el afianzamiento de aquellas convicciones. Así lo resume Alfonso de la Serna en el prólogo del libro Literatura marroquí en lengua castellana, de Mohamed Chakor y Sergio Macías: “Pensar plenamente en español no es para ellos un acto alienante sino la penetración en un territorio mental que es vecino, mas no sólo por la geografía o la circunstancia política, sino vecino en una larga vida de siglos pasados juntos”.

Esto lleva a la eclosión de un territorio híbrido, mestizado, sincrético, de lo hispano-andalusí, de lo marroquí y de lo sefardí, que podríamos delimitar con una frontera imaginaria que recorriera desde Larache a Tetuán y Río Martín (pasando por Tánger), llegando hasta Melilla y Nador por el norte y alcanzado, por su ladera sur, Xauen y Alcazarquivir, hasta regresar a Larache.

Allí se produce, además, el denominado fenómeno de las lenguas fronterizas, generadas en los espacios compartidos, lugares donde los procesos continuos de biculturalismo/bilingüismo se establecen con una ausencia absoluta de riesgo de aculturación, superado desde la asimilación lingüística. La lengua del otro no resulta, por tanto, ajena ni adoptada, sino que el idioma se hace propio para generar procesos de acercamiento y buena vecindad.

En ese amplio emplazamiento al que hemos aludido anteriormente, el español posee una posición privilegiada, al convertirse en encuentro de culturas que ha propiciado que el castellano sea una lengua compartida. Así lo expresaba el desaparecido Rodolfo Gil Grimau, en el Prólogo de Calle del Agua. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí: “Esto procede, creo yo, de un hecho esencial y es que el español no es una lengua importada, sino un idioma vernáculo con siglos de penetración e implantación en Marruecos, Argelia y Túnez”. Allí fue posible que las revistas Al-Motamid o Ketama (dirigidas por Trina Mercader y Jacinto López Gorgé), hicieran posible la convivencia de Muhammad Sabbag, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Ahmed Ararou o Abdelatif Laabi.

En ese espacio singular, diría yo, casi mágico, que es el norte de Marruecos se produce ese encuentro continuo de religiones, de creencias, de lenguas, de culturas, alcanzándose una hibridación, un mestizaje, que ofrece al escritor un marco novelesco de incomparable valor que muchos autores han sabido llevar a sus obras.

Tánger conserva el hálito de las lenguas: francés, español, dariya, haquetía, que supo poner banda sonora a la vida cotidiana de la antigua ciudad internacional, aquella que tuvo que ser la Casablanca de Humprey Bogart. En sus antiguos cafetines y teterías deambulaban Moisés Garzón Serfaty, Ahmed Daoudi, Ahmed Mohamed Mgara o Mohamed Lachiri, con sus primeros escritos en español bajo el brazo. La decadencia del Teatro Cervantes aún recuerda el día que recaló entre sus bambalinas la compañía de Juanito Valderrama y su plaza de toros fue testigo de algunas de las faenas que encumbraron a El Cordobés a lo más alto del reinado taurino, mucho antes de que fuera reconvertida, la plaza, en campo de hacinamiento para quienes, llegados de los lugares subsaharianos intentaron, un día alcanzar el Dorado del norte.

El bar de la Casa de España, de Larache, acogió la esperanza de una nueva literatura escrita en castellano, donde Mohamed Sibari competía con versos y sardinas y animaba a Dris Diuri, Mohamed Mamoun Taha o Mohamed Akalay, que contemplaban cómo el esplendor de otra época sólo perduraba en su corazón y en sus textos, mientras la ciudad languidecía, con la decadencia del otrora edénico Jardín de las Hespérides. A la vez, el Balcón del Atlántico contemplaba al cementerio español, vertedero de nuestra propia memoria colectiva. Allí descansan, en su hospitalaria tierra, los restos de Jean Genet y Juan Goytisolo.

Ese magma inconmensurable de lugares, personajes, historias, sentimientos, ha sido el material creativo que han sabido emplear, magistralmente, autores como Tahar Ben Jelloum, el escritor marroquí de mayor trascendencia entre los lectores europeos, especialmente en Francia, donde recibió el Premio Goncourt en 1987, por su novela La noche sagrada. Ben Jelloum visita con asiduidad, para ensanchar sus horizontes creativos, la legendaria Librairie des Colonnes de su Tánger juvenil, en un intento de reencontrarse con el desaparecido Mohamed Chukri, símbolo de resiliencia a partir de su emblemática novela El pan a secas y emblemático anfitrión de la Tánger internacional que supo recibir a la pléyade de artistas y escritores de la generación beat como Paul Bowles y su esposa Jane, Tenessee Williams o William Burroughs que erigieron a Tánger como oasis de lo imposible.

Todos ellos, unos y otros, desde Ángel Vázquez, allá por los años  60/70 con su novela La vida perra de Juanita Narboni, hasta los más recientes, Rafael de Cózar, Encarna León, Pilar Quirosa, Lorenzo Silva o la megalaureada, María Dueñas, han pretendido, han intentado, describir un tiempo en tránsito, anudar una época, unas personas, sus esperanzas, sus anhelos, sus frustraciones, en un marco tan inestable, tan movedizo, como es el de las fronteras y los espacios compartidos.

Y es ahí, donde aparece y se incardina nuestro autor, nuestro novelista, Sergio Barce, que, por el momento, nos he hecho entrega de seis novelas: En el Jardín de las Hespérides (Málaga, 2000), Sombras en sepia (Valencia, 2006), Una sirena se ahogó en Larache (Sevilla, 2011), El Libro de las palabras robadas (Sevilla, 2013) (Málaga, 2016), Paseando por el zoco chico (Valencia, 2014) y La emperatriz de Tánger (Málaga, 2015).

UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Mi primera incursión en el mundo barciano, lo fue con su novela Una sirena se ahogó en Larache, texto marcado, de forma indubitada, por la experiencia vital de su infancia, que transcurrió en las calles de Larache. Barce no se siente un extraño en la que fue su tierra; al contrario, hace de ella una utopía sobre la que fundamentar la construcción de su obra, utilizando el magma de la memoria, de las experiencias pasadas, de los recuerdos, para construir un relato en la frontera de la épica cotidiana, visto desde el asombro, desde la imaginación encendida de los niños, con los ojos infantiles de Tami, su protagonista.

Toda la novela, al igual que las que vendrán después, se enmarcan en el dédalo de calles, plazas y monumentos que conforman la ciudad de Larache, en los espacios decadentes o idílicos de la Tánger internacional, en los trayectos que separan las dos orillas, elaborando relatos y narraciones que fluyen en la frontera de las aventuras imposibles, de las vivencias infranqueables, crónicas de la vida en las calles y ciudades de un Marruecos idílico, contadas con la inocente mirada de los ojos de un hombre-adolescente que pretende hacer posible otra realidad, frente a la severidad de un presente decadente que, por doloroso, se hace inaceptable.

Sergio, nació en la ciudad norteafricana de Larache y como otras familias españolas que vivían en la zona del Protectorado español de Marruecos, la suya se ve obligada a abandonar la que durante décadas había sido su casa, su tierra. Esta “expulsión” del Jardín de las Hespérides, de su particular Paraíso, va a significar para el escritor la imperiosa necesidad de volver a crear su mundo, de volver a restablecer el orden perdido.

Sus novelas, sea cual fuere el destino final de la misma, acaba atrapada en un imperioso regreso a Marruecos, ya sea a su ciudad natal, como a Tánger, herederas del Protectorado, que confieren una tonalidad especial a la narración. Es en estos lugares donde el lector va a encontrar a Moses Shemtov, el psicólogo hebrero del escritor Elio Vázquez o a Arturo Kozer, así como a los protagonistas de El libro de las palabras robadas, que deambulan en el triángulo circunscrito por las ciudades Tánger, Málaga y Tetuán y que acompañarán a Damián y Ágata, los padres de Elio o al enigmático personaje de Dalila Beniflah y al editor Joan Gilabert, a través de las páginas de esta magnífica novela romántica de intriga.

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

En ese continuum espacial en el que se incardinan las narraciones de Sergio, conviven con disímil suerte Mina la negra, esa que “tenía una piel tersa, oscura, heredada de sus antepasados que vinieron de más allá de Chinguetti y aún más allá de Tombuctú”, sus padres paseando con el carabina de Mohamed Sibari, Luisito Velasco, Javier Lobo, Lotfi Barrada, César Fernández o Pablo Serrano: el escuadrón de la muerte que recorría libremente las calles de Larache al llegar el mes sagrado del Ramadán o el carrillo del señor Brital, apostado a la puerta del Cine Ideal, codiciado tesoro del que afloraban las garrapiñadas en cartuchos de papel estraza.

En sus historias, Sergio, el “moro” (así lo bautizó “El Pichi”, hermano marista de su primer colegio malagueño), será el proscrito que un día cruzó el Estrecho con su familia en aquel Renault 10 amarillo, cargado del miedo a la frontera, tras el abandono de la “ciudad de oro”, Al-Arà´is, donde experimentó “la aventura de cruzar en barca la desembocadura del río –Lucus-, percibir el olor a pescado y a especias que bajaba de las escalinatas del Mercado Central”, saborear “el té con flor de azahar que tomaba bajo la sombra del Castillo de las Cigüeñas”, deleitarse con los dulces de chuparquía o escuchar, cadente, la dulce melodía de Mamy Blue que sonaba diferente en los labios de Fatimita.

Un poco más al norte, la ciudad de Tánger, a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, será el lugar en el que Augusto Cobos Koller,  escritor atormentado, desahoga sus frustraciones con la droga, el alcohol y las mujeres. Una especie de personaje extraído de las noches de desenfreno existencialista del grupo de escritores de la generación beat que aterrizó en la perla del norte de África: Esther Lipman, Yamila, Irena, Miriam Benasuly, Emilio Sanz, las Gerofi, el capitán Iriarte, Paul y Jane Bowles, Ángel Vázquez… serán testigos y testimonio vivo de los intentos de Augusto Cobos por encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz, “La emperatriz de Tánger”.

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

Escribía Jaroslav Seifert que “recordar es la única manera de detener el tiempo”. Sergio Barce posee el talento de contar las experiencias para hacer posible el conjuro del milagro creativo. Sergio ha detenido el tiempo, rescatando del salón del olvido a todos aquellos que conformaron su infancia y su adolescencia para hacerlos inmarcesibles.

Incluso hay quien afirma que, uno de los personajes que más me fascinó de sus narraciones, la señora que caminaba delante de la parroquia larachense  que acudía puntual, cada tarde, para ver el espectáculo de su paseo altivo, con una chilaba negra ceñida al cuerpo, los ojos inmensos enmarcados con el khol y de labios afrutados: una diosa, una estrella caída del cielo, como la llamaban Abderrahman Lanjri, Tribak, Kasmi o Yebar; ella, inmortal, se ha convertido en un ángel, en una musa que sigue paseando su hermosura ante tan ilustre concurrencia, gracias a la mano vivificadora de Barce.

“Y ahora -siguiendo la hospitalaria invitación del señor Beniflah, en su libro “Paseando por el Zoco Chico-, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen comer, que pasen”.

Este es el mundo que Sergio Barce ha creado para todos, su legado, el testamento que ha construido a lo largo de casi veinte prodigiosos años y que nos entrega como testimonio de resistencia “a través de los ojos del niño que fue”, tal y como le enseñó Brital, el vendedor de chucherías.

Ahora, alcanzada la madurez creativa, Sergio Barce toma asiento en alguna de las sillas vacías del Café Central, escucha las bromas de Sibari y de Akalay y sonríe satisfecho. Saborea un té con flores de azahar, mientras suena de fondo, diferente, angelical, la melodía de Mamy Blue, en los labios resucitados de Fatimita y vuelve a sonreír porque sabe que ha cumplido su misión: mantener vivo el recuerdo y la imagen de quienes habitan, ya por siempre, en el Jardín de las Hespérides.

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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ARTISTAS, CREADORES E INTÉRPRETES NACIDOS EN MARRUECOS – 1

Esta es la primera entrega de una larga serie de capítulos que voy a dedicar a los creadores, artistas, escritores o intérpretes de diferentes nacionalidades nacidos en Marruecos, la mayoría de ellos pertenecientes al mundo del cine.

Hoy empezamos por cinco nombres: José Luis Alcaine, Amidou, Jesús Berenguer, Colette Mars y José Ramón da Cruz.

 

JOSÉ LUIS ALCAINE

(Tánger, 1938)

Uno de los más importantes directores de fotografía de nuestro cine, reconocido internacionalmente, y al que sigo desde hace años. Ha logrado ya cinco Premios Goya, además de varias nominaciones.

JOSE LUIS ALCAINE

JOSE LUIS ALCAINE

Se define como “el autor de la luz de las películas”. Entre su obra, destacan sus trabajos en los films, Así como eres (Cosi como sei, 1978) de Alberto Lattuada, Akelarre (1984) de Pedro Olea, Tasio (1984) de Montxo Armendáriz, El viaje a ninguna parte (1986) de Fernando Fernán Gómez, La mitad del cielo (1986) y El caballero Don Quijote (2002) de Gutiérrez Aragón, El Lute (1987), Amantes (1991) y La pasión turca (1994) de Vicente Aranda, ¡Átame! (1989), La mala educación (2004), Volver (2006) y La piel que habito (2011) de Pedro Almodóvar, ¡Ay, Carmela! (1990) de Carlos Saura, Jamón, Jamón (1992), Huevos de oro (1993) y La teta y la luna (1994) las tres de Bigas Luna, Belle Époque (1992) y Two much (1995) de Fernando Trueba, La pistola de mi hermano (1997) de Ray Loriga, Pasos de baile (The dancer upstairs, 2002) dirigida por John Malkovich, La puta y la ballena (2004) de Luis Puenzo, Roma (2004) de Adolfo Aristarain, Las 13 rosas (2007) de Martínez Lázaro, Passion (2012) de Brian De Palma, con el que actualmente rueda un nuevo film; Altamira (2016) de Hugh Hudson, así como su maravillosa fotografía para El Sur (1983) de Víctor Erice, que me deslumbró.

En 2005 se encargó de fotografiar el film de la realizadora marroquí Farida Benlyazid, La vida perra de Juanita Narboni, basada en la novela de otro tanyaui: Ángel Vázquez.

LA VIDA PERRA...

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AMIDOU

(Rabat, 1935 – París, 2013)

Actor de carácter, desde los años sesenta ha trabajado en producciones marroquíes, tunecinas y americanas, aunque su trabajo más importante lo desarrolló en Francia. Su amor a la interpretación nació de su relación con uno de sus tíos, dueño de varios cines. Estudió teatro en el Conservatorio de París, y fue contratado al poco tiempo por el gran Jean-Louis Barrault.

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AMIDOU

Sus trabajos fueron generalmente como actor de reparto, junto a los mejores intérpretes del momento, y fue Claude Lelouch, con quien trabajó en varias de sus películas, quien le dio su único papel protagonista en Francia en el film La vida, el amor y la muerte (La vie, l´amour, la mort, 1969). Con Lelouch rodó también Una chicha y los fusiles (Une fille et des fusils, 1965), Les grands moments (1965), Vivir para vivir (Vivre pour vivre, 1967) con Yves Montand, Candice Bergen y Annie Girardot, El canalla (Le voyou, 1970) junto a Jean-Louis Trintignant, Cuatro hombres y una mujer (Smic smac smoc, 1971),  Il y a des jours… et des lunes (1990), La belle histoire (1992) y And now, ladies and gentlemen (2002), con Jeremy Irons. Y participó en varias producciones americanas: Rosebud (1974) de Otto Preminger, junto a Peter O´Toole, Carga maldita (Sorcerer, 1977) de William Friedkin, con Roy Scheider y Paco Rabal, Evasión o victoria (Victory, 1981) de John Huston, junto a Michael Caine y Sylvester Stallone, Ronin (1997) de John Frankenheimer, con Robert de Niro y Jean Reno; Reglas de compromiso (Rules of engagement, 2000) de Friedkin, con Tommy Lee Jones y Samuel L. Jackson, y en Spy game (2001) de Tony Scott, con Robert Redford y Brad Pitt.

Y trabajó en películas como El amor es un extraño juego (La chamade, 1968) de Alain Cavalier, con Catherine Deneuve; Soleil (1997) de Roger Hanin, con Sophia Loren y Philippe Noiret, así como en varios films policíacos dirigidos por Alexander Arcady.

Fue galardonado en los Festivales de cine de El Cairo y de Tánger.

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AMIDOU

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JESÚS BERENGUER

(Larache, 1942)

Excelente actor de reparto, ha protagonizado también varias películas. Se estableció en Argentina donde ha trabajado con los mejores directores e intérpretes del país: La piel del amor (1973) de Mario David, con Héctor Alterio; Abierto día y noche (1981) de Fernando Ayala; No habrá más penas ni olvido (1983) de Héctor Olivera, junto a Federico Luppi; Gracias por el fuego (1984) de Sergio Renán, con Lautaro Murúa; La película del rey (1986) de Carlos Sorín, junto a Ulises Dumont; Yo, la peor de todas (1990) de Mª Luisa Bemberg, con Assumpta Serna, Dominique Sanda, Héctor Alterio y Lautaro Murúa; El lado oscuro del corazón (1992) de Eliseo Subiela, con Darío Grandinetti y Nacha Guevara; o Carlos Monzón, el segundo juicio (1996) de Gabriel Arbós, que coprotagonizó con Norma Aleandro.

En España ha rodado, entre otras, Platillos volantes (2003) y El gran Vázquez (2010) ambas de Óscar Aibar, Romasanta (2004) de Paco Plaza o Cien años de perdón (2016) de Daniel Calparsoro, junto a Luis Tosar, Raúl Arévalo o José Coronado.

Son numerosos sus trabajos en populares series de televisión: Cervantes (1981), Campeones de la vida (1999), El comisario (2004), Los hombres de Paco (2006), Herederos (2007), Hospital Central (2003-2008), Águila Roja (2011) o en Cuéntame cómo pasó (2003-2014).

JESÚS BERENGUER

JESÚS BERENGUER

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COLETTE MARS

(Tánger, 1916 – París, 1995)

Fue una actriz de cine que se inició en los cabarets parisinos, destacando en el de Suzy Solidor.

COLETTE MARS

Trabajó en films como Miroir (1947) de Raymond Lamy, con Jean Gabin, con quien mantuvo un idilio; S.O.S. Dakar (1948) de Jean Delannoy, con Jean Marais y Michéle Morgan; o en Les dents longues (1953) que dirigió e interpretó el actor Daniel Gélin. Su filmografía es corta, y sus papeles nunca fueron muy destacados. Pero su faceta de cantante le dio cierta fama, llegando a grabar varios discos con Columbia y Vogue.

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JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

(Tánger, 1961)

Director de cine y documentalista, guionista y productor, está considerado como uno de los mejores creadores de videoarte. Su ciudad natal es uno de los temas centrales de sus trabajos cinematográficos, con dos títulos fundamentales dirigidos por él: Tangernación (2013), película dramática que narra las relaciones entre William Burroughs, Paul Bowles, Jane Bowles y Brion Gysin, (personajes interpretados por Lorenzo Cordero, Javier Mejía, Tomás Pariente y Romina Sánchez) en el Tánger internacional, y que ha recibido excelentes críticas; y el documental Mapa emocional de Tánger (2014).

Destacan sus documentales para Televisión Española, como el titulado ¡Que Vienen Los Beatles! España 1965 (1995), o la serie documental Futuro (2001-2003).

Ha sido premiado en diversos Festivales, como el de Cine de la UCM de Madrid, y en los de Alcalá de Henares, Barcelona, Granada o Biarritz, así como en el Festival Internacional de TV de Nueva York.

JOSE RAMON DA CRUZ

JOSÉ RAMÓN DA CRUZ

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TORREMOLINOS, 22 DE JUNIO – UN VIAJE DE LARACHE A TÁNGER A TRAVÉS DE MIS LIBROS

Cartel 22 de junio

La Librería Pérgamo de Torremolinos

junto al Ayuntamiento de la ciudad

organizan el encuentro

Un viaje de Larache a Tánger a través de los libros

de Sergio Barce

que conducirá el poeta

José Sarria

en el Centro Cultural Pablo Ruiz Picasso

de Torremolinos

el día 22 de Junio

a las 20:00 horas

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JOSÉ SARRIA

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SERGIO BARCE

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