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LARACHE, SIGLOS XVI- XVII (5ª Parte)

Quinta entrega de la Historia de Larache en los siglos XVI y XVII…

El estrepitoso fracaso en 1608 de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, en el intento por tomar Larache con el uso de la fuerza, se debió, especialmente, a sus dudas y al temor de que existiesen tropas del sultán aguardando la invasión. Pero lo cierto es que Larache estaba entonces desprotegida y don Álvaro desperdició la coyuntura.

Antes, el sultán al-Xaij había intentado enviar casi 4.000 hombres para defender la plaza, pero el representante de Felipe III, Giannettino Mortara, lo disuadió. Esto llenó de ira al monarca marroquí, que se sintió engañado, y mandó encerrar al italiano. Con argucias, Mortara logró sin embargo volver a convencerlo, con ayuda del duque de Medinasidonia, de que en realidad las tropas españolas habían llegado hasta Larache persiguiendo a un corsario holandés. Sin embargo, Mortara, para evitar ser ejecutado, hubo de efectuar numerosos sobornos y pagos.

Pero Larache no dejaba de ser una pieza de gran valor estratégico, y España lo sabía. Desde Carlos I se había convertido en una ciudad casi obsesiva para los reyes españoles. Tras el fiasco del marqués de Santa Cruz, el recién nombrado Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, también empezó a interesarse por Larache, y así se lo transmitió a Felipe III. Pero sus planes, fueron aplazados.

Sin embargo, algo cambió el día 4 de marzo de 1609. Ese día, el sultán Muhammad al-Xaij huyó desde el puerto de Larache junto a su familia con destino a Portugal. Había sido derrotado en Bu Regreg por Mawlay Zidán.

BU REGREG

Felipe III, tras descubrirse una conspiración que pretendía utilizar al depuesto sultán al-Xaij para tomar Larache para la corona francesa, hizo que al depuesto rey de Fez lo trasladasen a Carmona, a fin de controlarlo. Aprovechando que al-Xaij estaba bajo la custodia de España y de que su hijo, Abd Allah, había conseguido derrotar a Mawlay Zidán, Mortara comenzó a intrigar y, gracias a sus gestiones, consiguió que se firmase un tratado en septiembre de 1609 por el que Muhammad al-Xaij cedía por fin Larache a España a cambio de que se le permitiera volver a Marruecos, se le enviasen 6.000 arcabuces y 200.000 ducados. Todo ello, claro está, bajo ciertas condiciones que el italiano consiguió que aceptara Felipe III, entre ellas, que el propio Giannettino Mortara fuese nombrado Gobernador de Larache en cuanto la plaza pasara a manos de los españoles.

Al-Xaij dejaba a sus hijos en España como garantía de que cumpliría con el tratado, y parte del pago de los 200.000 ducados se aplazaba igualmente hasta el instante en que Larache pasara a estar bajo dominio real de España.

Todas estas negociaciones se fueron dilatando, y no se materializaban de manera efectiva. Y, entonces, se produjo la expulsión de España de los moriscos. Hecho relevante que influyó en lo que ocurriría posteriormente. Y es que, aparecían en el horizonte los siguientes problemas: el primero, que se necesitaban todos los navíos disponibles para trasladar a los moriscos a Marruecos; el segundo, que no era posible tomar Larache al mismo tiempo que se llevaba a cabo la expulsión; y, tercero, que el alcaide de Larache era precisamente un morisco granadino. Es decir, todo estaba en contra de la operación. Felipe III dio orden de dejar en suspenso la ocupación de Larache, y al-Xaij permaneció retenido en España.

FELIPE III

Pero lo cierto es que Larache seguía siendo la perla codiciada. Y, aunque todo parecía contradecir los deseos del monarca español, el marqués de San Germán continuaba por su lado estudiando cómo hacerse con la ciudad. Y así, envió a Juan Bautista Reales para que le informara de la situación de Larache en ese momento. En 1610, todo parecía de nuevo cambiar a favor de las pretensiones españolas, y Larache volvió a estar en el blanco de las intrigas y maniobras palaciegas…

Y así se planificó que se enviaría a al-Xaij de regreso a Marruecos a través del puerto de Vélez de la Gomera, para que, desde allí, ordenase con engaños a las fuerzas que defendían la plaza de Larache a que fuesen hasta Alcázar donde los compensaría por su fidelidad. Desguarnecida así la ciudad, las galeras españolas entrarían en el puerto de Larache y se ocuparían las dos fortalezas, todo ello con la complicidad del alcaide. Toda esta operación arrancó el día 20 de febrero de 1610.

PEÑÓN DE VÉLEZ DE LA GOMERA

En efecto, la escuadra de Portugal condujo a Muhammad al-Xaij que desembarcó en Vélez de la Gomera, donde aguardaría hasta que llegara el dinero prometido. Lo cierto es que tal hecho no se materializaba, y los nobles que acudieron a visitar al sultán mostraron su desagrado ante la idea de que Larache fuera a ser cedida a los cristianos.

Pasados varios meses de larga espera, Muhammad el-Xaij decidió cumplir con el tratado y entregar Larache. De manera que, finalmente, el dispositivo se puso en marcha. La flota para su ocupación la formaban las galeras de Portugal, al mando del conde de Elda, junto a navíos de la Escuadra de Cantabria, al mando de don Antonio de Oquendo, que transportaban nueve Compañías de Lombardía y tres de Sicilia, las Compañías de la Guarda de los Galeones de la Plata, el Tercio de don Jerónimo Agustín y la Compañía del capitán Juan de Alarcón. A bordo, también estaban los hijos del sultán que servían de garantía. Las naves y las tropas salieron del puerto de Gibraltar y llegaron a Larache el día 14 de junio de 1610.

La idea del marqués de San Germán era la de tomar pacíficamente la plaza de Larache, pues así se había pactado. Pero los españoles fueron recibos con cañonazos. Y es que los cabileños, al enterarse de que se aproximaba la escuadra, acudieron en defensa de la ciudad.

Inicialmente, se ordenó el desembarco de 300 hombres cerca del castillo de los Genoveses; desembarco dificultado por el mal estado de la mar y la inesperada resistencia con la que se encontraron. Tras varias horas, las tropas debieron retirarse. De nuevo, España fracasaba en su febril anhelo por conquistar Larache, la deseada. Tal desastre dio lugar, tal y como cuenta García Figueras, a que comenzaran a circular coplas satíricas y burlescas por lo acaecido, siendo la más famosa la compuesta por Luis de Góngora, que, inspirándose en esta batalla, escribió el soneto titulado A un príncipe de España viniendo de la conquista de Alarache:

-¿De dó, sobrino Juan, con pedorretas?

-Señora tía, de Cagalarache.

-Sobrino, ¿y cuántos fuisteis a Alfarache?

-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? –Tomamoslo de veras.

-¿Desembarcasteis, Juan? -Tarde piache;

que al dar un Santiago de azuauche

dio la playa más moros que veneras.

-¿Luego, es de moros? -Sí, señora tía,

mucha algazara pero poca ropa.

-¿Hizieron de los perros mucho daño?

-No, que en ladrando con su artillería

a todos nos dio cámaras de popa.

-Salud sería para todo el año.

LUIS DE GÓNGORA

En fin, que lo que más me sorprende de cuanto nos relata Tomás García Figueras en su libro Larache: datos para su historia en el siglo XVII es comprobar la cantidad de medios empleados por España, en barcos y hombres, para hacerse con Larache, y que, en todas las ocasiones relatadas hasta ahora, siempre fracasara de una manera tan ridícula. 

Sergio Barce, septiembre 2017

 

 

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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (4ª parte)

Continuamos con un nuevo capítulo de la historia de Larache…

El sultán AL-MANSUR

“…En 1586 se inició una intriga de altos vuelos contra España en la que iba a jugar principal papel la reina Isabel de Inglaterra. Por aquel entonces, se hallaba refugiado en dicho país el candidato al trono de Portugal, Don Antonio, Prior de Crato. Las gestiones de éste, en su afán de arrebatar la nación lusitana a Felipe II, duraron largo tiempo y se vieron en todo momento favorecidas por la soberana inglesa. Ambos buscaban para sus propósitos la ayuda del sultán de Marruecos, siendo muy frecuentes las cartas que se cruzaron entre Isabel I y al-Mansur, así como entre éste y el pretendiente Don Antonio. La actitud del soberano marroquí a este respecto se mantuvo fiel a sus procedimientos habituales: bascular a su propia conveniencia entre España y las potencias enemigas de Felipe II.

DON ANTONIO, PRIOR DE CRATO

Al producirse el desastre de la Armada Invencible, en agosto de 1588, las vacilaciones de al-Mansur parecieron decrecer, tomando un decidido rumbo favorable para la nación que había sido capaz de hacer tanto daño al poderío marítimo español. El acontecimiento naval había producido un júbilo extraordinario en Marraquex. En dicha ciudad llegó a organizarse una nutrida manifestación compuesta en su mayor parte por mercaderes ingleses, holandeses y franceses, los que se detuvieron tumultuosamente ante la casa que habitaba Diego Marín. El embajador de Felipe II, indignado por esta manifestación antiespañola, dispersó a sus integrantes con ayuda de un criado, hiriendo al parecer a varios de ellos. Al-Mansur puso en prisión al español, encierro que iba a durar hasta 1606, fecha en la que Mawlay Abd Allah, haría su entrada en Marraquex.

Junto a esta drástica medida que evidenciaba la cada vez mayor inclinación del marroquí hacia los enemigos de España, al-Mansur concertó finalmente un trato con el Prior de Crato y la reina Isabel por el que se comprometía a ayudarlos en su propósito de atacar Portugal con una aportación de 400.000 libras.

Felipe II y Don Antonio, Prior de Crato

Considerando Felipe II que la actitud del sultán de Marruecos se hacía extremadamente peligrosa para los intereses españoles, decidió jugar por entonces la baza que tan celosamente reservaba desde 1580. Los dos pretendientes al trono marroquí, Mawlay al-Xaij y Mawlay Nasr, fueron trasladados abiertamente a Andalucía. La amenaza latente que implicaba esta proximidad de sus rivales, frenó de momento la hostil política de al-Mansur. Felipe II inició entonces nuevas negociaciones con Marraquex y terminó por ceder generosamente al sultán la plaza de Arcila. Por otra parte, el fracaso de la expedición de Drake contra Lisboa (empresa, por cierto, que se llevó a cabo sin haber recibido la cantidad prometida por al-Mansur) fue el golpe de gracia que dio al traste con las veleidades del monarca marroquí.

Vueltas las aguas a sus cauces normales, se reanudó la aparente amistad entre una y otra parte, aunque el tema de Larache, para íntimo desconsuelo de Felipe II, había perdido toda su fuerza a lo largo de los últimos acontecimientos y estaba predestinado a seguir sin solución durante los años que le restaban de gobierno al monarca español”. (Tomás García Figueras)

 

LARACHE plano de 1616

Felipe III subió al trono en 1598. El nuevo monarca heredaba una carga y responsabilidad enormes, y su carácter no era ni el del emperador Carlos ni el de su predecesor Felipe II. Le asediaban los continuos enfrentamientos con los ingleses, los holandeses, lo turcos, los franceses, los piratas, América, ultramar… y los problemas de la Hacienda española, más y más agotada y envejecida, como todo el Imperio español. Y en este maremágnum, el nuevo monarca, además, se vio amenazado en África con la expansión de las Regencias de Argel y de Túnez. Y, aunque al principio de su reinado, se centró en menoscabar a Argel con la ayuda de Amar ben Amar, rey de Cuco, finalmente hubo de centrarse en el imperio marroquí y trató de sacar tajada de las disputas dinásticas que surgieron tras morir al-Mansur víctima de la peste. Su muerte dio lugar a una lucha sangrienta entre sus hijos, Mawlay Zidan, Muhammad al-Xaij al-Mamun y Abd Allah abu Faris, a quienes se unieron otros aspirantes al trono, como Mawlay Nasr e Ibrahim Ismail, hijo de Abd al-Malik…

Sergio Barce, junio 2017

FELIPE III

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LARACHE, SIGLO XVI – 3ª parte

PLANO DE LARACHE - de tectonicablog.com

PLANO DE LARACHE – de tectonicablog.com

Tras la llamada Batalla de los Tres Reyes y de la victoria del río Mejazen, el nuevo sultán Ahmad al-Mansur dio muestras de una gran generosidad al devolver el cadáver del rey don Sebastián y poner en libertad a don Juan de Silva, representante de Felipe II ante el derrotado rey portugués. El rey Felipe II envió pues una embajada en 1579 que encabezaba Pedro Venegas de Córdoba, al que acompañaba el padre Diego Marín, no sólo para mostrar su agradecimiento al sultán y ganarse su amistad, sino también para tratar de que le cediera la plaza de Larache y obtener la libertad del duque de Barcelos, hijo de los duques de Braganza.

Genealógico del duque de Barcelos

Sin embargo, pese al buen recibimiento, Al-Mansur fue dilatando las negociaciones, y no fue hasta 1580 cuando puso por fin en libertad al duque de Barcelos junto a otros ochenta caballeros portugueses que mantenía presos, pero no cedió en modo alguna la plaza de Larache. Al-Mansur volvía pues a acercarse al rey español o a los turcos según le conviniese en cada momento.

Dice Tomás García Figueras:

“Larache, baza esencial de este duelo diplomático entre ambos reyes, a la par que objetivo declarado de Argel, sería durante los últimos años del siglo XVI tema que iba, asimismo, a ocupar lugar de privilegio en las chancillerías europeas. Inglaterra, especialmente, según hemos de ver más adelante, desarrollaría una actividad manifiesta para influir en el ánimo de al-Mansur en contra de los deseos de España.
Tal era la confianza que Felipe II había depositado en los resultados de su Embajada a al-Mansur que, ya desde finales de 1579, don Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medinasidonia, tenía preparado en Cádiz el contingente necesario de hombres y barcos con los que atender la ocupación de Larache y dispuestos a partir con la primera señal que se recibiera de que el sultán había consentido en ceder la plaza. Esta reserva de fuerzas estaba predestinada a mantenerse durante mucho tiempo en estado de alerta, sin que llegara nunca a entrar en acción…”

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

En efecto, al-Mansur se esforzaba en desviar la atención del monarca español mientras que Felipe II, en esa obsesión suya por conseguir Larache, llegó incluso a ofrecer al sultán las plazas de Arcila o Mazagán a cambio de Larache. Y hasta se presentó una ocasión muy favorable para los intereses españoles cuando al-Mansur recibió informaciones de que los turcos estaban a punto de invadir Marruecos. Ante la amenaza, llegó a un acuerdo con Felipe II: a cambio de Larache, España defendería a Marruecos frente a los turcos. Pero, a última hora, otros problemas hicieron que el ejército turco no invadiera el país y Felipe II vio de nuevo frustrada su aspiración de hacerse con Larache la deseada.
Algo parecido ocurriría a finales de 1583 ante otra amenaza otomana. El patrón de comportamiento del sultán al-Mansur fue idéntico: astuto, supo evitar satisfacer al rey Felipe en cuanto el peligro cesaba.

La obstinación de Felipe II por hacerse con Larache, que no deja de ser realmente llamativa, llegó al extremo de que los tiras y aflojas con el sultán se fueron dilatando durante años, y hasta la reina Isabel de Inglaterra terció en esta contienda entre monarcas, obviamente contra los intereses de su enemigo Felipe II, y le ofreció ayuda militar al sultán para el supuesto de que España decidiera atacarlo.

Pero entre intrigas y traiciones, lo cierto es que el sultán al-Mansur se aliará con todos los enemigos de España, llegando a ser muy estrecha su alianza con Isabel de Inglaterra tras la derrota de la Armada Invencible española por los ingleses. Sin embargo, los acontecimientos posteriores harán que el sultán termine jugando con la reina inglesa como había hecho con el monarca español. Y, al final, la ambición desbordada de Felipe II por Larache se irá diluyendo al paso de los años.

Felipe II, pintura de Rubens

Felipe II, pintura de Rubens

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LARACHE, UNA OBSESIÓN PARA EL REY FELIPE II (2ª parte)

…después de que en 1576 el trono marroquí pasara a manos del saadí Abd al-Malik, Larache se convirtió en una pieza tan codiciada para el imperio español como para el otomano, y al-Malik, hábil negociador, jugó con ambos…
En efecto, dice Tomás García Figueras:

<En el año 1576, acababa de conseguir el trono de Marruecos el saadí Abd al-Malik, tras arrebatárselo con la ayuda de los turcos a su sobrino Muhammad al-Mutawakil, quien tuvo que refugiarse en Portugal. Los otomanos, a cambio de su ayuda, presentaron a Abd al-Malik una triple factura. En primer lugar la seguridad por parte del nuevo soberano de una firme alianza turco-marroquí para combatir a España; en segundo término, la cesión de Larache, con el objeto de que los corsarios de Argel pudieran hacer de dicho puerto su base de operaciones en el Atlántico y, finalmente, la entrega a la Sublime Puerta de 500.000 onzas de oro.>

Castillo Al Fatj o Laqáliq

Castillo Al Fatj o Laqáliq

Pero, como decía antes, Abd al-Malik fue dilatando sus promesas, acercándose unas veces a los turcos y otras a Felipe II, según su conveniencia. Es entonces cuando entran en juego algunos personajes curiosos y las primeras intrigas sobre Larache… El primero de estos oscuros espías o jugadores de ventaja, fue el capitán Luis Cabreta, de origen francés y aventurero de profesión, al que se le conoce como Louis Cabrette. Según algunas fuentes, no era sino un agente secreto del rey Felipe II, aunque más parece que fue agente doble en los contenciosos que surgieron por entonces entre Marruecos, España, Francia y Turquía.

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LARACHE, UNA OBSESIÓN PARA EL REY FELIPE II (1ª Parte)

Después de leer varios capítulos del libro de Tomás García Figueras Larache, datos para su historia en el siglo XVII, editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1973, solo hay una conclusión: que la ciudad de Larache fue convirtiéndose en una auténtica obsesión para el monarca español Felipe II.

Felipe II

Felipe II

Dice Tomás García Figueras:

<El vivo interés que ofrecía Larache para Felipe II tenía ya un antecedente en la figura de su progenitor, el primero de los Austrias, según parece indicarnos un documento del siglo XVII a través del siguiente párrafo: “Larache, tan deseado del Emperador Carlos V y del rey Felipe II, nuestro señor, y costado tanto al Tercero…”>

Añade García Figueras que, efectivamente, la ciudad marroquí de Larache se convirtió en una obsesión para Felipe II, y que se condensa en esa famosa frase del propio rey:

“Sólo Larache vale por todo el África”

Sin embargo, los estudiosos de la época coinciden en afirmar que la política de Felipe II con respecto a África, en especial con Marruecos, fue fluctuante, y que, a causa del inmenso tamaño del imperio que gobernaba tras la anexión de Portugal, en el que nunca se ponía el sol, jamás se atrevió a anexionarse los territorios del Norte de África, ya que eso le habría supuesto un enorme coste. Por eso, fue contemplativo y no expeditivo, y se limitó a mantener ciertos presidios en puntos concretos de la costa y a pactar acuerdos con el sultán de Marruecos.

Pero respecto a Larache, en concreto, añade García Figueras:

<…poseer Larache suponía, ante todo, seguridad para la integridad de España, adelantándose a su ocupación por otras potencias cuya proximidad a las costas españolas las haría aún más peligrosas, tales como Turquía, que tanto lo deseaba, u Holanda, que no disimulaba sus ambiciones a este respecto. Era también seguridad para la economía española por cuanto el dominio del puerto del Lucus hacía factible la protección contra la piratería de los “convoyes de la plata”, obligados a utilizar tales derroteros a su regreso de las Indias y, finalmente, seguridad asimismo para la política hispana al contar con una avanzadilla en la costa atlántica marroquí especialmente en los tiempos en que aún no habían pasado a España las plazas portuguesas del mar Océano. Mas, si grandes eran los deseos del monarca español por conseguir Larache, lo cierto es que no llegó nunca a emplear la fuerza para dicho propósito… (…) Antes de dicho año (1576), sin embargo tuvo lugar la única acción militar que se le conoce a Felipe II contra Larache y aun ésta no llevaba implícito sentido alguno de conquista. Parece ser que en 1564, en un simple intento de contrarrestar la piratería que tenía su base en dicho puerto, envió a don Álvaro de Bazán, con el propósito de cegar el acceso al mismo. Para ello se pensaba hundir en sus aguas un gran navío. La artillería de la plaza impidió el intento y el susodicho barco fue incendiado. Sobre este suceso se cuenta con muy pocos datos. Una operación similar sería llevada a cabo posteriormente con éxito por el propio don Álvaro. En el mes de marzo de 1565 el citado capitán consiguió hundir once navíos cargados de piedra y cemento en el río Martín, obstruyendo con ello la entrada a la también famosa base corsaria de Tetuán.>

don ALVARO DE BAZÁN

don ALVARO DE BAZÁN

Una de las curiosidades que relata Tomás García Figueras sobre la obstinación del monarca español por hacerse con Larache, es la historia de las intrigas palaciegas que se fueron creando como consecuencia de su vivo interés por esta ciudad así como la entrada en escena de algunos personajes realmente inquietantes, como Louis Cabrette o el señor de Lansac…
Y es que, después de que en 1576 el trono marroquí pasara a manos del saadí Abd-al-Malik, Larache se convirtió en una pieza tan codiciada para el imperio español como para el otomano, y al-Malik, hábil negociador, jugó con ambos…
Pero esto es ya otra historia que seguirá en la próxima entrega…

Sergio Barce, julio 2014 

Tapiz de Pastrana - guerra entre Portugal y Marruecos

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