Archivo de la etiqueta: Tomás García Figueras

LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (4ª parte)

Continuamos con un nuevo capítulo de la historia de Larache…

El sultán AL-MANSUR

“…En 1586 se inició una intriga de altos vuelos contra España en la que iba a jugar principal papel la reina Isabel de Inglaterra. Por aquel entonces, se hallaba refugiado en dicho país el candidato al trono de Portugal, Don Antonio, Prior de Crato. Las gestiones de éste, en su afán de arrebatar la nación lusitana a Felipe II, duraron largo tiempo y se vieron en todo momento favorecidas por la soberana inglesa. Ambos buscaban para sus propósitos la ayuda del sultán de Marruecos, siendo muy frecuentes las cartas que se cruzaron entre Isabel I y al-Mansur, así como entre éste y el pretendiente Don Antonio. La actitud del soberano marroquí a este respecto se mantuvo fiel a sus procedimientos habituales: bascular a su propia conveniencia entre España y las potencias enemigas de Felipe II.

DON ANTONIO, PRIOR DE CRATO

Al producirse el desastre de la Armada Invencible, en agosto de 1588, las vacilaciones de al-Mansur parecieron decrecer, tomando un decidido rumbo favorable para la nación que había sido capaz de hacer tanto daño al poderío marítimo español. El acontecimiento naval había producido un júbilo extraordinario en Marraquex. En dicha ciudad llegó a organizarse una nutrida manifestación compuesta en su mayor parte por mercaderes ingleses, holandeses y franceses, los que se detuvieron tumultuosamente ante la casa que habitaba Diego Marín. El embajador de Felipe II, indignado por esta manifestación antiespañola, dispersó a sus integrantes con ayuda de un criado, hiriendo al parecer a varios de ellos. Al-Mansur puso en prisión al español, encierro que iba a durar hasta 1606, fecha en la que Mawlay Abd Allah, haría su entrada en Marraquex.

Junto a esta drástica medida que evidenciaba la cada vez mayor inclinación del marroquí hacia los enemigos de España, al-Mansur concertó finalmente un trato con el Prior de Crato y la reina Isabel por el que se comprometía a ayudarlos en su propósito de atacar Portugal con una aportación de 400.000 libras.

Felipe II y Don Antonio, Prior de Crato

Considerando Felipe II que la actitud del sultán de Marruecos se hacía extremadamente peligrosa para los intereses españoles, decidió jugar por entonces la baza que tan celosamente reservaba desde 1580. Los dos pretendientes al trono marroquí, Mawlay al-Xaij y Mawlay Nasr, fueron trasladados abiertamente a Andalucía. La amenaza latente que implicaba esta proximidad de sus rivales, frenó de momento la hostil política de al-Mansur. Felipe II inició entonces nuevas negociaciones con Marraquex y terminó por ceder generosamente al sultán la plaza de Arcila. Por otra parte, el fracaso de la expedición de Drake contra Lisboa (empresa, por cierto, que se llevó a cabo sin haber recibido la cantidad prometida por al-Mansur) fue el golpe de gracia que dio al traste con las veleidades del monarca marroquí.

Vueltas las aguas a sus cauces normales, se reanudó la aparente amistad entre una y otra parte, aunque el tema de Larache, para íntimo desconsuelo de Felipe II, había perdido toda su fuerza a lo largo de los últimos acontecimientos y estaba predestinado a seguir sin solución durante los años que le restaban de gobierno al monarca español”. (Tomás García Figueras)

 

LARACHE plano de 1616

Felipe III subió al trono en 1598. El nuevo monarca heredaba una carga y responsabilidad enormes, y su carácter no era ni el del emperador Carlos ni el de su predecesor Felipe II. Le asediaban los continuos enfrentamientos con los ingleses, los holandeses, lo turcos, los franceses, los piratas, América, ultramar… y los problemas de la Hacienda española, más y más agotada y envejecida, como todo el Imperio español. Y en este maremágnum, el nuevo monarca, además, se vio amenazado en África con la expansión de las Regencias de Argel y de Túnez. Y, aunque al principio de su reinado, se centró en menoscabar a Argel con la ayuda de Amar ben Amar, rey de Cuco, finalmente hubo de centrarse en el imperio marroquí y trató de sacar tajada de las disputas dinásticas que surgieron tras morir al-Mansur víctima de la peste. Su muerte dio lugar a una lucha sangrienta entre sus hijos, Mawlay Zidan, Muhammad al-Xaij al-Mamun y Abd Allah abu Faris, a quienes se unieron otros aspirantes al trono, como Mawlay Nasr e Ibrahim Ismail, hijo de Abd al-Malik…

Sergio Barce, junio 2017

FELIPE III

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LARACHE, SIGLO XVI – 3ª parte

PLANO DE LARACHE - de tectonicablog.com

PLANO DE LARACHE – de tectonicablog.com

Tras la llamada Batalla de los Tres Reyes y de la victoria del río Mejazen, el nuevo sultán Ahmad al-Mansur dio muestras de una gran generosidad al devolver el cadáver del rey don Sebastián y poner en libertad a don Juan de Silva, representante de Felipe II ante el derrotado rey portugués. El rey Felipe II envió pues una embajada en 1579 que encabezaba Pedro Venegas de Córdoba, al que acompañaba el padre Diego Marín, no sólo para mostrar su agradecimiento al sultán y ganarse su amistad, sino también para tratar de que le cediera la plaza de Larache y obtener la libertad del duque de Barcelos, hijo de los duques de Braganza.

Genealógico del duque de Barcelos

Sin embargo, pese al buen recibimiento, Al-Mansur fue dilatando las negociaciones, y no fue hasta 1580 cuando puso por fin en libertad al duque de Barcelos junto a otros ochenta caballeros portugueses que mantenía presos, pero no cedió en modo alguna la plaza de Larache. Al-Mansur volvía pues a acercarse al rey español o a los turcos según le conviniese en cada momento.

Dice Tomás García Figueras:

“Larache, baza esencial de este duelo diplomático entre ambos reyes, a la par que objetivo declarado de Argel, sería durante los últimos años del siglo XVI tema que iba, asimismo, a ocupar lugar de privilegio en las chancillerías europeas. Inglaterra, especialmente, según hemos de ver más adelante, desarrollaría una actividad manifiesta para influir en el ánimo de al-Mansur en contra de los deseos de España.
Tal era la confianza que Felipe II había depositado en los resultados de su Embajada a al-Mansur que, ya desde finales de 1579, don Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medinasidonia, tenía preparado en Cádiz el contingente necesario de hombres y barcos con los que atender la ocupación de Larache y dispuestos a partir con la primera señal que se recibiera de que el sultán había consentido en ceder la plaza. Esta reserva de fuerzas estaba predestinada a mantenerse durante mucho tiempo en estado de alerta, sin que llegara nunca a entrar en acción…”

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

don ALONSO PÉREZ DE GUZMÁN, duque de Medinasidonia

En efecto, al-Mansur se esforzaba en desviar la atención del monarca español mientras que Felipe II, en esa obsesión suya por conseguir Larache, llegó incluso a ofrecer al sultán las plazas de Arcila o Mazagán a cambio de Larache. Y hasta se presentó una ocasión muy favorable para los intereses españoles cuando al-Mansur recibió informaciones de que los turcos estaban a punto de invadir Marruecos. Ante la amenaza, llegó a un acuerdo con Felipe II: a cambio de Larache, España defendería a Marruecos frente a los turcos. Pero, a última hora, otros problemas hicieron que el ejército turco no invadiera el país y Felipe II vio de nuevo frustrada su aspiración de hacerse con Larache la deseada.
Algo parecido ocurriría a finales de 1583 ante otra amenaza otomana. El patrón de comportamiento del sultán al-Mansur fue idéntico: astuto, supo evitar satisfacer al rey Felipe en cuanto el peligro cesaba.

La obstinación de Felipe II por hacerse con Larache, que no deja de ser realmente llamativa, llegó al extremo de que los tiras y aflojas con el sultán se fueron dilatando durante años, y hasta la reina Isabel de Inglaterra terció en esta contienda entre monarcas, obviamente contra los intereses de su enemigo Felipe II, y le ofreció ayuda militar al sultán para el supuesto de que España decidiera atacarlo.

Pero entre intrigas y traiciones, lo cierto es que el sultán al-Mansur se aliará con todos los enemigos de España, llegando a ser muy estrecha su alianza con Isabel de Inglaterra tras la derrota de la Armada Invencible española por los ingleses. Sin embargo, los acontecimientos posteriores harán que el sultán termine jugando con la reina inglesa como había hecho con el monarca español. Y, al final, la ambición desbordada de Felipe II por Larache se irá diluyendo al paso de los años.

Felipe II, pintura de Rubens

Felipe II, pintura de Rubens

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LARACHE, UNA OBSESIÓN PARA EL REY FELIPE II (2ª parte)

…después de que en 1576 el trono marroquí pasara a manos del saadí Abd al-Malik, Larache se convirtió en una pieza tan codiciada para el imperio español como para el otomano, y al-Malik, hábil negociador, jugó con ambos…
En efecto, dice Tomás García Figueras:

<En el año 1576, acababa de conseguir el trono de Marruecos el saadí Abd al-Malik, tras arrebatárselo con la ayuda de los turcos a su sobrino Muhammad al-Mutawakil, quien tuvo que refugiarse en Portugal. Los otomanos, a cambio de su ayuda, presentaron a Abd al-Malik una triple factura. En primer lugar la seguridad por parte del nuevo soberano de una firme alianza turco-marroquí para combatir a España; en segundo término, la cesión de Larache, con el objeto de que los corsarios de Argel pudieran hacer de dicho puerto su base de operaciones en el Atlántico y, finalmente, la entrega a la Sublime Puerta de 500.000 onzas de oro.>

Castillo Al Fatj o Laqáliq

Castillo Al Fatj o Laqáliq

Pero, como decía antes, Abd al-Malik fue dilatando sus promesas, acercándose unas veces a los turcos y otras a Felipe II, según su conveniencia. Es entonces cuando entran en juego algunos personajes curiosos y las primeras intrigas sobre Larache… El primero de estos oscuros espías o jugadores de ventaja, fue el capitán Luis Cabreta, de origen francés y aventurero de profesión, al que se le conoce como Louis Cabrette. Según algunas fuentes, no era sino un agente secreto del rey Felipe II, aunque más parece que fue agente doble en los contenciosos que surgieron por entonces entre Marruecos, España, Francia y Turquía.

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LARACHE, UNA OBSESIÓN PARA EL REY FELIPE II (1ª Parte)

Después de leer varios capítulos del libro de Tomás García Figueras Larache, datos para su historia en el siglo XVII, editado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1973, solo hay una conclusión: que la ciudad de Larache fue convirtiéndose en una auténtica obsesión para el monarca español Felipe II.

Felipe II

Felipe II

Dice Tomás García Figueras:

<El vivo interés que ofrecía Larache para Felipe II tenía ya un antecedente en la figura de su progenitor, el primero de los Austrias, según parece indicarnos un documento del siglo XVII a través del siguiente párrafo: “Larache, tan deseado del Emperador Carlos V y del rey Felipe II, nuestro señor, y costado tanto al Tercero…”>

Añade García Figueras que, efectivamente, la ciudad marroquí de Larache se convirtió en una obsesión para Felipe II, y que se condensa en esa famosa frase del propio rey:

“Sólo Larache vale por todo el África”

Sin embargo, los estudiosos de la época coinciden en afirmar que la política de Felipe II con respecto a África, en especial con Marruecos, fue fluctuante, y que, a causa del inmenso tamaño del imperio que gobernaba tras la anexión de Portugal, en el que nunca se ponía el sol, jamás se atrevió a anexionarse los territorios del Norte de África, ya que eso le habría supuesto un enorme coste. Por eso, fue contemplativo y no expeditivo, y se limitó a mantener ciertos presidios en puntos concretos de la costa y a pactar acuerdos con el sultán de Marruecos.

Pero respecto a Larache, en concreto, añade García Figueras:

<…poseer Larache suponía, ante todo, seguridad para la integridad de España, adelantándose a su ocupación por otras potencias cuya proximidad a las costas españolas las haría aún más peligrosas, tales como Turquía, que tanto lo deseaba, u Holanda, que no disimulaba sus ambiciones a este respecto. Era también seguridad para la economía española por cuanto el dominio del puerto del Lucus hacía factible la protección contra la piratería de los “convoyes de la plata”, obligados a utilizar tales derroteros a su regreso de las Indias y, finalmente, seguridad asimismo para la política hispana al contar con una avanzadilla en la costa atlántica marroquí especialmente en los tiempos en que aún no habían pasado a España las plazas portuguesas del mar Océano. Mas, si grandes eran los deseos del monarca español por conseguir Larache, lo cierto es que no llegó nunca a emplear la fuerza para dicho propósito… (…) Antes de dicho año (1576), sin embargo tuvo lugar la única acción militar que se le conoce a Felipe II contra Larache y aun ésta no llevaba implícito sentido alguno de conquista. Parece ser que en 1564, en un simple intento de contrarrestar la piratería que tenía su base en dicho puerto, envió a don Álvaro de Bazán, con el propósito de cegar el acceso al mismo. Para ello se pensaba hundir en sus aguas un gran navío. La artillería de la plaza impidió el intento y el susodicho barco fue incendiado. Sobre este suceso se cuenta con muy pocos datos. Una operación similar sería llevada a cabo posteriormente con éxito por el propio don Álvaro. En el mes de marzo de 1565 el citado capitán consiguió hundir once navíos cargados de piedra y cemento en el río Martín, obstruyendo con ello la entrada a la también famosa base corsaria de Tetuán.>

don ALVARO DE BAZÁN

don ALVARO DE BAZÁN

Una de las curiosidades que relata Tomás García Figueras sobre la obstinación del monarca español por hacerse con Larache, es la historia de las intrigas palaciegas que se fueron creando como consecuencia de su vivo interés por esta ciudad así como la entrada en escena de algunos personajes realmente inquietantes, como Louis Cabrette o el señor de Lansac…
Y es que, después de que en 1576 el trono marroquí pasara a manos del saadí Abd-al-Malik, Larache se convirtió en una pieza tan codiciada para el imperio español como para el otomano, y al-Malik, hábil negociador, jugó con ambos…
Pero esto es ya otra historia que seguirá en la próxima entrega…

Sergio Barce, julio 2014 

Tapiz de Pastrana - guerra entre Portugal y Marruecos

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CINCUENTA CRISTIANOS CAUTIVOS EN LARACHE, POR CINCO MIL LIBROS ARÁBIGOS

Curioso texto, que es la carta entregada por el Embajador del Rey de Mequinez, sobre el rescate de los cien prisioneros cristianos que tenía en Larache, entonces Alarache. En el texto, se llega a solicitar del Rey de España, el pago por este rescate no en dinero, sino por la libertad de cada cautivo cristiano la entrega de cien libros arábigos, de los que fueron escritos en los fastuosos y añorados reinos de Sevilla, Córdoba o Granada…

Escrito en el castellano antiguo de la época, creo que es de un gran valor histórico y anecdótico.

Sergio Barce, junio 2014

CASTILLO LAQBÍBAT - foto de Akram Serifi Bouhsina

CASTILLO LAQBÍBAT – foto de Akram Serifi Bouhsina

COPIA DE CARTA QUE DIO A SU MAGESTAD EL DIA 21 DE DIZIEMBRE, DEL AÑO PASSADO, EL EMBAXADOR DEL REY DE MEQUINEZ, SOBRE EL RESCATE DE LOS PRISIONEROS QUE HIZO EN LA PLAÇA DE ALARACHE.
PUBLICADA EL SÁBADO 20 DE ENERO DE 1691.

En nombre de Dios Santo, y misericordioso, que no ay fuerça, ni poder sin la voluntad del Altísimo y poderoso Dios, de la parte del esclavo de Dios, Ismael, el que tiene puesta su esperança en Dios, y que tiene entregadas todas sus cosas en manos de Dios, Príncipe de los Fieles, defensor del camino del Señor del Vniverso, Aleherif Algazani, Dios le mantenga, amén.
Al muy poderoso Rey de los Christianos, y de muchos Reynos, de España y de las Indias, y Emperador de ellos, y que tiene sugetos a todos, D. Carlos. Salud damos a todos aquellos que siguen el camino de la verdad. Y después desto llegó a nuestras manos vuestra carta con los criados D. Manuel Viera de Lugo, y don Abel Missi; y es la carta que me embiasteis respuesta de mi carta que embié con el Frayle antes desta: Y después que leí y entendí su contenido, me dixo vuestro criado Don Abel Missi lo que deseavais de mí, y lo que me pedís en vuestra carta, que es la libertad de los cien Christianos, sobre lo qual hemos avisado de lo que se ofrece antes desta, y aora respondemos a vuestra carta, que le embio con criado de mi poderosa casa en Dios, mi Secretario, el más allegado de mi Cámara, hijo de mi amigo Çid y Mahamet hijo de Aluhab Aloesir. Y sinó fuera vuestra persona muy estimada de mí, y nuestro conocimiento de vuestra grandeza, no lo embiara ni lo apartara demi persona, porque le he menester para mis negocios. Y he dado orden a mi criado, el más estimado de mi voluntad, el Alcayde Alhiben Audalá, para que embie con mi Secretario vna persona de sus amigos, que es mi criado Absalen, hijo de Hamet Gasus, para que vaya en su compañía, que el dicho mi Secretario conoce, y está advertido de lo que ha passado con mis Iueces, y Iusticias sobre los Christianos de Alarache; y assí está informado de todo lo que sucedió, y él dará noticias de ello; y assí os podréis informar dél desde el principio porque ha estado siempre en mi compañía, favorecido de Dios en todas obras. Y es verdad que di palabra de dar libertad a los cien Christianos, pero sucedió de parte dellos cosas que fueron causa de que no cumplí lo que les ofrecí; y algunos dellos estavan dando vozes que se querían entregar, y otros no querían salir de la Plaça, ni dar cumplimiento a lo que yo ofrecía; y amenazaron al que entró de mis criados, que embié a ellos, y algunos se echaron al Mar nadando, para huirse a los Navios de los quales, los que fueron alcançados se mataron. Y por todo esto los grandes Iuezes y Sabios de mi ley y nuestra Iusticia nos dixeron que los Moros estavan ya apoderados de la Plaça en aquel tiempo, y que los tenían rendidos a los Christianos, y que no tenían otra cosa que esperar que la muerte o ahogarse. Y por otra razón nos dixeron los Iuezes que en justicia no tenían libertad; en todo este tiempo estuve disputando con los Iuezes y Sabios de mi ley, (Dios me los guarde) y me dixeron que los cien Christianos han de ser esclavos por todos caminos. Y demás desto, fue tomada Alarache en los tiempos passados, sin razón, porque obligaron Alchega, hijo del Rey Hamet Aldehauy, que passó a España, que por el dinero que gastaron para él, le detuvieron sus hijos hasta que entregó a Alarache en pago, contra su voluntad, sin razón ni justicia.

PLANTA DE LA CIUDAD DE LARACHE, 1612

PLANTA DE LA CIUDAD DE LARACHE, 1612


Y demás me dieron a entender los Sabios que en el tiempo que se ganó Granada, y otras partes, que avía más de quarenta mil personas, que se les concedió sesenta Capítulos y ninguno se les cumplió; y en todo se les faltó, tanto en Granada como en otras partes de la Andaluzía, en todas las Villas, Ciudades, y Lugares. Y aviendo visto lo que mis Sabios y Iuezes me dixen; y que en verdad que quedo confuso por todas partes. La primera, no puedo negarme a la justicia, porque es el fundamento de mi ley. Y la segunda, de lo que las partes saben, di mi palabra a los cien Christianos; y lo que ellos mismos piden yo quisiera que se cumpliera, y librarme de los dichos de las gentes, y que no digan que he dado mi palabra y he faltado a ella. Y si no fuera por la contradición de mis Sabios y Iusticias, y la fuerça que tienen, huviera embiado los cien Christianos con el Frayle, el qual fue antes deste libremente. Y por amor de este, vi y escuché la razón de mis Sabios, quienes se mantienen en ello; y por esta causa no puedo negarme a sus razones, ni salirme dello. Yo bien quisiera que todos los que han oído, y oyen, supiessen que el no cumplir mi palabra es por no ser vencido de las razones de la Iusticia; y desta razón pedimos y queremos que nos abrieseis vn camino para el rescate de los cien Christianos, como lo hemos pedido antes; y aora quisiera que me dierais por los cinquenta Christianos de los ciento, cinco mil libros Arabigos, ciento por cada vno. Y que estos fuesen de los Moros de mi ley, de los que estavan en las Librerías de los Moros de Sevilla, Córdova, Granada y otras partes, que sean de la satisfación de mi criado y Secretario. Y por los otros cinquenta Christianos nos daréis quinientos Moros, que son a diez Moros por cada Christiano. Y sinó se hallaren los libros que pedimos, nos daréis los Moros de las Galeras, y otras partes; y nos contentamos deste número, y de que sean mugeres, niños chicos y grandes, y viejos de nuestros vasallos, u otros qualesquiera, porque no tengo otro deseo más que hazer esta buena obra, para rescatar los Moros cautivos de cualesquiera manera que sea, y de qualquier parte que sea, siendo en primer lugar mis vasallos y después los otros. Y si me hazeis en esto lo que os pido, haréis vna obra de caridad por vuestros vassallos y criados; y si acaso no pudieredes hazer esto, nos haréis bolver mi criado y Secretario que embiamos en el camino de Dios, como avrá llegado allá, y los cien Christianos quedarán como los demás Esclavos. Y si vemos que hazeis esto que deseamos, y que se despachará breve, hallareis en mi buena correspondencia, y voluntad, y también a los demás Christianos vasallos vuestros que están en mi poder en Alarache, y otras partes, fuera destos ciento. Y también abriré camino en su rescate en cosas que sea de mi gusto; y bolviendo mi criado bien despachado, embiaré los cien Christianos a Zeuta, y en ella se harán los Canges. En esto cumpliré mi palabra con el favor del Altísimo Dios.

Escrita en diez y seis del mes de Lehecha que es en diez y seis de Septiembre de mil ciento y vno.
El Sello Dorado significa la firma con su nombre, Ismael, hijo del Cherif Alhauy. Manténgale Dios y hágale vitorioso.
El sobreescrito al muy Poderoso Rey de los Christianos y de muchos Reynos de España y de las Indias, y Sus Dominios, Don Carlos en su Corte, en la Ciudad de Madrid. Y la paz sobre los que siguen el camino de la verdad.

(Biblioteca Nacional, Varios Especiales, 128-24)

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